{"id":39472,"date":"2016-10-05T22:52:24","date_gmt":"2016-10-06T03:52:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-la-clinica-regina-apostolorum-de-albano\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:24","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:24","slug":"3-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-la-clinica-regina-apostolorum-de-albano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-septiembre-de-1979-santa-misa-en-la-clinica-regina-apostolorum-de-albano\/","title":{"rendered":"3 de septiembre de 1979, Santa Misa en la cl\u00ednica \u00abRegina Apostolorum\u00bb de Albano"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font face=\"Times\" size=\"3\" color=\"#663300\"> SANTA MISA PARA LOS ENFERMOS DE LA CL&Iacute;NICA<br \/> &quot;REGINA APOSTOLORUM&quot; DE ALBANO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times\" size=\"3\"><font color=\"#663300\"><i>Lunes 3 de septiembre de 1979<\/i><\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Heme aqu&iacute; en medio de vosotras, hermanas querid&iacute;simas, a quienes la enfermedad con sus pruebas dur&iacute;simas reserva una m&aacute;s &iacute;ntima uni&oacute;n con Cristo que sufre. Os saludo con afecto paterno, os agradezco la invitaci&oacute;n que me hab&eacute;is hecho y sobre todo lo mucho que sab&eacute;is sufrir y ofrecer por la salvaci&oacute;n de tantas almas.<\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;Hoy se cumple esta escritura que acab&aacute;is de o&iacute;r&quot; (<i>Lc <\/i>4. 21).<\/p>\n<p align=\"left\">Con estas palabras divinas el Se&ntilde;or Jes&uacute;s, en la sinagoga de Nazaret, da <i>cumplimiento y realizaci&oacute;n <\/i>a las Escrituras y a la salvaci&oacute;n contenida en ellas.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n la exhortaci&oacute;n de San Pablo a los habitantes de Tesal&oacute;nica, que hemos escuchado en la primera lectura de esta sagrada liturgia, nos impulsa a considerar el tiempo de la <i>esperanza, <\/i>no como los paganos que no tienen este <i>consuelo <\/i>(<i>Tes<\/i> 4,<i> <\/i>13), sino como el tiempo de Dios, el <i>hoy <\/i>de Dios, esto es, el &quot;tiempo breve&quot; (cf. <i>1 Cor<\/i> 7,<i> <\/i>29), que nos est&aacute; reservado para realizar la salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta salvaci&oacute;n no consiste en una realidad abstracta, o en un sistema filos&oacute;fico, sino en una Persona: es Jes&uacute;s mismo, que ha sido enviado por el Padre para realizar la obra de la liberaci&oacute;n de cuantos son &quot;pobres&quot;, &quot;oprimidos&quot;, &quot;prisioneros&quot;, &quot;enfermos&quot;, seg&uacute;n el pasaje del profeta Isa&iacute;as proclamado ahora en el Evangelio (cf. <i>Lc<\/i> 4,<i> <\/i>18-19 e<i> Is <\/i>61, 1-2), superando para ello pruebas y rechazos en su patria y fuera de ella, y afrontando la pasi&oacute;n y la muerte.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Tiempo privilegiado de Dios es sobre todo aquel en el que escuchamos y acogemos con fe la palabra divina, que &quot;penetra hasta lo &iacute;ntimo&#8230; y discierne los pensamientos y las intenciones del coraz&oacute;n&quot; (<i>He <\/i>4, 12), <i>y <\/i>por lo tanto se encarna en nosotros; pero lo es igualmente el que se realiza en el signo sacramental, y sobre todo en la Eucarist&iacute;a, que nos disponemos a compartir juntos en esta santa Misa, en la que el tiempo de Dios se mide con el binomio inseparable de la muerte y la resurrecci&oacute;n. Efectivamente, en el sacrificio eucar&iacute;stico se realiza en nosotros, de manera admirable, el acontecimiento salv&iacute;fico, el tiempo de la salvaci&oacute;n que envuelve totalmente tanto la vida individual, como la comunitaria, de todos nosotros. En &eacute;l se verifica una conversi&oacute;n personal mediante la uni&oacute;n con Cristo v&iacute;ctima, y al mismo tiempo una conversi&oacute;n comunitaria, expresada en el intercambio del perd&oacute;n y de la paz entre los presentes.<\/p>\n<p align=\"left\">A este prop&oacute;sito, San Gregorio Magno, m&iacute; venerado predecesor, cuya memoria celebramos hoy, en algunos textos famosos, define muy bien estos dos momentos que se realizan en el sacrificio eucar&iacute;stico. Afirma el gran doctor de la Iglesia: &quot;Cristo ser&aacute; verdaderamente para nosotros hostia de reconciliaci&oacute;n con Dios, si procuramos convertirnos en hostias nosotros mismos&quot;; y respecto a la dimensi&oacute;n comunitaria que en la santa Misa nos hace pedir y otorgar el perd&oacute;n y nos reconcilia con los hermanos, dice: &quot;Dios no recibe nuestra ofrenda, si no se quita antes la discordia del coraz&oacute;n&quot; (cf. <i>Di&aacute;logos, <\/i>cap. 58 y 60).<\/p>\n<p align=\"left\">3. He aqu&iacute;, querid&iacute;simas hermanas, algunas reflexiones sencillas sobre los tiempos y sus modos de salvaci&oacute;n, que nos ofrecen las lecturas de los pasajes b&iacute;blicos de esta Misa. Continuad comprometi&eacute;ndoos en una realizaci&oacute;n cada vez m&aacute;s consciente de estos grandes temas de nuestra fe. En los momentos en que pod&aacute;is sentir la debilidad humana, que lleva consigo la enfermedad, acordaos de la experiencia maravillosa de San Pablo que, atormentado por su &quot;aguij&oacute;n de la carne&quot;, fue confortado por el Se&ntilde;or con estas palabras: &quot;Te basta mi gracia, que en la flaqueza llega al colmo el poder&quot; <i>(2 Cor <\/i>12, 9).<\/p>\n<p align=\"left\">Por mi parte, os aseguro que, si cuento mucho con el apoyo espiritual de todos los enfermos, conf&iacute;o mucho m&aacute;s en vosotras, en vuestras oraciones, en el valor de vuestros sufrimientos, porque vosotras un&iacute;s al carisma de la vocaci&oacute;n de una vida totalmente consagrada a Dios la riqueza inigualable de vuestra enfermedad, de modo que cada una de vosotras puede decir verdaderamente: <i>Adimpleo. <\/i>Por esto os pido: continuad ayudando de este modo a la Iglesia; edific&aacute;ndola con vuestros sacrificios ocultos, con vuestra cooperaci&oacute;n misteriosa y dolorosa; continuad ayudando a la humanidad para que logre esa salud interior, que es sin&oacute;nimo de serenidad y de paz del alma, sin la cual nada valdr&iacute;an la salud f&iacute;sica y cualquier otro bienestar terreno.<\/p>\n<p align=\"left\">Os asista en este esfuerzo com&uacute;n la Virgen Sant&iacute;sima a la que invoc&aacute;is con el t&iacute;tulo de &quot;Reina de los Ap&oacute;stoles&quot;, y aletee siempre sobre vosotras el bendito esp&iacute;ritu de vuestro venerado fundador don Giacomo Alberione, de cuyo coraz&oacute;n apost&oacute;lico brot&oacute; este providencial sanatorio y casa de cristiana asistencia. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA LOS ENFERMOS DE LA CL&Iacute;NICA &quot;REGINA APOSTOLORUM&quot; DE ALBANO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Lunes 3 de septiembre de 1979 &nbsp; Heme aqu&iacute; en medio de vosotras, hermanas querid&iacute;simas, a quienes la enfermedad con sus pruebas dur&iacute;simas reserva una m&aacute;s &iacute;ntima uni&oacute;n con Cristo que sufre. 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