{"id":39466,"date":"2016-10-05T22:52:15","date_gmt":"2016-10-06T03:52:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-sufragio-del-cardenal-john-joseph-wright\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:15","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:15","slug":"22-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-sufragio-del-cardenal-john-joseph-wright","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-sufragio-del-cardenal-john-joseph-wright\/","title":{"rendered":"22 de septiembre de 1979, Santa Misa en sufragio del cardenal John Joseph Wright"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNE CELEBRACI&Oacute;N EN SUFRAGIO<br \/> DEL CARDENAL JOHN JOSEPH WRIGHT<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i><b>HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>S&aacute;bado 22 de septiembre de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Se&ntilde;ores cardenales, <br \/> hermanos e hijos querid&iacute;simos:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">He querido esta concelebraci&oacute;n especial para recordar, a poco m&aacute;s de un mes de su dolorosa muerte, la amable figura del cardenal John Joseph Wright. El nos ha dejado silenciosamente, y su muerte privando al Sacro Colegio y a la Curia Romana de un miembro valioso, ha sido y es todav&iacute;a para nosotros motivo de dolor sincero.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qui&eacute;n ha sido en realidad el cardenal Wright? &iquest;Cu&aacute;les han sido los rasgos caracter&iacute;sticos de su personalidad? Conocemos bien los elementos externos de su biograf&iacute;a: nacido en los Estados Unidos de Am&eacute;rica de familia de origen irland&eacute;s, despu&eacute;s de una juventud marcada por una dedicaci&oacute;n ejemplar a las almas, fue nombrado obispo auxiliar de Boston, luego promovido a obispo de Worcester y de Pittsburg, hasta que mi predecesor Pablo VI, de venerada memoria, poniendo en &eacute;l su confianza, le llam&oacute; a Roma como Prefecto de la Sagrada Congregaci&oacute;n para el Clero.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero, m&aacute;s all&aacute; de estos datos externos, destacaba en &eacute;l \u2014y se nos presenta ahora como caracter&iacute;stica primera y principal\u2014 una notable calidad pastoral: dotado por naturaleza de una rica y c&aacute;lida humanidad, se mostr&oacute; siempre Pastor, con todas las notas que deben definirlo seg&uacute;n la ense&ntilde;anza evang&eacute;lica, es decir, la solicitud, la sensibilidad, la comprensi&oacute;n, el esp&iacute;ritu de sacrificio por las ovejas de la grey (cf. <i>Jn <\/i>10, 2-18). Precisamente fue esta actitud, madurada en la no breve experiencia de la vida diocesana, la raz&oacute;n por la que, en el per&iacute;odo postconciliar, tuvo la misi&oacute;n de dirigir el importante dicasterio al que compete institucionalmente la animaci&oacute;n, en sentido pastoral, del clero y del pueblo cristiano.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero, al querer penetrar m&aacute;s adentro en la sicolog&iacute;a del purpurado, encontraremos que la fuente secreta que aliment&oacute; este compromiso t&iacute;pico suyo fue una constante y personal relaci&oacute;n de intimidad con Cristo Se&ntilde;or. El, que hab&iacute;a elegido como lema la significativa expresi&oacute;n &quot;Resonare Christum&quot;, se preocup&oacute; de mantener siempre fresco y vivo este contacto con El. Estaba tan convencido de esta exigencia, que jam&aacute;s dej&oacute; de inculcarla a los sacerdotes, tanto en los escritos como de palabra. Me complace citar, como ejemplo, el penetrante pr&oacute;logo que escribi&oacute; para la nueva edici&oacute;n del librito &aacute;ureo &quot;Manete in dilectione mea&quot;, donde se leen estas frases: &quot;Si quer&eacute;is, querid&iacute;simos hermanos, <i>conservar para siempre <\/i>vuestra identidad sacerdotal en esta &eacute;poca en la que el mundo es demasiado importante para los hombres, tratad de imitar al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s hoy m&aacute;s que ayer&quot;. Y tambi&eacute;n: &quot;Si quer&eacute;is que la Iglesia sea verdaderamente sacramento de salvaci&oacute;n para el hombre de hoy y que no se desvanezca la propia identidad y sufra la sutil angustia del vac&iacute;o espiritual, orientad toda vuestra vida espiritual hacia la imitaci&oacute;n del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s&quot;. He aqu&iacute; el centro focal que explica el dinamismo y el celo de nuestro cardenal. He aqu&iacute; la orientaci&oacute;n permanentemente v&aacute;lida que nos transmite, si no queremos \u2014nosotros, obispos y sacerdotes\u2014 que nuestro ministerio se debilite o se anule. Efectivamente, es una orientaci&oacute;n sobre la que nunca reflexionaremos bastante, porque es connatural a nuestro estado, porque nos llama con urgencia a vivir una intensa vida interior, centrada en Cristo &quot;manso y humilde de coraz&oacute;n&quot; (<i>Mt<\/i> 11, 28), alimentada por esa caridad suya, sin la cual aun entre resonantes &eacute;xitos exteriores \u2014como nos advierte San Pablo\u2014 no somos nada (<i>1Co <\/i>13, 1-3).<\/p>\n<p align=\"left\">Una segunda lecci&oacute;n que nos da este insigne purpurado: en el multiforme ministerio prestado a los hermanos, sacerdotes y fieles, conserv&oacute; y demostr&oacute; una adhesi&oacute;n ejemplar al Magisterio de la Iglesia. Conceb&iacute;a este Magisterio como una realidad viva, como una funci&oacute;n sagrada, como un servicio calificado a la integridad de la fe y, en general, a la causa de la verdad, instituido en el interior de la Iglesia por voluntad del Se&ntilde;or (cf. <i>Mt<\/i> 28, 19-20; <i>1Tim <\/i>3, 15). Y es l&iacute;cito pensar que en esta ferviente adhesi&oacute;n y, dir&iacute;a, devoci&oacute;n a la Iglesia-Maestra, ha influido la ininterrumpida tradici&oacute;n de fidelidad de la cat&oacute;lica Irlanda.<\/p>\n<p align=\"left\">No pod&iacute;a estar mejor indicado para esta asamblea lit&uacute;rgica nuestra el texto del Evangelio de San Mateo, que acaba de ser proclamado: despu&eacute;s de la sublime elevaci&oacute;n al Padre <i>(Confiteor tibi, Pater&#8230;<\/i>),<i> <\/i>Jes&uacute;s dirige una persuasiva invitaci&oacute;n a sus disc&iacute;pulos, para que vengan a El y acepten el yugo suave de su doctrina: <i>Venite ad me omnes&#8230; <\/i>El cardenal Wright se esforz&oacute; durante toda su vida, precisamente en este contacto cotidiano, que he recordado antes, de estudiar a Jes&uacute;s de cerca, de aprender directamente de El las eternas y saludables lecciones de la mansedumbre y humildad de coraz&oacute;n. Antes que el <i>munus docendi, <\/i>que le compet&iacute;a como obispo y pastor, &eacute;l tuvo en gran estima ese <i>officium discendi. <\/i>Nosotros creemos, pues, por la promesa formal del Se&ntilde;or <i>(et invenietis requiem), <\/i>que ya hab&iacute;a encontrado en esta tierra el consuelo y la paz para su alma; pero creemos tambi&eacute;n que, por la inmensa caridad del mismo Se&ntilde;or, goza ahora de estos bienes, de forma inalterable y plena, en la gloria del cielo. As&iacute; sea.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNE CELEBRACI&Oacute;N EN SUFRAGIO DEL CARDENAL JOHN JOSEPH WRIGHT HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II S&aacute;bado 22 de septiembre de 1979 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales, hermanos e hijos querid&iacute;simos: He querido esta concelebraci&oacute;n especial para recordar, a poco m&aacute;s de un mes de su dolorosa muerte, la amable figura del cardenal John Joseph Wright. 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