{"id":39482,"date":"2016-10-05T22:52:39","date_gmt":"2016-10-06T03:52:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-los-miembros-del-centro-italiano-della-solidarieta\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:39","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:39","slug":"5-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-los-miembros-del-centro-italiano-della-solidarieta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-los-miembros-del-centro-italiano-della-solidarieta\/","title":{"rendered":"5 de agosto de 1979, Santa misa para los miembros del \u00abCentro italiano della solidariet\u00e0\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA EL &quot;CENTRO ITALIANO DELLA SOLIDARIET&Agrave;&quot;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Castelgandolfo<br \/> Domingo 5 de agosto de 1979<\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Querid&iacute;simos<\/i>:<\/p>\n<p align=\"left\">Estamos aqu&iacute; reunidos en torno al altar del Se&ntilde;or, el &uacute;nico que puede iluminarnos sobre el misterio de nuestra vida, drama de amor y de salvaci&oacute;n, y el &uacute;nico que puede darnos la fuerza para no caer, o para levantarnos de nuevo; y, sobre todo, para vivir de manera conforme a las exigencias y a los ideales del cristianismo.<\/p>\n<p align=\"left\">Este es precisamente, seg&uacute;n me parece, el tema central de la liturgia de este domingo, en la que Jes&uacute;s, pan de vida, se nos presenta como &uacute;nico y verdadero significado de la existencia humana.<\/p>\n<p align=\"left\">1. En nuestro tiempo, por desgracia, el racionalismo cient&iacute;fico y la estructura de la sociedad industrial, caracterizada por la ley f&eacute;rrea de la producci&oacute;n y del consumo. han creado una mentalidad cerrada dentro de un horizonte de valores temporales y terrenos, que quitan a la vida del hombre todo significado trascendente.<\/p>\n<p align=\"left\">El ate&iacute;smo te&oacute;rico y pr&aacute;ctico que serpea ampliamente; la aceptaci&oacute;n de una moral evolucionista desvinculada totalmente do los principios s&oacute;lidos y universales de la ley moral natural y revelada, pero vinculada a las costumbres siempre variables de la historia; la insistente exaltaci&oacute;n del hombre como autor aut&oacute;nomo del propio destino y, en el extremo opuesto, su deprimente humillaci&oacute;n al rango de pasi&oacute;n in&uacute;til, de error c&oacute;smico, de peregrino absurdo de la nada en un universo desconocido y enga&ntilde;oso, han hecho perder a muchos el significado de la vida y han empujado a los m&aacute;s d&eacute;biles y a los m&aacute;s sensibles hacia evasiones funestas y tr&aacute;gicas.<\/p>\n<p align=\"left\">El hombre tiene necesidad extrema de saber si merece la pena nacer, vivir, luchar, sufrir y morir, si tiene valor comprometerse por alg&uacute;n ideal superior a los intereses materiales y contingentes, si, en una palabra, hay un &quot;porqu&eacute;&quot; que justifique su existencia.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es, pues, la cuesti&oacute;n esencial: dar un sentido al hombre, a sus opciones, a su vida, a su historia.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Jes&uacute;s tiene la respuesta a estos interrogantes nuestros; El puede resolver la &quot;cuesti&oacute;n del sentido&quot; de la vida y de la historia del hombre. Aqu&iacute; est&aacute; la lecci&oacute;n fundamental de la liturgia de hoy. A la muchedumbre que le ha seguido, desgraciadamente s&oacute;lo por motivos de inter&eacute;s material, al haber sido saciada gratuitamente con la multiplicaci&oacute;n milagrosa de los panes y de los peces, Jes&uacute;s dice con seriedad y autoridad: &quot;Procuraos no el alimento perecedero, sino el alimento que permanece hasta la vida eterna, el que el Hijo del hombre os da&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 27).<\/p>\n<p align=\"left\">Dios se ha encarnado para iluminar, m&aacute;s a&uacute;n, para ser el significado de la vida del hombre. Es necesario creer esto con profunda y gozosa convicci&oacute;n; es necesario vivirlo con constancia y coherencia; es necesario anunciar y testimoniar esto, a pesar de las tribulaciones de los tiempos y de las ideolog&iacute;as adversas, casi siempre tan insinuantes y perturbadoras.<\/p>\n<p align=\"left\">Y, &iquest;de qu&eacute; modo es Jes&uacute;s el significado de la existencia del hombre? El mismo lo explica con claridad consoladora: &quot;Mi Padre os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baj&oacute; del cielo y da la vida al mundo&#8230; Yo soy el pan de vida; el que viene a m&iacute;, ya no tendr&aacute; m&aacute;s hambre y el que cree en m&iacute;, jam&aacute;s tendr&aacute; sed&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 32-35). Jes&uacute;s habla simb&oacute;licamente, evocando el gran milagro del man&aacute; dado por Dios al pueblo jud&iacute;o en la traves&iacute;a del desierto. Es claro que Jes&uacute;s no elimina la preocupaci&oacute;n normal y la b&uacute;squeda del alimento cotidiano y de todo lo que puede hacer que la vida humana progrese m&aacute;s, se desarrolle m&aacute;s y sea m&aacute;s satisfactoria. Pero la vida pasa indefectiblemente. Jes&uacute;s hace presente que el verdadero significado de nuestro existir terreno est&aacute; en la eternidad, y que toda la historia humana con sus dramas y alegr&iacute;as debe ser contemplada en perspectiva eterna.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n nosotros, como el pueblo de Israel, vivimos sobre la tierra la experiencia del &Eacute;xodo; la &quot;tierra prometida&quot; es el cielo. Dios, que no abandon&oacute; a su pueblo en el desierto, tampoco abandona al hombre en su peregrinaci&oacute;n terrena. Le ha dado un &quot;pan&quot; capaz de sustentarlo a lo largo del camino: el &quot;pan&quot; es Cristo. El es ante todo la comida del alma con la verdad revelada y despu&eacute;s con su misma Persona presente en el sacramento de la Eucarist&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;El hombre tiene necesidad de la trascendencia! &iexcl;El hombre tiene necesidad de la presencia de Dios en su historia cotidiana! &iexcl;S&oacute;lo as&iacute; puede encontrar el sentido de la vida! Pues bien, Jes&uacute;s contin&uacute;a diciendo a todos: &quot;Yo soy el camino, la verdad y la vida&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 6); &quot;Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendr&aacute; luz de vida&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 12); &quot;Venid a m&iacute; todos los que est&aacute;is fatigados y cargados, que yo os aliviar&eacute;&quot; (<i>Mt<\/i> 11, 28).<\/p>\n<p align=\"left\">3. La reflexi&oacute;n ahora recae sobre cada uno de nosotros. En efecto, depende de nosotros captar el significado que Cristo ha venido a ofrecer a la existencia humana y &quot;encarnarlo&quot; en nuestra vida. Depende del inter&eacute;s de todos &quot;encarnar&quot; este significado en la historia humana. &iexcl;Gran responsabilidad y sublime dignidad! Es necesario, para este fin, un testimonio coherente y valiente de la propia fe. San Pablo, escribiendo a los Efesios, traza, en este sentido, un programa concreto de vida:<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 es necesario, ante todo, abandonar !a Mentalidad mundana y pagana: &quot;Os digo, pues. y testifico en el Se&ntilde;or que no os port&eacute;is como se conducen los gentiles, en la unidad de su mente&quot;;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 despu&eacute;s, es necesario cambiar la mentalidad mundana y terrestre en la mentalidad de Cristo; &quot;Dejando, pues. vuestra antigua conducta, despojaos del hombre viejo, viciado por las concupiscencias seductoras&quot;;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 finalmente, es necesario aceptar todo el mensaje de Cristo, sin reducciones de comodidad, y vivir seg&uacute;n su ejemplo: &#8216;Renovaos en el esp&iacute;ritu de vuestra mente y vest&iacute;os del hombre nuevo, creado seg&uacute;n Dios en justicia y santidad verdaderas&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 17. 20-24).<\/p>\n<p align=\"left\">Querid&iacute;simos, como veis, se trata de un programa muy comprometido, bajo ciertos aspectos podr&iacute;a decirse, desde luego, heroico; sin embargo, debemos presentarlo a nosotros y a los dem&aacute;s en su integridad, contando con la acci&oacute;n de la gracia, que puede dar a cada uno la generosidad de aceptar la responsabilidad de las propias acciones en perspectiva eterna y para el bien de la sociedad.<\/p>\n<p align=\"left\">Id, pues, adelante con confianza y con inter&eacute;s generoso, buscando cada d&iacute;a nuevo impulso y alegr&iacute;a en la devoci&oacute;n a Jes&uacute;s Eucar&iacute;stico y en la confianza en Mar&iacute;a Sant&iacute;sima.<\/p>\n<p align=\"left\">Me complace concluir cit&aacute;ndoos un pensamiento de mi venerado predecesor Pablo VI de quien ma&ntilde;ana celebramos el primer aniversario de su piadoso tr&aacute;nsito: &quot;Ante el arreciar de intereses contrastantes, da&ntilde;osos para el aut&eacute;ntico bien del hombre, hay que proclamar de nuevo bien alto las formidables palabras del Evangelio que son las &uacute;nicas que han dado luz y paz a los hombres en an&aacute;logas convulsiones de la historia&quot; (<i>Discurso a los cardenales,<\/i> 21 de junio de 1976; cf. Pablo VI, <i>Ense&ntilde;anzas al Pueblo de Dios<\/i>, p&aacute;g. 292).<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, querid&iacute;simos hijos, con la luz y con la paz que nos vienen de estas palabras eternas, nosotros continuemos serenamente nuestro camino.<\/p>\n<hr \/>\n<p align=\"left\"><i>(El Papa, al final de su homil&iacute;a, hizo este comentario)<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">A las reflexiones hechas y a las palabras de Pablo VI&nbsp; yo quisiera a&ntilde;adir una palabra m&iacute;a especial dirigida a todos vosotros. He deseado mucho este encuentro. He deseado reunirme con vosotros en torno a la Eucarist&iacute;a porque la Eucarist&iacute;a es un punto del universo en el cual es siempre posible encontrarse con todo lo que somos. Es un punto en el que podemos encontramos con profunda sinceridad porque nos reunimos en torno a Quien nos conoce y nos ama. Por eso me siento agradecido a vuestro asistente, a vuestros sacerdotes que me han ofrecido la posibilidad de este encuentro eucar&iacute;stico con vosotros en plena y profunda sinceridad. En torno a Cristo que nos conoce y nos ama a todos. Expresando esta alegr&iacute;a y esta gratitud a vosotros que particip&aacute;is en esta comuni&oacute;n eucar&iacute;stica, expreso tambi&eacute;n una gran esperanza: espero que este banquete eucar&iacute;stico, esta celebraci&oacute;n, esta participaci&oacute;n, esta comuni&oacute;n, sea fructuosa. Solamente en comuni&oacute;n con Cristo cada uno de nosotros puede encontrarse a s&iacute; mismo.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p align=\"left\"><i>(Despu&eacute;s de la misa los j&oacute;venes ofrecieron al Papa una representaci&oacute;n m&iacute;mica)<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Si no me equivoco, Arist&oacute;teles dec&iacute;a que el arte esc&eacute;nico, dram&aacute;tico, posee una fuerza especial. El la llamaba <i>catarsis<\/i>, es decir, purificaci&oacute;n, curaci&oacute;n interior. Me ha venido a la mente esta idea contemplando vuestra representaci&oacute;n: no s&eacute; c&oacute;mo decirlo: no era ciertamente un drama, una tragedia en el sentido cl&aacute;sico; pero era una s&iacute;ntesis que toca la sensibilidad contempor&aacute;nea, nuestra sensibilidad y que crea en nosotros, as&iacute; simplemente, sin ninguna palabra, una <i>catarsis<\/i>, una purificaci&oacute;n. Se ve&iacute;a que esta representaci&oacute;n, casi esc&eacute;nica, proced&iacute;a de una experiencia profunda y calladamente vivida; s&oacute;lo con gestos lo dec&iacute;a todo. Quiz&aacute;s hay que referirse a esta fuerza de catarsis para los que tienen necesidad de la misma, para aquellos que nos est&aacute;n cercanos, para aquellos en favor de los cuales trabaja vuestra comunidad. Es hermoso que la llam&eacute;is solidaridad, centro de solidaridad. Es necesaria la solidaridad con cada uno de los hombres, sin excepci&oacute;n, especialmente con quien tiene m&aacute;s necesidad: solidaridad con su misma humanidad cuando &eacute;sta se encuentra en peligro, se encuentra amenazada, como lo hemos visto en este espect&aacute;culo. Cristo nos ha ense&ntilde;ado esta solidaridad dici&eacute;ndonos que cuando somos solidarios con un hombre que se encuentra en grand&iacute;simo peligro, somos solidarios con El mismo. No os digo ahora nada m&aacute;s, s&oacute;lo quiero desearos que este centro de solidaridad sea eficaz, que se haga presente en Roma y en cualquier sitio donde encuentre contempor&aacute;neos; especialmente los j&oacute;venes tienen necesidad de una tal solidaridad. Por eso he rezado por vosotros celebrando la Eucarist&iacute;a, y por eso he ofrecido a Cristo toda vuestra buena voluntad, todos los esfuerzos que hab&eacute;is hecho hasta ahora para crear un centro y favorecer la difusi&oacute;n de esta solidaridad. Se ve que nuestro tiempo, nuestra &eacute;poca de gran progreso, tiene mucha necesidad de solidaridad con cada uno de los hombres, especialmente con cada uno de los j&oacute;venes que se encuentre en peligro. No digo m&aacute;s. Gracias.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA EL &quot;CENTRO ITALIANO DELLA SOLIDARIET&Agrave;&quot; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Castelgandolfo Domingo 5 de agosto de 1979 &nbsp; Querid&iacute;simos: Estamos aqu&iacute; reunidos en torno al altar del Se&ntilde;or, el &uacute;nico que puede iluminarnos sobre el misterio de nuestra vida, drama de amor y de salvaci&oacute;n, y el &uacute;nico que puede &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-agosto-de-1979-santa-misa-para-los-miembros-del-centro-italiano-della-solidarieta\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab5 de agosto de 1979, Santa misa para los miembros del \u00abCentro italiano della solidariet\u00e0\u00bb\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39482","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39482","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39482"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39482\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39482"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39482"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39482"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}