{"id":39467,"date":"2016-10-05T22:52:17","date_gmt":"2016-10-06T03:52:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-memoria-de-pablo-vi\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:17","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:17","slug":"16-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-memoria-de-pablo-vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-memoria-de-pablo-vi\/","title":{"rendered":"16 de septiembre de 1979, Santa Misa en memoria de Pablo VI"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN CONMEMORACI&Oacute;N DE PABLO VI<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Domingo 16 de septiembre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. En el Evangelio de hoy San Marcos refiere el mismo acontecimiento que describe San Mateo en cap&iacute;tulo 16. En las cercan&iacute;as de Cesarea de Filipo Jes&uacute;s pregunta a los disc&iacute;pulos: &quot;&iquest;Qui&eacute;n dicen los hombres que soy yo?&quot; (<i>Mc<\/i> 8,<i> <\/i>27). Despu&eacute;s de las diversas respuestas, Pedro toma la palabra y dice: &quot;T&uacute; eres el Cristo&quot; (8, 29) (que quiere decir &quot;el Mes&iacute;as&quot;). En el Evangelio de San Mateo la respuesta es: &quot;T&uacute; eres el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios vivo&quot; (<i>Mt <\/i>16, 16). Despu&eacute;s sigue la bendici&oacute;n dirigida a Pedro con motivo su fe, y la promesa que comienza con las palabras: &quot;T&uacute; eres Pedro&quot; (piedra, roca) (16, 18). Texto sublime que todos sabemos de memoria. <\/p>\n<p align=\"left\"><i>En la redacci&oacute;n de San Marcos,<\/i> en cambio, inmediatamente despu&eacute;s de la confesi&oacute;n de Pedro &quot;T&uacute; eres el Cristo&quot;, Jes&uacute;s pasa al anuncio de su muerte: &quot;Era preciso que el Hijo del hombre padeciese mucho&#8230; y que fuese muerto y resucitara despu&eacute;s de tres d&iacute;as&quot; (8, 31). Y entonces Pedro, como leemos, &quot;se puso a reprenderle&quot; (8, 32). Seg&uacute;n San Mateo, esta reprensi&oacute;n dec&iacute;a: &quot;No quiera Dios, Se&ntilde;or, que esto suceda&quot; (16, 22).<i> Pedro no quiere <\/i>que Cristo hable de la pasi&oacute;n y de la muerte. No es capaz de aceptarlo con su coraz&oacute;n que ama de modo humano. Quien ama quiere preservar del mal a la persona amada, incluso en el pensamiento y en la imaginaci&oacute;n. Sin embargo, <i>Cristo reprende a Pedro, <\/i>le reprende severamente. Esta reprensi&oacute;n que encontramos en el Evangelio de hoy de San Marcos es todav&iacute;a m&aacute;s significativa en el texto de San Mateo, por el contraste de las palabras precedentes, con las que Cristo hab&iacute;a bendecido a Pedro y le hab&iacute;a anunciado su primado en la Iglesia. Precisamente <i>el primado <\/i>es el que no permite sustraerse al misterio de la cruz, no permite alejarse, ni siquiera un &aacute;pice, de su realidad salv&iacute;fica.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Nos hemos reunido hoy en la tica de San Pedro para conmemorar el primer aniversario de la muerte del Papa Pablo VI. Ya lo hicimos el mismo d&iacute;a del aniversario: el 6 de agosto, en la fiesta de la Transfiguraci&oacute;n del Se&ntilde;or, en esa casa de Castelgandolfo, donde, hace un a&ntilde;o, &eacute;l termin&oacute; su jornada terrena.<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy lo hacemos de modo solemne en la Bas&iacute;lica Vaticana, donde descansan, desde hace ya m&aacute;s de un a&ntilde;o, en la cripta, los restos mortales del gran Papa. <i>Su grandeza <\/i>encuentra el <i>fundamento en el misterio de la cruz de Cristo. <\/i>Como sucesor de Pedro, &eacute;l acept&oacute; esa bendici&oacute;n y todo el contenido de la promesa mesi&aacute;nica, que hab&iacute;a sido pronunciada en la regi&oacute;n de Cesarea de Filipo, y acept&oacute; en toda su plenitud el misterio de la cruz. Llev&oacute; esta cruz no s&oacute;lo en sus manos, caminando, todos los a&ntilde;os, sobre las huellas del V&iacute;a Crucis, en el Coliseo romano. La llev&oacute; dentro de s&iacute;, en su coraz&oacute;n, en toda su misi&oacute;n: &quot;&#8230;no quiera Dios que me glor&iacute;e sino en la cruz de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>G&aacute;l <\/i>6, 14). Estas palabras del Ap&oacute;stol, cuyo nombre hab&iacute;a tomado el a&ntilde;o 1963 al comienzo del pontificado, han sido confirmadas por toda su vida. <i>Pablo VI: ap&oacute;stol del Crucificado, igual que lo fue Pablo Ap&oacute;stol. <\/i>Y lo mismo que Pablo Ap&oacute;stol, &eacute;l hubiera podido completar esa confesi&oacute;n de gloriarse en la cruz de Cristo, diciendo &quot;por quien el mundo est&aacute; crucificado para m&iacute; y yo para el mundo&quot; (<i>ib<\/i>.). Y quiz&aacute; estas palabras constituyen una clave esencial para comprender la vida de Pablo VI igual que la ha constituido para comprender la vida y la misi&oacute;n de San Pablo.<\/p>\n<p align=\"left\">3. La cruz, tal como insin&uacute;an en la liturgia de hoy el profeta Isa&iacute;as y luego el salmo 114 (115), tiene una dimensi&oacute;n interior, y Pablo VI ha conocido esta dimensi&oacute;n interior de la cruz. Ciertamente, no estuvo exento de &quot;insultos&quot; y &quot;salivazos&quot; (cf. <i>Is <\/i>50, 6) que sufri&oacute; como maestro y servidor de la verdad. Ciertamente, su alma no estuvo exenta de esa &quot;tristeza y angustia&quot; (<i>Sal <\/i>114 [115], 3) de las que habla el salmista. <i>Tristeza y angustia, <\/i>que <i>nacen del sentido de responsabilidad <\/i>por los valores m&aacute;s santos, por la gran causa que Dios conf&iacute;a al hombre, s&oacute;lo pueden ser superadas en la oraci&oacute;n; s&oacute;lo pueden ser superadas con la fuerza de la confianza sin l&iacute;mites: &quot;El Se&ntilde;or es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Se&ntilde;or guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas me salv&oacute;&quot; (<i>Sal <\/i>114 [115], 5-6). Pablo VI era el hombre de esta profunda, dif&iacute;cil \u2014y justamente por esto\u2014 <i>inquebrantable confianza<\/i>. Y<i> <\/i>gracias a ella precisamente, &eacute;l era la piedra, la roca sobre la que se edificaba la Iglesia en este per&iacute;odo excepcional de grandes cambios despu&eacute;s del Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p align=\"left\">Respond&iacute;a a las pruebas interiores y exteriores de la Iglesia con esa inquebrantable fe, esperanza y confianza, que hac&iacute;an de &eacute;l <i>el Pedro de nuestro tiempo. <\/i>La gran sabidur&iacute;a y la humildad acompa&ntilde;aron esta fe y esta esperanza y le hicieron precisamente tan firme e inflexible.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Nos ense&ntilde;aba con la palabra y con las obras esa fe salv&iacute;fica, de la que habla hoy Santiago en la segunda lectura de manera tan convincente: &quot;La fe, si no tiene obras, es de suyo muerta&quot; (<i>Sant <\/i>2, 17). Pablo VI nos ense&ntilde;aba, pues, <i>la fe viva; <\/i>ense&ntilde;aba a toda la Iglesia la vida de la fe a medida de nuestra &eacute;poca. &iquest;Qu&eacute; otra cosa, sino esta ense&ntilde;anza de fe viva unida a las obras, son sus grandes Enc&iacute;clicas, especialmente la &quot;<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>&quot; y, en otra dimensi&oacute;n, la &quot;<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html\">Humanae vitae<\/a><\/i>&quot;? Esto hoy se comprende quiz&aacute; mejor que no hace diez a&ntilde;os. <i>La coherencia entre la fe y la vida <\/i>debe rezumar de cada una de las obras. Debe manifestarse en cada uno de los campos de nuestro obrar.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Ser&iacute;a dif&iacute;cil no hacer o&iacute;r, con ocasi&oacute;n de este recuerdo del gran Papa, <i>su voz, <\/i>no hacer escuchar sus palabras, siempre tan llenas de fe y de caridad.<\/p>\n<p>&laquo;Ante la muerte y la separaci&oacute;n total y definitiva de la vida presente, siento el deber de celebrar el don, la fortuna, la vida presente, el destino de esta misma existencia fugaz: Se&ntilde;or, te doy gracias porque me has llamado a la vida, y a&uacute;n m&aacute;s todav&iacute;a, porque haci&eacute;ndome cristiano me has regenerado y destinado a la plenitud de la vida&#8230; Ahora que la jornada llega al crep&uacute;sculo y todo termina y se desvanece esta estupenda y dram&aacute;tica escena temporal y terrena, &iquest;c&oacute;mo agradecerte, Se&ntilde;or, despu&eacute;s del don de la vida natural, el don muy superior de la fe y de la gracia, en el que &uacute;nicamente se refugia al final mi ser?&#8230; Cierro los ojos sobre esta tierra doliente, dram&aacute;tica y magn&iacute;fica, implorando una vez m&aacute;s sobre ella la Bondad divina&raquo; <i>(<a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1978\/august\/document\/hf_p-vi_spe_19780810_testamento-paolo-vi.html\">Testamento<\/a>: Pablo VI, Ense&ntilde;anzas al Pueblo de Dios, <\/i>1978, p&aacute;ginas 259-262).<\/p>\n<p>6. Escuch&aacute;ndole hoy, a poco m&aacute;s de un a&ntilde;o de su muerte, tenemos a&uacute;n en los ojos esa separaci&oacute;n. Se marcha fatigado y<i> deja <\/i>detr&aacute;s de s&iacute; una <i>gran herencia. <\/i>La muerte lo separa de los problemas de esta tierra, del ministerio de esta Sede. Parece decir, como en otro tiempo dijo Pedro: &quot;Se&ntilde;or&#8230;, m&aacute;ndame ir a ti&quot; (<i>Mt <\/i> 14, 28). Y el Se&ntilde;or le deja ir a El.<\/p>\n<p>Todos nosotros que participamos en este sacrificio eucar&iacute;stico para encomendar al Eterno Padre el alma de Pablo VI, <i>damos gracias por todo <\/i>lo que ha hecho y todo lo que ha sido para la Iglesia. &quot;Bienaventurado t&uacute;, Sim&oacute;n Bar Jona&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 17).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN CONMEMORACI&Oacute;N DE PABLO VI HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 16 de septiembre de 1979 &nbsp; 1. En el Evangelio de hoy San Marcos refiere el mismo acontecimiento que describe San Mateo en cap&iacute;tulo 16. 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