{"id":39517,"date":"2016-10-05T22:53:34","date_gmt":"2016-10-06T03:53:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-abril-de-1979beatificacion-de-francisco-coll-y-santiago-desiderio-laval\/"},"modified":"2016-10-05T22:53:34","modified_gmt":"2016-10-06T03:53:34","slug":"29-de-abril-de-1979beatificacion-de-francisco-coll-y-santiago-desiderio-laval","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-abril-de-1979beatificacion-de-francisco-coll-y-santiago-desiderio-laval\/","title":{"rendered":"29 de abril de 1979,Beatificaci\u00f3n de Francisco Coll, y Santiago Desiderio Laval"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">BEATIFICACI&Oacute;N DE LOS SIERVOS DE DIOS <br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/1979-1990\/ns_lit_doc_19790429_coll_sp.html\"> FRANCISCO COLL<\/a> Y <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/1979-1990\/ns_lit_doc_19790429_laval_sp.html\"> SANTIAGO DESIDERIO LAVAL<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Domingo 29 de abril de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Aleluya. Aleluya. En este III domingo de Pascua nuestro gozo pascual se manifiesta como un eco de la alegr&iacute;a desbordante de los Ap&oacute;stoles, que reconocieron a Cristo resucitado ya desde el primer d&iacute;a. La tarde de Pascua &quot;Cristo se present&oacute; en medio de ellos&quot;. &quot;Les mostr&oacute; sus manos y sus pies&quot;. Les invit&oacute; a palparlo con sus manos. Comi&oacute; con ellos (cf. <i>Lc<\/i> 24, 36. 39. 40). Sobrecogidos de estupor y tardos en creer, los Ap&oacute;stoles lo reconocieron al fin. &quot;Se alegraron viendo al Se&ntilde;or&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 20; Lc 24, 41); y en adelante nadie podr&aacute; quitarles este gozo (cf. <i>Jn<\/i> 16, 22), ni acallar su testimonio (cf. <i>Act<\/i> 4, 20). Poco antes, a los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s les ard&iacute;a el coraz&oacute;n mientras Jes&uacute;s les hablaba en el camino y les explicaba las Escrituras; y lo hab&iacute;an reconocido ellos tambi&eacute;n en el partir el pan (cf. <i>Lc<\/i> 24, 32. 35).<\/p>\n<p align=\"left\">La alegr&iacute;a de estos testigos es tambi&eacute;n la nuestra, queridos hermanos y hermanas, pues participamos de su fe en Cristo resucitado. Glorificado junto al Padre, sigue atrayendo a los hombres hacia El y sigue comunic&aacute;ndoles su vida, el Esp&iacute;ritu de santidad, a la vez que les prepara un lugar en la casa de su Padre. Precisamente hoy este gozo encuentra confirmaci&oacute;n esplendente, pues celebramos a dos servidores admirables de Dios que brillaron en nuestra tierra el siglo pasado con la santidad de Cristo, y que la Iglesia est&aacute; ya en condiciones de declarar Beatos y proponer al culto particular y a la admiraci&oacute;n de los fieles: el p. Laval y el p. Coll. que ahora vamos a contemplar.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Es imposible evidentemente enumerar aqu&iacute; todos los hechos salientes de la vida del padre Santiago Desiderio Laval, ni todas las virtudes cristianas que practic&oacute; en grado heroico. Recojamos al menos lo que caracteriza a este misionero en relaci&oacute;n con la misi&oacute;n actual de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Es ante todo su af&aacute;n de evangelizar a los pobres, a los m&aacute;s pobres, y concretamente a sus &quot;queridos Negros&quot; de la Isla Mauricio, como &eacute;l los llamaba. Era franc&eacute;s; en un primer momento ejerci&oacute; la medicina en una ciudad peque&ntilde;a de su di&oacute;cesis natal, Evreux; pero poco a poco la llamada al amor exclusivo al Se&ntilde;or que en otro tiempo hab&iacute;a rechazado, le hizo abandonar la profesi&oacute;n y la vida mundana: &quot;Siendo sacerdote podr&eacute; hacer m&aacute;s bien&quot;, explic&oacute; a su hermano (cf. <i>Biograf&iacute;a<\/i>). Vocaci&oacute;n tard&iacute;a en el seminario de San Sulpicio de Par&iacute;s, se dedic&oacute; ya al servicio de los pobres; despu&eacute;s, siendo cura de la peque&ntilde;a parroquia normanda de Pinterville, comparti&oacute; sus haberes con los indigentes. Pero cuando conoci&oacute; la miseria que padec&iacute;an los Negros de &Aacute;frica y la urgencia de llevarlos a Cristo, consigui&oacute; marchar a la Isla Mauricio con el vicario apost&oacute;lico, mons. Collier. Durante 23 a&ntilde;os, o sea hasta su muerte, consagr&oacute; todo su tiempo, dedic&oacute; todas sus fuerzas, entreg&oacute; el coraz&oacute;n entero a la evangelizaci&oacute;n de los aut&oacute;ctonos; sin jam&aacute;s cansarse supo escucharlos, ense&ntilde;arles catecismo y llevarles a descubrir su vocaci&oacute;n cristiana. Con frecuencia intervino asimismo para conseguir que mejorase su situaci&oacute;n sanitaria y social.<\/p>\n<p align=\"left\">El empe&ntilde;o que puso en ello no deja de sorprendernos, sobre todo en las condiciones desalentadoras en que se desenvolv&iacute;a su misi&oacute;n. Pero siempre fue a lo esencial en su apostolado. El hecho es que nuestro misionero dej&oacute; tras s&iacute; innumerables convertidos a la fe y a la piedad s&oacute;lidas. No era aficionado a las ceremonias exuberantes, atractivas para estas almas sencillas pero sin futuro; ni tampoco se inclinaba a arrebatos oratorios. Su labor educativa se insertaba plenamente en la vida; no vacilaba en volver una y otra vez sobre los puntos esenciales de la doctrina y la pr&aacute;ctica cristianas, y s&oacute;lo admit&iacute;a al bautismo y a la primera comuni&oacute;n a personas preparadas en grupos peque&ntilde;os y ya probadas. Tuvo gran cuidado en poner a disposici&oacute;n de los fieles capillas peque&ntilde;as diseminadas por la isla. Otra iniciativa notable, que entra asimismo en las preocupaciones de muchos Pastores hoy d&iacute;a: se rode&oacute; de colaboradores, hombres y mujeres, haci&eacute;ndolos jefes de oraci&oacute;n, catequistas, visitadores y asesores de enfermos, responsables de peque&ntilde;as comunidades cristianas; dicho de otro modo pobres evangelizadores de pobres.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Cu&aacute;l es. por tanto, el secreto de su celo misionero? Lo encontramos en su santidad, en la entrega de toda su persona a Jesucristo, que es inseparable del amor hacia los hombres, sobre todo hacia los m&aacute;s humildes, a quienes quiere encaminar a la salvaci&oacute;n de Cristo. Todo el tiempo que no dedicaba al apostolado directo lo pasaba en oraci&oacute;n, sobre todo ante el Sant&iacute;simo Sacramento; y a la oraci&oacute;n un&iacute;a constantemente mortificaciones y penitencias que impresionaban mucho a sus hermanos, a pesar de su discreci&oacute;n y humildad. Muchas veces lamentaba &eacute;l mismo su tibieza espiritual \u2014digamos m&aacute;s bien su sentimiento de sequedad\u2014; y, &iquest;acaso no es precisamente porque concede gran valor al amor ferviente a Dios y a Mar&iacute;a, en el que quiere iniciar a sus fieles? Aqu&iacute; est&aacute; tambi&eacute;n el secreto de su paciencia apost&oacute;lica: &quot;S&oacute;lo nos apoyamos en Dios y en la protecci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen&quot; (Carta del 6 de julio de 1853, cf. <i>Biograf&iacute;a<\/i>). &iexcl;Qu&eacute; magn&iacute;fica confesi&oacute;n! Su espiritualidad misionera encaj&oacute; desde el principio en un instituto joven misionero y mariano, y se comprometi&oacute; a seguir las exigencias espirituales del mismo, a pesar de su soledad y de la distancia geogr&aacute;fica. Es la Sociedad del Santo Coraz&oacute;n de Mar&iacute;a, del que fue uno de los primeros miembros al lado del c&eacute;lebre padre Libermaun, y que se fusionar&aacute; muy pronto con la congregaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. Hoy copio ayer el ap&oacute;stol debe alimentar primero el propio vigor espiritual: da testimonio de lo que &eacute;l bebe continuamente de la Fuente.<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute; un modelo para los evangelizadores de hoy. &iexcl;Ojal&aacute; que este ejemplo mueva a los misioneros y \u2014me atrevo a decir\u2014 a todos los sacerdotes, que tienen la misi&oacute;n sublime de anunciar a Jesucristo y de formar en la vida cristiana!<\/p>\n<p align=\"left\">Y a t&iacute;tulo particular sea gozo y est&iacute;mulo de los religiosos del Esp&iacute;ritu Santo, que no han cesado de implantar la Iglesia sobre todo en tierra africana y act&uacute;an en ella con tanta generosidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Que el ejemplo del padre Laval anime a cuantos se esfuerzan por construir un mundo fraterno, libre de prejuicios raciales, ya sea en el continente africano o en otros lugares. Que el Beato Laval sea tambi&eacute;n orgullo, ideal y protector de la comunidad cristiana de la Isla Mauricio, tan din&aacute;mica en la actualidad; y de todos los mauricianos:<\/p>\n<p align=\"left\">A estos deseos me complazco en a&ntilde;adir un saludo muy cordial a la Delegaci&oacute;n del Gobierno de Isla Mauricio y a la del Gobierno franc&eacute;s que han venido a tomar parte en esta ceremonia.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Un segundo motivo de alegr&iacute;a eclesial es la beatificaci&oacute;n de otra figura que la Iglesia quiere hoy exaltar y proponer a la imitaci&oacute;n del Pueblo de Dios: el padre Francisco Coll. Una nueva gloria de la gran familia dominicana y, no menos, de la familia diocesana de Vich. Un religioso y a la vez un modelo de ap&oacute;stol \u2014durante gran parte de su vida\u2014 entre las filas del clero vicense.<\/p>\n<p align=\"left\">Una de esas personalidades eclesiales que, en la segunda mitad del siglo XIX, enriquecen a la Iglesia con nuevas fundaciones religiosas. Un hijo de la tierra espa&ntilde;ola, de Catalu&ntilde;a, en la que han brotado tantas almas generosas que han legado a la Iglesia una herencia fecunda.<\/p>\n<p align=\"left\">En nuestro caso, esa herencia se concreta en una labor magn&iacute;fica e incansable de predicaci&oacute;n evang&eacute;lica, que culmina en la fundaci&oacute;n del instituto hoy llamado de las Religiosas Dominicas de la Anunciata, en gran n&uacute;mero aqu&iacute; presentes para celebrar a su padre Fundador, unidas a tantos miembros de las diversas obras a las que la congregaci&oacute;n ha dado vida.<\/p>\n<p align=\"left\">No podemos presentar ahora una semblanza completa del nuevo Beato, espejo admirable \u2014como hab&eacute;is podido observar a trav&eacute;s de la lectura de su biograf&iacute;a\u2014 de heroicas virtudes humanas, cristianas, religiosas, que le hacen digno de elogio y de imitaci&oacute;n en nuestra peregrinaci&oacute;n terrena. Limit&eacute;monos a discurrir brevemente acerca de un aspecto m&aacute;s saliente en esta figura eclesial.<\/p>\n<p align=\"left\">Lo que m&aacute;s impresiona al acercarse a la vida del nuevo Beato es su af&aacute;n evangelizador. En un momento hist&oacute;rico muy dif&iacute;cil, en el que las convulsiones sociales y las leyes persecutorias contra la Iglesia le hacen abandonar su convento y vivir permanentemente fuera de &eacute;l, el padre Coll, coloc&aacute;ndose por encima de inspiraciones humanas, sociol&oacute;gicas o pol&iacute;ticas, se consagra enteramente a una asombrosa tarea de predicaci&oacute;n. Tanto durante su ministerio parroquial, especialmente en Art&eacute;s y Moy&aacute;, como en su fase posterior de misionero apost&oacute;lico, el padre Coll se manifiesta un verdadero catequista, un evangelizador, en la mejor l&iacute;nea de la Orden de Predicadores.<\/p>\n<p align=\"left\">En sus incontables correr&iacute;as apost&oacute;licas por toda Catalu&ntilde;a. a trav&eacute;s de memorables misiones populares y otras formas de predicaci&oacute;n, el padre Coll \u2014mos&eacute;n Coll para muchos\u2014 es transmisor de fe, sembrador de esperanza, predicador de amor, de paz, de reconciliaci&oacute;n entre quienes las pasiones, la guerra y el odio manten&iacute;an divididos. Verdadero hombre de Dios, vive en plenitud su identidad sacerdotal y religiosa, hecha fuente de inspiraci&oacute;n en toda su tarea. A quien no siempre comprende los motivos de ciertas actitudes suyas, responde con un convencido `&quot;porque soy religioso&quot;. Esa profunda conciencia de s&iacute; mismo, es la que orienta su labor incesante.<\/p>\n<p align=\"left\">Una tarea absorbente, pero a la que no falta una base s&oacute;lida: la oraci&oacute;n frecuente, que es el motor de su actividad apost&oacute;lica. En ese punto, el nuevo Beato habla de manera bien elocuente: es &eacute;l mismo hombre de oraci&oacute;n; por ese camino quiere introducir a los fieles (basta ver lo que dice en sus dos publicaciones: <i>La hermosa rosa<\/i> y <i>La escala del cielo<\/i>); &eacute;se es el sendero que se&ntilde;ala en la regla a sus hijas, con palabras vibrantes, que por su actualidad hago tambi&eacute;n m&iacute;as: &quot;La vida de las Hermanas debe ser vida de oraci&oacute;n. (&#8230;). Por esto os recomiendo y os vuelvo a recomendar, amadas Hermanas: no dej&eacute;is la oraci&oacute;n&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">El neo-Beato recomienda diversas formas de plegaria que sostenga la actividad apost&oacute;lica. Pero hay una que es su preferida y que tengo especial agrado en recoger y subrayar: la oraci&oacute;n hecha contemplando los misterios del Rosario; esa &quot;escala para subir al cielo&quot;, compuesta de oraci&oacute;n mental y vocal que &quot;son las dos alas que el Rosario de Mar&iacute;a ofrece a las almas cristianas&quot;. Una forma de oraci&oacute;n que tambi&eacute;n el Papa practica con asiduidad y a la que os invita a uniros a todos vosotros, sobre todo en el pr&oacute;ximo mes de mayo consagrado a la Virgen.<\/p>\n<p align=\"left\">Concluyo estas reflexiones en lengua espa&ntilde;ola saludando a las autoridades que han venido para estas celebraciones en honor del padre Coll. Invitando a todos a imitar sus ejemplos de vida, pero en especial a los hijos de Santo Domingo, al clero y particularmente a vosotras, Hermanas Dominicas de la Anunciata, venidas de Espa&ntilde;a, de Europa, de Am&eacute;rica y &Aacute;frica, donde vuestra actividad religiosa se despliega con generosidad.<\/p>\n<p align=\"left\">4. El deseo que yo expreso esta ma&ntilde;ana es, en fin, que la doble beatificaci&oacute;n de hoy sirva para reforzar promover el inter&eacute;s por la acci&oacute;n catequ&eacute;tica de toda la Iglesia. Es sabido que el tema de la IV Asamblea General del S&iacute;nodo de los Obispos, que se tuvo en Roma en oto&ntilde;o de 1977, fue precisamente el de la catequesis. Los padres sinodales \u2014entre los que yo me encontraba\u2014 afrontaron y estudiaron este tema de primordial importancia para la vida y la acci&oacute;n de la Iglesia en todo tiempo. Ellos subrayaron la urgencia de dar prioridad decisiva a la catequesis respecto a otras iniciativas menos esenciales, aunque tal vez m&aacute;s llamativas, porque en ella se realiza el aspecto absolutamente original de la misi&oacute;n de la Iglesia. Una misi&oacute;n \u2014insisten ellos\u2014 que ata&ntilde;e profundamente a todos los miembros del Pueblo de Dios dentro, naturalmente, de su diversas funciones, y los compromete a una continua b&uacute;squeda de m&eacute;todos y medios adecuados para una transmisi&oacute;n cada vez m&aacute;s eficaz del mensaje.<\/p>\n<p align=\"left\">El pensamiento de los padres del S&iacute;nodo se dirig&iacute;a sobre todo a los j&oacute;venes, bien conscientes de su importancia creciente en el mundo de hoy; aun entre incertidumbres y dispersiones, excesos y frustraciones, los j&oacute;venes representan la gran fuerza de la que dependen los destinos de la humanidad futura. La pregunta que ha preocupado a los padres sinodales ha sido &eacute;sta precisamente: &iquest;C&oacute;mo llevar a esta multitud de j&oacute;venes a tener una experiencia viva de Jesucristo, y esto no s&oacute;lo en el encuentro deslumbrante de un momento fugaz, sino mediante un conocimiento cada d&iacute;a m&aacute;s completo y luminoso de su Persona y su mensaje? &iquest;C&oacute;mo hacer nacer en ellos la pasi&oacute;n por el Reino que El vino a inaugurar y el &uacute;nico en el que puede encontrar el ser humano la plena y satisfactoria realizaci&oacute;n de s&iacute; mismo?<\/p>\n<p align=\"left\">Responder a esta pregunta es la tarea m&aacute;s urgente de la Iglesia de hoy. Depender&aacute; del inter&eacute;s generoso de todos el que pueda ofrecerse a las nuevas generaciones un testimonio de la &quot;palabra de salvaci&oacute;n&quot; (<i>Act<\/i> 13, 26), capaz de conquistar las mentes y los corazones de los j&oacute;venes e implicar sus voluntades en las opciones concretas, frecuentemente costosas, que requiere la l&oacute;gica del amor de Dios y del pr&oacute;jimo. Depender&aacute; sobre todo de la sinceridad y de la intensidad con que las familias y las comunidades sepan vivir su adhesi&oacute;n a Cristo, el que sus ense&ntilde;anzas impartidas en la casa, en la escuela, en la iglesia, lleguen eficazmente a los j&oacute;venes.<\/p>\n<p align=\"left\">Recemos, pues a los nuevos Beatos para que est&eacute;n cercanos a nosotros con su intercesi&oacute;n y nos gu&iacute;en a una experiencia personal y profunda de Cristo resucitado, que haga tambi&eacute;n a nuestros corazones &quot;arder en el pecho&quot;, como ard&iacute;an los corazones de los dos disc&iacute;pulos en el camino de Ema&uacute;s, mientras Jes&uacute;s &quot;hablaba con ellos y les declaraba las Escrituras&quot; (cf. <i>Lc<\/i> 24, 32). En efecto, s&oacute;lo quien puede decir: &quot;Lo conozco&quot; \u2014y San Juan nos ha advertido que esto no lo puede decir quien no vive seg&uacute;n los mandamientos de Cristo (cf. II lectura)\u2014, s&oacute;lo quien ha alcanzado un conocimiento &quot;existencial&quot; de El y de su Evangelio, puede ofrecer a los otros una catequesis cre&iacute;ble, incisiva, fascinante.<\/p>\n<p align=\"left\">La vida de los dos nuevos Beatos es una prueba elocuente de esto.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Que su ejemplo no resulte vano para nosotros!<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BEATIFICACI&Oacute;N DE LOS SIERVOS DE DIOS FRANCISCO COLL Y SANTIAGO DESIDERIO LAVAL HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 29 de abril de 1979 &nbsp; 1. Aleluya. Aleluya. 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