{"id":39455,"date":"2016-10-05T22:51:57","date_gmt":"2016-10-06T03:51:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-la-explanada-del-living-history-farms-en-des-moines\/"},"modified":"2016-10-05T22:51:57","modified_gmt":"2016-10-06T03:51:57","slug":"4-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-la-explanada-del-living-history-farms-en-des-moines","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-la-explanada-del-living-history-farms-en-des-moines\/","title":{"rendered":"4 de octubre de 1979, Santa Misa en la explanada del \u00abLiving History Farms\u00bb, en Des Moines"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_united-states-america.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA <\/font><\/b> <font color=\"#663300\"><b>EN LA EXPLANADA DEL &laquo;LIVING HISTORY FARMS&raquo;<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">De Moines<br \/> Jueves 4 de octubre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas en Cristo:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Aqu&iacute;, en el coraz&oacute;n geogr&aacute;fico de Am&eacute;rica, en medio de estos f&eacute;rtiles campos en plena cosecha, vengo a celebrar la Eucarist&iacute;a. Ahora que estoy en vuestra presencia, en este per&iacute;odo de la recolecci&oacute;n oto&ntilde;al, creo que son apropiadas las palabras que se repiten cuando el pueblo se re&uacute;ne a celebrar la Eucarist&iacute;a: &quot;Bendito seas, Se&ntilde;or, Dios del universo, por este pan y este vino, fruto de la tierra y del trabajo del hombre&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Como quien ha vivido siempre cerca de la naturaleza, permitidme hablaros hoy de la tierra, del campo, y de lo &quot;que es fruto de la tierra y del trabajo del hombre&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">1. La tierra es un don de Dios, confiado al hombre desde el principio. Es un don de Dios, dado por un Creador amante como medio de sustentar la vida que El ha creado. Pero la tierra no es s&oacute;lo don de Dios; es tambi&eacute;n una responsabilidad del hombre. El hombre, creado &eacute;l mismo del polvo de la tierra (cf. <i>G&eacute;n <\/i>3, 7),<i> <\/i>fue constituido como su due&ntilde;o y se&ntilde;or (cf. <i>G&eacute;n <\/i>1, 26).<i> <\/i>En orden a producir fruto, la tierra iba a depender del genio y la maestr&iacute;a, del sudor y del trabajo de la gente a la que Dios se la iba a confiar. As&iacute;, fue deseo de Dios que el alimento que iba a mantener la vida en la tierra fuese a la vez lo &quot;que es fruto de la tierra y del trabajo del hombre&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">A todos los que sois granjeros y a todos los que os hall&aacute;is asociados a la producci&oacute;n agr&iacute;cola os quiero decir esto: la Iglesia tiene en alta estima vuestro trabajo. Cristo mismo mostr&oacute; su estima por la vida agr&iacute;cola al describiros a Dios su Padre como &quot;vi&ntilde;ador&quot; (<i>Jn <\/i>15, 1). Vosotros cooper&aacute;is con el Creador, el &quot;vi&ntilde;ador&quot;, al conservar y nutrir la vida. Vosotros cumpl&iacute;s el mandamiento dado por Dios al principio: &quot;Henchid la tierra; sometedla&quot; (<i>G&eacute;n <\/i>1, 28).<i> <\/i>Aqu&iacute;, en el coraz&oacute;n de Am&eacute;rica, los valles y colinas han sido cubiertos de grano, los hatos y reba&ntilde;os se han multiplicado continuamente. Trabajando duramente os hab&eacute;is convertido en due&ntilde;os de la tierra y la hab&eacute;is sometido. Gracias a la abundante fertilidad que las modernas t&eacute;cnicas agr&iacute;colas han hecho posible, manten&eacute;is la vida de millones de personas que no trabajan la tierra, pero que viven de lo que produc&iacute;s. Consciente de esto, hago m&iacute;as las palabras de mi amado predecesor Pablo VI: &quot;Hay que proclamar y promover sin descanso la dignidad de los agricultores, la de todos los que trabajan a diferentes niveles en la investigaci&oacute;n y en la acci&oacute;n dentro del campo del desarrollo agr&iacute;cola&quot; (<i>Alocuci&oacute;n a la Conferencia mundial de la Alimentaci&oacute;n<\/i>, 9 de noviembre de 1974,<i> <\/i>n&uacute;m. 7).<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Cu&aacute;les son, pues, las actitudes que deben permear las relaciones del hombre con la tierra? Como siempre, debemos buscar la respuesta empezando por Jes&uacute;s, porque, como dice San Pablo: &quot;Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jes&uacute;s&quot; (<i>FIp <\/i>2,<i> <\/i>5). En la vida de Jes&uacute;s observamos una real cercan&iacute;a a la tierra. En su ense&ntilde;anza hac&iacute;a referencia a las &quot;aves del cielo&quot; (<i>Mt <\/i>6, 26),<i> <\/i> los<i> <\/i>&quot;lirios del campo&quot; (<i>Mt <\/i>6, 28).<i> <\/i>Hablaba del agricultor que sali&oacute; a sembrar su semilla (cf. <i>Mt<\/i> 13, 4 ss.);<i> <\/i>llamaba a su Padre celestial &quot;vi&ntilde;ador&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 1), y a S&iacute; mismo se denominaba &quot;buen pastor&quot; (<i>Jn <\/i>10, 14). Esta cercan&iacute;a a la naturaleza, esta espont&aacute;nea conciencia de la creaci&oacute;n como don de Dios, as&iacute; como la bendici&oacute;n de la familia estrechamente unida (caracter&iacute;sticas todas ellas de la vida agr&iacute;cola en todas las &eacute;pocas, incluida la nuestra), todo ello formaba parte de la vida de Jes&uacute;s. Por consiguiente, os invito a que vuestras actitudes sean siempre las de Cristo Jes&uacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">2.<i> <\/i>Tres son, en particular, las actitudes apropiadas a la vida rural. En primer lugar: gratitud. Recordad las primeras palabras de Jes&uacute;s en el Evangelio que acabamos de escuchar: &quot;Te alabo, Padre, Se&ntilde;or de cielos y tierra&quot;. Que &eacute;sta sea siempre vuestra actitud. Diariamente se le recuerda al agricultor cu&aacute;nto depende de Dios. De los cielos viene la lluvia, el viento y el calor. Todo ello sucede al margen de las &oacute;rdenes o el control del agricultor. El agricultor prepara la tierra, siembra la semilla y trabaja la cosecha. Pero Dios hace que crezca; s&oacute;lo El es fuente de vida. Incluso los desastres naturales, tales como granizadas y sequ&iacute;as, tornados o avenidas, recuerdan al granjero que depende de Dios. Fue seguramente esta convicci&oacute;n lo que empuj&oacute; a los primitivos peregrinos llegados a Am&eacute;rica a establecer la fiesta llamada de &quot;Acci&oacute;n de gracias&quot;. Despu&eacute;s de cada cosecha, independientemente de lo que haya producido ese a&ntilde;o, los agricultores hacen suya, con humildad y agradecimiento, la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s: &quot;Te alabo., Padre, Se&ntilde;or de cielos y tierra&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">En segundo lugar, la tierra debe conservarse con cuidado, puesto que se pretende que sea fruct&iacute;fera de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. A vosotros, que viv&iacute;s en el coraz&oacute;n de Am&eacute;rica, se os ha confiado una parte de la mejor tierra del mundo: un suelo rico en minerales, un clima favorable para la producci&oacute;n de cosechas f&eacute;rtiles, agua fresca y aire limpio disponibles a vuestro alrededor. Sois siervos de algunos de los m&aacute;s importantes recursos con que ha dotado Dios al mundo. Conservad, por consiguiente, bien la tierra, para que los hijos de vuestros hijos y las generaciones que les sigan puedan heredar una tierra todav&iacute;a m&aacute;s rica que la que os fue confiada. Pero recordad, al mismo tiempo, cu&aacute;l es el n&uacute;cleo de vuestra vocaci&oacute;n. Es verdad que la agricultura, hoy y aqu&iacute;, suministra al agricultor unos medios de vida econ&oacute;micos; sin embargo, eso siempre ser&aacute; algo m&aacute;s que una empresa de simple lucro. Mediante la agricultura cooper&aacute;is con el Creador en la conservaci&oacute;n misma de la vida en la tierra.<\/p>\n<p align=\"left\">En tercer lugar, os quiero hablar de la generosidad, de una generosidad que nace del hecho de que &quot;Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa, bajo la &eacute;gida de la justicia y con la compa&ntilde;&iacute;a de la caridad&quot; (<i><a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> 69).<i> <\/i>Vosotros, agricultores de hoy, sois siervos de un don de Dios que se quiso fuera para el bien de toda la humanidad. Ten&eacute;is la capacidad de proveer de alimento a millones de personas que no tienen nada que comer y de contribuir, as&iacute;, a librar al mundo del hambre. Os dirijo la misma pregunta que formul&oacute; Pablo VI hace cinco a&ntilde;os: &quot;&#8230;Si el potencial de la naturaleza es inmenso, si el del dominio del esp&iacute;ritu humano sobre el universo parece casi ilimitado, &iquest;qu&eacute; falta muchas veces para que actuemos con equidad&#8230; con esta generosidad, esta inquietud que suscita la vista de los sufrimientos y de las miserias de los pobres, esta profunda convicci&oacute;n de que toda la familia sufre cuando uno de sus miembros est&aacute; en la aflicci&oacute;n?&quot; (<i>Alocuci&oacute;n a la Conferencia mundial de la Alimentaci&oacute;n<\/i>, 9<i> <\/i>de noviembre de 1974, n&uacute;m. <i>9).<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Recordad cuando Jes&uacute;s vio a la multitud hambrienta reunida en la monta&ntilde;a. &iquest;Cu&aacute;l fue su respuesta? No se content&oacute; con manifestar su compasi&oacute;n. Les dio a sus disc&iacute;pulos esta orden: &quot;Dadles vosotros de comer&quot; (<i>Mt <\/i>14, 16). &iquest;No proyect&oacute; esas mismas palabras hacia nosotros hoy; hacia nosotros que vivimos en la &uacute;ltima etapa del siglo XX, hacia nosotros que tenemos medios capaces para alimentar a los hambrientos del mundo? Respondamos generosamente a su mandato compartiendo el fruto de nuestro trabajo, haciendo part&iacute;cipes a otros de los conocimientos que hemos adquirido, siendo en todas partes los promotores del desarrollo rural y defendiendo el derecho al trabajo de la poblaci&oacute;n rural, puesto que toda persona tiene derecho a un empleo adecuado.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Los agricultores suministran pan a toda la humanidad, pero s&oacute;lo Cristo es pan de vida. S&oacute;lo El satisface la m&aacute;s profunda hambre de la humanidad. Como dice San Agust&iacute;n: &quot;Nuestros corazones est&aacute;n inquietos hasta que descansen en Ti&quot; (<i>Confesiones <\/i>I,<i> <\/i>1). A la vez que somos conscientes del hambre f&iacute;sico de millones de hermanos y hermanas nuestros en todos los continentes, recordamos en esta Eucarist&iacute;a que el hambre m&aacute;s profunda se halla en el fondo del alma humana. A todos aquellos que son conscientes de esa hambre en ellos mismos, Jes&uacute;s les dice: `&quot;Venid a m&iacute; todos los que est&aacute;is cansados y agobiados, que yo os aliviar&eacute;&quot;. Hermanos y hermanas en Cristo: Escuchemos estas palabras con todo nuestro coraz&oacute;n. Van dirigidas a cada uno de nosotros. A cuantos cultivan la tierra, a cuantos se benefician del fruto de su trabajo, a todos los hombres y mujeres de la tierra Jes&uacute;s dice: &quot;Venid a m&iacute;&#8230; que yo os aliviar&eacute;&quot;. Aunque todos los hambrientos f&iacute;sicos del mundo fueran saciados, aunque todos los que padecen hambre (mujeres y hombres) fuesen nutridos por su propio trabajo o por la generosidad de los dem&aacute;s, esa hambre m&aacute;s profunda del hombre persistir&iacute;a todav&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">En la Carta de San Pablo a los G&aacute;latas se nos recuerda: &quot;Lo que importa, en definitiva, es que uno sea creado de nuevo&quot;. S&oacute;lo Cristo puede recrearnos; y esta nueva creaci&oacute;n empieza s&oacute;lo en su cruz y resurrecci&oacute;n. S&oacute;lo en Cristo es donde toda la creaci&oacute;n es restaurada en su propio orden. Por eso os digo: Venid todos vosotros a Cristo. El es el pan de vida. Venid a Cristo y nunca volver&eacute;is a tener hambre.<\/p>\n<p align=\"left\">Traed con vosotros a Cristo el producto de vuestras manos, el fruto de la tierra, lo &quot;que es fruto de la tierra y del trabajo del hombre&quot;. En este altar, estos dones ser&aacute;n transformados en Eucarist&iacute;a del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">Traed con vosotros vuestros esfuerzos por hacer una tierra f&eacute;rtil, vuestro trabajo y vuestra fatiga. En este altar, a causa de la vida, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo, queda santificada, elevada y colmada toda actividad humana.<\/p>\n<p align=\"left\">Traed con vosotros al pobre, al enfermo, al exiliado y al hambriento; traed a cuantos est&aacute;n fatigados o llevan una vida agobiante. En este altar ser&aacute;n reconfortados, porque su yugo es suave y su carga ligera.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero sobre todo traed a vuestras familias y dedicadlas nuevamente a Cristo, para que puedan continuar siendo esa comunidad laboriosa, viva y amante donde se respeta la naturaleza, donde se comparten las cargas y donde el Se&ntilde;or es alabado con gratitud.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA SANTA MISA EN LA EXPLANADA DEL &laquo;LIVING HISTORY FARMS&raquo; HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II De Moines Jueves 4 de octubre de 1979 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Aqu&iacute;, en el coraz&oacute;n geogr&aacute;fico de Am&eacute;rica, en medio de estos f&eacute;rtiles campos en plena cosecha, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-la-explanada-del-living-history-farms-en-des-moines\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab4 de octubre de 1979, Santa Misa en la explanada del \u00abLiving History Farms\u00bb, en Des Moines\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39455","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39455","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39455"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39455\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39455"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39455"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39455"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}