{"id":39476,"date":"2016-10-05T22:52:30","date_gmt":"2016-10-06T03:52:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-agosto-de-1979-santa-misa-en-belluno\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:30","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:30","slug":"26-de-agosto-de-1979-santa-misa-en-belluno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-agosto-de-1979-santa-misa-en-belluno\/","title":{"rendered":"26 de agosto de 1979, Santa Misa en Belluno"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_veneto.html\">VISITA PASTORAL A V&Eacute;NETO<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"4\">SANTA MISA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\">Belluno<br \/> Domingo 26 de agosto de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Venerables hermanos obispos, y vosotros, sacerdotes y fieles de ]as Iglesias de Belluno y del V&eacute;neto:<\/p>\n<p align=\"left\">1. No pod&iacute;a faltar, despu&eacute;s de la visita al pueblo natal de mi amado predecesor Juan Pablo I, una parada, aunque necesariamente breve, en la ciudad que lo vio joven seminarista en el seminario Gregoriano local, y despu&eacute;s celoso sacerdote, lleno de amor a Jes&uacute;s Se&ntilde;or y a las almas. La presente celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica es por tanto, un renovado homenaje a la memoria bendita de este Papa, cuya grandeza dir&iacute;a que es proporcionalmente inversa a la duraci&oacute;n de su ministerio en la sede de Pedro; y es, al mismo tiempo, un signo especial de reverencia y consideraci&oacute;n hacia las ilustres di&oacute;cesis de Belluno y Feltre, tan queridas para &eacute;l.<\/p>\n<p align=\"left\">Al saludar a cada uno de vosotros aqu&iacute; presentes \u2014autoridades eclesi&aacute;sticas y civiles, p&aacute;rrocos, religiosos, religiosas y laicos\u2014 mi mirada se alarga y se extiende a toda la tierra v&eacute;neta, tierra antigua, noble y fecunda, en la que no es raro encontrar de nuevo, &quot;historia teste&quot;, en el curso de los siglos, una floraci&oacute;n de almas ardientes y generosas, entre las cuales se puede contar con pleno derecho, y no la &uacute;ltima, la figura del Papa Luciani.<\/p>\n<p align=\"left\">2; Pero permitidme, a fin de encuadrar mejor nuestra asamblea lit&uacute;rgica y de darle la necesaria referencia o fundamento que es la Palabra de Dios, permitidme volver a tomar <i>el importante texto evang&eacute;lico<\/i> que acabamos de escuchar. Como sab&eacute;is, ya desde hace algunas semanas, en los domingos de este per&iacute;odo <i> per annum<\/i>, la Iglesia, con sabia pedagog&iacute;a, nos hace leer y meditar el gran discurso que tuvo Jes&uacute;s en la sinagoga de Cafarna&uacute;n, para presentar &quot;el pan de vida&quot; y para presentarse a s&iacute; mismo como pan de vida. Tambi&eacute;n hoy se nos propone un pasaje, el final (cf. <i>Jn<\/i> 6, 60-69), en el que las repetidas y solemnes proposiciones del Se&ntilde;or requieren, por parte nuestra, una respuesta decidida de fe, corno la requirieron entonces por parte de los disc&iacute;pulos. Recordad lo que le&iacute;mos el domingo pasado: &quot;El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna y yo le resucitar&eacute; el &uacute;ltimo d&iacute;a&quot;. &quot;El que come mi carne y bebe mi sangre est&aacute; en m&iacute; y yo en &eacute;l&quot; (<i>ib.<\/i>, 54. 56). Son afirmaciones de alt&iacute;simo contenido espiritual que ciertamente no se comprenden ni se explican con el metro de la raz&oacute;n humana: en efecto, trascienden los l&iacute;mites de la existencia terrena; nos hablan de vida eterna y de resurrecci&oacute;n; miran hacia una relaci&oacute;n misteriosa entre Cristo y el creyente, que se configura como compenetraci&oacute;n rec&iacute;proca de pensamiento, de sentimiento y de vida. Ahora, &iquest;de qu&eacute; modo podemos sintonizar con un discurso de tanta altura? &quot;Muchos de sus disc&iacute;pulos \u2014leemos en el Evangelio de hoy\u2014 dijeron: &iexcl;Duras son estas palabras! &iquest;Qui&eacute;n puede o&iacute;rlas?&quot;(<i>ib.<\/i>, 60).<\/p>\n<p align=\"left\">Se nos presenta, pues, la actitud humana, terrena, como la sugiere el simple raciocinio, ante las perspectivas abiertas por la palabra de Jes&uacute;s. Pero he aqu&iacute; que viene sobre nosotros la certeza, porque El mismo asegura: &quot;Las palabras que yo os he hablado son esp&iacute;ritu y son vida&quot; (<i>ib.<\/i>, 63). Y he aqu&iacute; ante la ineludible alternativa de aceptar o rechazar estas palabras suyas, la respuesta ejemplar y para nosotros corroborante que dio Pedro: la suya es una profesi&oacute;n de fe magistral: &quot;Se&ntilde;or, &iquest;a qui&eacute;n ir&iacute;amos? T&uacute; tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos cre&iacute;do y sabemos que t&uacute; eres el Santo de Dios&quot; <i>(ib.<\/i>, 69).<\/p>\n<p align=\"left\">Permitidme, hermanos e hijos querid&iacute;simos, poner de relieve en este momento la felicidad, la conveniencia y sinton&iacute;a de esta p&aacute;gina evang&eacute;lica en orden a la circunstancia que encuentra hoy reunidos al Papa y a los fieles de una porci&oacute;n elegida del Pueblo de Dios. He venido de Roma para honrar a mi insigne predecesor, poni&eacute;ndome en compa&ntilde;&iacute;a espiritual con &eacute;l para recorrer de nuevo las fases de su formaci&oacute;n moral, sacerdotal y pastoral, y he encontrado, mejor, hemos encontrado juntos sobre nuestros pasos este texto en el que el mismo Pedro, primer Vicario de Cristo, ense&ntilde;a a sus sucesores cu&aacute;l debe ser la l&iacute;nea a seguir para no faltar al deber apost&oacute;lico, para no desviarse del camino recto, para responder menos indignamente al designio redentor de Cristo, pastor supremo de la grey. <i>Esta l&iacute;nea es la fe<\/i>: fe cierta, plena, inquebrantable en la Palabra de Cristo y en la Persona de Cristo: fe como se manifest&oacute; en Cesarea de Filipo, cuando es Pedro quien, superando las opiniones limitadas y err&oacute;neas de los hombres, reconoce en Jes&uacute;s &quot;al Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot; (cf. <i>Mt<\/i> 16, 16); fe cual se manifiesta en la lectura de hoy, cuando es Pedro quien una vez m&aacute;s confiesa la validez trascendente &quot;para la vida eterna&quot; de las palabras mismas de Cristo. Se trata de una doble y espl&eacute;ndida profesi&oacute;n de fe, que \u2014como observa San Le&oacute;n Magno\u2014 la repite cada d&iacute;a Pedro en toda la Iglesia (cf. <i>Sermo<\/i> III. 3; <i>PL<\/i> 54, 146). Por esto, esta lecci&oacute;n vale ante todo para m&iacute; y para el formidable ministerio que ha venido a gravitar sobre mis hombros despu&eacute;s de la repentina y dolorosa muerte del inolvidable paisano vuestro Juan Pablo I.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Pero la aludida oportunidad o conveniencia de este Evangelio es clara tambi&eacute;n para vosotros, que me est&aacute;is escuchando ahora. El tema de la fe de Pedro, esto es, de la fe aut&eacute;ntica y segura, se aplica muy bien, por su ejemplaridad, a los herederos de una tradici&oacute;n religiosa que, en el contexto m&aacute;s amplio de la tradici&oacute;n italiana, se distingue por la solidez, por la coherencia, por la capacidad de incidir sobre las sanas costumbres morales. Hablo de vuestra fe, hermanos de la regi&oacute;n de Belluno, una fe que refleja y confirma y da con exactitud la imagen de la fe de la poblaci&oacute;n v&eacute;neta y, m&aacute;s en general, la fisonom&iacute;a cristiana de Italia. &iquest;Qu&eacute; herencia m&aacute;s preciosa; qu&eacute; tesoro m&aacute;s querido podr&iacute;a recomendaros el Papa que ha venido a visitaros? Por la gracia de Dios y \u2014es justo reconocerlo\u2014 por la incansable dedicaci&oacute;n de tantos pastores, este patrimonio est&aacute; todav&iacute;a sustancialmente intacto: la fe que vuestros padres os transmitieron como l&aacute;mpara luminosa, est&aacute; viva y ardiente; pero con todo, es necesario vigilar y vigilar constantemente (&iquest;record&aacute;is la par&aacute;bola de las diez v&iacute;rgenes? cf. <i>Mt<\/i> 25, 1-13), es necesario vigilar y orar (cf. <i>Mt<\/i> 26, 41; <i>Mc<\/i> 14, 34. 38; <i>Lc<\/i> 12, 35-40), para que esta l&aacute;mpara no se apague jam&aacute;s, sino que resista a los vientos y tempestades, brille con intensidad mayor y con m&aacute;s amplio poder de irradiaci&oacute;n, y est&eacute; abierta a la comprensi&oacute;n y a la conquista. Hoy hay verdadera necesidad de una fe madura, s&oacute;lida, valiente frente a las incertidumbres que vienen de algunos hermanos, como los que piensan que Italia es una tierra que ahora ya se est&aacute; alejando de las tradiciones cristianas, para entrar en la era llamada pos-cristiana. &iexcl;No, hermanos! &iexcl;Yo s&eacute; que no es as&iacute;, y vosotros mismos me respond&eacute;is ahora \u2014me hab&eacute;is respondido ya con vuestra acogida emocionante desde esta ma&ntilde;ana\u2014que no es as&iacute;! Por el conocimiento que tengo de Italia y de los italianos, desde hace muchos a&ntilde;os, por la experiencia m&aacute;s directa que he adquirido cada d&iacute;a en estos meses de mi servicio pontificio yo s&eacute; que no es as&iacute;; a pesar de las insidias crecientes y de los peligros mayores, el rostro aut&eacute;ntico de la naci&oacute;n es cristiano, iluminado, como est&aacute;, por la luz de Cristo y de su Evangelio. De todo esto, por lo dem&aacute;s, ofrece una confirmaci&oacute;n indudable la vitalidad que demuestra poseer la misma Italia por cuanto se refiere a la causa de las misiones: la Iglesia italiana \u2014y estoy muy contento de afirmarlo a t&iacute;tulo de complacencia y alabanza\u2014 es fuertemente misionera y, en proporci&oacute;n, esto es, teniendo en cuenta las condiciones econ&oacute;micas de los pa&iacute;ses privilegiados, es la primera en la escala de las ayudas suministradas a las misiones. Y por encima de este dato externo est&aacute; la realidad, mucho m&aacute;s importante, de los misioneros \u2014sacerdotes, religiosos, religiosas, personal laico especializado\u2014 que, en porcentaje elevad&iacute;simo, ofrece Italia, y particularmente el V&eacute;neto, para la expansi&oacute;n del reino de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Al llegar aqu&iacute;, el tema de la fe que hay que \u2014custodiar, profundizar, difundir\u2014 me lleva casi naturalmente a dirigirme a los j&oacute;venes. Sab&eacute;is que en los encuentros y en las audiencias p&uacute;blicas nunca dejo de hablarles, y lo hago no s&oacute;lo por la obvia y, se dir&iacute;a interesada raz&oacute;n que supone la misma edad al reservarles el porvenir y al convertirlos, a corto plazo, en protagonistas de los acontecimientos, sino tambi&eacute;n y sobre todo por las dotes peculiares que son propias de la juventud: el entusiasmo y la generosidad, la. lealtad y viveza, el sentido de la justicia, la pronta disponibilidad para servir a los hermanos en tantas formas de asistencia y caridad, la repulsa de los t&eacute;rminos medios, el desprecio de los c&aacute;lculos mezquinos, la repugnancia por cualquier forma de hipocres&iacute;a, y yo deseo tambi&eacute;n el rechazo de cualquier forma de intolerancia y de violencia.<\/p>\n<p align=\"left\">Os dir&eacute;, pues, j&oacute;venes que me escuch&aacute;is, que la Iglesia desde siempre, pero hoy m&aacute;s a&uacute;n que en el pasado, cuenta con vosotros, tiene confianza en vosotros, espera mucho de vosotros en orden al cumplimiento de su misi&oacute;n salv&iacute;fica en el mundo. Por esto, acoged con coraz&oacute;n abierto esta reiterada llamada m&iacute;a, que suena a invitaci&oacute;n para entrar animosamente en la din&aacute;mica de la acci&oacute;n eclesial. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de la Iglesia sin vosotros? Por eso conf&iacute;a tanto en vosotros. Nos confortan las promesas formales de Cristo, que ha garantizado a la Iglesia su presencia y asistencia ininterrumpidas (cf. <i>Mt<\/i> 28, 20; 16, 18); pero no nos eximen del deber permanente de acompa&ntilde;ar esta certeza superior con nuestra actividad diligente y asidua. Y precisamente aqu&iacute; es donde encuentra su puesto mi llamada insistente a vosotros, j&oacute;venes, que tendr&aacute; \u2014lo deseo de todo coraz&oacute;n\u2014 una respuesta pronta y positiva por parte vuestra.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Deseo a&ntilde;adir a&uacute;n una palabra, sac&aacute;ndola de la documentaci&oacute;n que me ha enviado vuestro obispo acerca de la vida pastoral en la di&oacute;cesis de Belluno y Feltre. Mientras dirijo un saludo especial a esta ciudad, con la pena de no haberla podido visitar, expreso viva satisfacci&oacute;n por cuanto se est&aacute; haciendo en ambas comunidades para la formaci&oacute;n de las nuevas generaciones, para el desarrollo de la actividad catequ&iacute;stica, para el incremento de las vocaciones sagradas. Pienso, especialmente, en la pr&oacute;xima visita pastoral y en las &quot;misiones populares&quot;, que, seg&uacute;n una praxis bien probada, ser&aacute;n su preparaci&oacute;n. Puedan estas misiones, confiadas a sacerdotes celosos, y expertos, llegar a todas las familias y grupos asociados, llev&aacute;ndoles \u2014como es el deseo del Pastor\u2014 al descubrimiento de Cristo redentor del hombre y al compromiso consiguiente de dar testimonio de El en el mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">Pienso tambi&eacute;n, hermanos, en los problemas sociales de vuestra regi&oacute;n, que, por su misma configuraci&oacute;n, dispone de escasos recursos y conoce, no s&oacute;lo hoy, por desgracia, las privaciones y sacrificios de la pobreza. Con cu&aacute;nta emoci&oacute;n fue acogida la noticia, que refer&iacute;an los diarios, del &eacute;xodo anual de Italia, por motivos de trabajo, del padre del peque&ntilde;o Albino Luciani, y tambi&eacute;n la de las dolorosas vicisitudes provocadas no s&oacute;lo en su familia, sino en su pueblo natal y en toda la zona circundante al sobrevenir la guerra mundial de 1915-18. Si este flagelo parece ahora afortunadamente lejano, permanecen sin embargo otras realidades dolorosas, como la pobreza de la tierra, las calamidades de diverso g&eacute;nero (recuerdo solamente el desastre del Vaiont y el terremoto que afect&oacute; hace algunos a&ntilde;os al territorio de las buenas poblaciones del Friuli), la inminente amenaza de la desocupaci&oacute;n o la incertidumbre del puesto de trabajo, la persistente y siempre triste necesidad de la emigraci&oacute;n, tanto permanente como en determinadas estaciones.<\/p>\n<p align=\"left\">Vuestra tierra, queridos fieles, es verdaderamente una tierra templada por el sacrificio, y yo tengo el deber de reconocer y de se&ntilde;alar como ejemplo, junto al fervor de vuestra fe y el apego a las tradiciones locales, el conjunto de virtudes humanas y civiles que pose&eacute;is. &iquest;Qui&eacute;n no sabe que la guerra de hace 60 a&ntilde;os ha dejado entre vosotros huellas profundas y causado grandes sufrimientos? Sin embargo, esto ha robustecido y desarrollado en medio de vosotros el sentimiento patri&oacute;tico y el v&iacute;nculo de solidaridad nacional. Tambi&eacute;n quiero exaltar estos valores porque, lo mismo que definen el perfil de un pueblo, as&iacute; tambi&eacute;n se armonizan sin contradicci&oacute;n de ninguna clase con la genuina espiritualidad religiosa. Pero me apremia todav&iacute;a m&aacute;s \u2014y me parece unir de este modo mi voz a la voz tan c&aacute;lida y persuasiva y para vosotros tan familiar del Papa Luciani\u2014 dejaros como recuerdo de la visita una exhortaci&oacute;n especial a la fortaleza, que es a un tiempo alta cualidad humana y t&iacute;pica virtud cristiana. &iexcl;Sed fuertes en la fe, fuertes en la laboriosidad, fuertes en el esp&iacute;ritu de sacrificio! Este ser&aacute; el modo m&aacute;s adecuado y digno de honrar, con los hechos, la amable figura de vuestro y nuestro Juan Pablo I.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>(Palabras en alem&aacute;n)<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Dirijo un saludo particular desde aqu&iacute; a los fieles de lengua alemana que se encuentran entre la poblaci&oacute;n de estos maravillosos valles y monta&ntilde;as. Tambi&eacute;n quiero saludar a los turistas de los pa&iacute;ses cercanos, que en este periodo pasan aqu&iacute; sus vacaciones y se hallan presentes en los distintos lugares de mi visita de hoy a la patria del Papa Juan Pablo I.<\/p>\n<p align=\"left\">Encomiendo a la maternal protecci&oacute;n de Mar&iacute;a los m&uacute;ltiples contactos entre los hombres, por encima de toda frontera, raza y naci&oacute;n, los cuales precisamente en esta regi&oacute;n son tan numerosos y se demuestran fruct&iacute;feros. &iexcl;Continuad profundizando y reforzando de este modo la mutua comprensi&oacute;n y la convivencia pac&iacute;fica entre los diversos grupos &eacute;tnicos y entre los pueblos! Mar&iacute;a, la Madre de la Iglesia, es al mismo tiempo tambi&eacute;n la Reina de la Paz.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Mar&iacute;a, Reina de la Iglesia y Reina de la Paz, ruega por nosotros!<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A V&Eacute;NETO SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Belluno Domingo 26 de agosto de 1979 &nbsp; Venerables hermanos obispos, y vosotros, sacerdotes y fieles de ]as Iglesias de Belluno y del V&eacute;neto: 1. No pod&iacute;a faltar, despu&eacute;s de la visita al pueblo natal de mi amado predecesor Juan Pablo I, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-agosto-de-1979-santa-misa-en-belluno\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab26 de agosto de 1979, Santa Misa en Belluno\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39476","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39476","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39476"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39476\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39476"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39476"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39476"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}