{"id":39462,"date":"2016-10-05T22:52:07","date_gmt":"2016-10-06T03:52:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-septiembre-de-1979-visita-al-santuario-de-knock\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:07","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:07","slug":"30-de-septiembre-de-1979-visita-al-santuario-de-knock","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-septiembre-de-1979-visita-al-santuario-de-knock\/","title":{"rendered":"30 de septiembre de 1979, Visita al Santuario de Knock"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1979\/trav_ireland_sp.htm\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A IRLANDA<\/a><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA EN EL SANTUARIO MARIANO DE KNOCK<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Domingo 30 de septiembre de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas en Cristo, <br \/> fieles hijos e hijas de Mar&iacute;a:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1.<i> <\/i>Aqu&iacute; me encuentro ya en la meta de mi viaje a Irlanda, el santuario de Nuestra Se&ntilde;ora de Knock. Desde que tuve la primera noticia del centenario que se est&aacute; celebrando este a&ntilde;o en este santuario, sent&iacute; un fuerte deseo de venir aqu&iacute;; deseo de hacer otra peregrinaci&oacute;n al santuario de la Madre de Cristo, Madre de la Iglesia, Reina de la Paz. No os sorprend&aacute;is de este deseo m&iacute;o. Ya desde mi primera juventud y en mi pa&iacute;s, ten&iacute;a costumbre de hacer peregrinaciones a los santuarios de Nuestra Se&ntilde;ora; los hice tambi&eacute;n siendo obispo y cardenal. S&eacute; perfectamente que cada pueblo, cada pa&iacute;s y tambi&eacute;n cada di&oacute;cesis tienen sus <i>lugares santos <\/i>en los <i>que late el coraz&oacute;n de todo el Pueblo de Dios de manera<\/i> \u2014podr&iacute;amos decir\u2014 m&aacute;s viva; lugares de encuentro especial entre Dios y los seres humanos; sitios en que Cristo mora de modo particular entre nosotros. Si estos lugares est&aacute;n dedicados con tanta frecuencia a su Madre, ello nos revela la naturaleza de su Iglesia en plenitud total. Desde el Concilio Vaticano II que termin&oacute; la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Constituci&oacute;n sobre la Iglesia<\/a> con el cap&iacute;tulo titulado &quot;La Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia&quot;, este hecho es hoy m&aacute;s evidente que nunca para nosotros; s&iacute;, para todos nosotros, para todos los cristianos. &iquest;Acaso no confesamos con todos nuestros hermanos, incluso con los que todav&iacute;a no estamos unidos con plena unidad, que somos un <i>pueblo peregrino? <\/i>Al igual que viaj&oacute; este pueblo antiguamente bajo la gu&iacute;a de Mois&eacute;s, tambi&eacute;n nosotros, Pueblo de Dios de la Nueva Alianza, estamos caminando en peregrinaci&oacute;n bajo la gu&iacute;a de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Estoy aqu&iacute;, pues, como peregrino, como signo de la Iglesia peregrina de todo el mundo que participa de un modo muy especial, a trav&eacute;s de la presencia del Sucesor de Pedro, en la celebraci&oacute;n centenaria de este santuario.<\/p>\n<p align=\"left\">La liturgia de la Palabra de la Misa de hoy me brinda el saludo de peregrino a Mar&iacute;a al postrarme ante Ella en el santuario mariano de Cnoc Mhuire de Irlanda, en la colina de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">2. &quot;Bendita t&uacute; entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre&quot; (<i>Lc <\/i>1,<i> <\/i>42). Estas son las palabras con que Isabel, llena del Esp&iacute;ritu Santo, salud&oacute; a Mar&iacute;a, prima suya, que ven&iacute;a de Nazaret.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Bendita t&uacute; entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre&quot;. Es &eacute;ste tambi&eacute;n mi saludo a Mhuire M&aacute;thair D&eacute;, Mar&iacute;a, Madre de Dios, Reina de Irlanda, en su santuario de Knock. Con estas palabras deseo expresar el gozo inmenso y la gratitud que colman mi coraz&oacute;n hoy en este lugar. No hubiera podido so&ntilde;arlo de otra manera. Momentos cumbres de mis recientes viajes pastorales han sido las visitas a santuarios de Mar&iacute;a: a <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1979\/trav_rep-dom-mexico-bahamas_sp.htm\">Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe de M&eacute;xico<\/a>, a la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1979\/trav_poland-1979_sp.htm\">Virgen Negra de Jasna G&oacute;ra<\/a> de mi patria y, hace tres semanas, a <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1979\/trav_loreto-ancona_sp.htm\">Nuestra Se&ntilde;ora de Loreto de Italia<\/a>. Hoy vengo aqu&iacute; porque deseo que sep&aacute;is todos que mi devoci&oacute;n a Mar&iacute;a me une de modo especial al pueblo de Irlanda..<\/p>\n<p align=\"left\">3. Ten&eacute;is una larga tradici&oacute;n de devoci&oacute;n a Nuestra Se&ntilde;ora. Mar&iacute;a puede decir con verdad de Irlanda lo que acabamos de leer en la primera lectura: &quot;Ech&eacute; ra&iacute;ces en un pueblo glorioso&quot; (<i>Sir <\/i>24, 16). Vuestra veneraci&oacute;n a Mar&iacute;a est&aacute; tan hondamente entrelazada con vuestra fe que sus or&iacute;genes se pierden en los primeros siglos de la evangelizaci&oacute;n de vuestro pa&iacute;s. Me han dicho que en el idioma irland&eacute;s los nombres de Dios, Jes&uacute;s y Mar&iacute;a est&aacute;n ligados uno a otro y que raras veces se nombra a Dios en la oraci&oacute;n o la bendici&oacute;n sin que se mencione a la vez el nombre de Mar&iacute;a. S&eacute; tambi&eacute;n que ten&eacute;is un poema del siglo VIII que llama a Mar&iacute;a &quot;Sol de nuestra raza&quot;, y una letan&iacute;a de la misma &eacute;poca la honra como &quot;Madre de la Iglesia del cielo y de la Iglesia de la tierra&quot;. Pero mejor que ninguna fuente literaria, lo que atestigua el &eacute;xito de la evangelizaci&oacute;n de San Patricio que llev&oacute; a plenitud vuestra fe cat&oacute;lica, es la devoci&oacute;n constante y honda a Mar&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Es l&oacute;gico, por tanto, y el verlo me da gran felicidad, que el pueblo irland&eacute;s mantenga esta devoci&oacute;n tradicional a la Madre de Dios en sus casas y parroquias y, en especial, en el santuario de Cnoc Mhuire. Desde hace ahora un siglo hab&eacute;is santificado este lugar de peregrinaci&oacute;n con vuestras oraciones, sacrificios y penitencia. Todos cuantos han venido aqu&iacute; han recibido bendiciones por intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a. Desde aquel d&iacute;a de gracia del 21 de agosto de 1879 hasta hoy, enfermos y atribulados, minusv&aacute;lidos del cuerpo y de la mente, personas de fe atormentada o de conciencia turbada, todos han recibido remedio, consuelo y fuerza en la fe, porque han confiado en que la Madre de Dios los llevar&iacute;a a su Hijo Jes&uacute;s. Cada vez que un peregrino llega a lo que un d&iacute;a fue oscuro pueblo pantanoso del Condado de Mayo; cada vez que un hombre, mujer o ni&ntilde;o vienen a la vieja iglesia que tiene el muro de la Aparici&oacute;n o al nuevo santuario de Mar&iacute;a Reina de Irlanda, llegan para renovar la fe en la salvaci&oacute;n tra&iacute;da por Jes&uacute;s que nos hizo hijos de Dios y herederos del reino de los cielos. Al entregaros a Mar&iacute;a recib&iacute;s a Cristo. En Mar&iacute;a &quot;el Verbo se hizo carne&quot;; en Ella el Hijo de Dios se hizo hombre para que cada uno de nosotros sepa cu&aacute;n grande es la dignidad humana. Al encontrarnos en este lugar santo, miramos a la Madre de Dios y decimos &quot;Bendita t&uacute; entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">El momento actual se&ntilde;ala un jal&oacute;n importante en la historia de la Iglesia universal y, en particular, de la Iglesia que est&aacute; en Irlanda. Muchas cosas han cambiado. Se ha penetrado m&aacute;s y de modo nuevo en lo que significa ser cristiano. En consecuencia, el fiel ha de afrontar muchos problemas nuevos, sea por haber aumentado los movimientos de cambio en la sociedad, o tambi&eacute;n por la exigencia nueva planteada al Pueblo de Dios, la exigencia de vivir hasta la plenitud la misi&oacute;n de evangelizaci&oacute;n. El Concilio Vaticano II y el S&iacute;nodo de los Obispos han dado nueva vitalidad pastoral a toda la Iglesia. Mi venerado predecesor Pablo VI imparti&oacute; sabias directrices de renovaci&oacute;n e infundi&oacute; en el Pueblo de Dios ardor y entusiasmo por dicha tarea. En todo lo que dijo e hizo Pablo VI ense&ntilde;&oacute; a la Iglesia a abrirse a las necesidades de la humanidad y a ser fieles al mismo tiempo al mensaje inmutable de Cristo. Leal a las ense&ntilde;anzas del Colegio de los Obispos en uni&oacute;n con el Papa, la Iglesia que est&aacute; en Irlanda ha recibido con gratitud las riquezas del Concilio y de los S&iacute;nodos. El pueblo cat&oacute;lico irland&eacute;s se adhiri&oacute; fielmente, y a pesar de presiones contrarias a veces, a las ricas expresiones de fe, pr&aacute;cticas sacramentales fervorosas y entrega a la caridad, todo lo cual ha sido siempre caracter&iacute;stica especial de vuestra Iglesia. Pero la tarea de renovarnos en Cristo jam&aacute;s se termina. Con la mentalidad y caracter&iacute;sticas propias, cada generaci&oacute;n es como un continente nuevo que se ha de ganar para Cristo. La Iglesia debe buscar continuamente modos de capacitarse para entender con mayor profundidad y llevar a efecto con vigor renovado la misi&oacute;n recibida de su Fundador. Como en tantas otras ocasiones en que la Iglesia tuvo que afrontar un reto nuevo, tambi&eacute;n nosotros ante esta ardua tarea nos dirigimos a Mar&iacute;a, Madre de Dios y Sede de la Sabidur&iacute;a, confiando en que Ella nos ense&ntilde;ar&aacute; una vez m&aacute;s el camino hacia su Hijo. Una antiqu&iacute;sima homil&iacute;a irlandesa de la fiesta de la Epifan&iacute;a (del <i>Leabhar Breac<\/i>) dice que as&iacute; como los Magos encontraron a Jes&uacute;s en el regazo de Mar&iacute;a, as&iacute; nosotros hoy encontramos a Cristo en el regazo de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">4.Mar&iacute;a estuvo de verdad unida a Jes&uacute;s. No se han conservado en el Evangelio muchas palabras suyas; pero las que han quedado nos llevan de nuevo a su Hijo y a su palabra. En Can&aacute; de Galilea se dirigi&oacute; a los sirvientes con estas palabras: &quot;Haced lo que El os diga&quot; (<i>Jn<\/i> 2, 5). Este mismo mensaje sigue dici&eacute;ndonos hoy.<\/p>\n<p align=\"left\">5.&quot;Haced lo que El os diga&quot;. Lo que Jes&uacute;s nos dice a trav&eacute;s de su vida y su palabra se ha conservado para nosotros en los Evangelios y las Cartas de los Ap&oacute;stoles y de San Pablo, y nos lo transmite la Iglesia. Debemos familiarizarnos con estas palabras. Y lo hacemos escuchando las lecturas de la Sagrada Escritura en la liturgia de la palabra que nos introduce al Sacrificio eucar&iacute;stico; leyendo las Escrituras nosotros mismos; reflexionando en familia o con amigos en lo que el Se&ntilde;or nos dice cuando rezamos el Rosario y unimos la devoci&oacute;n a la Madre de Dios con la meditaci&oacute;n y oraci&oacute;n sobre los misterios de la vida de su Hijo. Siempre que tengamos problemas o estemos apesadumbrados, siempre que debamos hacer las opciones que nos exige nuestra fe, la palabra del Se&ntilde;or nos confortar&aacute; y guiar&aacute;.<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo no ha dejado a sus seguidores sin gu&iacute;a en la tarea de comprender y vivir el Evangelio. Antes de volver a su Padre prometi&oacute; enviar su Esp&iacute;ritu Santo a la Iglesia: &quot;Pero el Abogado, el Esp&iacute;ritu Santo, que el Padre enviar&aacute; en mi nombre, &eacute;se os lo ense&ntilde;ar&aacute; todo y os traer&aacute; a la memoria todo lo que yo os he dicho&quot; (<i>Jn <\/i>14, 26).<\/p>\n<p align=\"left\">Este mismo Esp&iacute;ritu gu&iacute;a a los Sucesores de los Ap&oacute;stoles, vuestros obispos unidos al Obispo de Roma, a quien se le encarg&oacute; mantener la fe y &quot;predicar el Evangelio a toda criatura&quot; (<i>Mc<\/i> 16, 14). Escuchad su voz, pues os transmite la palabra del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">6.<i> <\/i>&quot;Haced lo que El os diga&quot;. Muchas voces diferentes acosan al cristiano en el mundo de hoy maravilloso y, a la vez, complicado y exigente. Se oyen muchas voces falsas que se contraponen a la palabra del Se&ntilde;or. Son voces que os dicen que la verdad es menos importante que el lucro personal; que el confort, las riquezas y los placeres constituyen los verdaderos objetivos de la vida;. que el rechazar la vida apenas iniciada es mejor que la generosidad del &aacute;nimo y asumir responsabilidades; que se debe conseguir justicia, pero sin ninguna complicaci&oacute;n personal del cristiano; que la violencia puede ser medio para un fin bueno; que se puede edificar la uni&oacute;n sin renunciar al odio.<\/p>\n<p align=\"left\">Y ahora separemos el pensamiento de <i>Can&aacute; de Galilea y <\/i>volvamos al <i>santuario de Knock. <\/i>&iquest;No o&iacute;mos a la Madre de Dios que se&ntilde;al&aacute;ndonos a Jes&uacute;s nos dice las mismas palabras que pronunci&oacute; en Cana, &quot;haced lo que El os diga&quot;? Lo dice a todos nosotros. Su voz es o&iacute;da con m&aacute;s fuerza por mis hermanos en el Episcopado, los Pastores de la Iglesia en Irlanda, quienes al invitarme aqu&iacute; me pidieron respondiera a una invitaci&oacute;n de la <i>Madre de la Iglesia. <\/i>Pues bien, venerables hermanos, estoy respondiendo cuando entro con el pensamiento en todo el pasado de vuestro pa&iacute;s y siento la fuerza de este presente elocuente, tan gozoso y, a la vez, tan lleno de ansias y tan doloroso a veces. Estoy respondiendo como lo hice en Guadalupe de M&eacute;xico y en Jasna G&oacute;ra de Polonia. Al terminar esta homil&iacute;a, en nombre propio y en el vuestro y en nombre de todo el pueblo cat&oacute;lico irland&eacute;s, pronuncio las siguientes palabras de confianza y consagraci&oacute;n<i>.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"><i>Madre, <\/i>en este santuario re&uacute;nes al Pueblo de Dios de toda Irlanda y constantemente muestras a Cristo en la Eucarist&iacute;a y en la Iglesia. En este momento solemne <i> escuchamos <\/i>con<i> <\/i>atenci&oacute;n particular tus palabras: &quot;Haced lo que os diga mi Hijo&quot;. Y <i>deseamos <\/i>responder a tus palabras con todo el coraz&oacute;n. Queremos hacer lo que nos dice tu Hijo y lo que nos manda; pues tiene palabras de vida eterna. Queremos cumplir y poner por obra todo lo que viene de El, todo lo que est&aacute; contenido en la Buena Nueva, como lo hicieron nuestros antepasados durante siglos. Su fidelidad a Cristo y a su Iglesia y su adhesi&oacute;n heroica a la Sede Apost&oacute;lica, han marcado en nosotros una impronta indeleble de la que todos participamos. Durante siglos su fidelidad ha dado frutos de hero&iacute;smo cristiano y tradici&oacute;n de vida virtuosa, de acuerdo con la ley de Dios, especialmente de acuerdo con el mandamiento m&aacute;s santo del Evangelio, el mandamiento del amor. Hemos recibido esta herencia espl&eacute;ndida de sus manos al comienzo de una era nueva; y al acercarnos al segundo milenio despu&eacute;s que el Hijo de Dios naci&oacute; de Ti, <i>alma Mater <\/i>nuestra, nos proponemos <i>guardar esta herencia en el futuro <\/i>con la misma fidelidad con que nuestros antepasados dieron testimonio.<\/p>\n<p align=\"left\">Por ello hoy, y en ocasi&oacute;n de la primera visita de un Papa a Irlanda, confiamos y consagramos a Ti, Madre de Cristo, y Madre de la Iglesia, nuestro coraz&oacute;n, conciencia y obras, a fin de que est&eacute;n en consonancia con la fe que profesamos. Confiamos y consagramos a Ti a todos y cada uno de los que constituyen el pueblo irland&eacute;s y la comunidad del Pueblo de Dios que habita en estas tierras.<\/p>\n<p align=\"left\">Confiamos y consagramos a Ti a los obispos de Irlanda, al clero, religiosos y religiosas, a los monjes y monjas contemplativas, a los seminaristas y los novicios. Confiamos y consagramos a Ti a los padres y madres de familia, a los j&oacute;venes y los ni&ntilde;os. Confiamos y consagramos a Ti a los profesores, catequistas y estudiantes; a los escritores, poetas, actores, artistas, trabajadores con sus l&iacute;deres, obreros y empresarios, profesionales; a los que se ocupan de pol&iacute;tica y de la vida p&uacute;blica; a los que forman la opini&oacute;n p&uacute;blica. Confiamos y consagramos a Ti a los casados y a los que se est&aacute;n preparando al matrimonio; los llamados a servirte a Ti y a los otros hombres en el celibato; a los enfermos, ancianos, enfermos mentales, minusv&aacute;lidos y a cuantos cuidan de ellos y los atienden. Confiamos y consagramos a Ti a los prisioneros y a cuantos se sienten marginados; a los exiliados, los que a&ntilde;oran su patria y los que se sienten solos.<\/p>\n<p align=\"left\">Confiamos a tus cuidados maternales la tierra de Irlanda, donde has sido y eres tan amada. Ayuda a esta tierra a mantenerse aut&eacute;ntica ante Ti y tu Hijo siempre. Que nunca suceda que la prosperidad sea causa de que los hombres y mujeres irlandeses olviden a Dios o abandonen la fe. En la prosperidad mantenlos fieles a esa fe que no abandonaron en la pobreza y la persecuci&oacute;n. L&iacute;bralos de la avaricia, de la envidia y de buscar intereses ego&iacute;stas o de grupo. Ay&uacute;dales a trabajar en uni&oacute;n con miras cristianas y metas cristianas comunes, para construir una sociedad justa, pac&iacute;fica y cordial, donde los pobres no est&eacute;n abandonados y se respeten los derechos de todos, en especial de los d&eacute;biles. Reina de Irlanda, Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia del cielo y de la Iglesia de la tierra, M&aacute;thair D&eacute;, mant&eacute;n a Irlanda coherente con su tradici&oacute;n espiritual y su herencia cristiana. Ay&uacute;dale a responder a su misi&oacute;n hist&oacute;rica de llevar la luz de Cristo a las naciones y de este modo ser gloria de Irlanda a la vez que glorifica a Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Madre, &iquest;acaso podernos silenciar lo que m&aacute;s nos duele, lo que muchas veces nos deja tan desamparados? De modo muy especial confiamos a Ti la gran herida que ahora aflige a nuestro pueblo, con la esperanza de que tus manos la curar&aacute;n y cicatrizar&aacute;n. Es grande nuestra preocupaci&oacute;n por los j&oacute;venes que est&aacute;n implicados en sangrientos actos de venganza y odio. Madre, no abandones a estos corazones j&oacute;venes. Madre, ay&uacute;dales en las horas m&aacute;s terribles, cuando no podemos ni ayudarles ni aconsejarles. Madre, l&iacute;branos a todos, y en especial a la juventud de Irlanda, de ser dominados por la hostilidad y el odio. Ens&eacute;&ntilde;anos a distinguir con claridad lo que nace del amor a nuestro pa&iacute;s, de lo que est&aacute; marcado por la destrucci&oacute;n y la idea de Ca&iacute;n. Ens&eacute;&ntilde;anos que los medios malos nunca pueden conducir a un fin bueno; que toda vida humana es sagrada; que el asesinato es siempre asesinato, sean cuales fueren el m&oacute;vil y el fin. A los otros que contemplan estos acontecimientos horribles, l&iacute;bralos de otro peligro, el de vivir una vida ajena a los ideales cristianos o en desacuerdo con los principios morales.<\/p>\n<p align=\"left\">Que nuestros o&iacute;dos oigan siempre con la claridad debida tu voz maternal: &quot;Haced lo que os diga mi Hijo&quot;. Haznos capaces de <i>perseverar con Cristo. <\/i>Haznos capaces, Madre de la Iglesia, de <i>edificar su Cuerpo m&iacute;stico <\/i>viviendo la &uacute;nica vida que puede garantizarnos su plenitud que es a la vez divina y humana.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A IRLANDA MISA EN EL SANTUARIO MARIANO DE KNOCK HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Domingo 30 de septiembre de 1979 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas en Cristo, fieles hijos e hijas de Mar&iacute;a: 1. 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