{"id":39520,"date":"2016-10-05T22:53:39","date_gmt":"2016-10-06T03:53:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-abril-de-1979vigilia-pascual\/"},"modified":"2016-10-05T22:53:39","modified_gmt":"2016-10-06T03:53:39","slug":"14-de-abril-de-1979vigilia-pascual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-abril-de-1979vigilia-pascual\/","title":{"rendered":"14 de abril de 1979,Vigilia pascual"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIGILIA PASCUAL<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> S&aacute;bado Santo 14 de abril de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. La palabra &quot;muerte&quot; se pronuncia con un nudo en la garganta. Aunque la humanidad, durante tantas generaciones, se haya acostumbrado de alg&uacute;n modo a la realidad inevitable de la muerte, sin embargo resulta siempre desconcertante. La muerte de Cristo hab&iacute;a penetrado profundamente en los corazones de sus m&aacute;s allegados, en la conciencia de toda Jerusal&eacute;n. El silencio que surgi&oacute; despu&eacute;s de ella llen&oacute; la tarde del viernes y todo el d&iacute;a siguiente del s&aacute;bado. En este d&iacute;a, seg&uacute;n las prescripciones de los jud&iacute;os, nadie se hab&iacute;a trasladado al lugar de la sepultura. Las tres mujeres, de las que habla el Evangelio de hoy, recuerdan muy bien la pesada piedra con que hab&iacute;an cerrado la entrada del sepulcro. <i>Esta piedra<\/i>, en la que pensaban y de la que hablar&iacute;an al d&iacute;a siguiente yendo al sepulcro, simboliza tambi&eacute;n el peso <i>que hab&iacute;a aplastado sus corazones<\/i>. La piedra que hab&iacute;a separado al Muerto de los vivos, la piedra l&iacute;mite de la vida, el peso de la muerte. Las mujeres, que al amanecer del d&iacute;a despu&eacute;s del s&aacute;bado van al sepulcro, no hablar&aacute;n de la muerte, sino de la piedra. Al llegar al sitio, comprobar&aacute;n que la piedra no cierra ya la entrada del sepulcro. Ha sido derribada. No encontrar&aacute;n a Jes&uacute;s en el sepulcro. &iexcl;Lo han buscado en vano! &quot;No est&aacute; aqu&iacute;; ha resucitado, seg&uacute;n lo hab&iacute;a dicho&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 6). Deben volver a la ciudad y anunciar a los disc&iacute;pulos que El ha resucitado y que lo ver&aacute;n en Galilea. Las mujeres no son capaces de pronunciar una palabra. La noticia de la muerte se pronuncia en voz baja. Las palabras de la resurrecci&oacute;n eran para ellas, desde luego, dif&iacute;ciles de comprender. <i>Dif&iacute;ciles de repeti<\/i>r, tanto ha influido la realidad de la muerte en el pensamiento y en el coraz&oacute;n del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Desde aquella noche y m&aacute;s a&uacute;n desde la ma&ntilde;ana siguiente, los disc&iacute;pulos de Cristo han aprendido a pronunciar la palabra &quot;resurrecci&oacute;n&quot;. Y ha venido a ser la palabra m&aacute;s importante en su lenguaje, la palabra central, la palabra fundamental. Todo toma nuevamente origen de ella. Todo se confirma y se construye de nuevo: &quot;La piedra que desecharon los arquitectos es <i>ahora la piedra angular<\/i>. Es el Se&ntilde;or quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Este es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or. &iexcl;Sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo!&quot; (<i>Sal<\/i> 117\/118, 22-24).<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente por esto la vigilia pascual \u2014el d&iacute;a siguiente al Viernes Santo\u2014 no es ya s&oacute;lo el d&iacute;a en que se pronuncia en voz baja la palabra &quot;muerte&quot;, en el que se recuerdan los &uacute;ltimos momentos de la vida del Muerto: <i>es el d&iacute;a de una gran espera<\/i>. Es la Vigilia Pascual: el d&iacute;a y la noche de la espera del d&iacute;a que hizo el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">El contenido lit&uacute;rgico de la Vigilia se expresa mediante las distintas horas del breviario, para concentrarse despu&eacute;s con toda su riqueza en esta liturgia de la noche, que alcanza su cumbre, despu&eacute;s del per&iacute;odo de Cuaresma, en el primer &quot;Alleluia&quot;. &iexcl;<i>Alleluia<\/i>: es el grito que expresa la alegr&iacute;a pascual!<\/p>\n<p align=\"left\">La exclamaci&oacute;n que resuena todav&iacute;a en la mitad de la noche de la espera y lleva ya consigo la alegr&iacute;a de la ma&ntilde;ana. Lleva consigo la certeza. de la resurrecci&oacute;n. Lo que, en un primer momento, no han tenido la valent&iacute;a de pronunciar ante el sepulcro los labios de las mujeres, o la boca de los Ap&oacute;stoles, ahora la Iglesia, gracias a su testimonio, lo expresa con su Aleluya.<\/p>\n<p align=\"left\">Este canto de alegr&iacute;a, cantado casi a media noche, nos anuncia el D&iacute;a Grande. (En algunas lenguas eslavas, la Pascua se llama la &quot;Noche Grande&quot;, despu&eacute;s de la Noche Grande, llega el D&iacute;a Grande: &quot;D&iacute;a hecho por el Se&ntilde;or&quot;).<\/p>\n<p align=\"left\">3. Y he aqu&iacute; que estarnos para ir al encuentro de este D&iacute;a Grande con el fuego pascual encendido; en este fuego hemos encendido el cirio \u2014luz de Cristo\u2014 y junto a &eacute;l hemos proclamado la gloria de su resurrecci&oacute;n en el canto del <i>Exultet<\/i>. A continuaci&oacute;n, hemos penetrado, mediante una serie de lecturas, en el gran proceso de la creaci&oacute;n, del mundo, del hombre, del Pueblo de Dios; hemos penetrado en la preparaci&oacute;n del conjunto de lo creado en este D&iacute;a Grande, en el d&iacute;a de la victoria del bien sobre el mal, de la Vida sobre la muerte. &iexcl;No se puede captar el misterio de la resurrecci&oacute;n sino volviendo a los or&iacute;genes y siguiendo, despu&eacute;s, todo el desarrollo de la historia de la econom&iacute;a salv&iacute;fica hasta ese momento! El momento en que las tres mujeres de Jerusal&eacute;n, que se detuvieron en el umbral del sepulcro vac&iacute;o, oyeron el mensaje de un joven vestido de blanco: &quot;No os asust&eacute;is. Busc&aacute;is a Jes&uacute;s Nazareno, el crucificado; ha resucitado, no est&aacute; aqu&iacute;&quot; (<i>Mc<\/i> 16, 5-6).<\/p>\n<p align=\"left\">4. Ese gran momento no nos consiente permanecer fuera de nosotros mismos; nos obliga a entrar en nuestra propia humanidad. Cristo no s&oacute;lo nos ha revelado la victoria de la vida sobre la muerte, sino que nos ha tra&iacute;do con su resurrecci&oacute;n la nueva vida. Nos ha dado esta nueva vida.<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute; c&oacute;mo se expresa San Pablo: &quot;&iquest;O ignor&aacute;is que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jes&uacute;s fuimos bautizados para participar en su muerte? Con El hemos sido sepultados por el bautismo para participar en su muerte, para que como El resucit&oacute; de entre los muertos por la gloria del Padre, as&iacute; tambi&eacute;n nosotros vivamos una nueva vida&quot; (<i>Rom<\/i> 6, 3-4).<\/p>\n<p align=\"left\">Las palabras &quot;hemos sido bautizados en su muerte&quot; dicen mucho. La muerte es el agua en la que se reconquista la vida: el agua &quot;que salta hasta la vida eterna&quot; (<i>Jn<\/i> 4, 14). &iexcl;Es necesario &quot;sumergirse&quot; en este agua; en esta muerte, <i>para surgir despu&eacute;s de ella como hombre nuevo<\/i>, como nueva criatura, como ser nuevo, esto es, <i>vivificado por la potencia de la resurrecci&oacute;n de Cristo!<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Este es el misterio del agua que esta noche bendecimos, que hacemos penetrar con la &quot;luz de Cristo&quot;, que hacemos penetrar con la nueva vida: &iexcl;es el s&iacute;mbolo de la potencia de la resurrecci&oacute;n!<\/p>\n<p align=\"left\">Este agua, en el sacramento del bautismo, se convierte en el signo <i>de la victoria<\/i> sobre Satan&aacute;s, sobre el pecado; el signo de la victoria&nbsp; que Cristo ha tra&iacute;do mediante la cruz, mediante la muerte y <i>que nos trae<\/i> despu&eacute;s <i>a cada uno<\/i>: &quot;Nuestro hombre viejo ha sido crucificado para que fuera destruido el cuerpo del pecado y ya no sirvamos al pecado&quot; (<i>Rom<\/i> 6, 6).<\/p>\n<p align=\"left\">5. Es pues la noche de la gran espera. Esperemos en la fe, esperemos con todo nuestro ser humano a Aquel que al despuntar el alba ha roto la tiran&iacute;a de la muerte, y ha revelado la potencia divina de la Vida: El es nuestra esperanza.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIGILIA PASCUAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro S&aacute;bado Santo 14 de abril de 1979 &nbsp; 1. La palabra &quot;muerte&quot; se pronuncia con un nudo en la garganta. Aunque la humanidad, durante tantas generaciones, se haya acostumbrado de alg&uacute;n modo a la realidad inevitable de la muerte, sin embargo resulta &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-abril-de-1979vigilia-pascual\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab14 de abril de 1979,Vigilia pascual\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39520","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39520","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39520"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39520\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39520"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39520"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39520"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}