{"id":39512,"date":"2016-10-05T22:53:27","date_gmt":"2016-10-06T03:53:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-mayo-de-1979xvi-asamblea-general-de-la-conferencia-episcopal-italiana\/"},"modified":"2016-10-05T22:53:27","modified_gmt":"2016-10-06T03:53:27","slug":"15-de-mayo-de-1979xvi-asamblea-general-de-la-conferencia-episcopal-italiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-mayo-de-1979xvi-asamblea-general-de-la-conferencia-episcopal-italiana\/","title":{"rendered":"15 de mayo de 1979,XVI Asamblea general de la Conferencia Episcopal Italiana"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS OBISPOS DE ITALIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Capilla Sixtina<br \/> Martes 15 de mayo de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerados y amad&iacute;simos hermanos del Episcopado italiano:<\/i><\/p>\n<p>1. &quot;No se turbe vuestro coraz&oacute;n&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 1).<\/p>\n<p>Cristo pronuncia estas palabras cuando debe dejar este mundo, puesto que dice: &quot;Voy&#8230; y volver&eacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 2. 3). Las pronuncia teniendo conciencia de que &quot;viene el pr&iacute;ncipe del mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 30), mientras El mismo deber&aacute; afrontar la prueba de la cruz. Mucho m&aacute;s que sus disc&iacute;pulos es consciente de lo que le suceder&aacute;, de c&oacute;mo se desarrollar&aacute;n los sucesos en los pr&oacute;ximos d&iacute;as, y de c&oacute;mo se desarrollar&aacute; la historia de la Iglesia y del mundo. Sin embargo, pronuncia estas <i>palabras que encierran en s&iacute; la llamada al coraje<\/i>: &quot;No se turbe vuestro coraz&oacute;n&quot;. Y como en contraste con todo aquello de lo que era profundamente consciente, hace que preceda a esta llamada un saludo de paz, de la seguridad de la paz: &quot;La paz os dejo, mi paz os doy&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 27).<\/p>\n<p>Como se ve, estamos en este magn&iacute;fico ambiente pascual, casi siempre en el Cen&aacute;culo: all&iacute; donde la Iglesia, el d&iacute;a de Jueves Santo, recibi&oacute; la Eucarist&iacute;a, y all&iacute; donde, el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, deb&iacute;a recibir al Esp&iacute;ritu de verdad. Estamos en los comienzos de la Iglesia.<\/p>\n<p>2. Al mismo tiempo, entramos ya en su historia. Como en un calidoscopio pasan ante nosotros los acontecimientos que testimonian de qu&eacute; modo las palabras, pronunciadas por Jesucristo en el Cen&aacute;culo, se realizan en la vida de la primera generaci&oacute;n de los cristianos, que es la generaci&oacute;n apost&oacute;lica. En la liturgia de hoy, en efecto, nos encontramos sobre la huella del primer viaje misionero de San Pablo, que, perseguido por los jud&iacute;os y amenazado de muerte, anuncia el Evangelio. En Listra, despu&eacute;s de haberlo acosado a pedradas, lo arrastraron fuera de la ciudad y lo dejaron s&oacute;lo cuando lo creyeron muerto. Pablo, en cambio, se levanta y vuelve a la ciudad, para irse luego a Iconio y Antioqu&iacute;a. Por todas partes organiza la Iglesia &quot;constituy&oacute; para ellos presb&iacute;teros en cada Iglesia&quot; (cf. <i>Act<\/i> 14, 23). Considera las pruebas, que debe afrontar, como una cosa normal, porque no de otra manera, sino s&oacute;lo <i>por muchas pruebas debemos entrar en el reino de Dios<\/i> (cf. <i>Act<\/i> 14, 22). En estas palabras percibimos como un eco de las palabras mismas que el Se&ntilde;or dirigi&oacute; a los disc&iacute;pulos en el camino de Ema&uacute;s: &quot;&iquest;No era preciso que el Mes&iacute;as padeciese esto y entrase en su gloria?&quot; (<i>Lc<\/i> 24, 26).<\/p>\n<p>As&iacute; con todas estas experiencias crece la Iglesia primitiva: crece mediante la fe que brota del anuncio del Evangelio predicado por los Ap&oacute;stoles, sostenido por la oraci&oacute;n y el ayuno; crece por el poder de la gracia misma de Dios. Y los que la construyen dan testimonio de ello.<\/p>\n<p>3. El deber de todos nosotros que hoy aqu&iacute;, en la Capilla Sixtina, celebramos juntos la Eucarist&iacute;a, es servir para que la Iglesia crezca en nuestra &eacute;poca, crezca en estos tiempos dif&iacute;ciles; para que crezca tambi&eacute;n en medio de las contrariedades y de las amenazas; para que sepa recoger el fruto de las nuevas experiencias de esta tierra italiana, de este pueblo que, desde hace 2000 a&ntilde;os, est&aacute; tan profundamente ligado a la historia del Evangelio. a la Sede de San Pedro. de este pueblo, cuya historia est&aacute; toda impregnada de modo excepcional por la influencia espiritual del cristianismo. Efectivamente, no es necesario explicar cu&aacute;l es la posici&oacute;n de Roma y, por lo tanto, de Italia en el contexto de toda la Iglesia cat&oacute;lica. Se trata de un privilegio, no ya debido a atribuciones de origen humano, ni mucho menos a usurpaciones de poder, sino que responde a un arcano designio del Se&ntilde;or, porque fue El mismo quien empuj&oacute; hacia las playas italianas y al camino de Roma a sus Ap&oacute;stoles Pedro y Pablo, para traeros el anuncio evang&eacute;lico y confirmarlo con el sacrificio de su vida.<\/p>\n<p>Por esto, en el momento importante de nuestro com&uacute;n servicio, me encuentro hoy con vosotros, venerables y queridos hermanos de cada una de las Iglesias de Italia, de una forma oficial, despu&eacute;s de los encuentros numerosos y personales que he tenido con muchos de vosotros en los meses pasados. Os debo, ante todo, un saludo que se inspira conjuntamente en los sentimientos de deferencia y amistad para cada uno de vosotros y, adem&aacute;s, en las razones mucho m&aacute;s elevadas de la fe y de la caridad. Y procurad \u2014os lo ruego, querid&iacute;simos hermanos\u2014 llevar este saludo m&iacute;o a los fieles de cada una de las Iglesias que os est&aacute;n confiadas.<\/p>\n<p><i>Sois los obispos de la Iglesia de Dios que est&aacute; en Italia<\/i>; o mejor \u2014por las bien conocidas razones geogr&aacute;ficas, hist&oacute;ricas y teol&oacute;gicas que, entrelaz&aacute;ndose providencialmente, sit&uacute;an a Roma en el centro de Italia y a la vez del mundo cat&oacute;lico\u2014 es preciso decir: <i>Somos los obispos de esta Iglesia: todos juntos lo somos, vosotros y yo<\/i>. Y esto en m&iacute;, llamado a Roma <i>nullis meis meritis, sed sola dignationes misericordiae Domini<\/i>, exige una particular conciencia de ser Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal, precisamente por ser Sucesor de Pedro en esta bendita Sede Romana; y repito, exige la consiguiente responsabilidad de deber pensar y actuar \u2014en l&iacute;nea ciertamente con la <i>sollicitudo omnium Ecclesiarum<\/i>, de que hablaba San Pablo (<i>2 Cor<\/i> 11, 28)\u2014 con una atenci&oacute;n y un cuidado singular&iacute;simo para el incremento de la vida espiritual y religiosa de esta sacra ciudad.<\/p>\n<p>Y de aqu&iacute;, por conexi&oacute;n natural o expansi&oacute;n, esta solicitud especial se extiende a las otras Iglesias contiguas a la de Roma: a las antiguas sedes suburbicarias, despu&eacute;s a las Iglesias de la regi&oacute;n del Lacio, luego a las comprendidas en el &aacute;mbito del antiguo <i>Patrimonium Sancti Petri <\/i>y, sucesivamente a todas las que hay en Italia. Precisamente el deber pastoral me impone promover la causa de la evangelizaci&oacute;n y estimular la vida eclesial en toda la pen&iacute;nsula, con la aportaci&oacute;n de una entrega plena, de un esfuerzo constante y humilde.<\/p>\n<p>4. <i>Obispo con vosotros y como vosotros de la Iglesia en Italia<\/i>, no puedo ignorar los problemas particulares que se presentan en nuestros d&iacute;as, en el cuadro concreto de las circunstancias sociales, culturales y civiles, en las que vive todo el pa&iacute;s. Os dir&eacute; a este prop&oacute;sito que en el pasado marzo he podido leer la ponderada &quot;introducci&oacute;n&quot; que vuestro Presidente, el se&ntilde;or cardenal Antonio Poma, tuvo ante el Consejo permanente de la CEI, precisamente con miras a la presente XVI asamblea general. Hay que tener en cuenta \u2014dec&iacute;a &eacute;l\u2014 que &quot;el ministerio de evangelizaci&oacute;n se realiza y madura en un tiempo determinado y en un terreno particular, que debemos conocer y valorar&quot;. Despu&eacute;s he examinado el proyecto del documento pastoral sobre &quot;Seminarios y vocaciones sacerdotales&quot;, que discutir&eacute;is estos d&iacute;as. S&eacute; bien que dicho documento constituye el programa para el a&ntilde;o 1979-80 y, al poner de relieve que lleva la misma fecha que mi reciente <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/letters\/1979\/documents\/hf_jp-ii_let_19790409_sacerdoti-giovedi-santo_sp.html\">Carta a los sacerdotes<\/a><\/i>, subrayo con placer su consonancia con lo que es para m&iacute; motivo de la m&aacute;s asidua atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Sin querer anticipar ahora conclusiones que deber&aacute;n surgir, en cambio, de la reflexi&oacute;n de vuestra asamblea, me apremia manifestar, como a modo de adhesi&oacute;n personal, la m&aacute;s sentida felicitaci&oacute;n por este trabajo. Me sugiere este sentimiento una serie de comprobaciones que contiene; por ejemplo, la coherencia del tema de las vocaciones sagradas y de los seminarios con los temas tratados en a&ntilde;os precedentes, que ten&iacute;an todos como eje central la evangelizaci&oacute;n, y el &uacute;ltimo de ellos se titulaba precisamente &quot;Evangelizaci&oacute;n y ministerios&quot;; adem&aacute;s, la actualidad y la correspondencia del tema mismo con las exigencias del tiempo presente, en el que el descenso que se ha verificado desde hace quince a&ntilde;os, est&aacute; volviendo m&aacute;s agudo el problema del servicio asignado espec&iacute;ficamente al sacerdocio ministerial en el &aacute;mbito del Pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Ahora, en el centro de nuestra asamblea eucar&iacute;stica, debemos examinar la cuesti&oacute;n vocacional en su exacta dimensi&oacute;n eclesiol&oacute;gica y cristol&oacute;gica y, sobre todo, debemos hacerla objeto de la m&aacute;s insistente invocaci&oacute;n al &quot;Due&ntilde;o de la mies&quot;. Toda vocaci&oacute;n sacerdotal, as&iacute; como nace por llamada del Se&ntilde;or, as&iacute; tambi&eacute;n est&aacute; destinada al <i>servicio de la Iglesia<\/i>, y por lo tanto es necesario insertar en el interior de la Iglesia, estudiar y resolver el problema de la <i>deseada primavera de vocaciones sagradas<\/i>. Aun teniendo presentes las investigaciones socio-estad&iacute;sticas, es necesario convencerse de que este problema est&aacute; vinculado muy estrechamente con la pastoral ordinaria. La vocaci&oacute;n dice relaci&oacute;n, ante todo, a la vida de la parroquia cuyo influjo tiene para ella una importancia fundamental, bajo los m&aacute;s diversos aspectos: los de la animaci&oacute;n lit&uacute;rgica, del esp&iacute;ritu comunitario, de la validez del testimonio cristiano, del ejemplo personal del p&aacute;rroco y de los sacerdotes colaboradores suyos. Pero tiene una relaci&oacute;n totalmente particular con la vida de la familia: donde hay una <i>pastoral familiar<\/i> eficaz e inteligente, lo mismo que es normal acoger la vida como don de Dios, as&iacute; es m&aacute;s f&aacute;cil que se oiga la voz de Dios y sea m&aacute;s generosa la acogida que all&iacute; encuentre. Relaci&oacute;n especial tiene tambi&eacute;n con la <i>pastoral de la juventud<\/i>, porque es indudable que, si los j&oacute;venes son acompa&ntilde;ados, asistidos, educados en la fe por sacerdotes que viven dignamente su sacerdocio, ser&aacute; f&aacute;cil individuar y descubrir a los que entre ellos son llamados y ayudarles a recorrer el camino que se&ntilde;ale el Se&ntilde;or. Comprend&eacute;is, querid&iacute;simos hermanos, cu&aacute;n necesaria es al respecto una <i>gran movilizaci&oacute;n de las fuerzas apost&oacute;licas<\/i>, partiendo de los ambientes fundamentales de la vida cristiana: las parroquias, las familias, las asociaciones y los grupos juveniles.<\/p>\n<p>En cuanto al aspecto cristol&oacute;gico. para discernir bien la idoneidad y calidad de los llamados, es igualmente irrenunciable mirar a Cristo el Sacerdote Eterno, y tomar de El, de su ministerio, de su sacerdocio las medidas exactas y sacar las l&iacute;neas genuinas del servicio presbiteral. Y sobre todo es indispensable el recurso a la oraci&oacute;n: la debemos hacer sin cansarnos jam&aacute;s, la debemos hacer tambi&eacute;n hoy, tambi&eacute;n ahora, de tal modo que, gracias a esta concelebraci&oacute;n nuestra, se aumente en nosotros no s&oacute;lo la conciencia del problema vocacional, sino tambi&eacute;n la certeza de la indefectible ayuda divina. Una vez m&aacute;s queremos y debemos orar con fervor &quot;al due&ntilde;o de la mies para que env&iacute;e obreros a su mies&quot; (<i>Mt<\/i> 9, 38; Lc 10, 2). Ser&aacute; una oraci&oacute;n hecha en el nombre de Cristo; por esto ser&aacute; o&iacute;da y os ayudar&aacute; poderosamente en el trabajo de profundizaci&oacute;n y reflexi&oacute;n que vais a dedicar a un tema tan grave y delicado.<\/p>\n<p>5. S&eacute; tambi&eacute;n, venerables hermanos, que dedicar&eacute;is en estos d&iacute;as vuestra atenci&oacute;n a otros temas. Tambi&eacute;n por ellos debo manifestaros mi aplauso y estima. Pienso en el hermoso texto del &quot;Catecismo de los j&oacute;venes&quot;, sobre el cual repito p&uacute;blicamente cuanto antes encargu&eacute; se escribiera al Emmo. Presidente, que me entreg&oacute; uno como obsequio anticipado: es un texto que se acredita por su sabidur&iacute;a pastoral y por su experiencia pedag&oacute;gica. Y tengo noticias del otro volumen que, con igual inter&eacute;s, se est&aacute; preparando para los adultos. Pero, en relaci&oacute;n al tema predominante, quiero poner de relieve cu&aacute;n fundamental es <i>el valor de la catequesis<\/i> para despertar vocaciones: si la pastoral ordinaria encuentra en la catequesis una de sus formas m&aacute;s altas y uno de los medios m&aacute;s adecuados, se sigue de ah&iacute; que la catequesis, adem&aacute;s de responder al fin general de la evangelizaci&oacute;n, podr&aacute; muy bien orientarse incluso al fin espec&iacute;fico de las vocaciones. Debo, pues, repetir cuanto ya he dicho de la pastoral: es necesario dar un gran desarrollo a la <i>catequesis de la juventud<\/i>, como tambi&eacute;n a la <i>catequesis de la familia<\/i>. Este &uacute;ltimo tema se une directamente con el ya elegido para el pr&oacute;ximo S&iacute;nodo de los Obispos. S&eacute; que la CEI est&aacute; ya mirando a esta Asamblea, que se reunir&aacute; el a&ntilde;o pr&oacute;ximo, y ha encauzado los necesarios estudios preliminares para poder ofrecer a los trabajos sinodales la siempre apreciable aportaci&oacute;n de la Iglesia en Italia. Tambi&eacute;n me alegro sinceramente de esto, con la convicci&oacute;n de que el tema de la familia y su misi&oacute;n en el mundo contempor&aacute;neo revista realmente un inter&eacute;s primordial.<\/p>\n<p>Queda todav&iacute;a el asunto del XX Congreso Eucar&iacute;stico Nacional; al dar la noticia del mismo, dir&eacute; que se ha pensado celebrarlo en 1983, para distanciarlo oportunamente del hom&oacute;nimo Congreso Internacional, que \u2014como sab&eacute;is\u2014 se tendr&aacute; en Lourdes en 1981. A &eacute;stas y a otras \u2014tal vez menos importantes\u2014 iniciativas va desde ahora mi inter&eacute;s, mi aportaci&oacute;n y mi solidaridad.<\/p>\n<p>6. Con estos pensamientos y con estos problemas entramos, venerados y queridos hermanos, en el <i>asamblea anual de los Pastores<\/i> de la Iglesia que est&aacute; en Italia, desde los Alpes hasta Sicilia. Y escuchamos lo que nos dice el Se&ntilde;or, como dijo a los Ap&oacute;stoles reunidos en el Cen&aacute;culo. Recordemos que sus palabras eran de paz: &quot;No se turbe vuestro coraz&oacute;n&#8230;&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 1). Hab&eacute;is o&iacute;do que os dije: Me voy y despu&eacute;s volver&eacute; (cf. <i>Jn<\/i> 14, 2. 3).<\/p>\n<p>Repetir&aacute; la misma afirmaci&oacute;n antes de la Ascensi&oacute;n: &quot;Yo estar&eacute; con vosotros siempre hasta la consumaci&oacute;n del mundo&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 20). Aceptamos estas palabras con gran fe. Cristo est&aacute; realmente con nosotros y nos llama a la paz y a la fortaleza. El coraz&oacute;n humano puede turbarse de diversos modos: puede turbarse con el temor que paraliza las fuerzas interiores; pero tambi&eacute;n se puede turbar con ese temor que proviene de la solicitud por el gran bien, por la gran causa, el temor creativo, dir&iacute;a, que se manifiesta como sentido profundo de responsabilidad.<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II, que nos ha propuesto una imagen tan real del mundo contempor&aacute;neo, ha llamado simult&aacute;neamente a toda la Iglesia a un profundo sentido de responsabilidad por el Evangelio, por la historia de la salvaci&oacute;n humana. Sobre cada uno de nosotros gravita esta responsabilidad pastoral por los hermanos, por los compatriotas. Sobre el Sucesor de San Pedro a quien ha dicho Cristo: &quot;confirma a tus hermanos&quot; (Lc 22, 32), esta responsabilidad pesa de modo especial, y yo la asumo con relaci&oacute;n a la amad&iacute;sima &quot;Iglesia que est&aacute; en Italia&quot;, en el v&iacute;nculo de la uni&oacute;n colegial con vosotros, venerables y queridos hermanos.<\/p>\n<p>Recordemos que la Iglesia es una comunidad del Pueblo de Dios. Nuestra responsabilidad pastoral por la Iglesia se realiza en la medida esencial por el hecho de que hacemos conscientes de su propia responsabilidad a todos los que Dios nos ha confiado y los educamos en esta responsabilidad para la Iglesia. y asumimos esta responsabilidad en comuni&oacute;n con ellos. El Episcopado italiano tiene esta tarea como la tienen, por lo dem&aacute;s, todos los Episcopados del mundo. Es necesario suscitar la conciencia de la responsabilidad de todo el Pueblo de Dios y compartirla con todos; es necesario hacer a cada uno consciente de los propios derechos y deberes en todos los campos de la vida cristiana individual, familiar, social y civil; es necesario desenterrar, por decirlo as&iacute;, todos los grandes recursos de energ&iacute;a, que se encuentran en las almas de los cristianos contempor&aacute;neos e, indirectamente, en todos los hombres de buena voluntad.<\/p>\n<p>&quot;Confirma&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 32) significa `&quot;refuerza&quot;, &quot;vuelve m&aacute;s fuerte&quot;: pero significa tambi&eacute;n esto: <i>ayuda a encontrar de nuevo las fuentes de esta energ&iacute;a<\/i>, que se hallan en los dos mil a&ntilde;os del cristianismo en esta tierra: digo la energ&iacute;a de la que tiene necesidad igualmente todo el mundo contempor&aacute;neo. Y este &quot;confirma&quot; se apoya para todos nosotros, venerables y queridos hermanos, en el <i>confide<\/i> y en el <i>confidite<\/i> evang&eacute;licos (cf. <i>Mt<\/i> 9, 2; <i>Jn<\/i> 16, 33). Es necesario tener confianza en Cristo, es necesario fiarse de Cristo, que ha vencido por medio de la cruz. &iexcl;Debemos tener confianza! Y recemos a su Madre Sant&iacute;sima. para que nos ense&ntilde;e a tener siempre esta confianza sin l&iacute;mite alguno. Amen<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS OBISPOS DE ITALIA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Capilla Sixtina Martes 15 de mayo de 1979 &nbsp; Venerados y amad&iacute;simos hermanos del Episcopado italiano: 1. &quot;No se turbe vuestro coraz&oacute;n&quot; (Jn 14, 1). 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