{"id":39497,"date":"2016-10-05T22:53:03","date_gmt":"2016-10-06T03:53:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-1979-santa-misa-en-el-campo-de-concentracion-de-auschwitz-birkenau\/"},"modified":"2016-10-05T22:53:03","modified_gmt":"2016-10-06T03:53:03","slug":"7-de-junio-de-1979-santa-misa-en-el-campo-de-concentracion-de-auschwitz-birkenau","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-1979-santa-misa-en-el-campo-de-concentracion-de-auschwitz-birkenau\/","title":{"rendered":"7 de junio de 1979, Santa misa en el campo de concentraci\u00f3n de Auschwitz-Birkenau"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/1979\/travels\/documents\/trav_poland-1979.html\">PEREGRINACI&Oacute;N APOST&Oacute;LICA A POLONIA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA EN EL CAMPO DE CONCENTRACI&Oacute;N DE AUSCHWITZ-BIRKENAU<\/p>\n<p> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A&nbsp; DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Jueves 7 de junio de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. \u201c&#8230;Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe\u201d (1 Jn 5, 4)<\/p>\n<p>Estas palabras de la Carta de San Juan me vienen a la mente y me llegan al coraz&oacute;n, cuando me encuentro, junto con vosotros, en este lugar donde se ha llevado a cabo una particular victoria del ser humano mediante la fe. Por la fe que hace nacer el amor de Dios y del pr&oacute;jimo, el &uacute;nico amor, el amor supremo que est&aacute; dispuesto a \u201cdar la vida por sus amigos\u201d (Jn 15, 13; cf. 10, 11). Una victoria pues por el amor que hace viva la fe hasta el extremo del &uacute;ltimo y definitivo testimonio.<\/p>\n<p>Esta victoria por la fe y por el amor la ha conseguido en este lugar un hombre, cuyo nombre es Maksymilian Maria (Maximiliano Mar&iacute;a), su apellido: Kolbe; de \u201cprofesi&oacute;n\u201d (como se escrib&iacute;a de &eacute;l en los registros del campo de concentraci&oacute;n): sacerdote cat&oacute;lico; por su vocaci&oacute;n: hijo de San Francisco; por su origen: hijo de padres sencillos, laboriosos y devotos, tejedores cerca de &#x141;&oacute;d&#x17a;; por la gracia de Dios y por la decisi&oacute;n de la Iglesia: beato.<\/p>\n<p>La victoria mediante la fe y el amor la consigui&oacute; este hombre en este lugar, construido para la negaci&oacute;n de la fe \u2013de la fe en Dios y de la fe en el hombre\u2013 y para aplastar radicalmente no s&oacute;lo el amor, sino todos los signos de la dignidad humana, de la humanidad. Un lugar que fue construido sobre el odio y el desprecio del hombre, en nombre de una ideolog&iacute;a loca. Un lugar que fue construido sobre la crueldad. Conduce a &eacute;l una puerta, que todav&iacute;a existe, sobre la cual se puso una inscripci&oacute;n \u201cArbeit macht frei\u201d, que suena a mofa, porque su contenido se contradec&iacute;a radicalmente con lo que ocurr&iacute;a dentro.<\/p>\n<p>En este lugar del terrible estrago, que supuso la muerte para cuatro millones de hombres de diversas naciones, el P. Maximiliano Kolbe, ofreci&eacute;ndose voluntariamente a s&iacute; mismo a la muerte, en el b&uacute;nker del hambre, por un hermano, consigui&oacute; una victoria espiritual, similar a la del mismo Cristo. Este hermano vive todav&iacute;a hoy en esta tierra polaca.<\/p>\n<p>Pero el P. Maximiliano Kolbe &iquest;fue el &uacute;nico? Ciertamente, &eacute;l consigui&oacute; una victoria que tuvo repercusi&oacute;n inmediata sobre sus compa&ntilde;eros de prisi&oacute;n y que tiene repercusi&oacute;n a&uacute;n hoy en la Iglesia y en el mundo. Pero seguramente se consiguieron otras muchas victorias; pienso, por ejemplo, en la muerte, en el horno crematorio del campo de concentraci&oacute;n, de la carmelita sor Benedicta de la Cruz, en el mundo Edith Stein; de profesi&oacute;n: fil&oacute;sofa, alumna ilustre de Husserl, que se ha convertido en honra de la filosof&iacute;a alemana contempor&aacute;nea y que descend&iacute;a de una familia hebrea habitante en Wroc&#x142;aw<\/p>\n<p>No quiero detenerme sobre estos dos nombres cuando me pregunto: &iquest;Acaso s&oacute;lo &eacute;l? &iquest;S&oacute;lo ella&#8230;? &iquest;Cu&aacute;ntas victorias similares se alcanzaron aqu&iacute;? Las consiguieron hombres de diversas religiones, de distintas ideolog&iacute;as, no s&oacute;lo los creyentes.<\/p>\n<p>Queremos rendir el homenaje m&aacute;s profundo a cada una de estas victorias, a cada una de las muestras de la humanidad.<\/p>\n<p>En el lugar en que fue pisoteada de modo tan horrendo la humanidad, la dignidad humana \u2013 &iexcl;Victoria del ser humano!<\/p>\n<p>&iquest;Puede todav&iacute;a extra&ntilde;arse alguien de que el Papa, nacido y educado en esta tierra; el Papa que ha ido a la Sede de San Pedro desde la di&oacute;cesis en cuyo territorio se halla el campo de Auschwitz, haya comenzado su <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">primera Enc&iacute;clica<\/a> con las palabras <i><u>Redemptor hominis<\/u><\/i> y que la haya dedicado en conjunto a la causa del hombre, a la dignidad del hombre, a las amenazas contra &eacute;l y, en fin, a sus derechos? &iexcl;Derechos inalienables que tan f&aacute;cilmente pueden ser pisoteados y aniquilados por&#8230; el ser humano! Es suficiente revestir al hombre de un uniforme diverso, armarlo con instrumentos de violencia, basta imponerle la ideolog&iacute;a en la que los derechos del hombre quedan sometidos a las exigencias del sistema&#8230; completamente sometidos, de modo que, de hecho, dejan de existir.<\/p>\n<p>2. Vengo aqu&iacute; hoy como peregrino. Se sabe que he estado aqu&iacute; muchas veces&#8230; &iexcl;Cu&aacute;ntas veces! Y muchas veces he bajado a la celda de la muerte de Maximiliano Kolbe y me he parado ante el muro del exterminio y he caminado entre las ruinas de los hornos crematorios de Birkenau. No pod&iacute;a menos de venir aqu&iacute; como Papa.<\/p>\n<p>Vengo pues a este particular santuario, en el que ha nacido \u2013puedo decir\u2013 el patrono de nuestro dif&iacute;cil siglo, igual que hace nueve siglos naci&oacute; bajo la espada, en Ska&#x142;ka, Estanislao, santo patrono de los polacos.<\/p>\n<p>Sin embargo, vengo aqu&iacute; no s&oacute;lo para venerar al patrono de nuestro siglo. Vengo para mirar, junto con vosotros, independientemente de vuestra fe, una vez m&aacute;s a los ojos de la causa del ser humano.<\/p>\n<p>Ciertamente, vengo para orar junto con todos vosotros que hab&eacute;is llegado aqu&iacute; \u2014y al mismo tiempo con toda Polonia\u2014 y con toda Europa. Cristo quiere que yo, Sucesor de Pedro, d&eacute; testimonio ante el mundo de lo que constituye la grandeza del hombre de nuestros tiempos y de su miseria. De lo que constituye su derrota y su victoria.<\/p>\n<p>Vengo pues y me arrodillo en este G&oacute;lgota del mundo contempor&aacute;neo, sobre estas tumbas, en gran parte sin nombre, como la gran tumba del Soldado Desconocido. Me arrodillo delante de todas las l&aacute;pidas de Birkenau, en las que se ha grabado la conmemoraci&oacute;n de las v&iacute;ctimas de Auschwitz en las siguientes lenguas: polaco, ingl&eacute;s, b&uacute;lgaro, c&iacute;ngaro, checo, dan&eacute;s, franc&eacute;s, griego, hebreo, yidis, espa&ntilde;ol, flamenco, serbo-croata, alem&aacute;n, noruego, ruso, rumano, h&uacute;ngaro, italiano.<\/p>\n<p>En particular, me detengo junto con vosotros, queridos participantes de este encuentro, ante la l&aacute;pida con la inscripci&oacute;n en lengua hebrea. Esta inscripci&oacute;n suscita el recuerdo del pueblo, cuyos hijos e hijas estaban destinados al exterminio total. Este pueblo tiene su origen en Abrah&aacute;n, que es padre de nuestra fe (cf. Rom 4, 12), como dijo Pablo de Tarso. Precisamente este pueblo, que ha recibido de Dios el mandamiento de &quot;no matar&quot;, ha probado en s&iacute; mismo, en medida particular, lo que significa matar. A nadie le es l&iacute;cito pasar delante de esta l&aacute;pida con indiferencia.<\/p>\n<p>Quiero detenerme, adem&aacute;s, delante de otra l&aacute;pida: la que est&aacute; en lengua rusa. No a&ntilde;ado ning&uacute;n comentario. Sabemos de qu&eacute; naci&oacute;n habla. Sabemos qu&eacute; parte ha tenido esta naci&oacute;n, durante la &uacute;ltima guerra por la libertad de los pueblos. Tampoco ante esta l&aacute;pida se puede pasar con indiferencia.<\/p>\n<p>Finalmente, la &uacute;ltima lapida: la que est&aacute; en lengua polaca. Son seis millones de polacos los que perdieron la vida durante la segunda guerra mundial: la quinta parte de la naci&oacute;n. Una etapa m&aacute;s de las luchas seculares de esta naci&oacute;n, de mi naci&oacute;n, por sus derechos fundamentales entre los pueblos de Europa. Un nuevo alto grito por el derecho a un puesto propio en el mapa de Europa. Una dolorosa cuenta con la conciencia de la humanidad. <\/p>\n<p>He elegido tres l&aacute;pidas. Ser&iacute;a necesario detenerse ante cada una de ellas, y as&iacute; lo haremos.<\/p>\n<p>3. Auschwitz es una cuenta con la conciencia de la humanidad mediante estas l&aacute;pidas que dan testimonio de las v&iacute;ctimas que hab&iacute;an perdido las naciones. Auschwitz es un lugar que no basta solo visitarlo. Durante la visita hay que pensar con temor d&oacute;nde est&aacute;n las fronteras del odio. <\/p>\n<p>Auschwitz es un testimonio de la guerra. La guerra lleva consigo un desmedido crecimiento del odio, de la destrucci&oacute;n, de la crueldad. Y si no se puede negar que manifiesta tambi&eacute;n nuevas posibilidades de la valent&iacute;a humana, del hero&iacute;smo, del patriotismo, queda sin embargo el hecho de que en ella prevalece la cuenta de las p&eacute;rdidas. Prevalece tanto m&aacute;s, cuanto m&aacute;s la guerra se convierte en el juego de la bien calculada t&eacute;cnica de la destrucci&oacute;n. De la guerra son responsables no s&oacute;lo los que la causan directamente, sino tambi&eacute;n aquellos que no hacen todo lo posible por impedirla.<\/p>\n<p>Por esto, s&eacute;ame permitido repetir en este lugar las palabras que <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/speeches\/1965\/documents\/hf_p-vi_spe_19651004_united-nations_sp.html\">Pablo VI pronunci&oacute; ante la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas<\/a>:<\/p>\n<p>\u201cBasta recordar que la sangre de millones de hombres, que inauditos e innumerables sufrimientos, in&uacute;tiles matanzas y espantosas ruinas, sancionan el pacto que os une con un juramento que debe cambiar la historia futura del mundo: No m&aacute;s la guerra, no m&aacute;s la guerra. Es la paz, solo la paz, la que debe guiar el destino de los pueblos y de toda la humanidad\u201d (AAS 57, 1965, p. 881).<\/p>\n<p>Mas si esta gran llamada de Auschwitz, el grito del hombre aqu&iacute; martirizado, ha de dar frutos para Europa (y tambi&eacute;n para el mundo), es necesario sacar todas las consecuencias de la Declaraci&oacute;n de los Derechos Humanos, como exhortaba a hacerlo Juan XXIII en la Enc&iacute;clica <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html\"> <i>Pacem in terris<\/i><\/a>. En ella, en efecto, leemos: &laquo;La Declaraci&oacute;n reconoce solemnemente a todos los hombres sin excepci&oacute;n la dignidad de la persona humana y se afirman todos los derechos que todo hombre tiene a buscar libremente la verdad, respetar las normas morales, cumplir los deberes de la justicia, exigir condiciones de vida dignas del hombre; estos derechos son universales, inviolables e inmutables&raquo; (Juan XXIII, <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html\">Pacem in terris<\/a><\/i> IV; AAS 55, 1963, pp. 295-296).<\/p>\n<p>Y yo volver&iacute;a todav&iacute;a a la sabidur&iacute;a del viejo maestro Pawe&#x142; W&#x142;odkowic, rector de la Universidad Jagell&oacute;nica en el siglo XV. Afirmaba &eacute;l que era necesario garantizar los siguientes derechos de las naciones: a la existencia, a la libertad, a la independencia, a la propia cultura, al desarrollo digno.<\/p>\n<p>Escribe W&#x142;odkowic: \u201cDonde el poder act&uacute;a m&aacute;s que el amor, all&iacute; se buscan los intereses propios y no los de Jesucristo, y por eso es m&aacute;s f&aacute;cil alejarse de la norma de la ley divina (&#8230;). Sin embargo, todas las leyes condenan a los que invaden a cuantos quieren vivir en paz: tanto la ley natural que dice: \u2018lo que quieras para ti hazlo al otro\u2019, como tambi&eacute;n la ley divina que condena todo robo mediante la prohibici&oacute;n \u2018no robar&aacute;s\u2019, y toda violencia mediante el mandamiento \u2018no matar&aacute;s\u2019\u201d (Pawe&#x142; W&#x142;odkowic, <i>Saevientibus <\/i>[1415], Tract. II, Salutio quest. IV; cf. L. Ehrlich, <i>Pisma Wybrane Paw&#x142;a W&#x142;odkowica<\/i>, Varsovia 1968, t. 1. pp. 61, 58-59)<\/p>\n<p>Y no s&oacute;lo se trata aqu&iacute; de la ley, sino tambi&eacute;n y sobre todo del amor. Ese amor del pr&oacute;jimo en el cual se manifiesta y se traduce el amor de Dios que Cristo ha proclamado como su mandamiento. Y que es tambi&eacute;n el mandamiento que cada hombre lleva escrito en su coraz&oacute;n, esculpido por el Creador mismo.<\/p>\n<p>Ese mandamiento se concreta tambi&eacute;n en el respeto del otro, de su personalidad, de su conciencia; se concreta en el di&aacute;logo con el otro, en saber buscar y reconocer todo lo que puede haber de bueno y de positivo tambi&eacute;n en quien tiene ideas diversas de las nuestras, e incluso en quien, en su buena fe \u2013 yerra&#8230;.<\/p>\n<p>Jam&aacute;s una naci&oacute;n puede desarrollarse a costa de otra, a precio de servidumbre del otro, a precio de conquista, de ultraje, de explotaci&oacute;n y de muerte.<\/p>\n<p>Estos son los pensamientos de Juan XXIII y de Pablo VI sobre la paz en el mundo contempor&aacute;neo. Pero pronuncia estas palabras su indigno sucesor que al mismo tiempo es el hijo de la naci&oacute;n que en su historia remota y m&aacute;s reciente ha padecido m&uacute;ltiples tribulaciones de parte de los otros.<\/p>\n<p>Pero permitidme que no diga sus nombres \u2013 permitidme que no los diga&#8230; Nos encontramos en un lugar donde queremos pensar en cada pueblo y en cada hombre como hermano. Y si hab&iacute;a tambi&eacute;n amargura en lo que he dicho, mis queridos hermanos y hermanas, no lo he hecho para acusar a nadie. Lo he dicho tambi&eacute;n para recordar.<\/p>\n<p>En efecto, hablo no solo por los cuatro millones que murieron en este enorme campo. Hablo en nombre de todas las naciones, cuyos derechos son violados y olvidados. Hablo porque me obliga a ello, nos obliga a todos nosotros la verdad. Hablo porque me obliga a ello, nos obliga a todos nosotros la solicitud por el hombre.<\/p>\n<p>Y por eso pido a todos los que me escuchan que centren todos sus esfuerzos sobre la solicitud por el hombre. En cambio, a los que me escuchan creyendo en Jesucristo les pido que se centren en la oraci&oacute;n por la paz y la reconciliaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Mis queridos hermanos y hermanos, no me queda nada m&aacute;s que decir.<\/p>\n<p>Solo me vienen a la mente las palabras de la suplicaci&oacute;n:<\/p>\n<p>&iexcl;Santo Dios, Santo Fuerte Santo Inmortal!<\/p>\n<p>De la peste, del hambre, del fuego y de la guerra<\/p>\n<p>&#8230;y de la guerra, l&iacute;branos, Se&ntilde;or. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PEREGRINACI&Oacute;N APOST&Oacute;LICA A POLONIA MISA EN EL CAMPO DE CONCENTRACI&Oacute;N DE AUSCHWITZ-BIRKENAU HOMIL&Iacute;A&nbsp; DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Jueves 7 de junio de 1979 &nbsp; 1. \u201c&#8230;Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe\u201d (1 Jn 5, 4) Estas palabras de la Carta de San Juan me vienen a la mente &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-1979-santa-misa-en-el-campo-de-concentracion-de-auschwitz-birkenau\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab7 de junio de 1979, Santa misa en el campo de concentraci\u00f3n de Auschwitz-Birkenau\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39497","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39497","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39497"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39497\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39497"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39497"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39497"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}