{"id":39481,"date":"2016-10-05T22:52:38","date_gmt":"2016-10-06T03:52:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-agosto-de-1979-funeral-del-cardenal-alfredo-ottaviani\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:38","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:38","slug":"6-de-agosto-de-1979-funeral-del-cardenal-alfredo-ottaviani","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-agosto-de-1979-funeral-del-cardenal-alfredo-ottaviani\/","title":{"rendered":"6 de agosto de 1979, Funeral del cardenal Alfredo Ottaviani"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">FUNERAL DEL CARDENAL ALFREDO OTTAVIANI<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Lunes 6 de agosto de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Ecce sacerdos magnus, qui in diebus suis placuit Deo et inventus est iustus<\/i> (cf. <i>Sir<\/i> 44, 16-17): Son &eacute;stas las primeras palabras que espont&aacute;neamente me vienen a los labios en el momento en que ofrecemos a Dios el sacrificio eucar&iacute;stico y nos disponemos a dar el &uacute;ltimo adi&oacute;s al venerado hermano cardenal Alfredo Ottaviani. Realmente ha sido un gran sacerdote, insigne por su religiosa piedad, ejemplarmente fiel en el servicio a la Santa Iglesia y a la Sede Apost&oacute;lica, sol&iacute;cito en el ministerio y en la pr&aacute;ctica de la caridad cristiana. Y ha sido al mismo tiempo un sacerdote romano, es decir, adornado de ese esp&iacute;ritu t&iacute;pico, quiz&aacute; no f&aacute;cil de definir, que quien ha nacido en Roma \u2014como &eacute;l naci&oacute; diez a&ntilde;os antes de finalizar el siglo XIX\u2014 posee como en herencia y que se manifiesta en una adhesi&oacute;n especial a Pedro y a la fe de Pedro e incluso en una exquisita sensibilidad por lo que es y hace y debe hacer la Iglesia de Pedro.<\/p>\n<p align=\"left\">Por esto, he hablado de &quot;fidelidad ejemplar&quot;, y ahora que &eacute;l ha muerto, despu&eacute;s de una larga y laboriosa jornada terrena, resulta m&aacute;s f&aacute;cil reconocer esta fidelidad como caracter&iacute;stica constante de toda su vida. Realmente la suya fue <i>una fidelidad a toda prueba<\/i>; sin intentar recorrer las fases de su actividad en los diversos ministerios a los que le llamaron su gran talento y la confianza de los Sumos Pont&iacute;fices, &eacute;l se distingui&oacute; siempre por esta cualidad moral, cualidad singular, cualidad que quiere decir coherencia, dedicaci&oacute;n, obediencia. Como Sustituto de la Secretar&iacute;a de Estado y luego Asesor, Pro-Secretario, Pro-Prefecto y Prefecto de la entonces Congregaci&oacute;n del Santo Oficio; como prelado. obispo y cardenal. demostr&oacute; poseer esta cualidad como divisa que le caracterizaba y le identificaba ante los ojos de cuantos \u2014y eran muchos, tanto dentro como fuera de Roma\u2014 lo conoc&iacute;an y estimaban. Siendo responsable del dicasterio al que institucionalmente est&aacute; delegada le tutela del sagrado patrimonio de la fe y de la moral cat&oacute;lica. manifest&oacute; esta misma virtud con un comportamiento de atenci&oacute;n perspicaz, en la convicci&oacute;n, objetivamente fundada y en &eacute;l cada vez m&aacute;s madura por la experiencia de las cosas y de los hombres, de que la <i>rectitudo fidei<\/i>, esto es, la ortodoxia, es patrimonio irrenunciable y condici&oacute;n primaria para la <i>rectitudo morum<\/i> u ortopraxis. Su elevado sentido jur&iacute;dico, que ya en edad juvenil le hab&iacute;a convertido en maestro aplaudido y escuchado por muchas generaciones de sacerdotes, lo sostuvo en el trabajo tenaz que desarroll&oacute; en defensa de la fe.<\/p>\n<p align=\"left\">Siempre disponible, siempre pronto a servir a la Iglesia, &eacute;l capt&oacute; tambi&eacute;n en las reformas el signo providencial de los tiempos, de manera que supo y quiso colaborar con mis predecesores Juan XXIII y Pablo VI, como ya lo hab&iacute;a hecho con P&iacute;o XII, e incluso antes con P&iacute;o XI. Su existencia se ha gastado literalmente por el bien de la Iglesia santa de Dios. Nuestro hermano fue en todo y siempre <i>homo Dei, ad omne opus bonum instructus<\/i> (<i>2Tim<\/i> 3, 17); y esto s&iacute;, esto es una referencia de orden esencial, esto es un par&aacute;metro v&aacute;lido para encuadrar bien la fisonom&iacute;a espiritual y moral.<\/p>\n<p align=\"left\">Fue adem&aacute;s un hombre de gran coraz&oacute;n sacerdotal: son muchos todav&iacute;a los que lo recuerdan en su ministerio cotidiano en medio de los muchachos y de los j&oacute;venes del Oratorio de San Pedro, que lo tuvieron \u2014junto con otros sacerdotes y prelados romanos no olvidados\u2014 como amigo y hermano, y mejor dir&iacute;a, como padre, sol&iacute;cito y afectuoso. Esta presencia suya no era una evasi&oacute;n para superar la fatiga tediosa de los papeles de oficina y de los compromisos burocr&aacute;ticos, sino una exigencia que brotaba espont&aacute;nea, intencionada y generosa de un programa sacerdotal: era un servicio que le exig&iacute;a su vocaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Hab&iacute;a nacido pobre en el barrio popular del Trast&eacute;vere, y a este origen hay que atribuir su tierno amor y su solicitud preferencial por los pobres, por los peque&ntilde;os y por los hu&eacute;rfanos. Y ahora precisamente son estas almas inocentes las que \u2014al lado de tantos sacerdotes y laicos que recibieron del cardenal Ottaviani la luz de la sabidur&iacute;a, la lecci&oacute;n de la sencillez, la medicina de la misericordia\u2014 interceden por &eacute;l ante el altar del Se&ntilde;or, para que se le acelere el premio destinado al &quot;siervo bueno y fiel&quot; (cf. <i>Mt<\/i> 25, 21).<\/p>\n<p align=\"left\">Por singular coincidencia, este rito f&uacute;nebre se desarrolla a la misma hora en que, hace exactamente un a&ntilde;o, estaba para dejar este mundo m&iacute; amado predecesor Pablo VI. Y me complace evocar con vosotros la voz robusta y emocionada del cardenal que, el 21 de junio de 1965, anunci&oacute; p&uacute;blicamente la elevaci&oacute;n al Pontificado del cardenal Giovanni Battista Montini. En el tono mismo de sus palabras, que, por lo dem&aacute;s, repet&iacute;an la acostumbrada f&oacute;rmula latina del <i>Habemus Papam<\/i>, se trasluc&iacute;a la satisfacci&oacute;n del antiguo maestro que ve&iacute;a exaltado a un colega y amigo, tan digno de estima, que abrir&iacute;a en la Iglesia y para la Iglesia una &eacute;poca intensa, prometedora. Uno y otro, en sus respectivas situaciones de responsabilidad, con la obvia diferencia de su propia personalidad, han terminado ahora ya el ciclo de la existencia terrena, para entrar definitivamente \u2014como todos deseamos y pedimos\u2014 en ese Reino en el que los hab&iacute;a introducido en esperanza su ardiente e intr&eacute;pida fe.<\/p>\n<p align=\"left\">A uno y a otro conceda ahora el Se&ntilde;or el descanso en su luz, en su paz. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FUNERAL DEL CARDENAL ALFREDO OTTAVIANI HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Lunes 6 de agosto de 1979 &nbsp; Ecce sacerdos magnus, qui in diebus suis placuit Deo et inventus est iustus (cf. Sir 44, 16-17): Son &eacute;stas las primeras palabras que espont&aacute;neamente me vienen a los labios en el momento &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-agosto-de-1979-funeral-del-cardenal-alfredo-ottaviani\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de agosto de 1979, Funeral del cardenal Alfredo Ottaviani\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39481","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39481","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39481"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39481\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39481"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39481"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39481"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}