{"id":39470,"date":"2016-10-05T22:52:22","date_gmt":"2016-10-06T03:52:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-septiembre-de-1979-visita-al-santuario-de-loreto\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:22","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:22","slug":"8-de-septiembre-de-1979-visita-al-santuario-de-loreto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-septiembre-de-1979-visita-al-santuario-de-loreto\/","title":{"rendered":"8 de septiembre de 1979, Visita al Santuario de Loreto"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1979\/trav_loreto-ancona_sp.htm\">PEREGRINACI&Oacute;N A LORETO Y ANCONA<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p> <font color=\"#663300\" face=\"Times\" size=\"3\"><i>Fiesta de la Natividad de la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a<br \/> S&aacute;bado 8 de septiembre de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;&iexcl;Tu nacimiento, Virgen Madre de Dios, ha anunciado la alegr&iacute;a a todo el mundo!&quot;<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy es, pues, el d&iacute;a de este gozo. La Iglesia, el 8 de septiembre, nueve meses despu&eacute;s de la solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;n de la Madre del Hijo de Dios, celebra el recuerdo de su nacimiento. El d&iacute;a del nacimiento de la Madre hace dirigir nuestros corazones hacia el Hijo: &quot;De ti naci&oacute; el Sol de justicia, Cristo, nuestro Dios, que borrando la maldici&oacute;n, nos trajo la bendici&oacute;n y, triunfando de la muerte, nos dio la vida eterna&quot; (Ant. <i>Benedictus).<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, <i>la gran alegr&iacute;a de la Iglesia pasa del Hijo a la Madre. <\/i>El d&iacute;a de su nacimiento es verdaderamente un preanuncio y el comienzo del mundo mejor<i> <\/i>(origo mundi melioris&quot;) como proclam&oacute; de modo estupendo el Papa Pablo VI.<\/p>\n<p align=\"left\">Y por esto la liturgia de hoy confiesa y anuncia que el nacimiento de Mar&iacute;a irradia su luz sobre todas las Iglesias que hay en el orbe.<\/p>\n<p align=\"left\">2. La festividad del nacimiento de Mar&iacute;a parece proyectar su luz, de modo particular, sobre la Iglesia de la tierra italiana, precisamente aqu&iacute;, <i>en Loreto, <\/i>en el admirable santuario, <i>que hoy es la meta de nuestra peregrinaci&oacute;n com&uacute;n<\/i>. Desde el comienzo de mi pontificado he deseado ardientemente venir a este lugar; pero he esperado precisamente a este d&iacute;a, a esta fiesta. Hoy me encuentro aqu&iacute;, y me alegro de que en mi primera peregrinaci&oacute;n participen tambi&eacute;n venerables cardenales y obispos, numerosos sacerdotes y religiosas y una multitud de peregrinos, provenientes sobre todo de las diversas ciudades de esta regi&oacute;n de Italia. Juntamente con todos deseo traer aqu&iacute; hoy las cordiales palabras de veneraci&oacute;n a Mar&iacute;a, las palabras que brotan de todos los corazones y, al mismo tiempo, de la tradici&oacute;n plurisecular de esta tierra, que la Providencia ha escogido para la Sede de Pedro y que despu&eacute;s fue iluminada por la luz de este santuario, que la profunda piedad cristiana ha unido, de modo especial, al recuerdo del misterio de la encarnaci&oacute;n. <i>Estoy agradecido por la invitaci&oacute;n <\/i>que me ha dirigido, ante todo el cardenal Umberto Mozzoni, Presidente de la Comisi&oacute;n Cardenalicia para el santuario, y tambi&eacute;n el arzobispo mons. Loris Francesco Capovilla, cuya persona nos recuerda la figura del siervo de Dios el Papa Juan, y su peregrinaci&oacute;n a Loreto en v&iacute;speras de la apertura del Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p align=\"left\">Tampoco puedo pasar por alto el hecho de que en las cercan&iacute;as del santuario se encuentra el cementerio en el que descansan los cuerpos de mis compatriotas <i>soldados polacos. <\/i>Durante la segunda guerra mundial cayeron en combate sobre esta tierra, luchando por &quot;nuestra y vuestra libertad&quot;, como dice el antiguo lema polaco. Cayeron aqu&iacute;, y pueden descansar cerca del santuario de la Virgen Mar&iacute;a, el misterio de cuyo nacimiento difunde su luz en la Iglesia en tierra polaca y en tierra italiana. Tambi&eacute;n ellos participan, de modo invisible, en esta peregrinaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">3. El culto de la Madre de Dios en esta tierra est&aacute; vinculado, seg&uacute;n la antigua y viva tradici&oacute;n, a la casa de Nazaret. La casa en la que, como recuerda el Evangelio de hoy, Mar&iacute;a habit&oacute; despu&eacute;s de los desposorios con Jos&eacute;. La casa de la Sagrada Familia. Toda casa <i>es<\/i> <i>sobre todo santuario de la madre. <\/i> Y ella lo crea, de modo especial, con su maternidad. Es necesario que los hijos de la familia humana, al venir al mundo, tengan un techo sobre la cabeza; que tengan una casa. Sin embargo la casa de Nazaret, como sabemos, no fue el lugar del nacimiento del Hijo de Mar&iacute;a e Hijo de Dios. Probablemente todos los antepasados de Cristo, de los que habla la genealog&iacute;a del Evangelio de hoy seg&uacute;n San Mateo, ven&iacute;an al mundo bajo el techo de una casa. <i>Esto<\/i> <i>no se le concedi&oacute; a El. <\/i>Naci&oacute; como un extra&ntilde;o en Bel&eacute;n, en un establo. Y no pudo volver a la casa de Nazaret, porque obligado a huir desde Bel&eacute;n a Egipto por la crueldad de Herodes, s&oacute;lo despu&eacute;s de morir el rey, Jos&eacute; se atrevi&oacute; a llevar a Mar&iacute;a con el Ni&ntilde;o a la casa de Nazaret.<\/p>\n<p align=\"left\">Y desde entonces en adelante esa casa fue el lugar de la vida cotidiana, <i>el lugar de la vida oculta del Mes&iacute;as; <\/i>la casa de la Sagrada Familia. Fue el primer templo, la primera iglesia, en la que la Madre de Dios irradi&oacute; su luz con su Maternidad. La irradi&oacute; con su luz procedente del gran misterio de la encarnaci&oacute;n; del misterio de su Hijo.<\/p>\n<p align=\"left\">4. En el rayo de esta luz crecen, en todo vuestro pa&iacute;s de sol, las casas familiares. Son muchas. Desde las cimas de los Alpes y de los Dolomitas, a los que me he podido acercar el <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1979\/trav_veneto_sp.htm\">domingo 26 de agosto<\/a>, al visitar los lugares nativos del Papa Juan Pablo I, hasta Sicilia. Muchas, tantas casas; las casas familiares. Y muchas, tantas familias; y cada una de ellas <i>permanece, <\/i>mediante la tradici&oacute;n cristiana y mariana de vuestra patria, <i>en un cierto v&iacute;nculo espiritual con esa luz, <\/i>que procede de la <i>casa de Nazaret, <\/i>especialmente hoy: en el d&iacute;a del nacimiento de la Madre de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Quiz&aacute; esta luz que brota por la tradici&oacute;n de la casa de Nazaret en Loreto realiza algo a&uacute;n m&aacute;s profundo: s&iacute;, hace que todo este pa&iacute;s, que <i>vuestra patria se <\/i>convierta como en una gran casa familiar. La gran casa habitada por una comunidad grande, cuyo nombre es &quot;Italia&quot;. Es necesario remontarse hacia atr&aacute;s en la realidad hist&oacute;rica, mejor, quiz&aacute; a la realidad pre-hist&oacute;rica, para llegar a sus ra&iacute;ces remotas. Un extranjero, como yo, que es consciente de la realidad que constituye la historia de la propia naci&oacute;n, se adentra en esta realidad con un respeto especial y con una atenci&oacute;n llena de recogimiento. &iquest;C&oacute;mo crece de sus antiqu&iacute;simas ra&iacute;ces esta gran comunidad humana, que se llama &quot;Italia&quot;? &iquest;Con qu&eacute; <i>v&iacute;nculo est&aacute;n unidos los hombres <\/i>que la constituyen hoy, a las generaciones que han pasado a trav&eacute;s de la tierra desde los tiempos de la antigua Roma hasta los tiempos presentes? El Sucesor de Pedro, que est&aacute; en esta tierra desde los tiempos de la Roma imperial, siendo testigo de tantos cambios y, al mismo tiempo, de toda la historia de vuestra tierra, tiene el derecho y el deber de hacer estas preguntas.<\/p>\n<p align=\"left\">Y tiene el derecho de preguntar as&iacute; el Papa que es hijo de otra tierra, el Papa cuyos compatriotas yacen aqu&iacute;, en Loreto, en el cementerio de guerra. Sin embargo, sabe por qu&eacute; cayeron aqu&iacute;. El antiguo adagio romano &quot;pro aris et focis&quot; lo explica del mejor modo. Cayeron por cada uno de los <i>altares de la fe <\/i>y por cada una de las <i>casas de familia en la tierra nativa, <\/i>que quer&iacute;an preservar de la destrucci&oacute;n. Porque, en medio de toda la inestabilidad de la historia, cuyos protagonistas son los hombres, y sobre todo los pueblos y las naciones, permanece siempre la casa, como arca de la alianza de las <i>generaciones <\/i>y tutela de los <i>valores <\/i>m&aacute;s profundos: de los valores <i>humanos y divinos. <\/i>Por esto la familia y la patria, para preservar estos valores, no escatimaron ni siquiera a los propios hijos.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Como veis, queridos hermanos y hermanas, vengo aqu&iacute;, a Loreto, para interpretar el misterioso destino del primer santuario mariano en tierra italiana. Efectivamente, la presencia de la Madre de Dios en medio de los hijos de la familia humana y en medio de cada una de las naciones de la tierra en particular, nos dice mucho de las naciones y de las comunidades mismas.<\/p>\n<p align=\"left\">Y vengo a la vez en el per&iacute;odo de preparaci&oacute;n para un deber importante, que me conviene asumir, despu&eacute;s de la invitaci&oacute;n del Secretario General de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas, frente al alto foro de la Organizaci&oacute;n m&aacute;s representativa del mundo contempor&aacute;neo. Vengo aqu&iacute; a buscar la luz en este santuario, por la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, nuestra Madre. Ya he pedido el domingo pasado en Castelgandolfo, durante el encuentro del &quot;&Aacute;ngelus<sup>&quot;<\/sup>, que se ore por el Papa y su misi&oacute;n de tanta responsabilidad en el foro de la ONU. Hoy repito y renuevo una vez m&aacute;s esta petici&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Efectivamente, se trata de trabajar y colaborar para que en la tierra, que la Providencia ha destinado a ser la morada de los hombres, <i>la casa de la familia, s&iacute;mbolo de la unidad y del amor, <\/i>venza a todo lo que<i> <\/i>amenaza esta unidad y amor entre los hombres: el odio, la crueldad, la destrucci&oacute;n, la guerra. Para que esta casa familiar se convierta en la expresi&oacute;n de las aspiraciones de los hombres, de los pueblos, de las naciones, de la humanidad, a pesar de todo lo que le es contrario, que la elimina de la vida de los hombres, de las naciones y de la humanidad, que sacude sus fundamentos, sean socio-econ&oacute;micos o &eacute;ticos; porque sobre unos y otros se basa toda casa; tanto la que se construye cada familia, como tambi&eacute;n la que, con el esfuerzo de todas las generaciones, se construyen los pueblos y las naciones: la casa de la propia cultura, de la propia historia; la casa de todos y la casa de cada uno.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Esta es la inspiraci&oacute;n que encuentro aqu&iacute;, en Loreto. Este el imperativo moral que de aqu&iacute; deseo sacar. Este es, al mismo tiempo, el problema que precisamente ante la tradici&oacute;n de la casa de Nazaret y ante el rostro de la Madre de Cristo en Loreto, deseo <i>encomendar y confiar, <\/i>de modo especial, a su coraz&oacute;n materno, a su omnipotencia de intercesi&oacute;n (&quot;omnipotentia suplex&quot;) .<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; como ya he hecho en <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1979\/trav_rep-dom-mexico-bahamas_sp.htm\">Guadalupe <\/a>(M&eacute;xico) y luego en la polaca <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1979\/trav_poland-1979_sp.htm\">Jasna G&oacute;ra<\/a> en Czestochowa (Claro Monte), deseo en este encuentro de hoy en Loreto recordar esa <i>consagraci&oacute;n <\/i>al Coraz&oacute;n Inmaculado de Mar&iacute;a que, hace 20 a&ntilde;os, realizaron los Pastores de la Iglesia italiana, en Catania, el 13 de septiembre de 1959, en la clausura del 16 congreso eucar&iacute;stico nacional. Y quiero decir las palabras que en aquella ocasi&oacute;n dirigi&oacute; a los fieles mi predecesor de venerada memoria, Juan XXIII, en su mensaje radiof&oacute;nico: &quot;Nos confiamos que, en virtud de este homenaje a la Virgen Sant&iacute;sima, todos los italianos veneren en Ella con renovado fervor a la Madre del Cuerpo M&iacute;stico, de quien la Eucarist&iacute;a es s&iacute;mbolo y centro vital; imiten en Ella el modelo m&aacute;s perfecto de la uni&oacute;n con Jes&uacute;s, nuestra Cabeza; se unan a Ella en la ofrenda de la V&iacute;ctima divina, e imploren de su materna intercesi&oacute;n para la Iglesia los dones de la unidad, de la paz, sobre todo una m&aacute;s exuberante y fiel floraci&oacute;n de vocaciones sacerdotales. De este modo la consagraci&oacute;n se convertir&aacute; en ocasi&oacute;n de un compromiso cada vez m&aacute;s serio en la pr&aacute;ctica de las virtudes cristianas, una<i> <\/i>defensa valid&iacute;sima contra los males que las amenazan y una fuente de prosperidad incluso temporal, seg&uacute;n las promesas de Cristo&quot; (<i>AAS<\/i>, 51 [1959] 713) .<\/p>\n<p align=\"left\">Todo esto que, hace 20 a&ntilde;os, encontr&oacute; expresi&oacute;n en el acto de consagraci&oacute;n a Mar&iacute;a, realizado por los Pastores de la Iglesia italiana, yo deseo hoy no s&oacute;lo recordarlo, sino tambi&eacute;n, con todo el coraz&oacute;n, <i>repetirlo, renovarlo y hacerlo m&iacute;o, <\/i>en cierto modo, ya que por los inescrutables designios de la Providencia me ha tocado aceptar el patrimonio de los Obispos de Roma en la Sede de San Pedro.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Y lo hago con la convicci&oacute;n m&aacute;s profunda de la fe, del entendimiento y del coraz&oacute;n al mismo tiempo. Porque en nuestra &eacute;poca dif&iacute;cil, y tambi&eacute;n en los tiempos que vienen, <i>s&oacute;lo <\/i>el verdadero gran <i>Amor puede salvar al hombre.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">S&oacute;lo gracias a &eacute;l esta tierra, la morada de la humanidad, puede convertirse en una casa: la casa de las familias, de las naciones, de toda la familia humana. Sin amor, sin el verdadero gran Amor, <i>no hay casa <\/i>para el hombre sobre la tierra. El hombre estar&iacute;a condenado a vivir privado de todo, aunque levantase los edificios m&aacute;s espl&eacute;ndidos y los montase lo m&aacute;s modernamente posible.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Acepta, oh Se&ntilde;ora de Loreto, <\/i>Madre de la Casa de Nazaret, esta peregrinaci&oacute;n m&iacute;a y nuestra, que es una gran <i>oraci&oacute;n <\/i>com&uacute;n <i>por la casa <\/i>del hombre de nuestra &eacute;poca: por la casa que prepara a los hijos de toda la tierra para la casa eterna del Padre en el cielo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PEREGRINACI&Oacute;N A LORETO Y ANCONA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Fiesta de la Natividad de la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a S&aacute;bado 8 de septiembre de 1979 &nbsp; 1. &quot;&iexcl;Tu nacimiento, Virgen Madre de Dios, ha anunciado la alegr&iacute;a a todo el mundo!&quot; Hoy es, pues, el d&iacute;a de este gozo. La Iglesia, el 8 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-septiembre-de-1979-visita-al-santuario-de-loreto\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab8 de septiembre de 1979, Visita al Santuario de Loreto\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39470","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39470","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39470"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39470\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39470"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39470"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39470"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}