{"id":39511,"date":"2016-10-05T22:53:26","date_gmt":"2016-10-06T03:53:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-1979santa-misa-en-el-cementerio-polaco-de-montecassino\/"},"modified":"2016-10-05T22:53:26","modified_gmt":"2016-10-06T03:53:26","slug":"18-de-mayo-de-1979santa-misa-en-el-cementerio-polaco-de-montecassino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-1979santa-misa-en-el-cementerio-polaco-de-montecassino\/","title":{"rendered":"18 de mayo de 1979,Santa misa en el cementerio polaco de Montecassino"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA AL CEMENTERO POLACO DE MONTECASSINO <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Montecassino, Italia<br \/> Viernes 18 de mayo de1979<\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &laquo;Venid y subamos al monte&#8230;&raquo; (<i>Is<\/i> 2, 3; cf. <i>Miq<\/i> 4, 2).<\/p>\n<p align=\"left\">Escuchamos hoy esta invitaci&oacute;n del Profeta y la volvemos a leer corno un imperativo interior: el imperativo de la conciencia y del coraz&oacute;n. El d&iacute;a <i>18 de mayo<\/i> nos obliga moralmente a venir a este monte; a detenernos con la oraci&oacute;n en los labios ante las tumbas de los soldados ca&iacute;dos aqu&iacute;; a mirar los muros del monasterio que entonces \u2014hace 35 a&ntilde;os\u2014 fue reducido a ruinas; a recordar aquellos sucesos; a tratar de sacar de ellos una vez m&aacute;s una ense&ntilde;anza para el futuro.<\/p>\n<p align=\"left\">Caminamos aqu&iacute; sobre las huellas de una gran batalla, una de aquellas que dieron el golpe decisivo a la &uacute;ltima guerra en Europa, a la segunda guerra mundial. Esta guerra, en los a&ntilde;os 1939-1945, en-volvi&oacute; a casi todas las naciones y estados de nuestro continente, implic&oacute; tambi&eacute;n en su &oacute;rbita a las potencias extra-europeas, manifest&oacute; las cumbres del hero&iacute;smo de los militares, pero descubri&oacute; tambi&eacute;n el peligroso rostro de la crueldad humana, dej&oacute; tras s&iacute; las huellas de los campos de exterminio, quit&oacute; la vida a millones de seres humanos, destruy&oacute; los frutos del trabajo de muchas generaciones. Es dif&iacute;cil enumerar todas las calamidades que con ella se abatieron sobre el hombre. descubri&eacute;ndole \u2014a su t&eacute;rmino\u2014 incluso la posibilidad, a trav&eacute;s de los medios de la t&eacute;cnica m&aacute;s moderna de los armamentos, de un eventual aniquilamiento futuro en masa, frente al cual palidecen las destrucciones del pasado.<\/p>\n<p align=\"left\">2. &iquest;Qui&eacute;n dirigi&oacute; esta guerra? &iquest;Qui&eacute;n realiz&oacute; la obra de destrucci&oacute;n? Los hombres y las naciones. Esta era una guerra de las naciones europeas a pesar de estar ligadas entre s&iacute; por tradiciones de una gran cultura: ciencia y arte profundamente arraigados en el pasado de la Europa cristiana. Los hombres y las naciones: &eacute;sta era su guerra; y, como fue suya la victoria y la derrota, as&iacute; tambi&eacute;n les pertenecen los efectos de este conflicto.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Por qu&eacute; combatieron unos contra otros, hombres y naciones? Ciertamente no los impulsaron a este terrible estrago fratricida las verdades del Evangelio y las tradiciones de la gran cultura cristiana. <i>Se vieron envueltos en la guerra por la fuerza<\/i> de un sistema que, en ant&iacute;tesis con el Evangelio y las tradiciones cristianas, hab&iacute;a sido impuesto como programa a algunos pueblos con violencia despiadada, obligando al mismo tiempo, a los otros a oponer resistencia con las armas en la mano. Ese sistema sufri&oacute; una derrota definitiva en luchas gigantescas. El 18 de mayo fue una de las etapas decisivas de aquella derrota.<\/p>\n<p align=\"left\">Encontr&aacute;ndonos en Montecassino en el 35 aniversario de aquel d&iacute;a, deseamos, a trav&eacute;s de la evocaci&oacute;n elocuente de aquella jornada, <i>comprender ante Dios<\/i> y ante la historia, el significado de toda la terrible experiencia de la segunda guerra mundial. Esto no es f&aacute;cil; m&aacute;s a&uacute;n, en cierto modo resulta imposible expresar en breves palabras lo que ha sido objeto de tantas investigaciones, estudios y monograf&iacute;as, y lo ser&aacute; ciertamente por mucho tiempo todav&iacute;a. <i>Toda nuestra generaci&oacute;n<\/i> sobrevivi&oacute; a esta guerra, que ha pesado sobre su maduraci&oacute;n y su desarrollo, pero contin&uacute;a viviendo todav&iacute;a en la &oacute;rbita de las consecuencias de tal conflicto. No es f&aacute;cil, pues, hablar de un problema que tiene una dimensi&oacute;n tan profunda en la vida de todos nosotros. De un problema a&uacute;n vivo y ligado en cierto sentido a la sangre y al dolor de tantos corazones y de tantas naciones.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Sin embargo, si nos esforzamos por comprender este problema ante Dios y ante la historia, entonces m&aacute;s que cualquier ajuste de cuentas con el pasado, toman relieve las ense&ntilde;anzas para el futuro. Estas se imponen con gran fuerza, desde el momento en que la historia no es s&oacute;lo el gran pol&iacute;gono de los acontecimientos, sino tambi&eacute;n y sobre todo un libro abierto de esas mismas ense&ntilde;anzas; es fuente de la sabidur&iacute;a de la vida para los hombres y las naciones.<\/p>\n<p align=\"left\">La lectura en este libro, tan dolorosamente abierto ante nosotros, nos conduce siempre a la oraci&oacute;n ardiente, al grito ardoroso por la reconciliaci&oacute;n y la paz. Hemos venido aqu&iacute; sobre todo para orar por esto, y para gritar por esto a Dios y a los hombres. Pero, puesto que la paz sobre la tierra depende de la buena voluntad de los hombres, es dif&iacute;cil no reflexionar, al menos brevemente, en qu&eacute; direcci&oacute;n deben orientarse todos los esfuerzos de las personas de buena voluntad \u2014es necesario que lo sean todos\u2014 si queremos asegurar este gran bien de la paz y de la reconciliaci&oacute;n para nosotros y para las generaciones futuras.<\/p>\n<p align=\"left\">El Evangelio de hoy contrapone <i>dos programas<\/i>. Uno basado en el principio del odio, de la venganza y de la lucha. Otro en la ley del amor. Cristo dice: &laquo;Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 44). Es una gran exigencia. Los que han sobrevivido a la guerra, que se encontraron con la ocupaci&oacute;n, la crueldad, la violaci&oacute;n m&aacute;s brutal de todos los derechos humanos, saben lo grave y dif&iacute;cil que resulta esta exigencia. Sin embargo, despu&eacute;s de experiencias tan terribles como la &uacute;ltima guerra, han venido a ser todav&iacute;a m&aacute;s conscientes de que <i>sobre el principio<\/i> que dice: &laquo;Ojo por ojo v diente por diente&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 38); <i>sobre el principio del odio, de la venganza, de la lucha, no se puede construir la paz y la reconciliaci&oacute;n<\/i> entre los hombres y las naciones; s&oacute;lo se pueden construir sobre el principio de la justicia y del amor rec&iacute;proco. Y por esto fue &eacute;sta la conclusi&oacute;n que la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas sac&oacute; de las experiencias de la segunda guerra mundial, proclamando &laquo;la Carta de los derechos del hombre&raquo;. S&oacute;lo sobre la base del <i>respeto pleno a los derechos del hombre y de las naciones<\/i> \u2014&iexcl;del respeto pleno!\u2014, se puede construir en el futuro la paz y la reconciliaci&oacute;n de Europa y del mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Oremos, pues, en este lugar de gran batalla por la libertad y por la justicia, para que las palabras de la liturgia de hoy se encarnen en la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Oremos a Dios, que es Padre de los hombres y de los pueblos, corno ora hoy el Profeta: &laquo;El nos ense&ntilde;ar&aacute; sus caminos e iremos por sus sendas&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>El juzgar&aacute; a las gentes \/ y dictar&aacute; sus amonestaciones a numerosos pueblos<\/i>, \/ que de sus espadas har&aacute;n rejas de arado, \/ y de sus lanzas. hoces. \/ No alzar&aacute;n la espada gente contra gente, \/ ni se ejercitar&aacute;n para la guerra&#8230;&raquo; (Is 2, 3-4).<\/p>\n<p align=\"left\">Recemos as&iacute;, teniendo presente que no se trata ya de espadas o de lanzas, sino de las armas nucleares; de los medios de destrucci&oacute;n, que son capaces de reducir a la nada la tierra habitada por los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 Recordemos tambi&eacute;n que en Montecassino, el Papa Pablo VI proclam&oacute; en 1964, durante el Concilio Vaticano II, a San Benito Patrono de Europa, haciendo referencia a las tradiciones milenarias benedictinas de trabajo, oraci&oacute;n y cultura&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 Recordemos, finalmente, que el lugar en que nos encontramos se ha vuelto f&eacute;rtil por la sangre de tantos h&eacute;roes: ante su muerte por la gran causa de la libertad y de la paz hemos venido una vez m&aacute;s a inclinar la cabeza.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Queridos connacionales:<\/p>\n<p align=\"left\">Momento especial &eacute;ste en el que puedo participar con vosotros en el presente gran aniversario. Hace 35 a&ntilde;os terminaba la batalla de Montecassino, una de las que decid&iacute;an el destino de la &uacute;ltima guerra. Para nosotros, que en aquel per&iacute;odo soport&aacute;bamos las horribles opresiones de la ocupaci&oacute;n, para Polonia, que se encontraba en v&iacute;speras de la insurrecci&oacute;n de Varsovia, aquella batalla fue una nueva confirmaci&oacute;n de la voluntad inflexible de vivir, de la aspiraci&oacute;n a la independencia de la patria, virtud que no nos ha abandonado ni siquiera un momento.<\/p>\n<p align=\"left\">En Montecassino combat&iacute;a el soldado polaco, aqu&iacute; cay&oacute;, aqu&iacute; derram&oacute; su sangre pensando en la patria, en esa patria que para nosotros es madre amada, precisamente porque su amor exige sacrificios y renuncias.<\/p>\n<p align=\"left\">No me corresponde detenerme sobre el significado de la batalla en s&iacute;, sobre los afanes del soldado polaco por estas pendientes pedregosas. Los habitantes de este hermoso pa&iacute;s de Italia recuerdan que el soldado polaco tra&iacute;a la liberaci&oacute;n a su patria. Lo recuerdan con estima y amor. Nosotros sabemos que este soldado, en el mismo momento, iba por un largo y tortuoso camino &laquo;de la tierra italiana a Polonia&raquo;, como en otro tiempo las legiones de Dabrowski.<\/p>\n<p align=\"left\">Le guiaba la conciencia de una causa justa, ya que fue una causa justa y nunca dejar&aacute; de serlo, el derecho de una naci&oacute;n a la existencia y a la existencia independiente, a la vida social, en el esp&iacute;ritu de las propias convicciones y tradiciones nacionales y religiosas, a la soberan&iacute;a del propio pa&iacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Este derecho del pueblo, violado durante m&aacute;s de cien a&ntilde;os con la divisi&oacute;n, fue amenazado de nuevo en septiembre de 1939. Y as&iacute;, durante todo ese per&iacute;odo del 1 de septiembre hasta Montecassino, ese soldado iba por muchos caminos mirando a la divina Providencia y a la justicia de los tiempos, con los ojos puestos en la Madre de Jasna G&oacute;ra. Iba y combat&iacute;a de nuevo como las generaciones pasadas por &laquo;nuestra y vuestra libertad&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Hoy, encontr&aacute;ndonos aqu&iacute; en Montecassino, quiero ser siervo y voz de este orden de la vida del hombre, social e internacional, que se construye sobre la justicia y el amor, seg&uacute;n los consejos del Evangelio de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Y precisamente por esto revivo con vosotros, sobre todo con los que combat&iacute;ais aqu&iacute;, el valor moral de esta batalla. Lo revivo con vosotros, queridos compatriotas, y al mismo tiempo con todos los que descansan aqu&iacute;, vuestros compa&ntilde;eros de armas, con todos, comenzando por el comandante jefe y el obispo castrense, con todos hasta el m&aacute;s joven y simple soldado.<\/p>\n<p align=\"left\">Muchas veces he caminado por este cementerio. He le&iacute;do las inscripciones sobre las l&aacute;pidas con la indicaci&oacute;n del d&iacute;a y lugar de nacimiento de cada uno. Estas inscripciones reproduc&iacute;an en los ojos de mi alma los rasgos de mi patria, de esa patria en la que he nacido. Estas inscripciones de tantos lugares de la tierra polaca, de todas partes desde el Oriente al Occidente, desde el Sur al Norte, no cesan de gritar aqu&iacute;, en el coraz&oacute;n de Europa, a los pies de la abad&iacute;a que recuerda los tiempos de San Benito, no cesan de gritar lo mismo que gritaban los corazones de los soldados que combatieron aqu&iacute;: Dios que guardas a Polonia por tantos siglos&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">Inclinamos nuestras frentes ante los h&eacute;roes.<\/p>\n<p align=\"left\">Encomendamos sus almas a Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Encomendamos a Dios, la Patria, Polonia, Europa, el Mundo.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA AL CEMENTERO POLACO DE MONTECASSINO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Montecassino, Italia Viernes 18 de mayo de1979 &nbsp; 1. &laquo;Venid y subamos al monte&#8230;&raquo; (Is 2, 3; cf. Miq 4, 2). 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