{"id":39485,"date":"2016-10-05T22:52:43","date_gmt":"2016-10-06T03:52:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-julio-de-1979-misa-para-los-peregrinos-de-piacenza\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:43","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:43","slug":"2-de-julio-de-1979-misa-para-los-peregrinos-de-piacenza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-julio-de-1979-misa-para-los-peregrinos-de-piacenza\/","title":{"rendered":"2 de julio de 1979, Misa para los peregrinos de Piacenza"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA LOS PEREGRINOS DE PIACENZA, ITALIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO<\/font><\/b> II<\/p>\n<p> Gruta de Nuestra Se&ntilde;ora de Lourdes, Vaticano<br \/> Lunes 2 de julio de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Car&iacute;simos<\/i>:<\/p>\n<p align=\"left\">1. Nuestro encuentro matutino en este lugar tan sugestivo que nos lleva con la mente y el coraz&oacute;n a la gruta de Lourdes, lugar predilecto y bendito, donde Mar&iacute;a Sant&iacute;sima se apareci&oacute; a la peque&ntilde;a Bernardette, tiene un significado bien concreto: es un encuentro familiar junto al altar del Se&ntilde;or y bajo la mirada de la Virgen Mar&iacute;a, con el Secretario de Estado, el nuevo cardenal Agostino Casaroli, mi primer colaborador; con el obispo y una representaci&oacute;n de sacerdotes de su di&oacute;cesis natal, Piacenza, as&iacute; como con sus parientes y amigos.<\/p>\n<p align=\"left\">Es para m&iacute; este un momento de particular alegr&iacute;a, que me ofrece la ocasi&oacute;n de manifestar mis sentimientos de afecto y de vivo aprecio hacia aquel que, tras largos a&ntilde;os de generosa dedicaci&oacute;n transcurridos en el servicio total y directo a la Santa Sede y al Papa, ha sido ahora revestido con la importante y grave responsabilidad de Secretario de Estado.<\/p>\n<p align=\"left\">Siento el deber de dar vivamente las gracias al cardenal Casaroli por la solicitud y acierto con que se prodiga por el bien de la Iglesia, as&iacute; como por haber aceptado este cargo tan alto y tan importante. E invito a todos a que le acompa&ntilde;en con la constante fervorosa oraci&oacute;n, a fin de que el Se&ntilde;or le sirva siempre de luz, de ayuda y de consuelo.<\/p>\n<p align=\"left\">Me complazco tambi&eacute;n con toda la di&oacute;cesis de Piacenza que, con la seria y amorosa formaci&oacute;n impartida en sus seminarios, ha sabido dar para el servicio de la Iglesia muchas y eminentes personalidades. No puedo sino desear de coraz&oacute;n cada vez m&aacute;s numerosas y santas vocaciones sacerdotales en vuestra di&oacute;cesis, para las necesidades locales y de la Iglesia universal.<\/p>\n<p align=\"left\">Dirijo un saludo especialmente cordial a los familiares del cardenal Casaroli, asegur&aacute;ndoles que participo vivamente de su sincera alegr&iacute;a en estos d&iacute;as, tan significativos e importantes.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Inspir&aacute;ndonos ahora en la Palabra de Dios que nos brinda la liturgia de hoy, vamos a tratar de sacar de ella alguna buena norma para nuestra vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Tenemos, por de pronto, ante nuestros ojos la escena, pl&aacute;sticamente descrita por el Evangelista San Juan: estamos en el Monte Calvario, hay una cruz, en la que est&aacute; clavado Jes&uacute;s; y est&aacute;, all&iacute; al lado, la Madre de Jes&uacute;s, rodeada de algunas mujeres; est&aacute; tambi&eacute;n el disc&iacute;pulo predilecto, Juan precisamente. El Moribundo habla, con la respiraci&oacute;n afanosa de la agon&iacute;a: &quot;&iexcl;Mujer, he ah&iacute; a tu hijo!&quot;. Y luego, dirigi&eacute;ndose al disc&iacute;pulo: &quot;&iexcl;He ah&iacute; a tu Madre!&quot;. La intenci&oacute;n es evidente: Jes&uacute;s quiere confiar su Madre a los cuidados del disc&iacute;pulo amado.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Solamente esto? Los antiguos Padres de la Iglesia entrevieron a trav&eacute;s de ese episodio, aparentemente tan sencillo, un significado teol&oacute;gico m&aacute;s profundo. Ya Or&iacute;genes identifica al Ap&oacute;stol Juan con cada uno de los cristianos y, despu&eacute;s de &eacute;l, se hace cada vez m&aacute;s frecuente la cita de este texto para justificar la maternidad universal de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Es una convicci&oacute;n que tiene un preciso fundamento en el dato revelado: &iquest;c&oacute;mo no pensar, efectivamente, al leer este pasaje, en las palabras misteriosas de Jes&uacute;s durante las bodas de Can&aacute; (cf. <i>Jn<\/i> 2, 4) cuando, a petici&oacute;n de Mar&iacute;a, El responde llam&aacute;ndola &quot;mujer&quot; \u2014como ahora\u2014 y aplazando el comienzo de su colaboraci&oacute;n con ella en favor de los hombres al momento de la pasi&oacute;n, es decir, su &quot;hora&quot;, como El sol&iacute;a llamarla? (cf. <i>Jn<\/i> 7, 30; 8, 20; 12, 27; 13, 1; <i>Mc<\/i> 14, 35. 41; <i>Mt<\/i> 26, 45; <i>Lc<\/i> 22, 53).<\/p>\n<p align=\"left\">Mar&iacute;a es plenamente consciente de la misi&oacute;n que le ha sido confiada: la encontramos en los comienzos de la vida de la Iglesia, junto con los disc&iacute;pulos que se est&aacute;n preparando al eminente acontecimiento de Pentecost&eacute;s, como nos recuerda la primera lectura de la Misa. En esa narraci&oacute;n de Lucas, el nombre de Ella destaca entre los de las otras mujeres; la comunidad primitiva, reunida &quot;en el piso superior&quot; se estrecha en oraci&oacute;n en torno a Ella, que es &quot;la Madre de Jes&uacute;s&quot;, como para buscar protecci&oacute;n y consuelo frente a las inc&oacute;gnitas de un futuro lleno de amenazadoras sombras.<\/p>\n<p align=\"left\">3. El ejemplo de la comunidad cristiana de los primeros tiempos es paradigm&aacute;tico: tambi&eacute;n nosotros, en las vicisitudes, aun tan diversas, de nuestro tiempo, no podemos hacer nada mejor que recogernos en torno a Mar&iacute;a, reconociendo en Ella la Madre de Cristo, del Cristo total, es decir de Jes&uacute;s y de la Iglesia; la Madre nuestra. Y aprender de Ella. Aprender &iquest;qu&eacute;?.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>A creer<\/i>, ante todo. Mar&iacute;a fue llamada &quot;bienaventurada&quot;, porque supo creer (cf. <i>Lc<\/i> 1, 45). Su fe fue la m&aacute;s grande que ser humano haya tenido jam&aacute;s; mayor que la misma fe de Abraham. En efecto, &quot;el Santo&quot;, que de Ella hab&iacute;a nacido, &quot;creciendo, se alejaba de Ella, sub&iacute;a por encima de Ella y, elevado sobre Ella, viv&iacute;a en una distancia infinita. Haberlo engendrado, alimentado y visto en su abandono y no dejarse cobardemente turbar frente a su majestad, pero sin dudar tampoco de su amor cuando su protecci&oacute;n materna se encontr&oacute; superada; y creer que era justo que sucediese todo esto y que se cumpl&iacute;a en ello la voluntad de Dios; no cansarse jam&aacute;s, no entristecerse jam&aacute;s, sino m&aacute;s bien sentirse fuerte y hacer, paso a paso, por la fuerza de la fe, el camino que sigue la persona de su Hijo en su car&aacute;cter arcano: he aqu&iacute; su grandeza&quot; (R. Guardini, <i>Il Signore<\/i>, Mil&aacute;n, 1964, p&aacute;gs. 28-29).<\/p>\n<p align=\"left\">Y he aqu&iacute; tambi&eacute;n la primera lecci&oacute;n que Ella nos ofrece.<\/p>\n<p align=\"left\">Viene despu&eacute;s la lecci&oacute;n de la plegaria: una plegaria &quot;asidua y concorde&quot; (cf. <i>Act<\/i> 1, 14). Muchas veces en nuestras comunidades nos recogemos para discutir, para analizar situaciones, para hacer programas. Puede ser tambi&eacute;n &eacute;se un tiempo bien empleado. Pero es necesario reafirmar que el tiempo m&aacute;s &uacute;til, el que da sentido y eficacia a las discusiones y a los proyectos, es el tiempo dedicado a la oraci&oacute;n. En efecto, durante ella el alma se dispone a acoger al &quot;Consolador&quot; que Cristo prometi&oacute; enviar (cf. <i>Jn<\/i> 15, 26) y al cual se le confi&oacute; la tarea de &quot;conducirnos a la verdad toda entera&quot; (cf. Jn 16, 13).<\/p>\n<p align=\"left\">Otra cosa nos ense&ntilde;a tambi&eacute;n Mar&iacute;a con su ejemplo: Ella nos dice que es necesario <i>permanecer en comuni&oacute;n con la comunidad jer&aacute;rquicamente estructurada<\/i>. Entre las personas recogidas en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, San Lucas recuerda en primer lugar a los once Ap&oacute;stoles, de los cuales enumera los nombres, pese a que ya hab&iacute;an incluido la lista en las p&aacute;ginas de su Evangelio (cf. <i>Lc<\/i> 6, 14 y ss.). Hay en todo esto una &quot;intenci&oacute;n&quot; evidente. Si antes de la Pascua de Resurrecci&oacute;n los Ap&oacute;stoles constitu&iacute;an el s&eacute;quito especial de Jes&uacute;s, ahora ellos comparecen ya como hombres a los que el Resucitado ha confiado los plenos poderes y una misi&oacute;n: son, por tanto, los responsables de la obra de salvaci&oacute;n que la Iglesia debe realizar en el mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">Mar&iacute;a est&aacute; con ellos. M&aacute;s a&uacute;n, bajo cierto aspecto, est&aacute; subordinada a ellos. La comunidad cristiana se constituye &quot;sobre el fundamento de los Ap&oacute;stoles&quot;. Es &eacute;sta la voluntad de Cristo. Mar&iacute;a, la Madre, la ha aceptado gozosamente. Tambi&eacute;n en este aspecto Ella es para nosotros un modelo ejemplar.<\/p>\n<p align=\"left\">Vamos a continuar ahora la celebraci&oacute;n de la Misa. Revive m&iacute;sticamente, en esa nuestra asamblea lit&uacute;rgica, la experiencia del Cen&aacute;culo. Mar&iacute;a est&aacute; con nosotros. Nosotros la invocamos, nos confiamos a Ella. Que nos sostenga con su ayuda en el prop&oacute;sito, que renovamos, de quererla imitar generosamente.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA LOS PEREGRINOS DE PIACENZA, ITALIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Gruta de Nuestra Se&ntilde;ora de Lourdes, Vaticano Lunes 2 de julio de 1979 &nbsp; Car&iacute;simos: 1. 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