{"id":39471,"date":"2016-10-05T22:52:23","date_gmt":"2016-10-06T03:52:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-septiembre-de-1979-exequias-del-cardenal-alberto-di-jorio\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:23","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:23","slug":"6-de-septiembre-de-1979-exequias-del-cardenal-alberto-di-jorio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-septiembre-de-1979-exequias-del-cardenal-alberto-di-jorio\/","title":{"rendered":"6 de septiembre de 1979, Exequias del cardenal Alberto di Jorio"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">EXEQUIAS DEL CARDENAL ALBERTO DI JORIO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Jueves 6 de septiembre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Se&ntilde;ores cardenales, <br \/> venerables hermanos, <br \/> querid&iacute;simos hijos e hijas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Nos encontramos reunidos hoy para la celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica de los funerales del llorado cardenal Alberto di Jorio, llamado por Juan XXIII, de feliz memoria, a formar parte del Sacro Colegio desde 1958. Todo el arco de su larga vida estuvo al servicio del Se&ntilde;or v de la Iglesia. De modo especial entreg&oacute; gran parte de s&iacute; a esta Sede Apost&oacute;lica, por la que gast&oacute; sus mejores energ&iacute;as.<\/p>\n<p align=\"left\">Tenemos, por tanto, un deber de gratitud para con &eacute;l, que cumplimos una vez m&aacute;s hoy, aqu&iacute;, p&uacute;blicamente ante el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">Toda su existencia terrena se puede sintetizar en torno a estas tres caracter&iacute;sticas: fue un buen sacerdote, administrador diligente, bienhechor generoso. De la primera es &iacute;ndice la m&uacute;ltiple actividad del sagrado ministerio, que ejerci&oacute; desde los primeros a&ntilde;os de presbiterado; prueba de la segunda son los varios decenios de servicio, tanto al Vicariato de Roma, como a la Santa Sede; documentos elocuentes de la tercera son las varias iniciativas de promoci&oacute;n social, cultural y eclesial. Se trata de cualidades buenas y de obras buenas, que el Se&ntilde;or ciertamente aprecia, tal como alab&oacute;, aunque sea en t&eacute;rminos de par&aacute;bola, al siervo bueno y fiel, que hab&iacute;a hecho fructificar ampliamente los talentos recibidos, no guard&aacute;ndolos para &eacute;l, sino devolvi&eacute;ndolos multiplicados a su se&ntilde;or (cf. <i>Mt <\/i>25, 14-21). Pues bien, la recompensa por un servicio tan prolongado, fiel y fecundo, no puede menos de d&aacute;rsela el Se&ntilde;or mismo, y nosotros estamos aqu&iacute; precisamente para implor&aacute;rsela grande y beatificante.<\/p>\n<p align=\"left\">La liturgia misma nos orienta a esta finalidad, y enriquece a&uacute;n m&aacute;s nuestra meditaci&oacute;n mediante las lecturas b&iacute;blicas que acabamos de escuchar. Las tres est&aacute;n centradas en el tema de la comuni&oacute;n con Dios, que comienza ya en esta vida, mediante la redenci&oacute;n que nos ha proporcionado Cristo, y florece despu&eacute;s en la vida futura, sin ocaso, m&aacute;s all&aacute; de la historia.<\/p>\n<p align=\"left\">En el Evangelio de Juan, Jes&uacute;s afirma solemnemente que es voluntad expl&iacute;cita del Padre celeste &quot;que todo el que ve al Hijo y cree en El tenga la vida eterna&quot; (6, 4). Pero en el sentido de San Juan, la &quot;vida eterna&quot; no est&aacute; reservada s&oacute;lo al futuro del m&aacute;s all&aacute;, sino que se realiza ya desde ahora en la adhesi&oacute;n de fe al Logos divino, encarnado en este mundo, de manera que en lo &iacute;ntimo de nuestra existencia hist&oacute;rica, tan densa de compromisos, de actividades, de preocupaciones, se convierte en principio secreto, pero din&aacute;mico, de fermentaci&oacute;n y transformaci&oacute;n de todo nuestro ser y obrar. Este es el principio cristiano y sacerdotal que dirigi&oacute; e inspir&oacute; ciertamente la existencia del eminente difunto y que debe estar en la base de la vida de cada uno de los bautizados.<\/p>\n<p align=\"left\">La posibilidad misma de esta maravillosa realidad viene del hecho de que, como anuncia San Pablo en la segunda lectura, &quot;siendo pecadores, muri&oacute; Cristo por nosotros&quot; (<i>Rom<\/i> 5, 8), alterando incluso las reglas humanas del hero&iacute;smo, que puede llevar a lo sumo &quot;a morir por un justo&quot; (<i>ib<\/i>., 5, 7). Lo que Cristo ha hecho en la cruz es, por una parte, motivo eficaz de nuestra salvaci&oacute;n y reconciliaci&oacute;n con Dios (cf. <i>ib.<\/i>, 5, 10), pero, por otra, debe convertirse tambi&eacute;n en est&iacute;mulo y par&aacute;metro de nuestro comportamiento cotidiano: dar la vida por los hombres, nuestros hermanos, y en particular por los m&aacute;s pobres, los menos considerados, esos que est&aacute;n marginados por c&aacute;lculos demasiado humanos. Y aqu&iacute; precisamente es donde, en definitiva, brilla la belleza del cristianismo, esto es, en un amor totalmente gratuito, privado de motivaciones aparentes, desinteresado y por lo tanto pur&iacute;simo. Este es el comportamiento del mismo Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Por estas premisas es por lo que tienen gran relieve las palabras de la primera lectura, tomada del libro de la Sabidur&iacute;a: &quot;Las almas de los justos est&aacute;n en las manos de Dios&#8230;; los fieles a su amor permanecer&aacute;n con El&quot; (3, 1. 9). El cristiano es <sup>&quot;<\/sup>justo<sup>&quot;<\/sup> no por fuerza propia y end&oacute;gena, sino por un libre y adorable don divino, pero que se convierte en inspirador y promotor de actividad, es decir, principio de caridad en la vida diaria. Y, de hecho, por aqu&iacute; se mide el ser &quot;fieles&quot; a Dios, porque ser fieles a su amor, en concreto s&oacute;lo es posible mediante nuestro amor. Y &iquest;qu&eacute; es la vida despu&eacute;s de la muerte, sino precisamente el triunfo definitivo de una comuni&oacute;n indestructible y rec&iacute;proca? Por esto &quot;permanecer&aacute;n con El en el amor&quot; los que ya en esta existencia hist&oacute;rica viven o han vivido conforme a esta meta suprema, que no est&aacute; s&oacute;lo cronol&oacute;gicamente al t&eacute;rmino de la carrera terrestre. sino que idealmente ya la sobrepasa, m&aacute;s a&uacute;n, informa desde dentro la totalidad de nuestras jornadas.<\/p>\n<p align=\"left\">Por esto recemos al Se&ntilde;or para que el alma del cardenal Alberto di Torio, rescatada por Cristo y gastada en favor de la Santa Iglesia en aras de la caridad, participe efectiva y totalmente de la luz, de la paz y del amor sin fin.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EXEQUIAS DEL CARDENAL ALBERTO DI JORIO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Jueves 6 de septiembre de 1979 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales, venerables hermanos, querid&iacute;simos hijos e hijas: Nos encontramos reunidos hoy para la celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica de los funerales del llorado cardenal Alberto di Jorio, llamado por Juan XXIII, de feliz &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-septiembre-de-1979-exequias-del-cardenal-alberto-di-jorio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de septiembre de 1979, Exequias del cardenal Alberto di Jorio\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39471","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39471","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39471"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39471\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39471"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39471"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39471"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}