{"id":39483,"date":"2016-10-05T22:52:40","date_gmt":"2016-10-06T03:52:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-julio-de-1979-santa-misa-para-los-empleados-de-las-villas-pontificias\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:40","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:40","slug":"29-de-julio-de-1979-santa-misa-para-los-empleados-de-las-villas-pontificias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-julio-de-1979-santa-misa-para-los-empleados-de-las-villas-pontificias\/","title":{"rendered":"29 de julio de 1979, Santa misa para los empleados de las Villas pontificias"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA LOS EMPLEADOS DE LAS VILLAS PONTIFICIAS<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Castelgandolfo<br \/> Domingo 29 de julio de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;&iquest;D&oacute;nde podemos comprar el pan para que &eacute;stos puedan comer?&quot;<\/p>\n<p align=\"left\">Ante la multitud, que le hab&iacute;a seguido desde las orillas del mar de Galilea hasta la monta&ntilde;a para escuchar su palabra, Jes&uacute;s da comienzo, con esta pregunta, al milagro de la multiplicaci&oacute;n de los panes, que constituye el significativo preludio al largo discurso en el que se revela al mundo como el verdadero Pan de vida bajado del cielo (cf. <i>Jn<\/i> 6, 41).<\/p>\n<p align=\"left\">1. Hemos o&iacute;do la narraci&oacute;n evang&eacute;lica: con cinco panes de cebada y dos peces, proporcionados por un muchacho, Jes&uacute;s sacia el hambre de cerca de cinco mil hombres. Pero &eacute;stos, no comprendiendo la profundidad del &quot;signo&quot; en el cual se hab&iacute;an visto envueltos, est&aacute;n convencidos de haber encontrado finalmente al Rey-Mes&iacute;as, que resolver&aacute; los problemas pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos de su naci&oacute;n. Frente a tan obtuso malentendido de su misi&oacute;n, Jes&uacute;s se retira, completamente solo, a la monta&ntilde;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n nosotros, hermanos y hermanas car&iacute;simos, hemos seguido a Jes&uacute;s y continuamos sigui&eacute;ndole. Pero podemos y debemos preguntarnos: &iquest;Con qu&eacute; actitud interior? &iquest;Con la aut&eacute;ntica de la <i>fe<\/i>, que Jes&uacute;s esperaba de los Ap&oacute;stoles y de la multitud cuya hambre hab&iacute;a saciado, o con una actitud de incomprensi&oacute;n? Jes&uacute;s se presentaba en aquella ocasi&oacute;n algo as&iacute; \u2014pero con m&aacute;s evidencia\u2014 como Mois&eacute;s, que en el desierto hab&iacute;a quitado el hambre al pueblo israelita durante el &eacute;xodo; se presentaba algo as&iacute; \u2014y tambi&eacute;n con m&aacute;s evidencia\u2014 como Eliseo, el cual con veinte panes de cebada y de &aacute;laga, hab&iacute;a dado de comer a cien personas. Jes&uacute;s se manifestaba, y se manifiesta hoy a nosotros, como Quien es capaz de saciar para siempre el hambre de nuestro coraz&oacute;n: &quot;Yo soy el pan de vida; el que viene a m&iacute; ya no tendr&aacute; m&aacute;s hambre y el que cree en m&iacute; jam&aacute;s tendr&aacute; sed&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 35).<\/p>\n<p align=\"left\">El hombre, especialmente el de estos tiempos, tiene hambre de muchas cosas: hambre de verdad, de justicia, de amor, de paz, de belleza; pero sobre todo, hambre de Dios. &quot;&iexcl;Debemos estar hambrientos de Dios!&quot;, exclamaba San Agust&iacute;n (<i>famelici Dei esse debemus<\/i>: <i>Enarrat. in psalm<\/i>. 146, n&uacute;m. 17: <i>PL<\/i>, 37, 1895 s.). &iexcl;Es El, el Padre celestial, quien nos da el verdadero pan!<\/p>\n<p align=\"left\">2. Este pan, de que estamos tan necesitados, es ante todo <i>Cristo<\/i>, el cual se nos entrega en los signos sacramentales de la <i>Eucarist&iacute;a<\/i> y nos hace sentir, en cada Misa, las palabras de la &uacute;ltima Cena: &quot;Tomad y comed todos de &eacute;l; porque este es mi Cuerpo que ser&aacute; entregado por vosotros&quot;. Con el sacramento del pan eucar&iacute;stico \u2014afirma el Concilio Vaticano II\u2014 &quot;se representa y realiza la unidad de los fieles, que constituyen un solo Cuerpo en Cristo (cf. <i>1 Cor <\/i>10, 17). Todos los hombres son llamados a esta uni&oacute;n con Cristo que es Luz del mundo; de El venimos, por El vivimos, hacia El estamos dirigidos&quot; (<i><a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 3).<\/p>\n<p align=\"left\">El pan que necesitamos es, tambi&eacute;n, <i>la Palabra de Dios<\/i>, porque, &quot;no s&oacute;lo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios&quot; (<i>Mt<\/i> 4, 4 cf. <i>Dt<\/i> 8, 3). Indudablemente, tambi&eacute;n los hombres pueden pronunciar y expresar palabras de tan alto valor. Pero la historia nos muestra que las palabras de los hombres son, a veces, insuficientes, ambiguas, decepcionantes, tendenciosas; mientras que la Palabra de Dios est&aacute; llena de verdad (cf. <i>2 Sam<\/i> 7, 28; <i>1 Cor<\/i> 17, 26); es recta (<i>Sal<\/i> 33, 4); es estable y permanece para siempre (cf. <i>Sal<\/i> 119, 89; <i>1 Pe<\/i> 1, 25).<\/p>\n<p align=\"left\">Debemos ponernos continuamente en religiosa escucha de tal Palabra; asumirla como criterio de nuestro modo de pensar y de obrar; conocerla, mediante la asidua lectura y personal meditaci&oacute;n. Pero, especialmente, debemos hacerla nuestra, llevarla a la pr&aacute;ctica, d&iacute;a tras d&iacute;as, en toda nuestra conducta.<\/p>\n<p align=\"left\">Por &uacute;ltimo, el pan que necesitamos es la <i>gracia<\/i>, que debemos invocar y pedir con sincera humildad y con incansable constancia, sabiendo bien que es lo m&aacute;s valioso que podemos poseer.<\/p>\n<p align=\"left\">3. El camino de nuestra vida, trazado por el amor providencial de Dios, es misterioso, a veces humanamente incomprensible y casi siempre duro y dif&iacute;cil. Pero el Padre nos da el &quot;pan del cielo&quot; (cf. <i>Jn<\/i> 6, 32), para ser aliviados en nuestra peregrinaci&oacute;n por la tierra. <\/p>\n<p align=\"left\">Quiero concluir con un pasaje de San Agust&iacute;n, que sintetiza admirablemente cuanto hemos meditado: &quot;Se comprende muy bien&#8230; que tu <i>Eucarist&iacute;a<\/i> sea el alimento cotidiano. Saben, en efecto, los fieles lo que reciben y est&aacute; bien que reciban el pan cotidiano necesario para este tiempo. Ruegan por s&iacute; mismos, para hacerse buenos, para perseverar en la bondad, en la fe, en la vida buena&#8230; La <i>Palabra de Dios<\/i>, que cada d&iacute;a se os explica y, en cierto modo, se os reparte, es tambi&eacute;n pan cotidiano&quot; (<i>Sermo<\/i> 58. IV: <i>PL<\/i>, 38, 395).<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Que Cristo Jes&uacute;s multiplique siempre. tambi&eacute;n para nosotros, su pan!<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;As&iacute; sea!<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA LOS EMPLEADOS DE LAS VILLAS PONTIFICIAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Castelgandolfo Domingo 29 de julio de 1979 &nbsp; &quot;&iquest;D&oacute;nde podemos comprar el pan para que &eacute;stos puedan comer?&quot; Ante la multitud, que le hab&iacute;a seguido desde las orillas del mar de Galilea hasta la monta&ntilde;a para escuchar su palabra, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-julio-de-1979-santa-misa-para-los-empleados-de-las-villas-pontificias\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab29 de julio de 1979, Santa misa para los empleados de las Villas pontificias\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39483","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39483","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39483"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39483\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39483"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39483"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39483"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}