{"id":39478,"date":"2016-10-05T22:52:33","date_gmt":"2016-10-06T03:52:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-miembros-del-opus-dei\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:33","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:33","slug":"19-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-miembros-del-opus-dei","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-miembros-del-opus-dei\/","title":{"rendered":"19 de agosto de 1979, Santa Misa para miembros del Opus Dei"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA EL OPUS DEI <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Castelgandolfo <br \/> Domingo 19 de agosto de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Querid&iacute;simos j&oacute;venes universitarios y profesores del &quot;Opus Dei&quot;:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Hab&eacute;is querido encontraros con el Papa en torno a la Mesa Eucar&iacute;stica, mientras os hall&aacute;is en Roma, provenientes de diversos Ateneos de Italia, para participar en cursos de actualizaci&oacute;n doctrinal y de formaci&oacute;n espiritual. Y os agradezco este testimonio de fe y amor a la Eucarist&iacute;a y al Papa, Vicario de Cristo en la tierra.<\/p>\n<p align=\"left\">Vuestra instituci&oacute;n tiene como finalidad la santificaci&oacute;n de la vida permaneciendo en el mundo, en el propio puesto de trabajo y de profesi&oacute;n: vivir el Evangelio en el mundo, viviendo ciertamente inmersos en el mundo, pero para transformarlo y redimirlo con el propio amor a Cristo. Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los comienzos se ha anticipado a esa teolog&iacute;a del laicado, que caracteriz&oacute; despu&eacute;s a la Iglesia del Concilio y del postconcilio.<\/p>\n<p align=\"left\">En efecto, este es el mensaje y la espiritualidad del &quot;Opus Dei&quot;: vivir unidos a Dios en el mundo, en cualquier situaci&oacute;n, tratando de mejorarse a s&iacute; mismos con la ayuda de la gracia y dando a conocer a Jesucristo con el testimonio de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Y &iquest;qu&eacute; hay m&aacute;s bello y m&aacute;s entusiasmante que este ideal? Vosotros, insertos y mezclados en esta humanidad alegre y dolorosa, quer&eacute;is amarla, iluminarla, salvarla: &iexcl;benditos se&aacute;is y siempre animosos en este vuestro intento!<\/p>\n<p align=\"left\">Os saludo desde lo m&aacute;s &iacute;ntimo de mi coraz&oacute;n, recordando la profunda y conmovedora exhortaci&oacute;n que San Pablo escrib&iacute;a a los Efesios: &quot;Llenaos del Esp&iacute;ritu, hablando entre vosotros con salmos, himnos y c&aacute;nticos espirituales, cantando y salmodiando al Se&ntilde;or en vuestros corazones, dando siempre gracias por todas las cosas a Dios Padre en nombre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>Ef<\/i> 5, 19-20).<\/p>\n<p align=\"left\">Nosotros precisamente queremos entretenernos aqu&iacute;, en oraci&oacute;n con Cristo, en Cristo y por Cristo: queremos gozar de la alegr&iacute;a que proviene de la verdad; queremos alabar juntos al Se&ntilde;or, que en el inmenso misterio de su amor no s&oacute;lo ha querido encarnarse, sino que ha querido permanecer con nosotros en la Eucarist&iacute;a. Efectivamente, la liturgia de hoy est&aacute; toda centrada en este supremo misterio, y el mismo Jes&uacute;s es el Maestro divino que nos ense&ntilde;a c&oacute;mo debemos entender y vivir este sublime e incomparable sacramento.<\/p>\n<p align=\"left\">1. <i>Ante todo, Jes&uacute;s afirma que la Eucarist&iacute;a es una realidad misteriosa, pero aut&eacute;ntica.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s, en la Sinagoga de Cafarna&uacute;n, afirma claramente: &quot;Yo soy el pan bajado del cielo&#8230; El pan que yo dar&eacute; es mi carne, vida del mundo&#8230; Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida&#8230; Este es el pan bajado del cielo; no como el pan que comieron los<b> <\/b>padres <b>y <\/b>murieron&quot; (cf. <i>Jn<\/i> c. 6).<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s dice precisamente: &quot;carne&quot; y &quot;sangre&quot;, &quot;comer&quot; <b>y <\/b>&quot;beber&quot;, aun sabiendo que chocaba con la sensibilidad y la mentalidad de los jud&iacute;os. Es decir, Jes&uacute;s habla de su Persona real, toda entera, no simb&oacute;lica, y hace entender que la suya es una ofrenda &quot;sacrificial&quot;, que se realizar&aacute; por vez primera en la &quot;Ultima Cena&quot;, anticipando m&iacute;sticamente el sacrificio de la cruz<i>, <\/i>y ser&aacute; transmitido a todos los siglos mediante la Santa Misa. Es un misterio de fe, ante el cual no podernos m&aacute;s que arrodillarnos en adoraci&oacute;n, en silencio, en admiraci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">La Imitaci&oacute;n de Cristo nos pone en guardia ante la investigaci&oacute;n curiosa e in&uacute;til, que incluso puede ser peligrosa, de este sacramento insondable: <i>Qui scrutator est maiestatis, opprimetur a gloria<\/i>&quot; (Libro IV, cap. XVIII, 1).<\/p>\n<p align=\"left\">Pablo VI, de venerada memoria, en el &quot;Credo del Pueblo de Dios&quot;, haciendo una s&iacute;ntesis de la doctrina espec&iacute;fica del Concilio de Trento y de su Enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium_sp.html\">Mysterium fidei<\/a>, <\/i>dijo: &laquo;En este sacramento, Cristo no puede hacerse presente de otra manera que por la conversi&oacute;n de toda la sustancia del pan en su cuerpo y la conversi&oacute;n de toda la sustancia del vino en su sangre, permaneciendo solamente &iacute;ntegras las propiedades del pan y del vino, que percibimos con nuestros sentidos. La cual conversi&oacute;n misteriosa es llamada por la Santa Iglesia conveniente y propiamente &quot;transustanciaci&oacute;n&quot; &raquo;<i>(Insegnamenti di Paulo <\/i>VI, vol. VI, 1968, <i>p&aacute;g. <\/i>508).<\/p>\n<p align=\"left\">Todos los Padres de la Iglesia han afirmado siempre la realidad de la Presencia divina; recordemos s&oacute;lo al fil&oacute;sofo Justino que, en la &quot;Apolog&iacute;a&quot; exhorta a la adoraci&oacute;n humilde y gozosa: &laquo;Terminadas las oraciones y la acci&oacute;n de gracias, todo el pueblo presente aclama diciendo: &iexcl;Am&eacute;n! &quot;Am&eacute;n&quot; en hebreo quiere decir &quot;as&iacute; sea&quot;&#8230; Porque no tomamos estas cosas como pan com&uacute;n y bebida ordinaria, sino que, a la manera que Jesucristo, nuestro Salvador hecho carne por virtud de la Palabra de Dios, tuvo carne y sangre por nuestra salvaci&oacute;n; as&iacute; se nos ha ense&ntilde;ado que por virtud de la oraci&oacute;n ,al Verbo que de Dios procede, el alimento sobre el que fue dicha la acci&oacute;n de gracias \u2014alimento de que, por transformaci&oacute;n, se nutren nuestra sangre y nuestra carne\u2014 es la carne y la sangre de Aquel mismo Jes&uacute;s encarnado&raquo; <i>(Primera Apolog&iacute;a, <\/i>65-67).<\/p>\n<p align=\"left\">Por tanto os digo: sed adoradores convencidos de la Eucarist&iacute;a, con pleno respeto de las normas lit&uacute;rgicas, con seriedad devota y consciente, que nada quita a la familiaridad y a la ternura.<\/p>\n<p align=\"left\">2. <i>Jes&uacute;s afirma luego que la Eucarist&iacute;a es una realidad salv&iacute;fica:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s, continuando su discurso sobre el &quot;Pan de vida&quot;, a&ntilde;ade: &quot;Si alguno come de este pan, vivir&aacute; para siempre&#8230; Si no com&eacute;is la carne del Hijo del hombre y no beb&eacute;is su sangre, no tendr&eacute;is vida en vosotros&#8230; El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitar&eacute; el &uacute;ltimo d&iacute;a&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">En este contexto Jes&uacute;s habla de &quot;vida eterna&quot;, de &quot;resurrecci&oacute;n gloriosa&quot;, del &quot;&uacute;ltimo d&iacute;a&quot;. &iexcl;No es que Jes&uacute;s olvide o desprecie la vida terrena; todo lo contrario! Jes&uacute;s mismo habla de los talentos que cada uno debe negociar y se complace en las obras de los hombres para la liberaci&oacute;n progresiva de las diversas esclavitudes y opresiones y para el mejoramiento de la existencia humana. Pero no es necesario caer en el equ&iacute;voco de la inmanencia hist&oacute;rica y terrena; es necesario pasar a trav&eacute;s de la historia para alcanzar la vida eterna y gloriosa: paso fatigoso, dif&iacute;cil, ambiguo, porque debe ser meritorio. Jes&uacute;s, pues, est&aacute; vivo, presente en nuestro camino cotidiano, para ayudarnos a realizar nuestro verdadero destino, inmortal y feliz.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Sin Cristo es inevitable extraviarse, confundirse, incluso desesperarse! Lo hab&iacute;a intuido con claridad l&uacute;cida Dante Alighieri, hombre de mundo y de fe, genio de la poes&iacute;a y experto en teolog&iacute;a, cuando en la par&aacute;frasis del &quot;Padre nuestro&quot;, rezado por las almas del Purgatorio, ense&ntilde;&oacute; que en el &aacute;spero desierto de la vida, sin la uni&oacute;n &iacute;ntima con Jes&uacute;s, &quot;man&aacute;&quot; del Nuevo Testamento; &quot;Pan bajado del cielo&quot;, el hombre que quiere seguir adelante s&oacute;lo con sus fuerzas, en realidad va hacia atr&aacute;s:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Danos hoy el man&aacute; de cada d&iacute;a \/ sin el cual por este &aacute;spero desierto \/ va hacia atr&aacute;s quien m&aacute;s en caminar se afana&quot;.&nbsp; (<i>Purgatorio<\/i>, XI, 13-15).<\/p>\n<p align=\"left\">S&oacute;lo mediante la Eucarist&iacute;a es posible vivir las virtudes heroicas del cristianismo: la caridad hasta el perd&oacute;n de los enemigos, hasta el amor a quien nos hace sufrir, hasta el don de la propia vida por el pr&oacute;jimo; la castidad en cualquier edad y situaci&oacute;n de la vida; la paciencia, especialmente en el dolor y cuando se est&aacute; desconcertado por el silencio de Dios en los dramas de la historia o de la misma existencia propia. &iexcl;Por esto, sed siempre almas eucar&iacute;sticas, para poder ser cristianos aut&eacute;nticos!<\/p>\n<p align=\"left\"><i>3. Finalmente, Jes&uacute;s afirma adem&aacute;s que la Eucarist&iacute;a debe ser una realidad transformante.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Es la afirmaci&oacute;n m&aacute;s impresionante y comprometida: &quot;Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre est&aacute; en m&iacute; y yo en &eacute;l. As&iacute; como me envi&oacute; mi Padre vivo, <b>y <\/b>vivo yo por mi Padre, as&iacute; tambi&eacute;n el que me come vivir&aacute; por m&iacute;&quot;. &iexcl;Palabras serias! &iexcl;Palabras exigentes! La Eucarist&iacute;a es una transformaci&oacute;n, un compromiso de vida: &quot;&iexcl;Ya no vivo yo \u2014dec&iacute;a San Pablo\u2014, es Cristo quien vive en mil&quot; &iexcl;Es Cristo crucificado! <i>(G&aacute;l 2 <\/i>20; <i>1 Cor <\/i>2, 2)<i>. <\/i>Recibir la Eucarist&iacute;a significa transformarse en Cristo, permanecer en El, vivir para El! El cristiano, en el fondo, debe tener una sola preocupaci&oacute;n y una sola ambici&oacute;n: vivir para Cristo, tratando de imitarlo . en la obediencia suprema al Padre, en la aceptaci&oacute;n de la vida <b>y <\/b>de la historia, en. la total dedicaci&oacute;n a la caridad, en la bondad comprensiva y sin embargo austera. Por esto, la Eucarist&iacute;a se convierte en programa de vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Querid&iacute;simos:<\/p>\n<p align=\"left\">Al finalizar esta meditaci&oacute;n, os conf&iacute;o a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima: Ella, que durante 33 a&ntilde;os pudo gozar de la presencia visible de Jes&uacute;s <b>y <\/b>trat&oacute; a su divino Hijo con el m&aacute;ximo cuidado y delicadeza, os acompa&ntilde;e siempre a la Eucarist&iacute;a: os d&eacute; sus mismos sentimientos de adoraci&oacute;n y de amor.<\/p>\n<p align=\"left\">Despu&eacute;s de este m&iacute;stico y fraterno encuentro, volved a vuestro trabajo con prop&oacute;sito renovado de vivir intensamente vuestra espiritualidad:<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 sed en todas partes irradiadores de luz con la total y convencida ortodoxia de la doctrina cristiana y cat&oacute;lica, con humildad pero con valent&iacute;a, en la perfecta competencia de vuestra profesi&oacute;n;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 sed portadores de paz, con vuestro amor para con todos, hecho de comprensi&oacute;n, de respeto, de sensibilidad, de paciencia, pensando que cada hombre lleva en s&iacute; un dolor y un misterio;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 finalmente, sed sembradores de alegr&iacute;a con vuestra caridad concreta <b>y <\/b> vuestro sereno abandono en la Providencia, recordando lo que afablemente dijo Juan Pablo I, de venerada memoria: &quot;Sabemos que Dios tiene siempre los ojos fijos sobre nosotros, tambi&eacute;n cuando nos parezca que es de noche&quot; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_i\/angelus\/documents\/hf_jp-i_ang_10091978_sp.html\">10 de septiembre de 1978<\/a>).<\/p>\n<p align=\"left\">Os acompa&ntilde;e mi paterna y propicia bendici&oacute;n apost&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA EL OPUS DEI HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Castelgandolfo Domingo 19 de agosto de 1979 &nbsp; Querid&iacute;simos j&oacute;venes universitarios y profesores del &quot;Opus Dei&quot;: Hab&eacute;is querido encontraros con el Papa en torno a la Mesa Eucar&iacute;stica, mientras os hall&aacute;is en Roma, provenientes de diversos Ateneos de Italia, para participar en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-miembros-del-opus-dei\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab19 de agosto de 1979, Santa Misa para miembros del Opus Dei\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39478","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39478","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39478"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39478\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39478"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39478"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39478"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}