{"id":39460,"date":"2016-10-05T22:52:04","date_gmt":"2016-10-06T03:52:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-el-boston-common\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:04","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:04","slug":"1-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-el-boston-common","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-el-boston-common\/","title":{"rendered":"1 de octubre de 1979, Santa Misa en el Boston Common"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_united-states-america.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN EL &laquo;BOSTON COMMON&raquo;<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Lunes 1 de octubre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas, <br \/> queridos j&oacute;venes de Am&eacute;rica:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Esta ma&ntilde;ana, temprano, he pisado el territorio de los Estados Unidos de Am&eacute;rica. En nombre de Cristo doy comienzo a un viaje pastoral que me llevar&aacute; a bastantes de vuestras ciudades. Al comienzo de este a&ntilde;o tuve ocasi&oacute;n de saludar a este continente desde el lugar donde Crist&oacute;bal Col&oacute;n tom&oacute; tierra; hoy me encuentro a las puertas de los Estados Unidos, y de nuevo saludo a toda Am&eacute;rica. Porque este pueblo, dondequiera se encuentre, ocupa un puesto especial en el amor del Papa.<\/p>\n<p align=\"left\">Vengo a los Estados Unidos de Am&eacute;rica como Sucesor de Pedro y peregrino de la fe. Es para m&iacute; una gran alegr&iacute;a realizar esta visita. Por esto mi estima y mi afecto se dirigen a todos los habitantes de esta tierra. Saludo a todos los americanos, sin distinci&oacute;n; deseo encontraros y deciros a todos \u2014hombres y mujeres de cualquier fe religiosa y origen &eacute;tnico, ni&ntilde;os y j&oacute;venes, padres y madres, enfermos y ancianos\u2014 que Dios os ama, que, en cuanto seres humanos, os ha conferido una dignidad incomparable. Deseo decir a cada uno que el Papa es vuestro amigo y siervo de vuestra humanidad. En este primer d&iacute;a de mi visita deseo expresar mi estima y mi amor a Am&eacute;rica, por el experimento comenzado hace dos siglos y que lleva el nombre de Estados Unidos de Am&eacute;rica; por las realizaciones pret&eacute;ritas de esta tierra y por su compromiso para un futuro m&aacute;s justo y humano; por la generosidad con que este pa&iacute;s ha ofrecido asilo, libertad y posibilidad de mejoramiento a cuantos han arribado a sus playas; por la solidaridad humana que os impulsa a colaborar con todas las dem&aacute;s naciones para que la libertad se ponga a salvo y se haga posible el pleno desarrollo humano. &iexcl;Yo te saludo, Am&eacute;rica bella!<\/p>\n<p align=\"left\">2. Estoy aqu&iacute; porque he querido responder a la invitaci&oacute;n que me dirigi&oacute; en primer lugar el Secretario General de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas. Ma&ntilde;ana tendr&eacute; el honor, como invitado de las Naciones Unidas, de trasladarme a este supremo foro internacional de naciones y dirigir un mensaje a la Asamblea General: una llamada al mundo en favor de la justicia y de la paz, una llamada en defensa de la dignidad &uacute;nica de todo ser humano. Me siento muy honrado por la invitaci&oacute;n del Secretario General de las Naciones Unidas. Al mismo tiempo soy consciente de la grandeza e importancia del desaf&iacute;o que esta invitaci&oacute;n comporta. Desde el primer momento estuve persuadido de que deb&iacute;a aceptar esta invitaci&oacute;n de las Naciones Unidas <i>como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal de Cristo. <\/i>Por esto, expreso mi gratitud profunda tambi&eacute;n a la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica de los Estados Unidos, que se asoci&oacute; a la iniciativa de las Naciones Unidas. He recibido muchas invitaciones de cada una de las di&oacute;cesis y de diversas regiones de este pa&iacute;s, como tambi&eacute;n de Canad&aacute;. Lamento mucho no poder aceptar todas ellas; si fuese posible, querr&iacute;a realizar por todas partes una visita pastoral. Mi peregrinaci&oacute;n a Irlanda, con ocasi&oacute;n del centenario del santuario de Nuestra Se&ntilde;ora de Knock, ha sido una introducci&oacute;n oportuna para mi visita a vosotros. Espero sinceramente que toda esta visita m&iacute;a a los Estados Unidos ser&aacute; interpretada a la luz de la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Constituci&oacute;n sobre la Iglesia<\/a> en el mundo de hoy, emanada del Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p align=\"left\">Y esta tarde estoy profundamente contento de encontrarme con vosotros aqu&iacute;, en &laquo;Boston Common&raquo;. En vosotros saludo a la ciudad de Boston y a todos sus habitantes, como tambi&eacute;n al Commonwealth de Massachusetts y a todas sus autoridades civiles. Con especial afecto saludo aqu&iacute; al cardenal Medeiros y a toda la archidi&oacute;cesis de Boston. Un recuerdo particular me une a esta ciudad, ya que, hace ahora tres a&ntilde;os, por invitaci&oacute;n de la Escuela de teolog&iacute;a, tuve la oportunidad de hablar en la Universidad de Harvard. Al recordar este memorable acontecimiento, deseo expresar una vez m&aacute;s mi gratitud a las autoridades de Harvard y al decano de la Escuela de teolog&iacute;a, por esa excepcional y preciosa oportunidad.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Durante mi primera visita a los Estados Unidos, como Papa, en la v&iacute;spera de mi visita a la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas, deseo dirigir ahora una palabra especial a los j&oacute;venes aqu&iacute; reunidos.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta tarde, de manera realmente especial, extiendo mis manos a la juventud de Am&eacute;rica. En la ciudad de M&eacute;xico y en Guadalajara me encontr&eacute; con la juventud de Am&eacute;rica Latina. En Varsovia y Cracovia, con la juventud polaca. En Roma me encuentro frecuentemente con grupos de j&oacute;venes provenientes de Italia y de todas las partes del mundo. Ayer, en Galway, me encontr&eacute; con la juventud irlandesa. Y ahora, con gran alegr&iacute;a, me encuentro con vosotros. Para m&iacute; cada uno de estos encuentros supone un nuevo descubrimiento. Cada vez hallo en los j&oacute;venes la alegr&iacute;a y el entusiasmo de la vida, la b&uacute;squeda de la verdad y de un significado m&aacute;s profundo de la existencia que se abre ante ellos con todo su encanto y potencialidad.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Esta tarde quiero repetiros cuanto creo debo decir a los j&oacute;venes: vosotros sois el futuro del mundo, y &quot;el ma&ntilde;ana os pertenece&quot;. Deseo traer a vuestra memoria los encuentros del mismo Jes&uacute;s con los j&oacute;venes de su tiempo. Los Evangelios nos conservan el interesante relato de la conversaci&oacute;n que mantuvo Jes&uacute;s con un joven. Leemos que el joven propuso a Cristo uno de los problemas fundamentales que la juventud se propone en todas partes: &iquest;Qu&eacute; he de hacer&#8230;?&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 17), recibiendo de El una respuesta precisa y penetrante: &quot;Jes&uacute;s, poniendo en &eacute;l los ojos, le am&oacute; y dijo&#8230;: ven y s&iacute;gueme&quot; (<i>Mc <\/i>10, 21). Pero mirad lo que ocurre: el joven, que hab&iacute;a mostrado tanto inter&eacute;s por el problema fundamental, &quot;se fue triste, porque ten&iacute;a mucha hacienda&quot; (<i>Mc <\/i>10, 22). S&iacute;, se fue y<b> <\/b>\u2014como puede deducirse del contexto\u2014rehus&oacute; aceptar la llamada de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">En su concisa elocuencia, este acontecimiento profundamente penetrante expresa una gran lecci&oacute;n en pocas palabras: toca problemas sustanciales y cuestiones de fondo que no han perdido, en modo alguno, su importancia. En todas partes los j&oacute;venes se plantean problemas importantes: problemas sobre el significado de la vida, sobre el modo recto de vivir, sobre la verdadera escala de valores: &quot;&iquest;Qu&eacute; he de hacer? &iquest;Qu&eacute; he de hacer para alcanzar la vida eterna?&quot;. Estas preguntas dan testimonio de vuestros pensamientos, de vuestras conciencias, de vuestros corazones, y de vuestras voluntades. Dicen al mundo que vosotros, vosotros los j&oacute;venes, llev&aacute;is en vosotros mismos una apertura especial a todo cuanto es bueno y verdadero. Esta apertura, en cierto sentido, constituye una &quot;revelaci&oacute;n&quot; del esp&iacute;ritu humano. Y en esta apertura a la verdad, a la bondad y a la belleza, cada uno de vosotros puede encontrarse a s&iacute; mismo; por este motivo en esta apertura todos vosotros pod&eacute;is experimentar de alguna manera lo que experiment&oacute; el joven del Evangelio: &quot;Jes&uacute;s, poniendo en &eacute;l los ojos, le am&oacute;&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 21).<\/p>\n<p align=\"left\">5. Por esto os digo a cada uno de vosotros: escuchad la llamada de Cristo, cuando sent&iacute;s que os dice: &quot;S&iacute;gueme&quot;. Camina sobre mis pasos. &iexcl;Ven a mi lado! &iexcl;Permanece en mi amor! Es una opci&oacute;n que se hace: &iexcl;la opci&oacute;n por Cristo y por su modelo de vida, por su mandamiento de amor!<\/p>\n<p align=\"left\">El mensaje de amor que trae Cristo es siempre importante, siempre interesante. No es dif&iacute;cil ver c&oacute;mo el mundo de hoy, a pesar de su belleza y grandeza, a pesar de las conquistas de la ciencia y de la tecnolog&iacute;a, a pesar de los apetecidos y abundantes bienes materiales que ofrece, est&aacute; &aacute;vido de m&aacute;s verdad, de m&aacute;s amor, de m&aacute;s alegr&iacute;a. Y todo esto se encuentra en Cristo y en su modelo de vida.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Me equivoco acaso cuando os digo a vosotros, j&oacute;venes cat&oacute;licos, que forma parte de vuestra tarea en el mundo y en la Iglesia revelar el verdadero significado de la vida all&iacute; donde el odio, la indiferencia, o el ego&iacute;smo amenazan con trastornar al mundo? Frente a estos problemas y a estas desilusiones, muchos tratar&aacute;n de huir de las propias responsabilidades, refugi&aacute;ndose en el ego&iacute;smo, en los placeres sexuales, en la droga, en la violencia, en el indiferentismo o en una actitud de cinismo. Pero hoy yo os propongo la opci&oacute;n del amor, que es lo contrario de la huida. Si vosotros acept&aacute;is realmente este amor que viene de Cristo, &eacute;ste os conducir&aacute; a Dios. Quiz&aacute; en el sacerdocio o en la vida religiosa; quiz&aacute; en alg&uacute;n servicio especial que prest&eacute;is a vuestros hermanos y hermanas, especialmente a los necesitados, a los pobres, a quien se siente solo, a los marginados, a aquellos cuyos derechos han sido conculcados, a aquellos cuyas exigencias fundamentales no han sido satisfechas. Cualquier cosa que hag&aacute;is de vuestra vida, haced que sea un reflejo del amor de Cristo. Todo el Pueblo de Dios se enriquecer&aacute; con la diversidad de vuestros compromisos.<\/p>\n<p align=\"left\">En todo lo que hag&aacute;is, recordad que Cristo os llama, de una u otra manera, a un servicio de amor: amor de Dios y del pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Y ahora, volviendo a la narraci&oacute;n del joven del Evangelio, vemos que oye la llamada: &quot;S&iacute;gueme&quot;, pero &quot;se fue triste, porque ten&iacute;a mucha hacienda&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">La tristeza de este joven nos lleva a reflexionar. Podremos tener la tentaci&oacute;n de pensar que poseer muchas cosas, muchos bienes de este mundo, puede hacernos felices. En cambio, vemos en el caso del joven del Evangelio que las muchas riquezas se convirtieron en obst&aacute;culo para aceptar la llamada de Jes&uacute;s a seguirlo. &iexcl;No estaba dispuesto a decir s&iacute; a Jes&uacute;s, y no a s&iacute; mismo, a decir s&iacute; al amor, y no a la huida!<\/p>\n<p align=\"left\">El amor verdadero es exigente. No cumplir&iacute;a mi misi&oacute;n si no os lo hubiera dicho con toda claridad. Porque fue Jes&uacute;s \u2014-nuestro mismo Jes&uacute;s\u2014 quien dijo: &quot;Vosotros sois mis amigos si hac&eacute;is lo que os mando&quot; (<i>Jn <\/i>15, 14). El amor exige esfuerzo y compromiso personal para cumplir la voluntad de Dios. Significa disciplina y sacrificio, pero significa tambi&eacute;n alegr&iacute;a y realizaci&oacute;n humana.<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos j&oacute;venes, no teng&aacute;is miedo a un esfuerzo honesto y a un trabajo honesto; no teng&aacute;is miedo a la verdad. Con la ayuda de Cristo y a trav&eacute;s de la oraci&oacute;n, vosotros pod&eacute;is responder a su llamada, resistiendo a las tentaciones, a los entusiasmos pasajeros y a toda forma de manipulaci&oacute;n de masas. Abrid vuestros corazones a este Cristo del Evangelio, a su amor, a su verdad, a su alegr&iacute;a. &iexcl;No os vay&aacute;is tristes!<\/p>\n<p align=\"left\">Y como &uacute;ltima palabra, a todos vosotros que me escuch&aacute;is esta tarde, querr&iacute;a deciros esto: el motivo de mi misi&oacute;n, de mi viaje por los Estados Unidos, es deciros a vosotros, decir a cada uno \u2014j&oacute;venes y ancianos\u2014, decir a cada uno en nombre de Cristo: &quot;&iexcl;Ven y s&iacute;gueme!&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Seguid a Cristo! Vosotros, esposos, haceos part&iacute;cipes rec&iacute;procamente de vuestro amor y de vuestras cargas, respetad la dignidad humana de vuestra esposa; aceptad con alegr&iacute;a la vida que Dios os conf&iacute;a; haced estable y seguro vuestro matrimonio por amor a vuestros hijos.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Seguid a Cristo: vosotros todav&iacute;a c&eacute;libes, o que os est&aacute;is preparando para el matrimonio! &iexcl;Seguid a Cristo! Vosotros, j&oacute;venes o viejos. &iexcl;Seguid a Cristo! Vosotros enfermos o ancianos; vosotros, los que sufr&iacute;s o est&aacute;is afligidos; los que not&aacute;is la necesidad de cuidados, la necesidad de amor, la necesidad de un amigo: &iexcl;seguid a Cristo!<\/p>\n<p align=\"left\">En nombre de Cristo extiendo a todos vosotros la llamada, la invitaci&oacute;n, la vocaci&oacute;n: &iexcl;Ven y s&iacute;gueme! Para esto he llegado a Am&eacute;rica y para esto estoy en Boston esta tarde: para llamaros a Cristo, para llamar a todos y a cada uno de vosotros a vivir en su amor, hoy y siempre. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA SANTA MISA EN EL &laquo;BOSTON COMMON&raquo; HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Lunes 1 de octubre de 1979 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas, queridos j&oacute;venes de Am&eacute;rica: 1. Esta ma&ntilde;ana, temprano, he pisado el territorio de los Estados Unidos de Am&eacute;rica. 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