{"id":39487,"date":"2016-10-05T22:52:48","date_gmt":"2016-10-06T03:52:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-1979-solemnidad-de-los-santos-apostoles-pedro-y-pablo\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:48","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:48","slug":"29-de-junio-de-1979-solemnidad-de-los-santos-apostoles-pedro-y-pablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-1979-solemnidad-de-los-santos-apostoles-pedro-y-pablo\/","title":{"rendered":"29 de junio de 1979, Solemnidad de los Santos Ap\u00f3stoles Pedro y Pablo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE LOS SANTOS AP&Oacute;STOLES PEDRO Y PABLO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Viernes 29 de junio de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. La liturgia de hoy nos lleva, como todos los a&ntilde;os, a la regi&oacute;n de Cesarea de Filipo, donde Sim&oacute;n, hijo de Jona, oy&oacute; de labios de Cristo estas palabras: &quot;Bienaventurado t&uacute;&#8230; porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre, que est&aacute; en los cielos&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 17).<\/p>\n<p align=\"left\">Sim&oacute;n oy&oacute; estas palabras de labios de Cristo, cuando a la pregunta &quot;&iquest;Qui&eacute;n dicen los hombres que es el Hijo del hombre?&quot;, solamente &eacute;l dio esta respuesta: &quot;T&uacute; eres el Mes&iacute;as (<i>Christos<\/i>), el Hijo de Dios vivo&quot;(<i>Mt<\/i> 16, 16).<\/p>\n<p align=\"left\">En dicha respuesta se centra la historia de Sim&oacute;n, a quien Cristo comenz&oacute; a llamar Pedro.<\/p>\n<p align=\"left\">El lugar en que fue pronunciada es un lugar hist&oacute;rico. Cuando el Papa Pablo Vl visit&oacute; Tierra Santa, como peregrino, dedic&oacute; a ese lugar una particular atenci&oacute;n. Todos los Sucesores de Pedro deben volver a ese lugar con el pensamiento y con el coraz&oacute;n. All&iacute; fue <i>nuevamente confirmada<\/i> la fe de Pedro: &quot;no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre, que esta en los cielos&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 17).<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo oye la confesi&oacute;n de Pedro, que poco antes ha sido pronunciada. Cristo mira el alma del Ap&oacute;stol, que confiesa. Bendice la obra del Padre en esta alma. La obra del Padre penetra en el entendimiento, la voluntad y el coraz&oacute;n, independientemente de la &quot;carne&quot; y de la sangre&quot;. independientemente de la naturaleza y de los sentidos. La obra del Padre, mediante el Esp&iacute;ritu Santo, penetra en el alma del hombre sencillo, del pescador de Galilea. La luz interior que surge de esta acci&oacute;n encuentra su expresi&oacute;n en las palabras: &quot;T&uacute; eres el Mes&iacute;as, el Hilo de Dios vivo&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 16).<\/p>\n<p align=\"left\">Las palabras son sencillas, pero en ellas se expresa una verdad sobrehumana. La verdad sobrehumana. divina, se expresa con palabras sencillas, muy sencillas. Como lo fueron las palabras de Mar&iacute;a en el momento de la Anunciaci&oacute;n. Como lo fueron las de Juan Bautista en el Jord&aacute;n. Como lo son las palabras de Sim&oacute;n en las cercan&iacute;as de Cesarea de Filipo: de Sim&oacute;n, a quien Cristo llam&oacute; Pedro.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Cristo mira dentro del alma de Sim&oacute;n<\/i>. Parece admirar la obra realizada en ella por el Padre, mediante el Esp&iacute;ritu Santo: confesando la verdad revelada sobre la filiaci&oacute;n divina de su Maestro, Sim&oacute;n se hace part&iacute;cipe del divino conocimiento, de la inescrutable ciencia que el Padre tiene del Hijo, como el Hijo la tiene del Padre.<\/p>\n<p align=\"left\">Y Cristo le dice: &quot;Bienaventurado t&uacute;, Sim&oacute;n Bar Jona&quot; (<i>Mt<\/i> 16. 17).<\/p>\n<p align=\"left\">2. Estas palabras constituyen <i>el centro mismo de la historia de Sim&oacute;n Pedro<\/i>. Jam&aacute;s fue retirada esa bendici&oacute;n. Como jam&aacute;s se oscureci&oacute;, en el alma de Pedro, esa confesi&oacute;n que hizo entonces junto a Cesarea de Filipo.<\/p>\n<p align=\"left\">Con ella transcurri&oacute; toda su vida hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a. Transcurri&oacute; con ella aquella terrible noche de la captura de Cristo en el Huerto de Getseman&iacute;; la noche de su propia debilidad, de la m&aacute;s grande debilidad que se manifest&oacute; en el renegar al hombre&#8230;, pero que no destruy&oacute; la fe en el Hijo de Dios. La prueba de la cruz fue recompensada por el testimonio de la resurrecci&oacute;n. Esta confiri&oacute;, a la confesi&oacute;n hecha en la regi&oacute;n de Cesarea de Filipo, un argumento decisivo.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Pedro, con esa su fe en el Hijo<\/i> <i>de Dios, sal&iacute;a ahora al encuentro de la misi&oacute;n<\/i>, que el Se&ntilde;or le hab&iacute;a asignado.<\/p>\n<p align=\"left\">Cuando, por orden, de Herodes, se hall&oacute; en la prisi&oacute;n de Jerusal&eacute;n, encadenado y condenado a muerte, parec&iacute;a que tal misi&oacute;n hab&iacute;a durado poco. En cambio, Pedro fue liberado por la misma fuerza con que hab&iacute;a sido llamado. Le esperaba todav&iacute;a un largo camino.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>El final de este camino<\/i>&nbsp;lleg&oacute;, como indica una tradici&oacute;n \u2014confirmada. adem&aacute;s, por muchas y rigurosas investigaciones\u2014, solamente el 29 de junio del a&ntilde;o 68 de nuestra era, que convencionalmente se cuenta desde el nacimiento de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Al final de este camino, el Ap&oacute;stol Pedro, antes Sim&oacute;n, hijo de Jona, se encontr&oacute; aqu&iacute; en Roma: aqu&iacute;, en este lugar sobre el que ahora nos hallamos, bajo el altar donde se celebra esta Eucarist&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">La &quot;carne y la sangre&quot; fueron destruidas totalmente; fueron sometidas a la muerte. Pero lo que en un tiempo <i>le hab&iacute;a revelado el Padre<\/i> (cf. <i>Mt<\/i> 16, 17), <i>sobrevivi&oacute; a la muerte de la carne<\/i>; y fue el comienzo del eterno encuentro con el Maestro, de quien dar&iacute;a testimonio hasta el fin. <i>El comienzo de la feliz visi&oacute;n<\/i> del Hijo en el Padre.<\/p>\n<p align=\"left\">Y fue tambi&eacute;n<i> el inquebrantable fundamento de la fe de la Iglesia<\/i>. Su&nbsp;piedra, la roca.<\/p>\n<p align=\"left\">Bienaventurado t&uacute;, Sim&oacute;n, hijo de Jona (cf. <i>Mt<\/i> 16, 17).<\/p>\n<p align=\"left\">3. En la liturgia de hoy, que une la conmemoraci&oacute;n de la muerte y la gloria de los Santos Ap&oacute;stoles Pedro y Pablo, leemos las siguientes palabras de la Carta a Timoteo: &quot;Car&iacute;simo: en cuanto a m&iacute;, a punto estoy de derramarme en libaci&oacute;n, siendo ya inminente el tiempo de mi partida. He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe. Por lo dem&aacute;s, ya me est&aacute; preparada la corona de la justicia, que me otorgar&aacute; aquel d&iacute;a el Se&ntilde;or, justo Juez, y no s&oacute;lo a m&iacute;, sino a todos los que aman su manifestaci&oacute;n&quot; (<i>2 Tim<\/i> 4, 6-8).<\/p>\n<p align=\"left\">Ciertamente, entre todos aquellos que han amado la manifestaci&oacute;n del Se&ntilde;or, Pablo de Tarso fue el amante singular, el intr&eacute;pido combatiente, el testigo inflexible.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El Se&ntilde;or&#8230; me asisti&oacute;&quot;; recordamos el sitio donde sucedi&oacute; esto; recordamos lo que ocurri&oacute; junto a los muros de Damasco. &quot;El Se&ntilde;or me asisti&oacute; y me dio fuerzas para que por m&iacute; fuese cumplida la predicaci&oacute;n y todos los gentiles la oigan&quot; (<i>2 Tim<\/i> 4, 17).<\/p>\n<p align=\"left\">Pablo, en una grandiosa pincelada, dise&ntilde;a la obra de toda su vida. Habla de ello aqu&iacute;, en Roma, a su querido disc&iacute;pulo, cuando se acerca el fin de su vida enteramente dedicada al Evangelio.<\/p>\n<p align=\"left\">Es muy penetrante \u2014todav&iacute;a en esa &uacute;ltima etapa\u2014 la conciencia del pecado y de la gracia; de la gracia que supera al pecado y abre el camino de la gloria: &quot;El Se&ntilde;or me librar&aacute; de todo mal y me guardar&aacute; para su reino celestial&quot; (<i>2 Tim<\/i> 4, 18).<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia romana vuelve a evocar hoy, de modo especial, en su memoria, las dos &uacute;ltimas miradas, ambas en la misma direcci&oacute;n; <i>en la direcci&oacute;n de Cristo crucificado y resucitado<\/i>. La mirada de Pedro agonizante sobre la cruz y la mirada de Pablo muriendo bajo la espada.<\/p>\n<p align=\"left\">Estas dos miradas de fe <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>de aquella fe que llen&oacute; completamente su vida hasta el fin y puso los fundamentos de la luz divina en la historia del hombre sobre la tierra<font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font> permanecen en nuestra memoria.<\/p>\n<p align=\"left\">Y en este d&iacute;a revivimos nuestra fe en Cristo con una fuerza especial.<\/p>\n<p align=\"left\">En esta perspectiva, me complazco en saludar a la Delegaci&oacute;n enviada por nuestro querido hermano, el Patriarca Ecum&eacute;nico Dimitrios I, para asociarse a esta celebraci&oacute;n de los corifeos de los Ap&oacute;stoles, los Santos Pedro y Pablo, dando as&iacute; testimonio de que las relaciones entre nuestras dos Iglesias se intensifican cada vez m&aacute;s en un com&uacute;n esfuerzo hacia la plena unidad.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LOS SANTOS AP&Oacute;STOLES PEDRO Y PABLO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica Vaticana Viernes 29 de junio de 1979 &nbsp; 1. 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