{"id":39518,"date":"2016-10-05T22:53:36","date_gmt":"2016-10-06T03:53:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-abril-de-1979visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-pancracio\/"},"modified":"2016-10-05T22:53:36","modified_gmt":"2016-10-06T03:53:36","slug":"22-de-abril-de-1979visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-pancracio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-abril-de-1979visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-pancracio\/","title":{"rendered":"22 de abril de 1979,Visita pastoral a la parroquia romana de San Pancracio"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN PANCRACIO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Domingo 22 de abril de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Hoy estamos sobre <i>las huellas de la antiqu&iacute;sima tradici&oacute;n de la Iglesia<\/i>, la del II domingo de Pascua, llamado <i>in Albis<\/i>, que est&aacute; vinculado a la liturgia de la Pascua y, sobre todo, a la liturgia de la Vigilia Pascual. Esta Vigilia, como atestigua incluso su forma actual, representaba un d&iacute;a grande para los catec&uacute;menos, que durante la noche pascual, por medio del bautismo, eran sepultados juntamente con Cristo en la muerte para poder caminar en una vida nueva, as&iacute; como Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre (cf. <i>Rom<\/i> 6, 4).<\/p>\n<p align=\"left\">San Pablo ha presentado el misterio del bautismo en esta imagen sugestiva. Los catec&uacute;menos recib&iacute;an el bautismo precisamente durante la Vigilia Pascual, como hemos tenido la suerte de hacer tambi&eacute;n este a&ntilde;o, cuando he conferido el bautismo a ni&ntilde;os y adultos de Europa, Asia y &Aacute;frica.<\/p>\n<p align=\"left\">De este modo <i>la noche que precede al domingo de la Resurrecci&oacute;n se ha convertido realmente para ellos en &quot;Pascua&quot;<\/i>, es decir, el Paso del pecado, o sea, de la muerte del esp&iacute;ritu, a la Gracia; esto es, a la vida en el Esp&iacute;ritu Santo. Ha sido la noche de una verdadera resurrecci&oacute;n en el Esp&iacute;ritu. Como signo de la gracia santificante, los neo-bautizados recib&iacute;an, durante el bautismo, una vestidura blanca, que los distingu&iacute;a durante toda la octava de Pascua. En este d&iacute;a del II domingo de Pascua, depon&iacute;an tales vestidos; de donde el antiqu&iacute;simo nombre de este d&iacute;a: domingo <i>in Albis depositis<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta tradici&oacute;n en Roma est&aacute; unida a la iglesia de San Pancracio. Precisamente aqu&iacute; es hoy la estaci&oacute;n lit&uacute;rgica. Por esto tenemos la suerte de unir la visita pastoral de la parroquia a la tradici&oacute;n romana de la estaci&oacute;n del domingo <i>in Albis<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Hoy, pues, deseamos <i>cantar juntos<\/i> aqu&iacute; la alegr&iacute;a de la <i> resurrecci&oacute;n<\/i> del Se&ntilde;or, as&iacute; como lo anuncia la liturgia de este domingo.<\/p>\n<blockquote>\n<p align=\"left\">&laquo;Dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno,<br \/> porque es eterna su misericordia&#8230; <br \/> Este es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or:<br \/> sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo&raquo; (<i>Sal<\/i> 117 [118], 1, 24).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p align=\"left\">Deseamos tambi&eacute;n <i>dar gracias por el inefable don de la fe<\/i>, que ha descendido a nuestros corazones y se refuerza constantemente mediante el misterio de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. San Juan nos habla hoy de la grandeza de este don en las potentes palabras de su Carta: &quot;Todo el engendrado de Dios vence al mundo; y &eacute;sta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe. &iquest;Y qui&eacute;n es el que vence al mundo sino el que cree que Jes&uacute;s es el Hijo de Dios?&quot; (<i>1 Jn<\/i> 5, 4-5).<\/p>\n<p align=\"left\">Nosotros, pues, damos gracias a Cristo resucitado con una gran alegr&iacute;a en el coraz&oacute;n, porque nos hace participar en su victoria. Al mismo tiempo, <i>le suplicamos humildemente<\/i> para que no cesemos nunca de ser part&iacute;cipes, con la fe, de esta victoria: particularmente en los momentos dif&iacute;ciles y cr&iacute;ticos, en los momentos de las desilusiones y de los sufrimientos,- cuando estamos expuestos a la tentaci&oacute;n y a las pruebas. Sin embargo, sabemos lo que escribe San Pablo: &quot;Todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jes&uacute;s sufrir&aacute;n persecuciones&quot; (<i>2 Tim<\/i> 3, 12). Y he aqu&iacute; todav&iacute;a las palabras de San Pedro: &quot;&#8230;exult&aacute;is, aunque ahora teng&aacute;is que entristeceros un poco, en las diversas tentaciones, para que vuestra fe, probada, m&aacute;s preciosa que el oro, que se corrompe aunque acrisolado por el fuego, aparezca digna de alabanza, gloria y honor en la revelaci&oacute;n de Jesucristo&quot; (<i>1 Pe<\/i> 1, 6-7).<\/p>\n<p align=\"left\">3. Los cristianos de las primeras generaciones de la Iglesia se preparaban para el bautismo largamente y a fondo. Este era el <i>per&iacute;odo del catecumenado<\/i>, cuyas tradiciones se reflejan todav&iacute;a en la liturgia de la Cuaresma. Estas tradiciones se viv&iacute;an cuando los adultos se preparaban para el bautismo. A medida que se fue desarrollando la tradici&oacute;n del bautismo de los ni&ntilde;os, el catecumenado en esta forma deb&iacute;a desaparecer. Los ni&ntilde;os recib&iacute;an el bautismo en la fe de la Iglesia, de la que era fiadora toda la comunidad cristiana (que hoy se llama &quot;parroquia&quot;), y ante todo lo era su propia familia. La liturgia renovada del bautismo de los ni&ntilde;os pone ahora m&aacute;s de relieve este aspecto. Los padres, con los padrinos y madrinas, profesan la fe, hacen las promesas bautismales y asumen la responsabilidad de la educaci&oacute;n cristiana de su ni&ntilde;o.<\/p>\n<p align=\"left\">De este modo, el catecumenado <i>se traslada<\/i> en cierta manera <i>a un per&iacute;odo posterior<\/i>, al tiempo del progresivo crecer y convertirse en adultos; el bautizado, pues, debe adquirir de sus m&aacute;s allegados y en la comunidad parroquial de la Iglesia una conciencia viva de esa fe, de la que ya antes ha sido hecho part&iacute;cipe mediante la gracia del bautismo. Es dif&iacute;cil llamar &quot;catecumenado&quot; a este proceso en el sentido primero y propio de la palabra. No obstante, es el equivalente del aut&eacute;ntico catecumenado y debe desarrollarse con la misma seriedad y el mismo celo que el que antes preced&iacute;a al bautismo. En este punto convergen y se unen los deberes de la familia cristiana y de la parroquia. Es necesario que, en esta ocasi&oacute;n, nos demos cuenta de ello con una claridad y fuerza particular.<\/p>\n<p align=\"left\">4. La parroquia, como comunidad fundamental del Pueblo de Dios y como parte org&aacute;nica de la Iglesia, en cierto sentido, <i>tiene su origen en el sacramento del bautismo<\/i>. En efecto, es la comunidad de los bautizados. Mediante cada bautismo, la parroquia participa de modo especial en el misterio de la muerte y de la resurrecci&oacute;n de Cristo. Todo su esfuerzo pastoral y apost&oacute;lico mira a que todos los feligreses tengan conciencia del bautismo, para que perseveren en la gracia, esto es, en el estado de hijos de Dios, y gocen de los frutos del bautismo, tanto en la vida personal, como en la familiar y social. Por esto es particularmente necesaria la renovaci&oacute;n de la conciencia del bautismo. En la vida de la parroquia es un valor fundamental emprender este catecumenado \u2014que falta ahora en la preparaci&oacute;n al bautismo\u2014 y realizarlo en las diversas etapas de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente en esto consiste la funci&oacute;n de la catequesis, que debe extenderse no s&oacute;lo al per&iacute;odo de la escuela elemental, sino tambi&eacute;n a las escuelas superiores y a per&iacute;odos ulteriores de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">En particular es indispensable la catequesis sacramental como preparaci&oacute;n a la primera comuni&oacute;n y a la confirmaci&oacute;n; es de gran importancia la preparaci&oacute;n al sacramento del matrimonio.<\/p>\n<p align=\"left\">Adem&aacute;s, el hombre bautizado, si quiere ser cristiano &quot;con obras y de verdad&quot;, debe permanecer, en su existencia, constantemente fiel a la catequesis recibida: ella le dice, efectivamente, c&oacute;mo debe comprender y actuar su cristianismo en los diversos momentos y ambientes de la vida profesional, social, cultural. Esta es la vasta tarea de la catequesis de los adultos.<\/p>\n<p align=\"left\">Gracias a Dios, esta actividad se desarrolla ampliamente en la vida de la di&oacute;cesis de Roma y de vuestra parroquia.<\/p>\n<p align=\"left\">5. En efecto, estoy al corriente de las numerosas iniciativas de catequesis y de vida asociativa que las instituciones parroquiales desarrollan con la ayuda de numerosas familias religiosas, femeninas y masculinas, y de varios movimientos eclesiales. Una menci&oacute;n particular corresponde a los benem&eacute;ritos padres carmelitas descalzos, que se dedican generosamente al progreso espiritual de esta parroquia de San Pancracio. La numerosa concurrencia que se ha concentrado hoy aqu&iacute; es s&oacute;lo un est&iacute;mulo m&aacute;s para un incansable compromiso apost&oacute;lico. Mi palabra, por tanto, se hace exhortaci&oacute;n y aliento, tanto a los responsables parroquiales para que prosigan gozosamente en su servicio al Cuerpo de Cristo, como a todos los miembros de la comunidad, para que encuentren siempre y conscientemente en ella el lugar mejor para su crecimiento en la fe, en la esperanza y en el amor, para testimoniarlos al mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">6. En el domingo <i>in Albis<\/i> la liturgia de la Iglesia hace de nosotros testigos del encuentro de Cristo resucitado con los Ap&oacute;stoles en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n. <i>La figura del Ap&oacute;stol Tom&aacute;s y el coloquio de Cristo con &eacute;l<\/i> atrae siempre nuestra atenci&oacute;n particular. El Maestro resucitado le permite de modo singular reconocer las se&ntilde;ales de su pasi&oacute;n y convencerse as&iacute; de la realidad de la resurrecci&oacute;n. Entonces Santo Tom&aacute;s, que antes no quer&iacute;a creer, expresa su fe con las palabras: &quot;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 28). Jes&uacute;s le responde: &quot;Porque me has visto has cre&iacute;do; dichosos los que sin ver creyeron&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 29).<\/p>\n<p align=\"left\">Mediante la experiencia de la Cuaresma, tocando en cierto sentido las se&ntilde;ales de la pasi&oacute;n de Cristo, y mediante la solemnidad de su resurrecci&oacute;n, se renueve y se refuerce nuestra fe, y tambi&eacute;n la fe de los que est&aacute;n desconfiados, tibios, indiferentes, alejados.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Y la bendici&oacute;n que el Resucitado pronunci&oacute; en el coloquio con Tom&aacute;s, &quot;dichosos los que han cre&iacute;do&quot;, permanezca con todos nosotros!<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN PANCRACIO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 22 de abril de 1979 &nbsp; 1. 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