{"id":39469,"date":"2016-10-05T22:52:20","date_gmt":"2016-10-06T03:52:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-septiembre-de-1979-visita-a-la-abadia-oriental-de-grottaferrata\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:20","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:20","slug":"9-de-septiembre-de-1979-visita-a-la-abadia-oriental-de-grottaferrata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-septiembre-de-1979-visita-a-la-abadia-oriental-de-grottaferrata\/","title":{"rendered":"9 de septiembre de 1979, Visita a la abad\u00eda oriental de Grottaferrata"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA A LOS MONJES DE LA ABAD&Iacute;A DE GROTTAFERRATA<br \/> EN EL XVI CENTENARIO DE LA MUERTE DE SAN BASILIO MAGNO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><b><i> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Domingo 9 de septiembre de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Querid&iacute;simos monjes de la abad&iacute;a de Grottaferrata, y vosotros, sacerdotes y fieles que me escuch&aacute;is:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. No s&oacute;lo la cercan&iacute;a del lugar, sino tambi&eacute;n y sobre todo la cercan&iacute;a del esp&iacute;ritu me ha hecho venir esta tarde hasta vosotros, para celebrar la liturgia dominical y dirigiros una palabra de exhortaci&oacute;n y de &aacute;nimo. Nuestro encuentro se desarrolla en el XVI centenario de la muerte de San Basilio Magno, obispo de Cesarea de Capadocia; y quiero, ante todo, dar las gracias y saludar a los buenos religiosos, que toman nombre de este insigne doctor de la Iglesia Oriental, y que nos brindan hospitalidad a la sombra de su hist&oacute;rica abad&iacute;a. Saludo despu&eacute;s cordialmente a todos los que hab&eacute;is venido en tan gran n&uacute;mero y me hab&eacute;is demostrado vuestros sentimientos de afectuoso saludo.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Acabamos de escuchar las lecturas de la Sagrada Escritura, tan ricas de ense&ntilde;anzas y dignas de atenta reflexi&oacute;n. Pero me detendr&eacute; preferentemente en el <i>episodio evang&eacute;lico, <\/i>que se refiere a la curaci&oacute;n milagrosa de un sordomudo, realizada por Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. &iexcl;Qu&eacute; hermoso es, querid&iacute;simos hermanos, ese grito un&aacute;nime que se levanta de la multitud: &quot;Todo lo ha hecho bien&quot;! Esta exclamaci&oacute;n, dictada \u2014como observa el evangelista\u2014 por un vivo estupor, es m&aacute;s que un simple reconocimiento de la potencia del Se&ntilde;or, o un tributo de admiraci&oacute;n por el prodigio. En realidad, implica la &quot;violaci&oacute;n&quot; de una orden dada por Jes&uacute;s, que hab&iacute;a pedido silencio en torno a ese hecho; adem&aacute;s \u2014y es algo muy importante\u2014 va seguida y, dir&iacute;a, integrada por otras palabras que dan un claro testimonio mesi&aacute;nico de El. &quot;Todo lo ha hecho bien \u2014dijeron los presentes\u2014; a los sordos hace o&iacute;r y a los mudos hablar&quot;. &iquest;No reconoc&iacute;an precisamente en estas acciones algunos de esos &quot;signos&quot; que, seg&uacute;n los anuncios de los profetas, se verificar&iacute;an a la llegada del Mes&iacute;as? &iquest;Y acaso no hemos le&iacute;do en el texto de Isa&iacute;as, que ha precedido a este Evangelio, las palabras inspiradas: &quot;Entonces se abrir&aacute;n los ojos de los ciegos, se abrir&aacute;n los o&iacute;dos de los sordos. Entonces&#8230; la lengua de los mudos cantar&aacute; gozosa&quot; (<i>Is<\/i> 35, 5-6)?<\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;, hermanos, bas&aacute;ndonos en el valor probativo de esta correspondencia entre predicciones y cumplimientos, haci&eacute;ndonos eco del entusiasmo de las turbas, creemos y confesamos que Jes&uacute;s es verdaderamente el Mes&iacute;as, esto es, el Ungido de Dios, el Cristo. <i>El ha sido consagrado por Dios y enviado al mundo. <\/i>Jam&aacute;s meditaremos bastante \u2014es tan importante y denso de contenido\u2014 sobre este dato de nuestro Credo: Jes&uacute;s; el Hijo unig&eacute;nito de Dios, en cumplimiento de las antiguas promesas, ha venido en la plenitud de los tiempos a nosotros haci&eacute;ndose hijo del hombre, se ha colocado el el centro de la historia para realizar de manera aut&eacute;ntica y definitiva el designio de salvaci&oacute;n, concebido por el Padre desde la eternidad. Iluminados por la fe, debemos mirar no s&oacute;lo a la figura del Mes&iacute;as, tino tambi&eacute;n a esta misi&oacute;n suya, que interesa a la humanidad en general y a cada uno de nosotros en particular.<\/p>\n<p align=\"left\">Ya en el Antiguo Testamento el Mes&iacute;as es como el catalizador de los anhelos y de las esperas del pueblo de Israel, a lo largo de todo el arco de su historia: cada una de las esperanzas de liberaci&oacute;n y de santificaci&oacute;n se apoyan fuertemente sobre El. Pero en el Nuevo Testamento es donde esta funci&oacute;n del Mes&iacute;as se precisa como misi&oacute;n de salvaci&oacute;n espiritual y universal. Hall&aacute;ndose un d&iacute;a en la sinagoga de Nazaret, Jes&uacute;s dio lectura a una p&aacute;gina de Isa&iacute;as: &quot;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque me ungi&oacute; para evangelizar a los pobres; me envi&oacute;&#8230; para dar a los ciegos la recuperaci&oacute;n de la vista&#8230;&quot;, e ilustr&oacute; la explicaci&oacute;n con una premisa significativa: &quot;Hoy se cumple esta Escritura que acab&aacute;is de o&iacute;r&quot; (cf. <i>Lc<\/i> 4, 16-21). Y a los disc&iacute;pulos de Juan Bautista que hab&iacute;an venido a preguntarle: &quot;&iquest;Eres t&uacute; el que viene o hemos de esperar a otro?&quot;, Jes&uacute;s respondi&oacute; apelando a los hechos previstos y predichos para el Mes&iacute;as: &quot;Id y referid a Juan lo que hab&eacute;is o&iacute;do y visto: los ciegos ven&#8230; los sordos oyen&#8230; y los pobres son evangelizados&quot; (cf. <i>Mt <\/i>11, 2-6).<\/p>\n<p align=\"left\">Reanudemos ahora, a la luz de estos textos, la narraci&oacute;n del Evangelio de hoy.<\/p>\n<p align=\"left\">3. El milagro nos dice tambi&eacute;n algo desde el punto de vista del &quot;modus operandi&quot; que sigue Jes&uacute;s-Mes&iacute;as. Le hab&iacute;an presentado un sordomudo, rog&aacute;ndole que le impusiera las manos: Jes&uacute;s, en cambio, realiza sobre &eacute;l diversos gestos: lo toma aparte: le mete los dedos en los o&iacute;dos; le toca la lengua. &iquest;Por qu&eacute; todo esto? Porque la condici&oacute;n que Jes&uacute;s exige siempre de los que sufren y de los enfermos es la fe, pregunt&aacute;ndoles sobre ella o estimul&aacute;ndoles a ella, seg&uacute;n los casos. Ahora bien, en el caso del sordomudo, el tocar sus sentidos impedidos responde precisamente a este fin: comunicarse con quien no puede o&iacute;r ni hablar, y despertar en &eacute;l un movimiento de fe.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero hay m&aacute;s: Jes&uacute;s eleva los ojos al cielo, despu&eacute;s suspira y pronuncia la palabra resolutiva: <i>Effat&agrave;, <\/i>una de las pocas palabras que conservamos con el sonido con que las pronunci&oacute; Jes&uacute;s. Notemos<i> el poder de esta palabra, <\/i>que tiene una carga din&aacute;mica, porque realiza el efecto que expresa. Como ante otras palabras de Cristo, referidas en los Evangelios, por ejemplo <i>Talita Kunz, <\/i>que hizo levantar del lecho a la hija muerta de Jairo (cf. <i>Mc <\/i>5, 22-24. 35-43), o como la expresi&oacute;n <i>Lazare, veni foras, <\/i>que hizo salir del sepulcro al amigo cuyo cuerpo ya estaba en descomposici&oacute;n (cf.<i> Jn<\/i> 11, 38-44), estamos aqu&iacute; frente al misterio del poder de taumaturgo, que es atributo connatural del Mes&iacute;as-Hijo de Dios. Este, siendo el Verbo del Padre, la Palabra viviente del Padre, lo mismo que con el <i>Fiat <\/i>creador sac&oacute; de la nada todas las cosas, as&iacute; tambi&eacute;n con la palabra salida de su boca humana tiene la virtud, es decir, la potencia absoluta de plegar todas las cosas a su querer.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Por qu&eacute;, pues, no tratamos de experimentar en nosotros mismos esta virtud permanente de Cristo? Junto a sus palabras realizadoras de milagros f&iacute;sicos, &iquest;cu&aacute;ntas otras palabras contiene el Evangelio que &quot;cavan&quot; a nivel interior y act&uacute;an en el plano sobrenatural? Recuerdo r&aacute;pidamente las palabras &quot;Conf&iacute;a, hijo; tus pecados te son perdonados&quot;, dirigidas al paral&iacute;tico (<i>Mt<\/i> 9,<i> <\/i>3); &quot;Vete y no peques m&aacute;s&quot;, dirigidas a la ad&uacute;ltera (<i>Jn <\/i>8, 11). Recuerdo tambi&eacute;n el milagro que realiza en Zaqueo la simple presencia de Jes&uacute;s: &quot;Hoy ha venido la salud a tu casa&quot; (<i>Lc <\/i>19, 9). Y podr&iacute;a a&ntilde;adir el &quot;Venid en pos de m&iacute;&quot; que fue determinante para la vocaci&oacute;n de los Ap&oacute;stoles (cf. <i>Mt <\/i>4,<i> <\/i>19); o el &quot;T&uacute; eres Pedro, y sobre esta piedra edificar&eacute; yo mi Iglesia&quot; (<i>Mt <\/i>16, 18), o las palabras m&aacute;s arcanas y sublimes de la &uacute;ltima Cena: &quot;Este es mi cuerpo; esta es mi sangre&quot; (<i>Mt <\/i>26, 26. 28).<\/p>\n<p align=\"left\">&Iacute;ntimamente persuadidos de la fuerza milagrosa, de la <i>dynamis <\/i>de Cristo, que en el momento de dejar este mundo reivindic&oacute; para s&iacute; &quot;todo poder en el cielo y en la tierra&quot; (<i>Mt <\/i>28, 18), debemos ir a El para sanar de nuestros males f&iacute;sicos y morales, para curar nuestras debilidades y nuestros pecados: obtendremos de El esperanza, fuerza y salud. seg&uacute;n la medida de nuestra fe.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Pero, &iquest;qu&eacute; dir&eacute; de particular a los religiosos basilianos y a toda la comunidad mon&aacute;stica de Grottaferrata? La palabra de Dios que he querido explicar ciertamente vale tambi&eacute;n para ellos. Pero yo s&eacute; que esperan al menos un pensamiento para aliento de su vida de especial consagraci&oacute;n al Se&ntilde;or en el esp&iacute;ritu de las ense&ntilde;anzas asc&eacute;ticas de San Basilio.<\/p>\n<p align=\"left\">Aqu&iacute;, a pocos kil&oacute;metros de Roma, sois expresi&oacute;n, mis queridos hermanos, de la fecundidad del ideal mon&aacute;stico de rito bizantino, y vuestra abad&iacute;a \u2014como escribi&oacute; ya mi predecesor P&iacute;o XI, de venerada memoria, en el documento de su erecci&oacute;n can&oacute;nica\u2014 es &quot;como una fulgid&iacute;sima perla oriental&quot; engarzada en la diadema de la Iglesia romana (cf. Constituci&oacute;n Apost&oacute;lica <i>Pervetustum Cryptaeferratae Coenobium; AAS, <\/i>XXX,<i> <\/i>1938, p&aacute;gs. 183-186). Conozco, por otra parte, el singular v&iacute;nculo de fidelidad que este monasterio, desde su fundaci&oacute;n a comienzos del siglo XI, ha mantenido constantemente con la Sede Apost&oacute;lica: causa &eacute;sta, no &uacute;ltima, de la benevolencia que le han demostrado los Sumos Pont&iacute;fices. Y s&eacute; tambi&eacute;n que esta relaci&oacute;n permanecer&aacute; siempre estable&#8230; Pues bien, en la ejemplaridad de vuestra adhesi&oacute;n a la Sede de Pedro, tened cuidado de ofrecer un v&aacute;lido testimonio a cuantos tienen ocasi&oacute;n de acercarse a vosotros y conoceros: sabed irradiar la pura luz evang&eacute;lica ante los hombres &quot;para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que est&aacute; en los cielos&quot; (<i>Mt 5, <\/i>16). El ejercicio de las virtudes: comenzando por la caridad fraterna, el equilibrio en la vida religiosa, la asidua laboriosidad, el estudio amoroso de las Sagradas Escrituras, la tensi&oacute;n continua hacia la &quot;otra vida&quot;, lo mismo que son principios importantes en la regla del gran Basilio, as&iacute; deben ser las cualidades que os distingan, en confirmaci&oacute;n de la aut&eacute;ntica e ininterrumpida tradici&oacute;n de espiritualidad que tanto honra a vuestro Instituto. Y precisamente porque represent&aacute;is esta tradici&oacute;n mon&aacute;stica griega, deber&aacute; distinguiros otra cualidad, esto es, una especial sensibilidad ecum&eacute;nica: por vuestra situaci&oacute;n, por vuestra formaci&oacute;n, pod&eacute;is hacer mucho a este respecto, comprometi&eacute;ndoos en el di&aacute;logo y sobre todo en la oraci&oacute;n a fin de favorecer la deseada unidad entre cat&oacute;licos y ortodoxos.<\/p>\n<p align=\"left\">Al reanudar ahora la celebraci&oacute;n de la Santa Misa, yo os invito a los religiosos y con vosotros a todos los fieles que os rodean, a unirse a m&iacute; en la invocaci&oacute;n com&uacute;n para que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s, como si renovara el milagro del sordomudo, quiera abrir nuestros o&iacute;dos para escuchar siempre con fidelidad su palabra, y vuelva expedita nuestra lengua para alabar y dar gracias a su Padre y nuestro Padre celeste. As&iacute; sea.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA A LOS MONJES DE LA ABAD&Iacute;A DE GROTTAFERRATA EN EL XVI CENTENARIO DE LA MUERTE DE SAN BASILIO MAGNO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 9 de septiembre de 1979 &nbsp; Querid&iacute;simos monjes de la abad&iacute;a de Grottaferrata, y vosotros, sacerdotes y fieles que me escuch&aacute;is: 1. 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