{"id":39493,"date":"2016-10-05T22:52:57","date_gmt":"2016-10-06T03:52:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-junio-de-1979-misa-en-cracovia-para-la-clausura-del-jubileo-de-san-estanislao\/"},"modified":"2016-10-05T22:52:57","modified_gmt":"2016-10-06T03:52:57","slug":"10-de-junio-de-1979-misa-en-cracovia-para-la-clausura-del-jubileo-de-san-estanislao","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-junio-de-1979-misa-en-cracovia-para-la-clausura-del-jubileo-de-san-estanislao\/","title":{"rendered":"10 de junio de 1979, Misa en Cracovia para la clausura del jubileo de san Estanislao"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/1979\/travels\/documents\/trav_poland-1979.html\">PEREGRINACI&Oacute;N APOST&Oacute;LICA A POLONIA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\">MISA DE CLAUSURA DEL JUBILEO DE SAN ESTANISLAO<\/font><font color=\"#663300\"><font size=\"4\"><br \/> <\/font> <br \/> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A&nbsp; DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b> <br \/> Cracovia<br \/> Domingo 10 de junio de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&iexcl;Alabado sea Jesucristo!<\/p>\n<p>1. Todos nosotros, reunidos hoy aqu&iacute;, nos encontramos <i>frente a un gran misterio de la historia del hombre<\/i>: Cristo, despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n, se encuentra con los Ap&oacute;stoles en Galilea y les dirige las palabras que hemos escuchado hace unos momentos por boca del di&aacute;cono que ha anunciado el Evangelio: &quot;Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; id, pues; ense&ntilde;ad a todas las gentes, bautiz&aacute;ndolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu Santo, ense&ntilde;&aacute;ndoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estar&eacute; con vosotros siempre hasta la consumaci&oacute;n del mundo&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 18-20).<\/p>\n<p>En estas palabras se encierra el gran misterio de la historia de la humanidad y de la historia del hombre.<\/p>\n<p>En efecto, todo hombre est&aacute; en marcha. Camina hacia el futuro. Tambi&eacute;n las naciones est&aacute;n en marcha. Y la humanidad entera. Caminar significa no s&oacute;lo soportar las exigencias del tiempo, dejando continuamente detr&aacute;s de s&iacute; el pasado: el d&iacute;a de ayer, los a&ntilde;os, los siglos&#8230; <i>Caminar quiere decir ser adem&aacute;s conscientes de la meta<\/i>.<\/p>\n<p>&iquest;Es que acaso el hombre y la humanidad en su andadura por esta tierra pasan solamente o desaparecen? &iquest;Para el hombre todo consiste acaso en lo que &eacute;l, sobre esta tierra, construye, conquista y de lo cual goza? Independientemente de todas las conquistas, de todo el conjunto de la vida (cultura, civilizaci&oacute;n y t&eacute;cnica), &iquest;no le espera nada m&aacute;s? &quot;Pasa la figura de este mundo&quot;. <i>&iquest;Y el hombre pasa totalmente junto con ella?<\/i><\/p>\n<p>Las palabras pronunciadas por Cristo en el momento de despedirse de los Ap&oacute;stoles expresan el misterio de la historia del hombre, de cada uno en particular y de todos en general, el misterio de la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>El bautismo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu Santo es una inmersi&oacute;n en el Dios vivo, &quot;en el que Es&quot;, como afirma el libro del G&eacute;nesis, en Aquel &quot;que es, que era y que viene&quot;, como dice el Apocalipsis (1, 4). El bautismo es el comienzo del encuentro, de la unidad, de la comuni&oacute;n, para el que toda la vida terrena es solamente un pr&oacute;logo y una introducci&oacute;n; el cumplimiento y la plenitud pertenecen a la eternidad. &quot;Pasa la figura de este mundo&quot;. Debemos, por consiguiente, encontrarnos &quot;en el mundo de Dios&quot;, para alcanzar el fin, para llegar a la plenitud de la vida y de la vocaci&oacute;n del hombre.<\/p>\n<p>Cristo nos ha mostrado el camino y, al despedirse de los Ap&oacute;stoles, lo ha confirmado una vez m&aacute;s, les encomend&oacute; que ellos y toda la Iglesia ense&ntilde;aran a observar todo lo que El les hab&iacute;a ordenado: &quot;Yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&quot;.<\/p>\n<p>2. Escuchamos siempre con la m&aacute;xima emoci&oacute;n estas palabras, con las que el Redentor resucitado delinea la historia de la humanidad y, a la vez, la historia de cada hombre. Cuando dice &quot;ense&ntilde;ad a todos los pueblos&quot;, aparece ante los ojos de nuestra alma el momento en que el Evangelio ha llegado a nuestra naci&oacute;n, en los comienzos mismos de su historia, y cuando los primeros polacos recibieron el bautismo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu Santo. El perfil espiritual de la historia de la patria ha sido trazado por las mismas palabras de Cristo, dichas a los Ap&oacute;stoles. El perfil de la historia espiritual de cada uno de nosotros ha sido tambi&eacute;n trazado m&aacute;s o menos de la misma manera.<\/p>\n<p>El hombre es, en efecto, un ser racional y libre, es un sujeto consciente y responsable. El puede y debe, con el esfuerzo personal del pensamiento, llegar a la verdad. Puede y debe elegir y decidir. <i>El bautismo, recibido en los albores de la historia de Polonia<\/i>, nos ha hecho a&uacute;n m&aacute;s conscientes de la aut&eacute;ntica grandeza del hombre, &quot;la inmersi&oacute;n en el agua&quot; es signo de la llamada a participar en la vida de la Sant&iacute;sima Trinidad, y es, al mismo tiempo, una comprobaci&oacute;n insustituible de la dignidad de todo hombre. Ya la misma llamada testimonia en su favor: el hombre debe tener una dignidad extraordinaria, si ha sido llamado a tal participaci&oacute;n, a la participaci&oacute;n de Dios mismo.<\/p>\n<p>Asimismo, todo el proceso hist&oacute;rico de la conciencia y de las decisiones del hombre est&aacute; &iacute;ntimamente unido <i>a la viva tradici&oacute;n de la propia naci&oacute;n<\/i> en la que, a trav&eacute;s de todas las generaciones resuenan con eco vivo las palabras de Cristo, el testimonio del Evangelio, la cultura cristiana, las costumbres nacidas de la fe, de la esperanza y de la caridad. El hombre elige responsablemente, con libertad interior. Aqu&iacute; la tradici&oacute;n no es limitaci&oacute;n: es tesoro, es riqueza espiritual, es un gran bien com&uacute;n que se confirma con cada elecci&oacute;n, con cada acto noble, con toda vida aut&eacute;nticamente vivida como cristiano.<\/p>\n<p><i>&iquest;Se puede rechazar todo esto?<\/i> &iquest;Se puede decir &quot;no&quot;? &iquest;Se puede rechazar a Cristo y todo lo que El he tra&iacute;do a la historia del hombre?<\/p>\n<p>Ciertamente se puede. El hombre es libre. El hombre puede decir a Dios: no. El hombre puede decir a Cristo: no. Pero permanece la pregunta fundamental: &iquest;Es l&iacute;cito hacerlo? &iquest;Y en nombre de qu&eacute; es l&iacute;cito? &iquest;Qu&eacute; argumento racional, qu&eacute; valor de la voluntad y del coraz&oacute;n puedes t&uacute; poner delante de ti mismo, del pr&oacute;jimo, de los connacionales y de la naci&oacute;n, para rechazar, para decir &quot;no&quot; a aquello de lo que todos hemos vivido durante mil a&ntilde;os? &iquest;Se puede decir &quot;no&quot; a todo lo que ha creado y ha constituido siempre las bases de nuestra identidad?<\/p>\n<p>En cierta ocasi&oacute;n Cristo pregunt&oacute; a los Ap&oacute;stoles (esto tuvo lugar despu&eacute;s de la promesa de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a y muchos se alejaron de El): &quot;&iquest;Quer&eacute;is iros vosotros tambi&eacute;n&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 67). Permitid que el Sucesor de Pedro, ante todos vosotros aqu&iacute; reunidos, y ante toda nuestra historia, y la sociedad contempor&aacute;nea, repita hoy las palabras de Pedro, que fueron entonces su respuesta a la pregunta de Cristo: &quot;&iquest;A qui&eacute;n ir&iacute;amos? T&uacute; tienes palabras de vida eterna&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 68).<\/p>\n<p>3. San Estanislao fue obispo de Krak&oacute;w (Cracovia) durante siete a&ntilde;os, como lo atestiguan las fuentes hist&oacute;ricas- Este obispo-connacional, oriundo de la no lejana Szczepan&oacute;w, llega a la sede de Krak&oacute;w en el a&ntilde;o 1072, para dejarla en 1079, sufriendo la muerte a manos del Rey Boleslao el Audaz. El d&iacute;a de la muerte, seg&uacute;n las fuentes, era el 11 de abril y es precisamente en esta fecha en la que el calendario lit&uacute;rgico de la Iglesia universal conmemora a San Estanislao. En Polonia la solemnidad del obispo m&aacute;rtir se celebra desde hace siglos el 8 de mayo, y sigue celebr&aacute;ndose todav&iacute;a hoy.<\/p>\n<p>Cuando, como metropolitano de Krak&oacute;w inici&eacute; con vosotros los preparativos del IX centenario de la muerte de San Estanislao, que se celebra este a&ntilde;o, est&aacute;bamos todos a&uacute;n bajo la impresi&oacute;n del <i>milenio del bautismo de Polonia<\/i>, celebrado en el a&ntilde;o del Se&ntilde;or 1966. A la luz de este acontecimiento y en comparaci&oacute;n con la figura de San Adalberto, tambi&eacute;n &eacute;l obispo y m&aacute;rtir, cuya vida est&aacute; unida a nuestra historia desde la &eacute;poca del bautismo, <i>la figura de San Estanislao parece indicar<\/i> (por analog&iacute;a) <i>otro sacramento<\/i>, que forma parte de la iniciaci&oacute;n del cristiano a la fe y a la vida de la Iglesia. Este sacramento, como es sabido, es el de la <i>confirmaci&oacute;n<\/i>. Toda la relectura &quot;jubilar&quot; de la misi&oacute;n de San Estanislao en la historia de nuestro milenario cristiano, y adem&aacute;s toda la preparaci&oacute;n espiritual a las celebraciones de este a&ntilde;o se refer&iacute;a precisamente a este sacramento do la confirmaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La analog&iacute;a tiene muchos aspectos. Pero, especialmente, la hemos buscado en el desarrollo normal de la vida cristiana. Como un hombre bautizado llega a ser <i>cristiano maduro<\/i> mediante el sacramento de la confirmaci&oacute;n, as&iacute; tambi&eacute;n la Providencia Divina ha dado a nuestra naci&oacute;n, a su debido tiempo, despu&eacute;s del bautismo, el momento hist&oacute;rico de la confirmaci&oacute;n. San Estanislao, que dista casi un siglo de la &eacute;poca del bautismo, simboliza este momento de modo peculiar, por el hecho de haber dado testimonio de Cristo, derramando la propia sangre. El sacramento de la confirmaci&oacute;n en la vida de cada cristiano, frecuentemente joven, dado que la juventud es la que recibe este sacramento \u2014tambi&eacute;n Polonia era entonces una naci&oacute;n y pa&iacute;s joven\u2014 debe hacer que tambi&eacute;n &eacute;l sea &quot;<i>testigo<\/i> de Cristo&quot; en la medida de la propia vida y de la propia vocaci&oacute;n. Este es un sacramento que de modo particular nos asocia a la misi&oacute;n de los Ap&oacute;stoles, en cuanto introduce a cada bautizado en el apostolado de la Iglesia (especialmente en el apostolado llamado de los laicos).<\/p>\n<p>Es el sacramento que debe hacer nacer en nosotros un profundo sentido de <i>responsabilidad por la Iglesia<\/i>, por el Evangelio, por la causa de Cristo en las almas de los hombres, por la salvaci&oacute;n del mundo.<\/p>\n<p>El sacramento de la confirmaci&oacute;n lo recibimos s&oacute;lo una vez durante la vida (como ocurre con el bautismo), y la vida entera, que se abre en la perspectiva de este sacramento, adquiere el aspecto de una gran y fundamental prueba: <i>prueba de fe y de car&aacute;cter<\/i>. San Estanislao ha llegado a ser, en la historia espiritual de los polacos, patrono de aquella gran y fundamental prueba de fe y de car&aacute;cter. Lo veneramos adem&aacute;s como patrono del orden moral cristiano. En definitiva, el orden moral se constituye de hecho a trav&eacute;s de los hombres. Este orden se compone de un gran n&uacute;mero de pruebas, cada una de las cuales es prueba de fe y de car&aacute;cter. En definitiva <i>el orden moral<\/i> deriva de toda prueba victoriosa, mientras que toda prueba malograda trae desorden.<\/p>\n<p>Sabemos tambi&eacute;n muy bien, por toda nuestra historia, que no podemos absolutamente, a ning&uacute;n coste, permitirnos este desorden, que ya hemos pagado amargamente en otras ocasiones.<\/p>\n<p>Por consiguiente, nuestra meditaci&oacute;n de estos siete &uacute;ltimos a&ntilde;os sobre la figura de San Estanislao, nuestra referencia a su ministerio pastoral en la sede de Krak&oacute;w, el nuevo examen de sus reliquias, o sea, del cr&aacute;neo del Santo, que tiene impresas las huellas de los golpes mortales, todo ello conduce hoy a una asidua y fervorosa <i>oraci&oacute;n por la victoria del orden moral en esta dif&iacute;cil &eacute;poca de nuestra historia<\/i>.<\/p>\n<p>Esta es la conclusi&oacute;n esencial de todo el tenaz trabajo de estos siete a&ntilde;os, la condici&oacute;n principal y, a la vez, la finalidad de la renovaci&oacute;n conciliar, por la que ha trabajado tan pacientemente el S&iacute;nodo de la archidi&oacute;cesis de Krak&oacute;w; y tambi&eacute;n el principal inspirador de la pastoral y de toda la actividad de la Iglesia, y de todos los trabajos, de todos los deberes y programas que han sido y que ser&aacute;n emprendidos en el territorio polaco.<\/p>\n<p>Que este a&ntilde;o de San Estanislao sea el a&ntilde;o de una particular madurez hist&oacute;rica de la naci&oacute;n y de la Iglesia polaca, el a&ntilde;o <i>de una nueva consciente responsabilidad para el futuro de la naci&oacute;n y de la Iglesia en Polonia<\/i>: &eacute;ste es el voto que hoy, aqu&iacute; con vosotros, venerables y queridos hermanos y hermanas, deseo, como primer Papa de estire polaca, ofrecer al Rey inmortal de los siglos, al eterno Pastor de nuestras almas y de nuestra historia, al Buen Pastor.<\/p>\n<p>4. Permitid, ahora que, para hacer una s&iacute;ntesis, abrace espiritualmente toda mi peregrinaci&oacute;n en Polonia, que, comenzada en la vigilia de Pentecost&eacute;s en Warszawa (Varsovia), est&aacute; para terminar hoy en Krak&oacute;w, en la solemnidad de la Sant&iacute;sima Trinidad. <i>&iexcl;Amad&iacute;simos connacionales, deseo daros las gracias por todo!<\/i> Porque me hab&eacute;is invitado y me hab&eacute;is acompa&ntilde;ado en todo el recorrido de la peregrinaci&oacute;n, desde Warszawa a trav&eacute;s de Gniezno de los Primados y de Jasna G&oacute;ra. Doy las gracias una vez m&aacute;s a las autoridades del Estado por su gentil invitaci&oacute;n y acogida. Doy las gracias a las autoridades de los departamentos y especialmente a las autoridades de la ciudad de Warszawa y \u2014en esta &uacute;ltima etapa\u2014 a las autoridades municipales de la antigua ciudad real de Krak&oacute;w. Doy gracias a la Iglesia de mi patria: al Episcopado, con el cardenal primado a la cabeza, al metropolitano de Krak&oacute;w y a mis hermanos obispos: Julian, Jan, Stanislaw y Albin, con quienes he podido colaborar aqu&iacute;, en Krak&oacute;w, durante muchos a&ntilde;os, en la preparaci&oacute;n del jubileo de San Estanislao. Doy las gracias tambi&eacute;n a los obispos de todas las di&oacute;cesis sufrag&aacute;neas de Krak&oacute;w, Czestochowa, Katowice, Kielce y Tarn&oacute;w. Tarn&oacute;w es, a trav&eacute;s de Szczepan&oacute;w, la primera patria de San Estanislao. Doy las gracias a todo el clero. Doy gracias a las Ordenes religiosas masculinas y femeninas. Doy gracias a todos y a cada uno en particular. <i>En verdad es justo y necesario, nuestro deber y salvaci&oacute;n, dar gracias<\/i>.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n yo, ahora, en este &uacute;ltimo d&iacute;a de mi peregrinaci&oacute;n a trav&eacute;s de Polonia, deseo abrir totalmente mi coraz&oacute;n y gritar con fuerza, dando gracias con esta hermosa forma de &quot;prefacio&quot;. Cu&aacute;nto deseo que mi agradecimiento llegue a la Divina Majestad, al coraz&oacute;n de la Sant&iacute;sima Trinidad: Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>Connacionales m&iacute;os: Con cu&aacute;nto fervor doy gracias una vez m&aacute;s, en uni&oacute;n con vosotros, <i>por el don de haber sido bautizados, hace m&aacute;s de mil a&ntilde;os, en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo<\/i>; de haber sido sumergidos en el agua que, por la gracia, perfecciona en nosotros la imagen de Dios vivo, en el agua que es una ola de eternidad: &quot;fuente de agua que salta hasta la vida eterna&quot; (<i>Jn<\/i> 4, 14). Doy gracias porque nosotros los hombres, nosotros los polacos, cada uno de los cuales, en cuanto hombre, nace de la carne y de la sangre (cf. <i>Jn<\/i> 3, 6) de sus padres, hemos sido concebidos y hemos nacido del Esp&iacute;ritu (cf. <i>Jn<\/i> 3, 5). Del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>Deseo pues hoy, estando aqu&iacute; \u2014en estos espaciosos prados de Krak&oacute;w\u2014, y dirigiendo la mirada hacia Wawel y Skalka donde, hace novecientos a&ntilde;os, &quot;sufri&oacute; la muerte el c&eacute;lebre obispo Estanislao&quot;, <i>cumplir una vez m&aacute;s<\/i> lo que se efect&uacute;a en el sacramento de la confirmaci&oacute;n, del que &eacute;l es s&iacute;mbolo en nuestra historia. Deseo que lo que ha sido concebido y nacido del Esp&iacute;ritu Santo, sea confirmado nuevamente mediante la cruz y la resurrecci&oacute;n de Cristo, de la que particip&oacute; de modo particular nuestro connacional San Estanislao de Szczepan&oacute;w<\/p>\n<p>Permitidme por tanto que, al igual que el obispo durante la confirmaci&oacute;n, tambi&eacute;n yo repita hoy aquel <i>gesto apost&oacute;lico de la imposici&oacute;n de las manos<\/i> sobre todos los que est&aacute;n aqu&iacute; presentes, sobre todos mis connacionales. En esta imposici&oacute;n de las manos, en efecto, se expresa la aceptaci&oacute;n y la transmisi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, que los Ap&oacute;stoles recibieron del mismo Cristo, cuando despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n se apareci&oacute; a ellos &quot;estando cerradas las puertas&quot;(<i>Jn<\/i> 20, 19) y dijo: &quot;Recibid el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 22).<\/p>\n<p>Este Esp&iacute;ritu: Esp&iacute;ritu de salvaci&oacute;n, de redenci&oacute;n, de conversi&oacute;n y de santidad, Esp&iacute;ritu de verdad, Esp&iacute;ritu de amor y Esp&iacute;ritu de fortaleza \u2014heredado como fuerza viva por los Ap&oacute;stoles\u2014 ha sido transmitido tantas veces por las manos de los obispos a generaciones enteras en tierra polaca. <i>Este Esp&iacute;ritu<\/i> \u2014as&iacute; como el obispo oriundo de Szczepan&oacute;w lo transmit&iacute;a a sus contempor&aacute;neos\u2014 <i>deseo transmitirlo hoy a vosotros<\/i>. Deseo hoy transmitiros este Esp&iacute;ritu abrazando cordialmente con profunda humildad la gran &quot;confirmaci&oacute;n de la historia&quot; que est&aacute;is viviendo.<\/p>\n<p>Repito pues <i>siguiendo al mismo Cristo:<\/i><\/p>\n<p>&quot;Recibid el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 22).<\/p>\n<p>Repito <i>siguiendo al Ap&oacute;stol:<\/i><\/p>\n<p>&quot;No apagu&eacute;is el Esp&iacute;ritu&quot; (<i>1 Tes<\/i> 5, 19). <\/p>\n<p>Repito <i>siguiendo al Ap&oacute;stol:<\/i><\/p>\n<p>&quot;No entristezc&aacute;is al Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 30).<\/p>\n<p>Deb&eacute;is ser fuertes, querid&iacute;simos hermanos y hermanas. Deb&eacute;is ser fuertes con la fuerza que brota de la fe. Deb&eacute;is ser fuertes con la fuerza de la fe. Deb&eacute;is ser fieles. Hoy m&aacute;s que en cualquier otra &eacute;poca ten&eacute;is necesidad de esta fuerza. <i>Deb&eacute;is ser fuertes<\/i> con la fuerza <i>de la esperanza<\/i> que lleva consigo la perfecta alegr&iacute;a de vivir y no permite entristecer al Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>Deb&eacute;is ser fuertes con la fuerza del amor, que es m&aacute;s fuerte que la muerte, como han revelado San Estanislao y el Beato Maximiliano Kolbe. Deb&eacute;is ser fuertes con ese amor que es &quot;paciente, es benigno&#8230; que no es envidioso, no es descort&eacute;s, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa mal; no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera. La caridad jam&aacute;s decae&quot; (<i>1 Cor<\/i> 13, 4-8).<\/p>\n<p>Deb&eacute;is ser fuertes con la fuerza de la fe, de la esperanza y de la caridad, consciente y madura, responsable, que nos ayuda a entablar el gran <i>di&aacute;logo con el hombre y con el mundo<\/i> en esta etapa de nuestra historia: di&aacute;logo con el hombre y con el mundo, radicado en el di&aacute;logo con Dios mismo \u2014con el Padre por medio del Hijo en el Esp&iacute;ritu Santo\u2014, <i>di&aacute;logo de la salvaci&oacute;n<\/i>.<\/p>\n<p>Quisiera que se reanudase este di&aacute;logo juntamente con todos nuestros hermanos cristianos, si bien hoy todav&iacute;a separados, pero unidos por una fe &uacute;nica en Cristo. Hablo de esto aqu&iacute;, en este lugar, para expresar palabras de gratitud por la carta que he recibido de los representantes del Consejo Ecum&eacute;nico polaco. Pese a que, por causa del programa tan denso, no hemos podido tener un encuentro en Warszawa, recordad, queridos hermanos en Cristo, que llevo en el coraz&oacute;n ese encuentro como un vivo deseo y como expresi&oacute;n de la confianza para el futuro.<\/p>\n<p>Aquel di&aacute;logo no cesa de ser vocaci&oacute;n a trav&eacute;s de todos los &quot;signos de los tiempos&quot;. Juan XXIII y Pablo VI, juntamente con el Concilio Vaticano II han acogido esta invitaci&oacute;n al di&aacute;logo. Juan Pablo II, desde el primer d&iacute;a, confirma esta disponibilidad. &iexcl;S&iacute;! Es necesario trabajar por la paz y la reconciliaci&oacute;n entre los hombres y las naciones de todo el mundo. Hay que tratar de acercarnos rec&iacute;procamente. Hay que abrir las fronteras. Cuando somos <i>fuertes con el Esp&iacute;ritu de Dios<\/i>, somos tambi&eacute;n <i>fuertes en la fe en el hombre<\/i>, fuertes en la fe, la esperanza y la caridad \u2014que son indisolubles\u2014 y estamos dispuestos a dar testimonio por la causa del hombre ante aqu&eacute;l, verdaderamente interesado en esta causa; para el que esta causa es sagrada. Ante aquel que desea servirla con la mejor voluntad. No hay que tener pues miedo. Hay que abrir las fronteras. <i>Recordaos que no existe el imperialismo de la Iglesia,<\/i> sino <i>solamente el servicio<\/i>. Existe solamente la muerte de Cristo en el Calvario. Existe la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, fruto de esta muerte, Esp&iacute;ritu Santo que permanece con todos nosotros, con la humanidad entera, &quot;hasta el fin del mundo&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 20).<\/p>\n<p>Con particular gozo saludo aqu&iacute; a los grupos de nuestros hermanos llegados del sur, del otro lado de los C&aacute;rpatos. Dios os recompense por vuestra presencia. &iexcl;Cu&aacute;nto desear&iacute;a que pudiesen estar aqu&iacute; tambi&eacute;n presentes los dem&aacute;s! &iexcl;Dios os lo pague, hermanos Lusazianos! &iexcl;C&oacute;mo habr&iacute;a deseado que hubiesen estado aqu&iacute; tambi&eacute;n presentes, durante esta peregrinaci&oacute;n del Papa eslavo, los dem&aacute;s hermanos nuestros en la lengua y en los acontecimientos de la historia! Y si no est&aacute;n aqu&iacute;, si no se hallan presentes en esta explanada, recuerden que por esto est&aacute;n m&aacute;s presentes todav&iacute;a en nuestro coraz&oacute;n. Recuerden que est&aacute;n m&aacute;s presentes en nuestro coraz&oacute;n y en nuestras oraciones.<\/p>\n<p>5. All&aacute; en Warszawa, por lo dem&aacute;s, en la plaza de la Victoria, est&aacute; la tumba del Soldado Desconocido, desde donde he comenzado mi ministerio de peregrino en tierra polaca; y aqu&iacute;, en Krak&oacute;w, junto al V&iacute;stula \u2014entre Wawel y Skalka\u2014, la tumba del &quot;Obispo Desconocido&quot;, del que ha quedado una maravillosa &quot;reliquia&quot; en el tesoro de nuestra historia.<\/p>\n<p>Por esto, permitid que antes de dejaros, dirija todav&iacute;a una mirada sobre Krak&oacute;w, esta Krak&oacute;w de la cual cada una de las piedras y ladrillos me son queridos.<\/p>\n<p>Y que mire tambi&eacute;n desde aqu&iacute; a Polonia&#8230; &#8216;<\/p>\n<p>Por eso antes de marchar de aqu&iacute;, os ruego que <i>acept&eacute;is<\/i> una vez m&aacute;s todo el patrimonio espiritual cuyo nombre es &quot;Polonia&quot;, con la fe, con la esperanza y la caridad que Cristo ha injertado en nosotros a trav&eacute;s del santo bautismo.<\/p>\n<p>Os ruego:<\/p>\n<p>\u2014 que no perd&aacute;is jam&aacute;s la confianza. que no os dej&eacute;is abatir, que no os desanim&eacute;is;<\/p>\n<p>\u2014 que no <i>cort&eacute;is<\/i> por vuestra cuenta las ra&iacute;ces de nuestros or&iacute;genes.<\/p>\n<p>Os ruego:<\/p>\n<p>\u2014 que teng&aacute;is confianza, a pesar de vuestra debilidad, que <i>busqu&eacute;is<\/i> siempre la fuerza espiritual de Aquel en quien tantas generaciones de nuestros padres y&nbsp; de nuestras madres la han encontrado.<\/p>\n<p>\u2014 <i>No os separ&eacute;is<\/i> jam&aacute;s de El.<\/p>\n<p>\u2014 <i>No perd&aacute;is jam&aacute;s la libertad de esp&iacute;ritu<\/i>, con la que El &quot;hace libre&quot; al hombre.<\/p>\n<p>\u2014 <i>No despreci&eacute;is jam&aacute;s la caridad<\/i> que es la cosa &quot;m&aacute;s grande&quot; que se ha manifestado a trav&eacute;s de la cruz, y sin la cual la vida humana no tiene ra&iacute;z ni sentido.<\/p>\n<p>Os pido todo esto:<\/p>\n<p>\u2014 en recuerdo y por la poderosa intercesi&oacute;n de la <i>Madre de Dios<\/i> de Jasna G&oacute;ra y de todos sus santuarios en tierra polaca;<\/p>\n<p>\u2014 en recuerdo de San Wojciech, que sufri&oacute; la muerte por Cristo cerca del mar B&aacute;ltico;<\/p>\n<p>\u2014 en recuerdo de San Estanislao, muerto por la espada del Rey en Skalka. Os pido todo esto.<\/p>\n<p>Am&eacute;n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PEREGRINACI&Oacute;N APOST&Oacute;LICA A POLONIA MISA DE CLAUSURA DEL JUBILEO DE SAN ESTANISLAO HOMIL&Iacute;A&nbsp; DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Cracovia Domingo 10 de junio de 1979 &nbsp; &iexcl;Alabado sea Jesucristo! 1. Todos nosotros, reunidos hoy aqu&iacute;, nos encontramos frente a un gran misterio de la historia del hombre: Cristo, despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n, se encuentra &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-junio-de-1979-misa-en-cracovia-para-la-clausura-del-jubileo-de-san-estanislao\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab10 de junio de 1979, Misa en Cracovia para la clausura del jubileo de san Estanislao\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39493","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39493","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39493"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39493\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39493"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39493"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39493"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}