{"id":39523,"date":"2016-10-05T22:53:43","date_gmt":"2016-10-06T03:53:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-abril-de-1979domingo-de-ramos\/"},"modified":"2016-10-05T22:53:43","modified_gmt":"2016-10-06T03:53:43","slug":"8-de-abril-de-1979domingo-de-ramos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-abril-de-1979domingo-de-ramos\/","title":{"rendered":"8 de abril de 1979,Domingo de Ramos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">DOMINGO DE RAMOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Plaza de San Pedro, 8 de abril de 1979<\/i> <\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Durante la pr&oacute;xima semana, la liturgia quiere ser estrictamente obediente a la sucesi&oacute;n de los acontecimientos. Precisamente los acontecimientos, que se desarrollaron en Jerusal&eacute;n hace poco menos de dos mil a&ntilde;os, deciden que &eacute;sta sea la Semana Santa, la Semana de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">El domingo de hoy permanece estrechamente unido con el acontecimiento que tuvo lugar cuando Jes&uacute;s se acerc&oacute; a Jerusal&eacute;n para cumplir all&iacute; todo lo que hab&iacute;a sido anunciado por los Profetas. Precisamente en este d&iacute;a los disc&iacute;pulos, por orden del Maestro, le llevaron un borriquillo, despu&eacute;s de haber solicitado poderlo tomar prestado por cierto tiempo. Y Jes&uacute;s se sent&oacute; sobre &eacute;l para que se cumpliese tambi&eacute;n aquel detalle de los escritos prof&eacute;ticos. En efecto, as&iacute; dice el Profeta Zacar&iacute;as: &quot;Al&eacute;grate sobremanera, hija de Si&oacute;n, grita exultante, hija de Jerusal&eacute;n. He aqu&iacute; que viene a ti tu Rey, justo y victorioso, humilde, montado en un asno, en un pollino de asna&quot; (9, 9).<\/p>\n<p align=\"left\">Entonces, tambi&eacute;n la gente que se trasladaba a Jerusal&eacute;n con motivo de las fiestas \u2014la gente que ve&iacute;a los hechos que Jes&uacute;s realizaba y escuchaba sus palabras\u2014 manifestando la fe mesi&aacute;nica que El hab&iacute;a despertado, gritaba: &quot;&iexcl;Hosanna! &iexcl;Bendito el que viene en el nombre del Se&ntilde;or! &iexcl;Bendito el reino que viene de David, nuestro Padre! &iexcl;Hosanna en las alturas!&quot; (<i>Mc<\/i> 11, 9-10).<\/p>\n<p align=\"left\">Nosotros repetimos estas palabras en cada Misa cuando se acerca el momento de la transustanciaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">2. As&iacute;, pues, en el camino hacia la Ciudad Santa, cerca de la entrada de Jerusal&eacute;n, surge ante nosotros la escena del triunfo entusiasmante: &quot;Muchos extend&iacute;an sus mantos sobre el camino, otros cortaban follaje de los campos&quot; (<i>Mc<\/i> 11, 8).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>El pueblo de Israel mira a Jes&uacute;s con los ojos de la propia historia<\/i>; &eacute;sta es la historia que llevaba al pueblo elegido, a trav&eacute;s de todos los caminos de su espiritualidad, de su tradici&oacute;n, de su culto, precisamente hacia el Mes&iacute;as. Al mismo tiempo, esta historia es dif&iacute;cil. El reino de David representa el punto culminante de la prosperidad y de la gloria terrestre del pueblo, que desde los tiempos de Abraham, varias veces, hab&iacute;a encontrado su alianza con Dios-Yav&eacute;, pero tambi&eacute;n m&aacute;s de una vez la hab&iacute;a roto.<\/p>\n<p align=\"left\">Y ahora, &iquest;cerrar&aacute; esta alianza de manera definitiva? &iquest;O acaso perder&aacute; de nuevo este hilo de la vocaci&oacute;n, que ha marcado desde el comienzo el sentido de su historia?<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s entra en Jerusal&eacute;n sobre un borriquillo que le hab&iacute;an prestado. La multitud parece estar m&aacute;s cercana al cumplimiento de la promesa de la que hab&iacute;an dependido tantas generaciones. Los gritos: &quot;&iexcl;Hosanna!&quot; &quot;&iexcl;Bendito el que viene en el nombre del Se&ntilde;or!&quot;, parec&iacute;an ser expresi&oacute;n del encuentro ahora ya cercano de los corazones humanos con la eterna Elecci&oacute;n. En medio de esta alegr&iacute;a que precede a las solemnidades pascuales, Jes&uacute;s est&aacute; recogido y silencioso. Es plenamente consciente de que el encuentro de los corazones humanos con la eterna Elecci&oacute;n no suceder&aacute; mediante los &quot;hosannas&quot;, sino mediante la cruz.<\/p>\n<p align=\"left\">Antes de que viniese a Jerusal&eacute;n, acompa&ntilde;ado por la multitud de sus paisanos, peregrinos para las fiestas de Pascua, otro lo hab&iacute;a dado a conocer y hab&iacute;a definido su puesto en medio de Israel. Fue precisamente Juan Bautista en el Jord&aacute;n. Pero Juan, cuando vio a Jes&uacute;s, al que esperaba, no grit&oacute; &quot;hosanna&quot;, sino se&ntilde;al&aacute;ndolo con el dedo, dijo: &quot;He aqu&iacute; el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 29).<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s siente el grito de la multitud el d&iacute;a de su entrada en Jerusal&eacute;n, pero su pensamiento est&aacute; fijo en las palabras de Juan junto al Jord&aacute;n: &quot;He aqu&iacute; el que quita el pecado del mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 29).<\/p>\n<p align=\"left\">3. Hoy leemos <i>la narraci&oacute;n de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or<\/i>, seg&uacute;n Marcos. En ella est&aacute; la descripci&oacute;n completa de los acontecimientos que se ir&aacute;n sucediendo en el curso de esta semana. Y en cierto sentido, constituyen su programa.<\/p>\n<p align=\"left\">Nos detenemos con recogimiento ante esta narraci&oacute;n. Es dif&iacute;cil conocer estos sucesos de otro modo. Aunque los sepamos de memoria, siempre volvemos a escucharlos con el mismo recogimiento. Recuerdo con qu&eacute; atenci&oacute;n escuchaban los ni&ntilde;os cuando siendo yo todav&iacute;a joven sacerdote les contaba la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or. Era siempre una catequesis completamente distinta de las otras. La Iglesia, pues, no cesa de leer nuevamente la narraci&oacute;n de la Pasi&oacute;n de Cristo, y desea que esta descripci&oacute;n <i>permanezca en nuestra conciencia y en nuestro coraz&oacute;n<\/i>. En esta semana estamos llamados a una solidaridad particular con Jesucristo: &quot;Var&oacute;n de dolores&quot; (<i>Is<\/i> 53, 3).<\/p>\n<p align=\"left\">4. As&iacute;, pues, junto a la figura de este Mes&iacute;as, que el Israel de la Antigua Alianza esperaba y, m&aacute;s a&uacute;n, que parec&iacute;a haber alcanzado ya con la propia fe en el momento de la entrada en Jerusal&eacute;n, la liturgia de hoy <i>nos presenta al mismo tiempo otra figura<\/i>. La descrita por los Profetas, de modo particular por Isa&iacute;as:<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;He dado mis espaldas a los que me her&iacute;an&#8230; sabiendo que no ser&iacute;a confundido&raquo; (<i>Is<\/i> 50, 6-7).<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo viene a Jerusal&eacute;n para que se cumplan en El estas palabras, para realizar la figura del &quot;Siervo de Yav&eacute;&quot;, mediante la cual el Profeta, ocho siglos antes, hab&iacute;a revelado la intenci&oacute;n de Dios. El &quot;Siervo de Yav&eacute;&quot;: el Mes&iacute;as, el descendiente de David, pero en quien se cumple el &quot;hosanna&quot; del pueblo, pero el que es sometido a la m&aacute;s terrible prueba:<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;B&uacute;rlanse de m&iacute; cuantos me ven&#8230;, l&iacute;brele, s&aacute;lvele, pues dice que le es grato&raquo; (<i>Sal<\/i> 21, 8-9).<\/p>\n<p align=\"left\">En cambio, <i>no mediante la &quot;liberaci&oacute;n&quot; del oprobio, sino precisamente mediante la obediencia hasta la muerte<\/i>, mediante la cruz, deb&iacute;a realizarse el designio eterno del amor.<\/p>\n<p align=\"left\">Y he aqu&iacute; que habla ahora no ya el Profeta, sino el Ap&oacute;stol, habla Pablo, en quien &quot;la palabra de la cruz&quot; ha encontrado un camino particular. Pablo, consciente del misterio de la redenci&oacute;n, da testimonio de quien &quot;existiendo en forma de Dios&#8230; se anonad&oacute;, tomando la forma de siervo&#8230;, se humill&oacute;, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz&quot; (<i>Flp<\/i> 2, 6-8).<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute; la verdadera figura del Mes&iacute;as, del Ungido, del hijo de Dios, del Siervo de Yav&eacute;. Jes&uacute;s con esta figura entraba en Jerusal&eacute;n, cuando los peregrinos, que lo acompa&ntilde;aban por el camin&oacute;, cantaban: &quot;Hosanna&quot;. Y extend&iacute;an sus mantos y los ramos de los &aacute;rboles en el camino por el que pasaba.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Y nosotros hoy <i>llevamos en nuestras manos los ramos de olivo<\/i>. Sabernos que despu&eacute;s estos ramos se secar&aacute;n. Con su ceniza cubriremos nuestras cabezas el pr&oacute;ximo a&ntilde;o, para recordar que el Hijo de Dios, hecho hombre, acept&oacute; la muerte humana para merecernos la Vida.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DOMINGO DE RAMOS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Plaza de San Pedro, 8 de abril de 1979 &nbsp; 1. Durante la pr&oacute;xima semana, la liturgia quiere ser estrictamente obediente a la sucesi&oacute;n de los acontecimientos. 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