{"id":39465,"date":"2016-10-05T22:52:12","date_gmt":"2016-10-06T03:52:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-memoria-de-juan-pablo-i\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:12","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:12","slug":"28-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-memoria-de-juan-pablo-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-memoria-de-juan-pablo-i\/","title":{"rendered":"28 de septiembre de 1979, Santa Misa en memoria de Juan Pablo I"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA EN MEMORIA DEL PAPA JUAN PABLO I<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Viernes 28 de septiembre 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><i>Se&ntilde;ores cardenales, <br \/> hermanos e hijos querid&iacute;simos:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Con ayuda de las lecturas de la liturgia de hoy queremos revivir ese d&iacute;a de <i>hace un a&ntilde;o, <\/i>cuando Dios llam&oacute; a s&iacute;, tan inesperadamente al Papa Juan Pablo I. No tanto el d&iacute;a de hoy, cuanto la noche del 28 al 29 de septiembre marca el primer aniversario de la muerte de este sucesor en la Sede de San Pedro, que apenas pudo permanecer en ella 33 d&iacute;as desde su elecci&oacute;n. <i>&quot;Magis ostensus quam datus&quot;<\/i>;<i> <\/i>se fue casi antes de que le diera tiempo de comenzar su pontificado. Ya hemos meditado esta su <i>repentina partida, <\/i>al visitar su pueblo natal, Canale d&#8217;Agordo, el 26 de agosto, esto es, el d&iacute;a en que, mediante los votos de los cardenales en c&oacute;nclave, hab&iacute;a sido llamado a ser Obispo de Roma. Hoy nos toca celebrar la Eucarist&iacute;a por vez primera en el aniversario de su muerte.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Escuchando las lecturas de la liturgia, nos encontramos por dos veces ante la alternativa de la vida, que el coraz&oacute;n humano parece contraponer frecuentemente a la muerte.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Marta <\/i>que se dirige a Cristo con las palabras: &quot;Se&ntilde;or, si hubieras estado aqu&iacute;. no hubiera muerto mi hermano&quot; (<i>Jn<\/i> 11, 21).<\/p>\n<p align=\"left\">Con frecuencia los hombres dicen ante el cad&aacute;ver de las personas queridas: &quot;&iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima que haya muerto; pod&iacute;a vivir a&uacute;n&#8230;! &quot;. Ciertamente, tambi&eacute;n tras la muerte inesperada de Juan Pablo I, muchos dec&iacute;an, pensaban, sent&iacute;an as&iacute;: &quot;&iexcl;Pod&iacute;a vivir a&uacute;n&#8230;!, &iquest;por qu&eacute; se ha ido tan pronto?&quot; Marta, hermana de L&aacute;zaro, pasa de su humano &quot;pod&iacute;a vivir&#8230;; si t&uacute;, Cristo, hubieras estado aqu&iacute;&#8230;&quot;, al acto de la m&aacute;s grande fe y esperanza: &quot;Pero s&eacute; que cuanto pidas a Dios, Dios te lo otorgar&aacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 11, 22). S&oacute;lo a Cristo podemos dirigirnos con estas palabras; s&oacute;lo El ha confirmado que tiene poder sobre la muerte humana. Sin embargo, el coraz&oacute;n humano frecuentemente contrapone a la muerte \u2014a esta muerte que ya se ha convertido en un hecho, a esta muerte que cada uno sabe, en definitiva, que es inevitable\u2014 una alternativa de posibilidad de la vida: pod&iacute;a vivir a&uacute;n&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">3. Dejemos, pues, que resuene una vez m&aacute;s la voz apost&oacute;lica de San Pablo en esta meditaci&oacute;n nuestra. Tambi&eacute;n &eacute;l contrapone la necesidad de la muerte a la posibilidad de la vida; pero lo hace de manera que corresponde plenamente a esta luz de la fe. esperanza y caridad que ard&iacute;an en su coraz&oacute;n: &quot;Por ambas partes me siento apretado, pues, de un lado, deseo morir para estar con Cristo, que es mucho mejor; por otro, quisiera permanecer en la carne, que es m&aacute;s necesario para-vosotros&quot; (<i>Flp <\/i>1, 23). El hombre que vive la fe como Pablo, que ama como &eacute;l, <i>en cierto sentido, <\/i>se convierte en <i>el due&ntilde;o de la propia muerte. <\/i>Esta nunca le sorprende.<\/p>\n<p align=\"left\">En cualquier momento que venga, ser&aacute; aceptada como una alternativa de vida, como una dimensi&oacute;n que cumple su sentido. &quot;Para m&iacute; la vida es Cristo, y la muerte ganancia&quot; <i>(Flp <\/i>1, 21). Si Cristo da todo el sentido a la vida, entonces el hombre puede pensar en la muerte as&iacute;. &iexcl;Puede esperarla as&iacute;! &iexcl;Y puede aceptarla as&iacute;!<\/p>\n<p align=\"left\">4.<i> <\/i>Penetremos con el pensamiento en las palabras de las lecturas lit&uacute;rgicas de hoy y tratemos de buscar su significado. Percibimos que quieren prepararnos a la respuesta referente a esa muerte acaecida, hace un a&ntilde;o, tan repentinamente y que hoy no s&oacute;lo la recordamos, sino que, en cierto sentido, la revivimos. Estas lecturas quieren darnos la respuesta a la pregunta: <i>&iquest;c&oacute;mo mor&iacute;a Juan Pablo I?<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Hagamos, adem&aacute;s, una segunda pregunta: &iquest;Qu&eacute; hubiera sido esta vida de no haberse interrumpido la noche del 28 al 29 de septiembre del a&ntilde;o pasado? Y tambi&eacute;n encontramos la respuesta a esta pregunta en el texto de San Pablo: &quot;&#8230;el vivir en la carne es para m&iacute; el fruto de apostolado&quot; (<i>Flp <\/i>1, 22). As&iacute;, pues, no s&oacute;lo la vida da testimonio de la muerte, sino que tambi&eacute;n la muerte da testimonio de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Y este testimonio que la muerte de Juan Pablo I ha dado de su vida, se convierte <i>al mismo tiempo en el testamento <\/i>de su pontificado: &quot;quedar&eacute; y permanecer&eacute; con vosotros para vuestro provecho y gozo en la fe&quot; (<i>Flp <\/i>1, 25).<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Cu&aacute;l es la palabra principal de ese testamento? Seguramente esta que habla del &quot;<i>gozo en la fe&quot;. <\/i>El Se&ntilde;or concedi&oacute; a Juan Pablo I 33 d&iacute;as en la Sede de San Pedro, para poder manifestar este gozo, esta alegr&iacute;a casi como de ni&ntilde;o.<\/p>\n<p align=\"left\">Este gozo en la fe es necesario para que puedan cumplirse las palabras ulteriores de este testamento: que podamos combatir un&aacute;nimes <i>por la fe del Evangelio <\/i>(cf. <i>Flp <\/i>1, 27). Efectivamente, recibimos dos caracteres indelebles: el de <i>hijo de Dios, <\/i>en el bautismo y el de <i>confesor, <\/i>dispuesto a combatir por la fe del Evangelio en la confirmaci&oacute;n. Juan Pablo I, sucesor de Pedro, manifest&oacute; en su vida estos dos caracteres y los llev&oacute; bien impresos en su alma, ante la Majestad de Dios. Como todo cristiano aut&eacute;ntico.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Celebramos la Eucarist&iacute;a: la liturgia de la muerte y de la resurrecci&oacute;n de Cristo. Se hace particularmente elocuente cuando la celebramos con ocasi&oacute;n de la muerte del hombre, durante el funeral, o en el aniversario de la muerte. A este prop&oacute;sito no puedo menos de recordar cuanto dijo el venerado cardenal Decano, int&eacute;rprete de la conmoci&oacute;n universal, durante la ceremonia f&uacute;nebre del a&ntilde;o pasado, en la plaza de San Pedro: &quot;Nos preguntamos: &iquest;Por qu&eacute; tan pronto? El Ap&oacute;stol nos previene con la conocida exclamaci&oacute;n de admiraci&oacute;n y adoraci&oacute;n: &#8216;&iexcl;Cu&aacute;n insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!&#8230; Porque &iquest;qui&eacute;n conoci&oacute; el pensamiento del Se&ntilde;or?&#8217; <i>(Rom <\/i>11, 33). Se plantea as&iacute;, en toda su inmensa y casi aplastante grandeza, el insondable misterio de la vida y de la muerte&quot; (cf. <i>L&#8217;Osservatare Romano, <\/i>Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 8 de octubre, 1978, p&aacute;g. 11).<\/p>\n<p align=\"left\">Frente a este misterio, que es <i>verdaderamente <\/i>impenetrable e insoluble para la raz&oacute;n, al hombre no le llega ninguna palabra de respuesta por parte del hombre, &iquest;Qu&eacute; otra cosa podemos o&iacute;r, en orden a este misterio, fuera de lo que oy&oacute; Marta de los labios de Cristo? &quot;Resucitar&aacute; tu hermano&#8230; Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida; el que cree en m&iacute;, aunque muera, vivir&aacute;; y todo el que vive y cree en m&iacute; no morir&aacute; para siempre. &iquest;Crees t&uacute; esto?&quot; (<i>Jn <\/i>11, 23. 25-26).<\/p>\n<p align=\"left\">El Papa difunto respondi&oacute; a esta pregunta con la fe de toda la Iglesia: <i>&iexcl;Creo en la resurrecci&oacute;n de los muertos: creo, <\/i>en la vida del mundo futuro! Y, al mismo tiempo, confes&oacute; con la fe personal de su vida: &quot;Cristo ser&aacute; glorificado en mi cuerpo, o por vida, o por muerte&quot; (<i>Flp <\/i>1, 20).<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Porque lo s&eacute;: mi Redentor vive&#8230; \/ y despu&eacute;s que mi piel se desprenda de mi carne&#8230;, \/ contemplar&eacute; a Dios&quot; (<i>Job <\/i>19, 25-26).<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA EN MEMORIA DEL PAPA JUAN PABLO I HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Viernes 28 de septiembre 1979 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales, hermanos e hijos querid&iacute;simos: 1. 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