{"id":39506,"date":"2016-10-05T22:53:18","date_gmt":"2016-10-06T03:53:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-mayo-de-1979ordenacion-episcopal-en-san-pedro\/"},"modified":"2016-10-05T22:53:18","modified_gmt":"2016-10-06T03:53:18","slug":"27-de-mayo-de-1979ordenacion-episcopal-en-san-pedro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-mayo-de-1979ordenacion-episcopal-en-san-pedro\/","title":{"rendered":"27 de mayo de 1979,Ordenaci\u00f3n episcopal en San Pedro"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">ORDENACI&Oacute;N EPISCOPAL DE 26 PRESB&Iacute;TEROS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Domingo 27 de mayo de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. <i>&quot;T&uacute;, Se&ntilde;or, que conoces los corazones de todos, muestra a cu&aacute;les escoges&quot;<\/i> (<i>Act<\/i> 1, 24).<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; oraron los Ap&oacute;stoles reunidos en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, cuando por vez primera tuvieron que cubrir el puesto que qued&oacute; vac&iacute;o en su comunidad. En efecto, era necesario que los Doce continuaran dando testimonio del Se&ntilde;or y de su resurrecci&oacute;n. Cristo hab&iacute;a constituido en su momento a los Doce. Y he aqu&iacute; que ahora, despu&eacute;s de la p&eacute;rdida de Judas, era necesario afrontar por vez primera el deber de <i>decidir en nombre del Se&ntilde;or<\/i> qui&eacute;n habr&iacute;a de ocupar el puesto vacante.<\/p>\n<p align=\"left\">Entonces los reunidos oraron precisamente as&iacute;: &quot;T&uacute;, Se&ntilde;or, que conoces los corazones de todos, muestra a cu&aacute;l de estos dos escoges, para ocupar el lugar de este ministerio y el apostolado&#8230;&quot; (<i>Act<\/i> 1, 24-25).<\/p>\n<p align=\"left\">Lo que hace tanto tiempo tuvo lugar en la Iglesia primitiva, se repite tambi&eacute;n hoy. He aqu&iacute; que han sido elegidos los que deben ocupar los diversos puestos &quot;en el ministerio y en el apostolado&quot;. Han sido elegidos despu&eacute;s de una ferviente oraci&oacute;n de toda la Iglesia y de cada una de las comunidades que tiene necesidad de ellos y a la que servir&aacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; hab&eacute;is sido escogidos vosotros, queridos hermanos. Hoy os encontr&aacute;is aqu&iacute; junto a la tumba de San Pedro para <i>recibir la consagraci&oacute;n episcopal<\/i>. Sin duda tambi&eacute;n hoy, como durante todo el per&iacute;odo precedente de preparaci&oacute;n a la ordenaci&oacute;n episcopal, cada uno de vosotros repite en esta Bas&iacute;lica: &laquo;Se&ntilde;or, T&uacute; conoces los corazones de todos. T&uacute; conoces tambi&eacute;n mi coraz&oacute;n. Se&ntilde;or, T&uacute; mismo te has complacido en elegirme. T&uacute; mismo dijiste una vez a los Ap&oacute;stoles, despu&eacute;s de haberles llamado: &quot;No me hab&eacute;is elegido vosotros a m&iacute;, sino que yo os eleg&iacute; a vosotros, y os he destinado para que vay&aacute;is y deis fruto, y vuestro fruto permanezca&quot; &raquo; (<i>Jn<\/i> 15, 16).<\/p>\n<p align=\"left\">2. &quot;Como dista el oriente del occidente&#8230;&quot; (<i>Sal<\/i> 102 [103], 12).<\/p>\n<p align=\"left\">Verdaderamente, venerables y queridos hermanos, hab&eacute;is venido aqu&iacute; de diversas partes del mundo, del oriente y del occidente, del sur y del norte. Vuestra presencia manifiesta <i>la alegr&iacute;a pascual de la Iglesia<\/i>, que ya puede atestiguar en las distintas partes de la tierra &quot;que el Padre envi&oacute; a su Hijo por salvador del mundo&quot; (<i>1 Jn<\/i> 4, 14).<\/p>\n<p align=\"left\">A este prop&oacute;sito, en lenguaje bello y sugestivo y a la vez sencillo, me gustar&iacute;a describir y como reunir a los pa&iacute;ses, de los que proven&iacute;s vosotros ordenandos, comenzando por el Oriente m&aacute;s lejano, Filipinas, India, y luego, a trav&eacute;s de &Aacute;frica (Sud&aacute;n y Etiop&iacute;a), pasar por Am&eacute;rica del Sur (Brasil, Nicaragua y Chile) y del Norte (Estados Unidos y Canad&aacute;), y despu&eacute;s llegar tambi&eacute;n a Europa (Italia, Bulgaria, Espa&ntilde;a y Noruega).<\/p>\n<p align=\"left\">El tiempo, por desgracia, no me lo permite. Sin embargo, la presencia entre los ordenandos de un obispo de Bulgaria, me ofrece la ocasi&oacute;n de dirigir un pensamiento particular a esa noble naci&oacute;n, cristiana desde hace tantos siglos. Aprovecho esta alegre circunstancia para enviar un saludo afectuoso a todos mis hermanos y hermanas cat&oacute;licos, de rito latino y bizantino que, aunque su n&uacute;mero no sea grande, dan testimonio de la vitalidad de su fe en el amor hacia la patria y en el servicio a las comunidades a las que pertenecen. Un respetuoso saludo adem&aacute;s a la venerable Iglesia ortodoxa b&uacute;lgara y a todos sus hijos.<\/p>\n<p align=\"left\">Entre los ordenandos hay tambi&eacute;n tres arzobispos, llamados a servir, de modo especial, la misi&oacute;n universal de la Sede Apost&oacute;lica: el Secretario del Consejo para los Asuntos P&uacute;blicos de la Iglesia y dos Representantes Pontificios. Su mandato brota, como una exigencia natural y necesaria, de la funci&oacute;n espec&iacute;fica confiada a Pedro en el seno del Colegio Apost&oacute;lico y de toda la comunidad eclesial. Su tarea es, pues, ser ministros de la unidad &quot;cat&oacute;lica&quot;, como &quot;siervos de los siervos de Dios&quot;, junto con aquel a quien representan.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Dentro de poco, pues, mediante la consagraci&oacute;n episcopal, recibir&eacute;is una singular <i>participaci&oacute;n del sacerdocio de Cristo<\/i>, la participaci&oacute;n m&aacute;s plena. De este modo os convertir&eacute;is en pastores del Pueblo de Dios en diversos lugares de la tierra, cada uno con su propia funci&oacute;n al servicio de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Y Cristo mismo, como ha recordado el Concilio Vaticano II, quiso que &quot;los sucesores de los Ap&oacute;stoles, es decir, los obispos, fueran Pastores en la Iglesia hasta el fin de los siglos&quot; (cf. <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 18). Obedientes a esta voluntad de su Maestro, los Ap&oacute;stoles &quot;no s&oacute;lo tuvieron diversos colaboradores en el ministerio, sino que (&#8230;) les dieron la orden de que, al morir ellos, otros varones probados se hicieran cargo de su ministerio (&#8230;). As&iacute;, como atestigua San Ireneo, por medio de aquellos que fueron instituidos por los Ap&oacute;stoles obispos y sucesores suyos hasta nosotros, se manifiesta y se conserva la tradici&oacute;n apost&oacute;lica en todo el mundo (<i>ib<\/i>. 20).<\/p>\n<p align=\"left\">El Concilio ha ilustrado ampliamente la funci&oacute;n esencial que los obispos desarrollan en la vida de la Iglesia. Entre los muchos textos que se refieren a este tema, baste citar la s&iacute;ntesis vigorosa contenida en ese pasaje de la <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, donde sobre la base del dato de fe, seg&uacute;n el cual &quot;en la persona de los obispos (&#8230;) est&aacute; presente en medio de los fieles el Se&ntilde;or Jesucristo&quot; mismo, se deduce con coherencia l&oacute;gica: Cristo &quot;a trav&eacute;s de su servicio eximio, predica la palabra de Dios a todas las gentes y administra continuamente los sacramentos de la fe a los creyentes, y por medio de su oficio paterno (cf. <i>1 Cor<\/i> 4, 15) va incorporando nuevos miembros a su Cuerpo con la regeneraci&oacute;n sobrenatural; finalmente, por medio de su sabidur&iacute;a y prudencia, dirige y ordena al Pueblo del Nuevo Testamento en su peregrinar hacia la felicidad eterna&quot; (<i>ib<\/i>. 21).<\/p>\n<p align=\"left\">A la luz de estas l&iacute;mpidas y ricas afirmaciones conciliares, expreso la alegr&iacute;a viva que me proporciona el conferiros hoy, queridos hermanos, la consagraci&oacute;n episcopal y el introduciros de este modo en el Colegio de los Obispos de la Iglesia de Cristo: efectivamente, con este gesto puedo demostrar <i>particular estima y amor<\/i> a vuestros compatriotas, a vuestras naciones, a las Iglesias locales de las que hab&eacute;is sido escogidos y para cuyo bien sois constituidos pastores (cf. <i>Heb<\/i> 5, 1).<\/p>\n<p align=\"left\">Medito junto con vosotros las palabras del Evangelio de hoy: &quot;Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or; pero os llamo amigos, porque todo lo que o&iacute; de mi Padre os lo he dado a conocer&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 15). Y deseo con todo el coraz&oacute;n <i>congratularme con vosotros por esta amistad.<\/i> &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a haber m&aacute;s grande para vosotros? Y por eso no os deseo m&aacute;s que esto: &iexcl;permaneced en su amistad! Permaneced en El como El permanece en el amor del Padre.<\/p>\n<p align=\"left\">Este amor y esta amistad llenen totalmente vuestra vida y se conviertan en la fuente inspiradora de vuestras obras en el servicio que hoy asum&iacute;s. Os deseo <i>frutos abundantes y felices en este ministerio vuestro<\/i>: &quot;que vay&aacute;is y deis fruto y vuestro fruto permanezca&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 16), que el Padre os d&eacute; todo lo que le pid&aacute;is en el nombre de Cristo (cf. <i>Jn<\/i> 15, 16), su Hijo eterno.<\/p>\n<p align=\"left\">Vuestra misi&oacute;n y vuestro ministerio conduzcan al reforzamiento del amor rec&iacute;proco, del amor com&uacute;n, de la uni&oacute;n del Pueblo de Dios en la Iglesia de Cristo, porque <i>a trav&eacute;s del amor y de la uni&oacute;n se revela el rostro de Dios en toda su luminosa sencillez<\/i>: Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, Dios que es amor (cf. <i>1 Jn<\/i> 4, 16).<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Y de lo que el mundo, el mundo al que somos enviados, tiene gran necesidad es precisamente del amor!<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ORDENACI&Oacute;N EPISCOPAL DE 26 PRESB&Iacute;TEROS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 27 de mayo de 1979 &nbsp; 1. &quot;T&uacute;, Se&ntilde;or, que conoces los corazones de todos, muestra a cu&aacute;les escoges&quot; (Act 1, 24). 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