{"id":39456,"date":"2016-10-05T22:51:58","date_gmt":"2016-10-06T03:51:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-1979-santa-misa-con-los-presbiteros-en-filadelfia\/"},"modified":"2016-10-05T22:51:58","modified_gmt":"2016-10-06T03:51:58","slug":"4-de-octubre-de-1979-santa-misa-con-los-presbiteros-en-filadelfia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-1979-santa-misa-con-los-presbiteros-en-filadelfia\/","title":{"rendered":"4 de octubre de 1979, Santa Misa con los presb\u00edteros en Filadelfia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_united-states-america.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA <\/font><\/b> <font color=\"#663300\"><b>CON LOS PRESB&Iacute;TEROS<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>&laquo;Civic Center&raquo; de Filadelfia<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"><br \/> Jueves 4 de octubre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos sacerdotes:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Al celebrar esta Misa que re&uacute;ne a los presidentes y directores de los senados y consejos presbiterales de todas las di&oacute;cesis de Estados Unidos, el tema de reflexi&oacute;n que brota espont&aacute;neo es un tema vital: el sacerdocio en s&iacute; y su importancia central en la tarea de la Iglesia. En la Carta Enc&iacute;clica <i>Redemptor hominis <\/i>describ&iacute; dicha tarea con estas palabras: &quot;El cometido fundamental de la Iglesia en todas las &eacute;pocas, y particularmente en la nuestra, es dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo, ayudar a todos los hombres a tener familiaridad con la profundidad de la redenci&oacute;n que se realiza en Cristo Jes&uacute;s&quot; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PB.HTM\">Redemptor hominis<\/a>, <\/i>10).<\/p>\n<p align=\"left\">Los consejos presbiterales son en la Iglesia una nueva estructura postulada por el Concilio Vaticano II y la reciente legislaci&oacute;n eclesi&aacute;stica. Esta nueva estructura es expresi&oacute;n concreta de la uni&oacute;n del obispo y los sacerdotes en la funci&oacute;n de pastorear la grey de Cristo y, a la vez, ayuda al obispo en su papel peculiar de gobernar la di&oacute;cesis al proporcionarle el asesoramiento de los consejeros representantes del presbiterio. Nuestra concelebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a hoy quiere ser signo de afirmaci&oacute;n por el bien ya conseguido por los consejos presbiterales en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os y, al mismo tiempo, est&iacute;mulo para perseguir con entusiasmo y determinaci&oacute;n la importante meta de &quot;fomentar la conformidad de la vida y actuaci&oacute;n del Pueblo de Dios, con el Evangelio&quot; <i>(Ecclesiae Sanctae, <\/i>16). Pero m&aacute;s que nada quiero que esta Misa sea ocasi&oacute;n especial para dirigirme a trav&eacute;s de vosotros a todos mis hermanos sacerdotes de esta naci&oacute;n acerca de nuestro sacerdocio. Con amor grande repito las palabras que <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/letters\/1979\/documents\/hf_jp-ii_let_19790409_sacerdoti-giovedi-santo_sp.html\">os escrib&iacute; el d&iacute;a de Jueves Santo<\/a>: &quot;Para vosotros soy obispo, con vosotros soy sacerdote&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Nuestra vocaci&oacute;n sacerdotal es don del mismo Se&ntilde;or Jes&uacute;s. Es <i>llamada personal e individual: <\/i>hemos sido llamados por el nombre como lo fue Jerem&iacute;as. Es llamamiento a servir: somos enviados a predicar la Buena Nueva, a &quot;prestar al reba&ntilde;o cuidados de Pastor&quot;. Es un llamamiento a comuni&oacute;n de fines y acciones: formar un solo sacerdocio con Jes&uacute;s y entre nosotros, exactamente como Jes&uacute;s y el Padre son una unidad hermosamente simbolizada en esta Misa concelebrada.<\/p>\n<p align=\"left\">El sacerdocio no es simplemente una tarea que se nos ha asignado; es una vocaci&oacute;n, un llamamiento que se debe escuchar una y otra vez. Escuchar esta llamada y responder generosamente a lo que trae consigo es tarea de cada sacerdote, pero tambi&eacute;n es responsabilidad de los consejos presbiterales. Esta responsabilidad quiere decir <i>profundizar en la comprensi&oacute;n del sacerdocio tal y como lo instituy&oacute; Cristo, como El quiso que fuera y siguiera siendo siempre, y tal como la Iglesia fielmente lo entiende y lo transmite. <\/i>Fidelidad al llamamiento al sacerdocio significa construir este sacerdocio en uni&oacute;n con el Pueblo de Dios a trav&eacute;s de una vida de servicio <i>acorde con las prioridades apost&oacute;licas: <\/i>concentrada &quot;en la oraci&oacute;n y el ministerio de la Palabra&quot; (<i>Act <\/i>6, 4).<\/p>\n<p align=\"left\">En el Evangelio de San Marcos, el llamamiento al sacerdocio de los doce Ap&oacute;stoles es como un brote que al florecer desarrolla toda una teolog&iacute;a del sacerdocio. Leemos que en medio de su ministerio, Jes&uacute;s &quot;subi&oacute; a un monte y, llamando a los que quiso, vinieron a El, y design&oacute; a doce para que le acompa&ntilde;aran y para enviarlos a predicar la Buena Nueva (<i>Mc <\/i>3, 13-14). El pasaje da a continuaci&oacute;n la lista de nombres de los Doce. Vemos aqu&iacute; tres aspectos significativos de la llamada que hace Jes&uacute;s: llama a sus primeros sacerdotes individualmente y por su <i>nombre; <\/i>les llama al servicio de su palabra, a <i>predicar el Evangelio; <\/i>y<i> <\/i>los hace compa&ntilde;eros suyos introduci&eacute;ndolos en la unidad de vida y acci&oacute;n que El tiene con el Padre en la vida misma de la Trinidad.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Exploremos estas tres dimensiones de nuestro sacerdocio reflexionando sobre las lecturas b&iacute;blicas de hoy. Pues es dentro de la tradici&oacute;n de la llamada prof&eacute;tica donde el Evangelio sit&uacute;a el llamamiento sacerdotal de Jes&uacute;s a los doce Ap&oacute;stoles. Cuando el sacerdote medita sobre el llamamiento hecho a Jerem&iacute;as para que fuera profeta, se siente a la vez tranquilizado y turbado. &quot;No temas&#8230; que yo estar&eacute; contigo para protegerte&quot;, dice el Se&ntilde;or a aquel a quien llama. &quot;Mira que yo pongo en tu boca <i>mis <\/i>palabras&quot;. &iquest;Qui&eacute;n no se sentir&aacute; animado oyendo esta afirmaci&oacute;n divina? Pero cuando pensamos en <i>por qu&eacute; <\/i>se ha hecho necesaria esta afirmaci&oacute;n, &iquest;acaso no vemos en nosotros la misma repugnancia que hay en la respuesta de Jerem&iacute;as? Como para &eacute;l, tambi&eacute;n para nosotros el concepto que tenemos del ministerio es a veces demasiado de tejas abajo; nos falta confianza en quien nos llama. Podemos limitarnos asimismo a nuestra visi&oacute;n del ministerio pensando que depende demasiado de nuestros talentos y habilidades, olvidando a veces que es Dios quien llama, como llam&oacute; a Jerem&iacute;as desde el seno. No es nuestro trabajo o habilidad lo primordial; estamos llamados a decir las palabras de Dios y no las nuestras; a administrar los sacramentos que El ha dado a su Iglesia; y a convocar a la gente a un amor que El mismo hizo posible anteriormente.<\/p>\n<p align=\"left\">De aqu&iacute; que <i>la entrega al llamamiento de Dios pueda hacerse con inmensa confianza<\/i> y<i> <\/i>sin reservas. Nuestra entrega a la voluntad de Dios debe ser total; nuestro &quot;s&iacute;&quot; est&aacute; dado una vez por todas, y tiene su modelo en el &quot;si&quot; dicho por Jes&uacute;s mismo. Como dice San Pablo: &quot;Dios me es fiel testigo de que nuestra palabra con vosotros no es &#8216;s&iacute;&#8217; y &#8216;no&#8217;. Porque Cristo Jes&uacute;s&#8230; no ha sido &#8216;s&iacute;&#8217; y &#8216;no&#8217;, antes ha sido &#8216;s&iacute;&#8217; &quot; (<i>2 Cor 1, <\/i>18-19).<\/p>\n<p align=\"left\">Este llamamiento de Dios es gracia: es un don, un tesoro &quot;&#8230;que llevamos en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios y no parezca nuestra&quot; (<i>2 Cor <\/i>4, <i>7). <\/i>Pero este don no est&aacute; destinado al sacerdote primordialmente; es m&aacute;s bien don de Dios para toda la Iglesia y para su misi&oacute;n en el mundo. El sacerdocio es un signo sacramental permanente que expresa c&oacute;mo el amor del Buen Pastor a su reba&ntilde;o no faltar&aacute; jam&aacute;s. En mi <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/letters\/1979\/documents\/hf_jp-ii_let_19790409_sacerdoti-giovedi-santo_sp.html\">Carta del pasado Jueves Santo<\/a> a vosotros los sacerdotes, desarroll&eacute; este aspecto de don de Dios, del sacerdocio; dije que nuestro sacerdocio &quot;constituye un <i>ministerium <\/i>particular, es decir, es &#8216;servicio&#8217; respecto a la comunidad de los creyentes. Sin embargo, no tiene su origen en esta comunidad, como si fuera ella la que &#8216;llama&#8217; o &#8216;delega&#8217;. Es, en efecto, nuestro sacerdocio un don para la comunidad y procede de Cristo mismo, de la plenitud de su sacerdocio&quot; (n&uacute;m. 5). En este don otorgado al pueblo es el Donante divino quien toma la iniciativa; es El quien llama a quienes. &quot;El mismo ha decidido llamar&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Por tanto, cuando reflexionamos sobre la intimidad entre el Se&ntilde;or y su profeta, su sacerdote \u2014una intimidad que surge como resultante del llamamiento que parti&oacute; de El\u2014, podemos entender mejor ciertas caracter&iacute;sticas del sacerdocio y captar su adecuaci&oacute;n a la misi&oacute;n de la Iglesia, tanto hoy como en tiempos pasados.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>a) <\/i>El sacerdocio es para siempre <i>\u2014tu es sacerdos in aeternum\u2014<\/i>,<i> <\/i>no reclamamos el don una vez dado. No puede ser que Dios, el cual dio el impulso para decir &quot;s&iacute;&quot;, ahora desee o&iacute;r &quot;no&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>b)<\/i> No debiera sorprender al mundo que la llamada de Dios a trav&eacute;s de su Iglesia siga ofreci&eacute;ndonos un ministerio c&eacute;libe de amor y servicio seg&uacute;n el ejemplo de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. El llamamiento de Dios sacudi&oacute; hasta lo m&aacute;s profundo de nuestro ser. Y despu&eacute;s de siglos de experiencia, la Iglesia sabe cu&aacute;n profundamente oportuno es que los sacerdotes den esta respuesta concreta en su vida para manifestar la totalidad del &quot;s&iacute;&quot; que han dicho al Se&ntilde;or, que les llama nominalmente a este servicio.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>c)<\/i> El hecho de que haya una llamada personal individual al sacerdocio hecha por el Se&ntilde;or, a los hombres &quot;a quienes El ha decidido llamar&quot;, est&aacute; de acuerdo con la tradici&oacute;n prof&eacute;tica. Esto deber&iacute;a ayudarnos a comprender tambi&eacute;n que la decisi&oacute;n tradicional de la Iglesia de llamar a hombres al sacerdocio y no llamar a mujeres, no entra&ntilde;a ninguna afirmaci&oacute;n acerca de los derechos humanos, ni es exclusi&oacute;n de las mujeres de la santidad y misi&oacute;n de la Iglesia. Esta decisi&oacute;n expresa bien la convicci&oacute;n de la Iglesia acerca de esta dimensi&oacute;n particular del don del sacerdocio, por cuyo medio Dios ha elegido pastorear a su grey.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Queridos hermanos: &quot;El reba&ntilde;o de Dios est&aacute; entre vosotros, prestadle cuidados de pastor&quot;. Qu&eacute; cerca de la esencia de nuestra idea del sacerdocio est&aacute; el papel de pastor; a lo largo de la historia de la salvaci&oacute;n es imagen frecuente del cuidado de Dios sobre su pueblo. <i>Y s&oacute;lo en el rol de Jes&uacute;s, Buen Pastor, puede entenderse nuestro ministerio pastoral de sacerdotes. <\/i>Recordad que Jes&uacute;s al llamar a los Doce los convoc&oacute; a ser compa&ntilde;eros suyos, precisamente para &quot;enviarles a predicar la Buena Nueva&quot;. El sacerdocio es misi&oacute;n y servicio, es &quot;ser enviados&quot; por Jes&uacute;s para &quot;prestar a su reba&ntilde;o cuidados de pastor&quot;. Esta caracter&iacute;stica del sacerdote muestra el sentido aut&eacute;ntico de lo que significa &quot;cuidados de pastor&quot; al aplicarle una frase estupenda que califica a Jes&uacute;s de &quot;hombre para los dem&aacute;s&quot;. Significa atraer la mente de la humanidad hacia el misterio de Dios, hacia la profundidad de la redenci&oacute;n que se realiza en Cristo Jes&uacute;s. El ministerio sacerdotal es misionero en su mismo meollo; significa ser enviado para los otros al igual que Cristo, enviado del Padre por la causa del Evangelio, y ser enviado a evangelizar. Seg&uacute;n las palabras de Pablo VI &quot;evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad&#8230; y renovar a la misma humanidad&quot; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html\">Evangelii nuntiandi<\/a>, <\/i>18). En la base y centro de su dinamismo, la evangelizaci&oacute;n contiene la proclamaci&oacute;n clara de que la salvaci&oacute;n est&aacute; en Jesucristo, Hijo de Dios. Son su nombre, sus ense&ntilde;anzas, su vida, sus promesas, su reino y su misterio lo que proclamamos ante el mundo. Y la eficacia de nuestra proclamaci&oacute;n y, por tanto, el verdadero &eacute;xito de nuestro sacerdocio dependen de nuestra fidelidad al Magisterio a trav&eacute;s del cual la Iglesia guarda &quot;el buen dep&oacute;sito por la virtud del Esp&iacute;ritu Santo que mora en nosotros&quot; (<i>2 Tim <\/i>1, 14).<\/p>\n<p align=\"left\">En cuanto modelo de todo ministerio y apostolado en la Iglesia, el ministerio sacerdotal no puede concebirse jam&aacute;s en t&eacute;rminos de adquisici&oacute;n; desde el momento en que es don, es don que se ha de proclamar y compartir con otros. &iquest;Acaso no lo vemos claramente en las ense&ntilde;anzas de Jes&uacute;s cuando la madre de Santiago y Juan pidi&oacute; que sus hijos se sentaran uno a su derecha y otro a su izquierda en el Reino? &quot;Vosotros sab&eacute;is que los pr&iacute;ncipes de las naciones las subyugan y que los grandes imperan sobre ellas. No ha de ser as&iacute; entre vosotros; al contrario, el que entre vosotros quiera llegar a ser grande, sea vuestro servidor, y el que entre vosotros quiera ser el primero, sea vuestro siervo, as&iacute; como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redenci&oacute;n de muchos&quot; (<i>Mt <\/i>20, 25-28).<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente porque Jes&uacute;s fue a la perfecci&oacute;n &quot;hombre para los dem&aacute;s&quot; al entregarse totalmente en la cruz, por esto mismo el sacerdote es m&aacute;s que nada siervo y &quot;hombre para los dem&aacute;s&quot; cuando act&uacute;a <i>in persona Christi <\/i>en la Eucarist&iacute;a, guiando a la Iglesia en dicha celebraci&oacute;n en la que se renueva el Sacrificio de la cruz. Porque en el culto eucar&iacute;stico diario de la Iglesia se predica la &quot;Buena Nueva&quot; que los Ap&oacute;stoles fueron enviados a proclamar en toda su plenitud; la obra de nuestra redenci&oacute;n se act&uacute;a de nuevo.<\/p>\n<p align=\"left\">Cu&aacute;n perfectamente captaron esta verdad fundamental los padres del Concilio Vaticano 1I en el Decreto sobre el ministerio y vida sacerdotal: &quot;Los dem&aacute;s sacramentos, como todos los ministerios eclesi&aacute;sticos y las tareas apost&oacute;licas, est&aacute;n todos vinculados con la Sagrada Eucarist&iacute;a y ordenados a ella&#8230; Por lo cual aparece la Eucarist&iacute;a como fuente y cumbre de toda evangelizaci&oacute;n&quot; (<i><a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum ordinis<\/a><\/i>, 5). Al celebrar la Eucarist&iacute;a, los sacerdotes nos hallamos en el coraz&oacute;n mismo de nuestro ministerio de servicio, de &quot;prodigar al reba&ntilde;o de Dios cuidados de pastor&quot;. Todos nuestros afanes pastorales resultan incompletos hasta que nuestro pueblo no sea llevado a participar plena y activamente en el Sacrificio eucar&iacute;stico.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Recordemos que Jes&uacute;s llam&oacute; a los Doce a ser <i>compa&ntilde;eros suyos. El llamamiento al servicio sacerdotal incluye la invitaci&oacute;n a una intimidad especial con Cristo <\/i>La experiencia vivida de sacerdotes de todas las generaciones, les ha llevado a descubrir en la propia vida y ministerio la centralidad absoluta de su uni&oacute;n personal con Jes&uacute;s, el hecho de ser compa&ntilde;eros suyos. Nadie puede proclamar con eficacia la Buena Nueva de Jes&uacute;s ante los otros, si no ha sido primeramente &eacute;l compa&ntilde;ero constante suyo en la oraci&oacute;n personal, si no he aprendido del mismo Jes&uacute;s el misterio que ha de anunciar.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta uni&oacute;n con Jes&uacute;s modelada en la unicidad con el Padre tiene adem&aacute;s una dimensi&oacute;n intr&iacute;nseca, como lo revela su misma oraci&oacute;n de la &uacute;ltima Cena: &quot;que sean uno, Padre, como nosotros&quot; (<i>Jn <\/i>17, 11). Su sacerdocio es uno y esta unidad debe ser actual y efectiva entre los compa&ntilde;eros que se ha elegido. De aqu&iacute; que la uni&oacute;n entre los sacerdotes vivida en fraternidad y amistad, resulte exigencia y parte integral de la vida del sacerdote.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>La uni&oacute;n, entre los sacerdotes <\/i>no es uni&oacute;n y fraternidad centradas en s&iacute; mismas. <i>Son para el Evangelio, <\/i>para que al vivirlas los sacerdotes quede simbolizada la direcci&oacute;n esencial hacia la que el Evangelio llama al pueblo, es decir, la uni&oacute;n de amor con El y entre nosotros. Y s&oacute;lo esta uni&oacute;n puede garantizar paz y justicia y dignidad a cada ser humano. Ciertamente &eacute;ste es el sentido fundamental de la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s cuando sigue diciendo: &quot;Ruego tambi&eacute;n por cuantos crean en m&iacute; por su palabra, para que todos sean uno como T&uacute;, Padre, est&aacute;s en m&iacute; y yo en ti&quot; (<i>Jn <\/i>17, 20-21), Y est&aacute; claro; &iquest;c&oacute;mo puede el mundo llegar a creer que el Padre ha enviado a Jesucristo si no percibe de modo visible que quienes han cre&iacute;do en Jes&uacute;s han captado el mandamiento de &quot;amaos unos a otros&quot;? Y, &iquest;c&oacute;mo recibir&aacute;n los creyentes testimonio de que tal amor es posible en la vida concreta, si no lo ven en el ejemplo de la uni&oacute;n de sus ministros sacerdotes, de aquellos a quienes el mismo Jes&uacute;s integra en un mismo sacerdocio como compa&ntilde;eros suyos?<\/p>\n<p align=\"left\">Hermanos m&iacute;os sacerdotes: &iquest;No hemos tocado aqu&iacute; el meollo del asunto, es decir, nuestro celo por el sacerdocio mismo? Es inseparable de nuestro celo por servir al pueblo. Esta Misa concelebrada, que simboliza tan bellamente la unidad de nuestro sacerdocio, da testimonio al mundo entero de la uni&oacute;n que pidi&oacute; Jes&uacute;s a su Padre en nuestro nombre. Pero no puede reducirse a manifestaci&oacute;n meramente transitoria que dejar&iacute;a sin fruto la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s. Cada Eucarist&iacute;a renueva esta oraci&oacute;n por la unidad: &quot;Se&ntilde;or, acu&eacute;rdate de toda tu Iglesia esparcida por el mundo; conc&eacute;denos crecer en el amor con tu servidor el Papa Juan Pablo&#8230;, nuestro obispo y todo el clero&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Vuestros consejos presbiterales, estructuras nuevas en la Iglesia, brindan la oportunidad maravillosa de dar testimonio visible del &uacute;nico sacerdocio que compart&iacute;s con vuestros obispos y entre s&iacute;; y de demostrar lo que debe estar en el coraz&oacute;n de la renovaci&oacute;n de cada estructura de la Iglesia: la uni&oacute;n por la que or&oacute; Jes&uacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Al comienzo de esta homil&iacute;a os recomend&eacute; que asumierais la responsabilidad de vuestro sacerdocio, tarea personal de cada uno, tarea que ha de ser compartida con todos los sacerdotes y debe ser tambi&eacute;n preocupaci&oacute;n de vuestros consejos presbiterales. La fe de toda la Iglesia necesita tener claramente enfocada la concepci&oacute;n aut&eacute;ntica del sacerdocio y de su puesto en la misi&oacute;n de la Iglesia. De modo que la Iglesia depende de vosotros para comprenderlo cada vez con mayor profundidad; y para llevarlo a la pr&aacute;ctica en vuestra vida y ministerio; en otras palabras, para compartir el don de vuestro sacerdocio con la Iglesia, renovando la respuesta que ya disteis a la invitaci&oacute;n de Cristo \u2014&quot;ven y s&iacute;gueme&quot;\u2014 entreg&aacute;ndoos tan totalmente como El se entreg&oacute;.<\/p>\n<p align=\"left\">A veces o&iacute;mos estas palabras: &quot;Rogad por los sacerdotes&quot;. Y hoy repito estas palabras como un reclamo, una s&uacute;plica a todos los fieles de la Iglesia de Estados Unidos. Orad por los sacerdotes, para que todos y cada uno digan una y otra vez s&iacute; al llamamiento que han recibido, sigan predicando constantemente el mensaje del Evangelio y sigan siendo siempre compa&ntilde;eros fieles de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos sacerdotes: Al renovar el misterio pascual y situ&aacute;ndonos como disc&iacute;pulos al pie de la cruz con Mar&iacute;a la Madre de Jes&uacute;s, confiemos en Ella. En su amor encontraremos fuerza para nuestras debilidades y gozo para el coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA SANTA MISA CON LOS PRESB&Iacute;TEROS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II &laquo;Civic Center&raquo; de Filadelfia Jueves 4 de octubre de 1979 &nbsp; Queridos hermanos sacerdotes: 1. 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