{"id":39480,"date":"2016-10-05T22:52:36","date_gmt":"2016-10-06T03:52:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-las-clarisas-de-albano\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:36","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:36","slug":"14-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-las-clarisas-de-albano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-las-clarisas-de-albano\/","title":{"rendered":"14 de agosto de 1979, Santa Misa para las clarisas de Albano"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA LAS CLARISAS DE ALBANO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Monasterio de las Clarisas, Albano<br \/> Martes 14 de agosto de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Querid&iacute;simas hermanas en el Se&ntilde;or:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Siento gran alegr&iacute;a y viva emoci&oacute;n al celebrar la santa Misa aqu&iacute;, con vosotras y para vosotras, que viv&iacute;s vuestra existencia contemplativa precisamente aqu&iacute;, cerca de mi residencia veraniega.<\/p>\n<p align=\"left\">Entre todas las personas a quienes el Papa ama y se acerca, vosotras sois ciertamente las m&aacute;s apreciadas, porque el Vicario de Cristo tiene suma necesidad vuestra ayuda espiritual y cuenta sobre todo con vosotras que, por vocaci&oacute;n divina, hab&eacute;is escogido &quot;la mejor parte&quot; (<i>Lc<\/i> 10, 42), esto es: el silencio, la oraci&oacute;n, la contemplaci&oacute;n, el amor exclusivo a Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Vosotras no hab&eacute;is abandonado el mundo para no tener sus preocupaciones, para no interesaros por los problemas afligen a la humanidad; al contrario, vosotras los llev&aacute;is todos en el coraz&oacute;n acompa&ntilde;&aacute;is a la humanidad en el atormentado escenario de la historia con vuestra oraci&oacute;n y con vuestro anhelo de perfecci&oacute;n y salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Por esta presencia vuestra, oculta pero aut&eacute;ntica, en la sociedad y mucho m&aacute;s en la Iglesia, tambi&eacute;n yo miro con confianza vuestras manos juntas y conf&iacute;o al ardor de vuestra caridad la misi&oacute;n apremiante del Supremo Pontificado.<\/p>\n<p align=\"left\">Me complace meditar con vosotras las ense&ntilde;anzas y los pensamientos que la liturgia de hoy hace brotar de la Palabra de Dios que hemos escuchado ahora mismo en el santo Evangelio.<\/p>\n<p align=\"left\">1. <i>Jes&uacute;s nos recuerda ante todo la realidad consoladora del reino de los cielos.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">La pregunta que los Ap&oacute;stoles dirigen a Jes&uacute;s es muy sintom&aacute;tica: &quot;&iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; el m&aacute;s grande en el reino de los cielos?&quot;<\/p>\n<p align=\"left\">Se ve que hab&iacute;an discutido entre ellos sobre cuestiones de precedencia, de carrera, de m&eacute;ritos, con una mentalidad todav&iacute;a terrena e interesada: quer&iacute;an saber qui&eacute;n ser&iacute;a el primero en ese reino del que hablaba siempre el Maestro.<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s aprovecha la ocasi&oacute;n para purificar el concepto err&oacute;neo que tienen los Ap&oacute;stoles y para llevarlos al contenido aut&eacute;ntico de su mensaje: el reino de los cielos es la verdad salv&iacute;fica que El ha revelado; es la &quot;gracia&quot;, o sea, la vida de Dios que El ha tra&iacute;do a la humanidad con la encarnaci&oacute;n y la redenci&oacute;n; es la Iglesia, su Cuerpo m&iacute;stico, el Pueblo de Dios que le ama y le sigue; es, finalmente, la gloria eterna del Para&iacute;so, a la que toda la humanidad est&aacute; llamada.<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s, al hablar del reino de los cielos, quiere ense&ntilde;arnos que la existencia humana s&oacute;lo tiene valor en la perspectiva de la verdad, de la gracia y de la gloria futura. Todo debe ser aceptado y vivido con amor y por amor en la realidad escatol&oacute;gica que El ha revelado: &quot;Vended vuestros bienes y dadlos en limosna; haceos bolsas que no se gastan, un tesoro inagotable en los cielos&#8230;&quot; (<i>Lc<\/i> 12, 33). &quot;Tened ce&ntilde;idos vuestros lomos y encendidas las l&aacute;mparas&quot; (<i>Lc<\/i> 12, 35).<\/p>\n<p align=\"left\">2. <i>Jes&uacute;s nos ense&ntilde;a el modo justo para entrar en el reino de los cielos.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Cuenta el evangelista San Mateo que &quot;Jes&uacute;s llamando a s&iacute; a un ni&ntilde;o, le puso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo, si no os volviereis y os hiciereis como ni&ntilde;os, no entrar&eacute;is en el reino de los cielos. Pues el que se humillare hasta hacerse como un ni&ntilde;o de &eacute;stos, &eacute;se ser&aacute; el m&aacute;s grande en el reino de los cielos&quot; (<i>Mt<\/i> 18, 2-4).<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es la respuesta desconcertante de Jes&uacute;s: &iexcl;la condici&oacute;n indispensable para entrar en el reino de los cielos es hacerse peque&ntilde;os y humildes como ni&ntilde;os!<\/p>\n<p align=\"left\">Est&aacute; claro que Jes&uacute;s no quiere obligar al cristiano a permanecer en una situaci&oacute;n de infantilismo perpetuo, de ignorancia satisfecha, de insensibilidad ante la problem&aacute;tica de los tiempos. Al contrario. Pero pone al ni&ntilde;o como modelo para entrar en el reino de los cielos non el valor simb&oacute;lico que el ni&ntilde;o encierra en s&iacute;:<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 ante todo, el ni&ntilde;o es inocente, y el primer requisito para entrar en el reino de los cielos es la vida de &quot;gracia&quot;, es decir, la inocencia conservada o recuperada, la exclusi&oacute;n de pecado, que siempre es un acto de orgullo y de ego&iacute;smo;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 en segundo lugar, el ni&ntilde;o viv&eacute; de fe y de confianza en sus padres y se abandona con disposici&oacute;n total a quienes le gu&iacute;an y le aman. As&iacute; el cristiano debe ser humilde y abandonarse con total confianza a Cristo y a la Iglesia. El gran peligro, el gran enemigo es siempre el orgullo, y Jes&uacute;s insiste en la virtud de la humildad, porque ante el Infinito no se puede menos de ser humildes; la humildad es verdad y es, adem&aacute;s, signo de inteligencia y fuente de serenidad;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 finalmente, el ni&ntilde;o se contenta con las peque&ntilde;as cosas que bastan para hacerle feliz: un peque&ntilde;o &eacute;xito, una buena nota merecida, una alabanza recibida le hacen exultar de alegr&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Para entrar en el reino de los cielos es preciso tener sentimientos grandes, inmensos, universales; pero es necesario saberse contentar con las peque&ntilde;as cosas, con las obligaciones mandadas por la obediencia, con la voluntad de Dios tal como se manifiesta en el instante que huye, con las alegr&iacute;as cotidianas que ofrece la Providencia; es necesario hacer de cada trabajo, aunque oculto y modesto, una obra maestra de amor y perfecci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Es necesario convertirse a la peque&ntilde;ez para entrar en el reino de los cielos! Recordemos !a intuici&oacute;n genial de Santa Teresa de Lisieux, cuando medit&oacute; el vers&iacute;culo de la Sagrada Escritura: &quot;El que es simple, venga ac&aacute;&quot; (<i>Prov<\/i> 9, 4). Descubri&oacute; que el sentido de la &quot;peque&ntilde;ez&quot; era como un ascensor que la llevar&iacute;a m&aacute;s de prisa y m&aacute;s f&aacute;cilmente a la cumbre de la santidad: &laquo;&iexcl;Tus brazos, oh Jes&uacute;s, son el ascensor que me debe elevar hasta el cielo! Por esto no tengo necesidad en absoluto de hacerme grande; m&aacute;s bien es necesario que permanezca peque&ntilde;a, que lo sea cada vez m&aacute;s&raquo; (<i>Historia de un alma<\/i>, Manuscrito C, cap. X).<\/p>\n<p align=\"left\">3. <i>Finalmente, Jes&uacute;s nos infunde el anhelo del reino de los cielos<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;&iquest;Qu&eacute; os parece? \u2014dice Jes&uacute;s\u2014. Si uno tiene cien ovejas y se le extrav&iacute;a una, &iquest;no dejar&aacute; en el monte las noventa y nueve e ir&aacute; en busca de la extraviada? Y si logra hallarla, cierto que se alegrar&aacute; por ella m&aacute;s que por las noventa y nueve que no se hab&iacute;an extraviado. As&iacute; no es voluntad de vuestro Padre, que est&aacute; en los cielos, que se pierda ni uno solo de estos peque&ntilde;uelos&quot; (<i>Mt<\/i> 18, 12-14).<\/p>\n<p align=\"left\">Son palabras dram&aacute;ticas y consoladoras al mismo tiempo: Dios ha creado al hombre para hacerle part&iacute;cipe de su gloria y de su. felicidad infinita; y por esto le ha querido inteligente y libre, &quot;a su imagen y semejanza&quot;. Desgraciadamente asistimos con angustia a la corrupci&oacute;n moral que devasta a la humanidad, despreciando especialmente a los peque&ntilde;os, de quienes habla Jes&uacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qu&eacute; debemos hacer? Imitar al Buen Pastor y afanarnos sin tregua por la salvaci&oacute;n de las almas. Sin olvidar la caridad material y la justicia social, debemos estar convencidos de que la caridad m&aacute;s sublime es la espiritual, o sea, el inter&eacute;s por la salvaci&oacute;n de las almas. <\/p>\n<p align=\"left\">Y las almas se salvan con la oraci&oacute;n y el sacrificio. &iexcl;Esta es la misi&oacute;n de la Iglesia!<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Especialmente vosotras, monjas y almas consagradas, deb&eacute;is sentiros como Abraham sobre el monte, para implorar misericordia y salvaci&oacute;n de la bondad infinita del Alt&iacute;simo! Que sea vuestra alegr&iacute;a saber que muchas almas se salvan precisamente por vuestra propiciaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Querid&iacute;simas hermanas, en la suave y m&iacute;stica atm&oacute;sfera de esta vigilia de la solemnidad de la Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima al cielo. os conf&iacute;o a todas a sus cuidados maternos y concluyo con las palabras que Pablo VI, de venerada memoria, dec&iacute;a al comienzo de su pontificado: &quot;La Virgen se nos presenta hoy m&aacute;s que nunca con su luz desde lo alto, Maestra de vida cristiana. Nos dice: vivid bien tambi&eacute;n vosotros; y sabed que el mismo destino que fue anticipado para m&iacute; en la hora que termin&oacute; mi camino temporal, lo ser&aacute; tambi&eacute;n a su tiempo pura vosotros&#8230; La Madre celeste est&aacute; all&aacute; arriba, nos ve y nos espera con su mirada llena de ternura&#8230; Precisamente sus ojos dulc&iacute;simos nos contemplan amorosamente y nos animan con afecto materna&quot; (Discurso del 15 de agosto de 1963).<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA LAS CLARISAS DE ALBANO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Monasterio de las Clarisas, Albano Martes 14 de agosto de 1979 &nbsp; Querid&iacute;simas hermanas en el Se&ntilde;or: Siento gran alegr&iacute;a y viva emoci&oacute;n al celebrar la santa Misa aqu&iacute;, con vosotras y para vosotras, que viv&iacute;s vuestra existencia contemplativa precisamente aqu&iacute;, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-las-clarisas-de-albano\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab14 de agosto de 1979, Santa Misa para las clarisas de Albano\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39480","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39480","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39480"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39480\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39480"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39480"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39480"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}