{"id":39458,"date":"2016-10-05T22:52:01","date_gmt":"2016-10-06T03:52:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-el-yankee-stadium-de-nueva-york\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:01","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:01","slug":"2-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-el-yankee-stadium-de-nueva-york","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-el-yankee-stadium-de-nueva-york\/","title":{"rendered":"2 de octubre de 1979, Santa Misa en el Yankee Stadium de Nueva York"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_united-states-america.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN EL &laquo;YANKEE STADIUM&raquo;<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Nueva York<br \/> Martes 2 de octubre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">1. &iexcl;La paz sea con vosotros!<\/p>\n<p align=\"left\">Fueron estas las primeras palabras que habl&oacute; Jes&uacute;s a los Ap&oacute;stoles despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n. Cristo resucitado con estas palabras devolvi&oacute; la paz a sus corazones en un momento en que todav&iacute;a estaban en estado de shock despu&eacute;s de la terrible experiencia precedente del Viernes Santo. En el nombre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, en el poder de su Esp&iacute;ritu y en medio de un mundo preocupado por su propia existencia, esta noche os repito estas palabras, pues son palabras de vida: &quot;&iexcl;La paz sea con vosotros!&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s no nos da simplemente la paz. Nos da su paz acompa&ntilde;ada de su justicia. El es paz y justicia. Se hace <i>nuestra <\/i>paz y<i> nuestra <\/i>justicia.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qu&eacute; significa esto? Significa que Jesucristo \u2014el Hijo de Dios hecho hombre, el hombre perfecto\u2014 perfecciona, restaura y manifiesta en s&iacute; mismo la insuperable dignidad que Dios desea dar al hombre desde el principio. El es el &uacute;nico que realiza en s&iacute; lo que el hombre debe ser por vocaci&oacute;n: el &uacute;nico que est&aacute; plenamente reconciliado con el Padre, plenamente uno en s&iacute; mismo, plenamente entregado a los dem&aacute;s. Jesucristo es la paz viviente y la justicia viviente.<\/p>\n<p align=\"left\">Jesucristo nos hace part&iacute;cipes de lo que El es. Por su Encarnaci&oacute;n el Hijo de Dios se uni&oacute; en cierta manera con cada ser humano. En lo m&aacute;s profundo de nuestro ser nos ha vuelto a crear; en lo m&aacute;s &iacute;ntimo nos ha reconciliado con Dios, nos ha reconciliado con nosotros mismos, nos ha reconciliado con nuestros hermanos y hermanas. El es <i>nuestra <\/i>paz.<\/p>\n<p align=\"left\">2. &iexcl;Qu&eacute; insondables riquezas poseemos en nosotros y en nuestras comunidades cristianas! &iexcl;Somos portadores de la justicia y de la paz de Dios! No somos primordialmente constructores meticulosos de una justicia y una paz meramente humanas, perecederas siempre y siempre fr&aacute;giles. Somos antes que nada humildes beneficiarios de la vida misma de Dios que es justicia y paz en el v&iacute;nculo de la caridad. Cuando en la Misa el sacerdote nos saluda con estas palabras &quot;La paz del Se&ntilde;or sea siempre con vosotros&quot;, pensemos en primer lugar en la paz que es clon de Dios, en Jesucristo nuestra paz. Y cuando antes de la comuni&oacute;n el sacerdote nos invita a darnos unos a otros un gesto de paz, pensemos sobre todo en el hecho de que se nos invita a intercambiamos la paz de Cristo que habita entre nosotros y a participar en su Cuerpo y Sangre, para gozo nuestro y servicio de toda la humanidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Es que la justicia y la paz de Dios ans&iacute;an dar frutos de acciones humanas de justicia y paz en todas las esferas de la vida de hoy. Cuando los cristianos hacemos de Jesucristo el centro de los sentimientos y pensamientos, ni nos alejamos de la gente y de sus necesidades. Por el contrario, nos encontramos envueltos en el movimiento eterno del amor de Dios que vino a nuestro encuentro; nos encontramos envueltos en el movimiento del Hijo que vino a nosotros y se hizo uno de nosotros; nos encontramos envueltos en el movimiento del Esp&iacute;ritu Santo que visita a los pobres, sosiega los corazones turbados, cauteriza los corazones heridos, calienta los corazones fr&iacute;os y nos da la plenitud de sus dones. La raz&oacute;n por la que el hombre es el camino primario y fundamental de la Iglesia es que la Iglesia camina en las mismas huellas de Jes&uacute;s; Jes&uacute;s es quien le ha ense&ntilde;ando este camino. Este camino pasa irremisiblemente por el misterio de la Encarnaci&oacute;n y Redenci&oacute;n; y va de Cristo al hombre. La Iglesia mira el mundo con los ojos mismos de Cristo; Jes&uacute;s es el principio de su solicitud por el hombre (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/_INDEX.HTM\">Redemptor hominis<\/a>, <\/i>13-18).<\/p>\n<p align=\"left\">3. La tarea es inmensa. Es tarea absorbente. Acabo de acentuar varios de sus aspectos ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y tocar&eacute; otras facetas durante mi viaje apost&oacute;lico a vuestro pa&iacute;s. Permitidme hoy que me detenga en el esp&iacute;ritu y naturaleza de la aportaci&oacute;n de la Iglesia a la causa de la justicia y la paz, y se&ntilde;ale algunas prioridades urgentes en las que deber&aacute; concentrarse vuestro servicio a la humanidad.<\/p>\n<p align=\"left\">El pensamiento y la praxis social que se inspiran en el Evangelio deben tener especial sensibilidad hacia los m&aacute;s desventurados, los que son extremadamente pobres, los que padecen los males f&iacute;sicos, mentales y morales que afligen a la humanidad incluidos el hambre, abandono, desempleo y desesperaci&oacute;n. Hay muchas personas que padecen esta clase de pobreza en todo el mundo. Hay muchas en vuestro propio ambiente. En muchas ocasiones vuestra naci&oacute;n se ha ganado reputaci&oacute;n bien merecida de generosidad tanto p&uacute;blica como privada. Sed fieles a &eacute;sta tradici&oacute;n de acuerdo con vuestras grandes posibilidades y vuestras responsabilidades actuales. La red de obras caritativas de toda clase que la Iglesia ha llegado a crear aqu&iacute; es medio valioso para movilizar eficazmente empresas generosas encaminadas a remediar calamidades que surgen continuamente tanto en la patria como en el resto del mundo. Esforzaos para que esta forma de ayuda mantenga su car&aacute;cter insustituible de encuentro fraternal y personal con los que padecen desgracias; si fuera necesario, reafirmad este car&aacute;cter contra los elementos que act&uacute;an en direcci&oacute;n opuesta. Que esta clase de ayuda sea respetuosa de la libertad y dignidad de aquellos a quienes se ayuda, y sea &eacute;ste un modo de formar la conciencia de los donantes.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Pero esto no es bastante. Dentro del cuadro de vuestras instituciones nacionales y en colaboraci&oacute;n con vuestros compatriotas, no hay duda de que querr&eacute;is tambi&eacute;n descubrir las razones estructurales que alimentan o provocan las formas varias de pobreza en el mundo y en vuestro propio pa&iacute;s, para que luego pod&aacute;is aplicar remedios adecuados. No os dejar&eacute;is intimidar o desanimar por explicaciones simplistas que son explicaciones ideol&oacute;gicas m&aacute;s bien que cient&iacute;ficas, encaminadas a motivar un mal complejo en una sola causa. Pero tampoco retroceder&eacute;is ante reformas, incluso profundas, de actitudes y estructuras que pueden resultar necesarias para volver a crear una y otra vez las condiciones necesarias en las que los desvalidos gocen de oportunidades nuevas en la dura batalla de la vida. Los pobres de Estados Unidos y del mundo son vuestros hermanos y hermanas en Cristo. No pod&eacute;is contentaros nunca con dejarles s&oacute;lo las migajas de la fiesta. Ten&eacute;is que tomar de vuestras posesiones \u2014y no de lo que os sobre\u2014 para ayudarles. Y deb&eacute;is tratarlos como invitados de vuestra mesa familiar.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Cat&oacute;licos de Estados Unidos: A la vez que desarroll&aacute;is vuestras instituciones legales, particip&aacute;is asimismo en los asuntos de la naci&oacute;n a trav&eacute;s de instituciones y organizaciones nacidas de la historia del pa&iacute;s y de vuestros intereses comunes. Esto lo hac&eacute;is en apretada uni&oacute;n con vuestros ciudadanos de todo credo y confesi&oacute;n. La uni&oacute;n entre vosotros en dicha empresa es esencial bajo la gu&iacute;a de vuestros obispos, para ahondar, proclamar y promover en el terreno de la pr&aacute;ctica, la verdad sobre el hombre, su dignidad y derechos inalienables; la verdad tal y como la recibe la Iglesia en 1aRevelaci&oacute;n y tal como la desarrolla continuamente en sus ense&ntilde;anzas sociales a la luz del Evangelio. Pero estas convicciones compartidas no son un modelo ya hecho en la sociedad (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_letters\/documents\/hf_p-vi_apl_19710514_octogesima-adveniens_sp.html\">Octogesima adveniens<\/a>, <\/i>42). Es tarea de los laicos principalmente el llevarlas a la pr&aacute;ctica en proyectos concretos, definir prioridades y desarrollar modelos adecuados para promover el verdadero bien del hombre. La Constituci&oacute;n pastoral del Concilio Vaticano II <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a> <\/i>nos dice: &quot;De los sacerdotes, los laicos pueden esperar orientaci&oacute;n e impulso espiritual. Pero no piensen que sus pastores est&aacute;n siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente soluci&oacute;n concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es &eacute;sta su misi&oacute;n. Cumplan m&aacute;s bien los laicos su propia funci&oacute;n con la luz de la sabidur&iacute;a cristiana y con la observancia atenta de la doctrina del Magisterio&quot; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>, <\/i>43).<\/p>\n<p align=\"left\">6. A fin de llevar esta empresa a resultados certeros, se necesitan energ&iacute;as espirituales y morales nuevas, sacadas de la fuente divina inagotable. Estas energ&iacute;as no se desarrollan f&aacute;cilmente. El estilo de vida de muchos de los miembros de nuestra sociedad rica y permisiva, es un, estilo f&aacute;cil; y lo es asimismo el estilo de vida de grupos cada vez m&aacute;s numerosos de pa&iacute;ses m&aacute;s pobres. Como dije el a&ntilde;o pasado <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1978\/documents\/hf_jp-ii_spe_19781111_iustitia-et-pax_sp.html\">en la Asamblea plenaria<\/a> de la Pontificia Comisi&oacute;n <i>lustitia et Pax, <\/i>&quot;los cristianos han de procurar estar a la vanguardia en suscitar convicciones y modos de vida que rompan decisivamente el frenes&iacute; del consumo, agotador y falto de alegr&iacute;a&quot; <i>(L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 26 de noviembre de 1978, p&aacute;g. 11). No se trata de retardar el progreso, puesto que no existe progreso humano cuando todo conspira a dar suelta absoluta a los instintos del inter&eacute;s propio, el sexo y el poder. Tenemos que encontrar un modo sencillo de vivir. Porque no est&aacute; bien que el nivel de vida de los pa&iacute;ses ricos se haya de mantener a base de apropiarse de gran parte de la reserva de energ&iacute;a y materias primas destinadas a toda la humanidad. Por tanto, la disponibilidad a crear mayor y m&aacute;s justa solidaridad entre los pueblos es la primera condici&oacute;n de la paz. Cat&oacute;licos de Estados Unidos y todos vosotros ciudadanos de Estados Unidos: Ten&eacute;is tal tradici&oacute;n de generosidad espiritual, laboriosidad, sencillez y sacrificio, que no pod&eacute;is deso&iacute;r este llamamiento de hoy a un entusiasmo nuevo y a pronta determinaci&oacute;n. En la sencillez y gozo de una vida inspirada en el Evangelio y en el esp&iacute;ritu evang&eacute;lico del compartir fraterno, encontrar&eacute;is el mejor remedie de las cr&iacute;ticas amargas, y paralizar&eacute;is la duda y la tentaci&oacute;n de hacer del dinero el medio principal e incluso le medida del progreso humano.<\/p>\n<p align=\"left\">7. En varias ocasiones he aludido la par&aacute;bola del Evangelio del rico y L&aacute;zaro. &quot;Hab&iacute;a un hombre rico que vest&iacute;a de p&uacute;rpura y lino y celebraba cada d&iacute;a espl&eacute;ndidos banquetes. Un pobre, de nombre L&aacute;zaro, estaba echado en su portal cubierto de &uacute;lceras, y deseaba hartarse de lo que ca&iacute;a de la mesa del rico&quot; (<i>Lc<\/i> 16, 19 ss.). Murieron los dos, el rico y el mendigo, y fueron llevados ante Abrah&aacute;n y se hizo el juicio de su conducta. Y la Escritura nos dice que L&aacute;zaro recibi&oacute; consuelo y, en cambio, al rico se le dieron tormentos. &iquest;Es que el rico fue condenado porque ten&iacute;a riquezas, porque abundaba en bienes de la tierra, porque &quot;vest&iacute;a de p&uacute;rpura y lino y celebraba cada d&iacute;a espl&eacute;ndidos banquetes&quot;? No, quiero decir que no fue por esta raz&oacute;n. El rico fue condenado porque no ayud&oacute; al otro hombre. Porque ni siquiera cay&oacute; en la cuenta de L&aacute;zaro, de la persona que se sentaba en su portal y ansiaba las migajas de su mesa. En ning&uacute;n sitio condena Cristo la mera posesi&oacute;n de bienes terrenos en cuanto tal. En cambio pronuncia palabras muy duras contra los que utilizan los bienes ego&iacute;stamente, sin fijarse en las necesidades de los dem&aacute;s. El Serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a comienza con estas palabras: &quot;Bienaventurados los pobres de esp&iacute;ritu&quot;. Y al final de la narraci&oacute;n del juicio final tal como lo hallamos en el Evangelio de San Mateo, Jes&uacute;s dice estas palabras que todos conocemos muy bien: &quot;Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui peregrino, y no me alojasteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo, y en la c&aacute;rcel, y no me visitasteis&quot;(<i>Mt <\/i>25, 42-43).<\/p>\n<p align=\"left\">La par&aacute;bola del rico y L&aacute;zaro debe estar siempre presente en nuestra memoria; debe formarnos la conciencia. Cristo pide apertura hacia los hermanos y hermanas necesitados; apertura de parte del rico, del opulento, del que est&aacute; sobrado econ&oacute;micamente; apertura hacia el pobre, el subdesarrollado, el desvalido. Cristo pide una apertura que es m&aacute;s que atenci&oacute;n benigna, o muestras de atenci&oacute;n o medio-esfuerzos, que dejan al pobre tan desvalido como antes o incluso m&aacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Toda la humanidad debe pensar en la par&aacute;bola del rico y el mendigo. La humanidad debe traducirla en t&eacute;rminos contempor&aacute;neos, en t&eacute;rminos de econom&iacute;a y pol&iacute;tica, en t&eacute;rminos de plenitud de derechos humanos, en t&eacute;rminos de relaciones entre el &quot;primero&quot;, &quot;segundo&quot; y &quot;tercer mundo&quot;. No podemos permanecer ociosos cuando miles de seres humanos est&aacute;n muriendo de hambre. Ni podemos quedarnos indiferentes cuando se conculcan los derechos del esp&iacute;ritu humano, cuando se violenta la conciencia humana en materia de verdad, religi&oacute;n y creatividad cultural.<\/p>\n<p align=\"left\">No podemos permanecer ociosos disfrutando de nuestras riquezas y libertad si en alg&uacute;n lugar el L&aacute;zaro del siglo XX est&aacute; a nuestra puerta. A la luz do la par&aacute;bola de Cristo, las riquezas y la libertad entra&ntilde;an responsabilidades especiales. Las riquezas y la libertad crean una obligaci&oacute;n especial. Y por ello, en nombre de la solidaridad que nos vincula a todos en una &uacute;nica humanidad, proclamo de nuevo la dignidad de toda persona humana; el rico y L&aacute;zaro, los dos, son seres humanos, creados los dos a imagen y semejanza de Dios, redimidos los dos por Cristo a gran precio, al precio de la &quot;preciosa Sangre de Cristo&quot; <i>(1 Pe <\/i>1, 19).<\/p>\n<p align=\"left\">Hermanos y hermanas en Cristo: Con plena convicci&oacute;n y afecto os <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1978\/documents\/hf_jp-ii_spe_19781022_inizio-pontificato_sp.html\">repito las palabras que dirig&iacute; al mundo<\/a> cuando inici&eacute; mi ministerio apost&oacute;lico al servicio de todos los hombres y mujeres: &quot;&iexcl;No tem&aacute;is! &iexcl;Abrid, m&aacute;s todav&iacute;a, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salv&iacute;fica los confines de los Estados, los sistemas econ&oacute;micos y los pol&iacute;ticos, los extensos campos de la cultura, de la civilizaci&oacute;n y el desarrollo. &iexcl;No teng&aacute;is miedo! Cristo conoce lo que hay dentro del hombre. S&oacute;lo El lo conoce&quot;. <i>(L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 29 de octubre de 1978, p&aacute;g. 4).<\/p>\n<p align=\"left\">Como os dije al principio, Cristo es nuestra justicia y nuestra paz, y todas nuestras acciones de justicia y paz brotan de esta fuente de energ&iacute;a insustituible que es luz para la gran tarea que tenemos ante nosotros. Al comprometernos resueltamente a estar al servicio de las necesidades de los individuos y los pueblos \u2014porque Cristo nos urge a hacerlo\u2014 no debemos olvidar, sin embargo, que la misi&oacute;n de la Iglesia no se limita a este testimonio de frutos sociales del Evangelio. A lo largo de este camino que lleva a la Iglesia hacia el hombre, &eacute;sta no s&oacute;lo ofrece al tratarse de justicia y paz los frutos terrenos del Evangelio; trae al hombre, a cada persona humana, la fuente aut&eacute;ntica de aquellas; Jesucristo mismo, nuestra justicia y nuestra paz.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA SANTA MISA EN EL &laquo;YANKEE STADIUM&raquo; HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Nueva York Martes 2 de octubre de 1979 &nbsp; 1. &iexcl;La paz sea con vosotros! Fueron estas las primeras palabras que habl&oacute; Jes&uacute;s a los Ap&oacute;stoles despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n. 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