{"id":39524,"date":"2016-10-05T22:53:44","date_gmt":"2016-10-06T03:53:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-1979celebracion-de-la-pascua-con-los-universitarios-de-roma\/"},"modified":"2016-10-05T22:53:44","modified_gmt":"2016-10-06T03:53:44","slug":"5-de-abril-de-1979celebracion-de-la-pascua-con-los-universitarios-de-roma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-1979celebracion-de-la-pascua-con-los-universitarios-de-roma\/","title":{"rendered":"5 de abril de 1979,Celebraci\u00f3n de la Pascua con los universitarios de Roma"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LA PASCUA CON LOS UNIVERSITARIOS DE ROMA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Bas&iacute;lica de san Pedro<br \/> Jueves 5 de abril de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 15).<\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras de Cristo me vienen hoy a la mente mientras nos encontramos juntos en torno al altar de la bas&iacute;lica de San Pedro, para participar en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. Desde el comienzo, desde cuando me fue concedido estar en este altar, <i>he deseado mucho encontrarme con vosotros<\/i>, con la juventud que estudia en la universidad y en las escuelas superiores de esta ciudad. Sent&iacute;a que me faltabais vosotros, universitarios de la di&oacute;cesis del Papa. Ten&iacute;a deseo, dej&aacute;dmelo decir, de sentiros cercanos. Estoy habituado desde hace a&ntilde;os a estos encuentros. Muchas veces en el per&iacute;odo de Cuaresma \u2014y tambi&eacute;n de Adviento\u2014 me era dado encontrarme en medio de los estudiantes universitarios de Cracovia, con ocasi&oacute;n de la clausura de los ejercicios espirituales que reun&iacute;an a miles de participantes. En este d&iacute;a me encuentro con vosotros. Os saludo cordialmente a todos los que est&eacute;is aqu&iacute; presentes. Y en vosotros y por medio de vosotros saludo a todos vuestros compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras, a vuestros profesores, investigadores, a vuestras facultades, organizaciones, a los responsables de vuestros ambientes. Saludo a toda la Roma acad&eacute;mica.<\/p>\n<p align=\"left\">En este tiempo en el que Cristo nos habla de nuevo cada a&ntilde;o en la vida de la Iglesia con su &quot;Pascua&quot;, se descubre en los corazones humanos, particularmente en los corazones j&oacute;venes, la necesidad de estar con El. El tiempo de Cuaresma, la Semana Santa, el triduo sacro, son no s&oacute;lo un recuerdo de los acontecimientos ocurridos hace casi dos mil a&ntilde;os, sino que constituyen una invitaci&oacute;n particular a la participaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Pascua significa &quot;Paso&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">En el Antiguo Testamento significaba el &eacute;xodo de la &quot;casa de la esclavitud\u00bb, de Egipto, y el paso del Mar Rojo, bajo una protecci&oacute;n singular de Yav&eacute;, hacia la &quot;Tierra Prometida&quot;. La peregrinaci&oacute;n dur&oacute; cuarenta a&ntilde;os. En el Nuevo Testamento <i>esta Pascua hist&oacute;rica se ha cumplido en Cristo durante los tres d&iacute;as:<\/i> del jueves por la tarde a la ma&ntilde;ana del domingo. Y significa el paso a trav&eacute;s de la muerte hacia la resurrecci&oacute;n, y a la vez el &eacute;xodo de la esclavitud del pecado a la participaci&oacute;n en la vida de Dios mediante la gracia. Cristo dice en el Evangelio de hoy: &quot;Si alguno guardare mi palabra, jam&aacute;s ver&aacute; la muerte&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 51). Estas palabras indican al mismo tiempo lo que es el Evangelio. Es el libro de la vida eterna, hacia la que corren los innumerables caminos de la peregrinaci&oacute;n terrena del hombre. Cada uno de nosotros anda sobre uno de esos caminos. El Evangelio instruye sobre cada uno de ellos. Y precisamente en esto consiste el misterio de este libro sagrado. De aqu&iacute; nace el hecho de que sea tan le&iacute;do, y de aqu&iacute; proviene su actualidad. Nuestra vida adquiere a la luz del Evangelio una dimensi&oacute;n nueva. Adquiere su sentido definitivo. Por esto la vida misma demuestra que es un paso.<\/p>\n<p align=\"left\">3<i>. La vida humana es paso<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta vida no es un conjunto que se encierra de modo definitivo entre la fecha del nacimiento y la de la muerte. Est&aacute; abierta hacia la realizaci&oacute;n &uacute;ltima en Dios. Cada uno de nosotros siente dolorosamente el fin de la vida, el l&iacute;mite que pone la muerte. Cada uno de nosotros, de alg&uacute;n modo, es consciente del hecho que <i>el hombre no est&aacute; contenido completamente en estos l&iacute;mites<\/i>, y que <i>no puede morir definitivamente<\/i>. Demasiadas preguntas no pronunciadas y demasiados problemas no resueltos \u2014si no en la dimensi&oacute;n de la vida personal, individual, al menos en la dimensi&oacute;n de la vida de las comunidades humanas: de las familias, de las naciones, de la humanidad\u2014 se detienen en el momento de la muerte de cada hombre. En efecto, ninguno de nosotros vive solo. A trav&eacute;s de cada hombre pasan diversos c&iacute;rculos. Ha dicho tambi&eacute;n Santo Tom&aacute;s: <i>Anima humana est quodammodo omnia<\/i> (<i>Comen. in Arist. De Anima<\/i>, III, 8, lect. 13). Llevamos en nosotros la necesidad de &quot;universalizaci&oacute;n&quot;. En un determinado momento, la muerte interrumpe todo esto&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qui&eacute;n es Cristo? Es el Hijo de Dios que asumi&oacute; la vida humana en su orientaci&oacute;n temporal hacia la muerte. Acept&oacute; la necesidad de la muerte. Antes que la muerte lo alcanzara, le amenaz&oacute; varias veces. El Evangelio de hoy nos recuerda una de estas amenazas: &quot;&#8230;tomaron piedras para arroj&aacute;rselas&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 59).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Cristo es el que<\/i> ha aceptado toda la realidad del morir humano. Y precisamente por esto es <i>el que ha realizado un cambio fundamental en el modo de entender la vida<\/i>. &iexcl;Ha ense&ntilde;ado que la vida es un paso!, no solamente hacia la frontera de la muerte, sino hacia una vida nueva. As&iacute; la cruz ha venido a ser para nosotros la <i>C&aacute;tedra<\/i> suprema de la verdad de Dios y del hombre. Todos debemos ser alumnos de esta C&aacute;tedra, &quot;en curso o fuera de curso&quot;. Entonces comprenderemos que la cruz es tambi&eacute;n la <i>cuna<\/i> del hombre nuevo.<\/p>\n<p align=\"left\">Los que son sus alumnos miran la vida as&iacute;, la comprenden as&iacute;. Y ense&ntilde;an as&iacute; a los otros. Imprimen este significado de la vida en toda la realidad temporal: en la moralidad, en la creatividad, en la cultura, en la pol&iacute;tica, en la econom&iacute;a. Se ha afirmado muchas veces \u2014como sosten&iacute;an, por ejemplo, los seguidores de Epicuro en los tiempos antiguos, y como hacen en nuestra &eacute;poca por otros motivos los secuaces de Marx\u2014 que tal concepto de la vida aparta al hombre de la realidad temporal y que, en cierto modo, la anula. La verdad es muy otra. <i>S&oacute;lo tal concepci&oacute;n de la vida da plena importancia a todos los problemas de la realidad temporal<\/i>. Abre la posibilidad de situarlos bien en la existencia del hombre. Y una cosa es segura: tal concepci&oacute;n de la vida <i>no permite encerrar al hombre<\/i> en las cosas de la temporalidad, no permite subordinarlo completamente a ellas Decide su libertad.<\/p>\n<p align=\"left\">4. <i>La vida es una prueba.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Dando a la vida humana este significado &quot;pascual&quot;, es decir, que es paso, que es paso a la libertad, Jesucristo ha ense&ntilde;ado con su palabra y tambi&eacute;n con su propio ejemplo que la vida es una prueba. La prueba corresponde a la importancia de las fuerzas que se acumulan en el hombre. El hombre es creado &quot;para&quot; la prueba, y llamado a ella desde el principio. Es necesario pensar profundamente en esta llamada, ya al meditar los primeros cap&iacute;tulos de la Biblia, particularmente los tres primeros. All&iacute; se define al hombre no s&oacute;lo como un ser creado &quot;a imagen de Dios&quot; (<i>G&eacute;n<\/i> 1, 26-27), sino al mismo tiempo como un ser sometido a prueba. Y &eacute;sta es \u2014si analizamos bien el texto\u2014 <i>la prueba del pensamiento, del &quot;coraz&oacute;n&quot; y de la voluntad. la prueba de la verdad y del amor<\/i>. En este sentido es al mismo tiempo la prueba de la Alianza con Dios. Cuando esta primera Alianza fue rota, Dios la realiz&oacute; de nuevo. Las lecturas de hoy recuerdan la Alianza con Abraham, que fue un camino de preparaci&oacute;n para la venida de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo confirma este significado de la vida: es la gran prueba del hombre. Y precisamente por esto tiene sentido para el hombre. En cambio, no tiene sentido si pensamos que el hombre en la vida s&oacute;lo debe sacar provecho, usar, &quot;tomar&quot;, m&aacute;s a&uacute;n, luchar encarnizadamente por el derecho de aprovechar, usar, &quot;tomar&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>La vida tiene sentido cuando se la considera y se la vive como una prueba<\/i> de car&aacute;cter &eacute;tico. Cristo confirma este sentido y, al mismo tiempo, define la adecuada dimensi&oacute;n de esta prueba que es la vida humana. Leamos de nuevo detenidamente, por ejemplo, el serm&oacute;n de la monta&ntilde;a y tambi&eacute;n el cap&iacute;tulo 25 del Evangelio de Mateo: la imagen del juicio. Basta esto s&oacute;lo para renovar en nosotros la conciencia fundamental cristiana en el sentido de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>El concepto de la &quot;prueba&quot;<\/i> se vincula estrechamente con el <i>concepto de la responsabilidad.<\/i> Ambos est&aacute;n orientados por nuestra voluntad, por nuestros actos, Aceptad, queridos amigos, estos dos conceptos \u2014o mejor, estas dos realidades\u2014 como los elementos de la construcci&oacute;n de la propia humanidad. Esta humanidad vuestra es ya madura y, al mismo tiempo, todav&iacute;a es joven. Se encuentra en fase de formaci&oacute;n definitiva del proyecto de la vida. Esta formaci&oacute;n se realiza precisamente en los a&ntilde;os &quot;acad&eacute;micos&quot;, en el tiempo de los estudios superiores. Quiz&aacute; ese proyecto personal de vida depende ahora de muchas inc&oacute;gnitas. Quiz&aacute; os falta todav&iacute;a una visi&oacute;n exacta de vuestro puesto en la sociedad, del trabajo para el que os prepar&aacute;is a trav&eacute;s de vuestros estudios. Ciertamente, &eacute;sta es una dificultad grande; pero las dificultades de este g&eacute;nero no pueden paralizar vuestras iniciativas. No pueden hacer surgir s&oacute;lo la agresi&oacute;n. La agresi&oacute;n, de por s&iacute;, no resolver&aacute; nada. No cambiar&aacute; la vida en mejor. La agresi&oacute;n s&oacute;lo puede volverla &quot;mala de otro modo&quot;. Siento que est&aacute;is denunciando con vuestro lenguaje tan franco la vejez de las ideolog&iacute;as y la insuficiencia ideal de la &quot;m&aacute;quina social&quot;. Pues bien, para promover la verdadera dignidad \u2014incluso intelectual\u2014 del hombre y no dejaros enredar por parte vuestra en sectarismos diversos, no olvid&eacute;is que es indispensable adquirir una profundo formaci&oacute;n basada en la ense&ntilde;anza que nos ha dejado Cristo en sus palabras y en el ejemplo de la propia vida. Tratad de aceptar las dificultades que deb&eacute;is afrontar precisamente como <i>una parte de esa prueba que es la vida de cada hombre<\/i>. Es necesario asumir esta prueba con toda responsabilidad. Se trata de una responsabilidad al mismo tiempo personal: para mi vida, para su perfil futuro, para su valor; y es tambi&eacute;n a la vez responsabilidad social: para la justicia y la paz, para el orden moral del propio ambiente nativo y de toda le sociedad, es una responsabilidad para el aut&eacute;ntico bien com&uacute;n. El hombre que tiene tal conciencia del sentido de la vida no destruye, sino que construye el futuro. Nos lo ense&ntilde;a Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Y nos ense&ntilde;a tambi&eacute;n que <i>la vida<\/i> humana tiene el sentido de un <i>testimonio de la verdad y del amor<\/i>. Hace poco tuve ocasi&oacute;n de expresarme sobre este tema,<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1979\/january\/documents\/hf_jp-ii_spe_19790131_messico-guadalupe-univ-catt_sp.html\"> hablando a la juventud universitaria de M&eacute;xico y de las otras naciones de Am&eacute;rica Latina<\/a>. Me permita citar algunos pensamientos de aquel discurso que quiz&aacute; interesa tambi&eacute;n a los estudiantes europeos y romanos. Existe hoy una implicaci&oacute;n mundial de compromisos, de miedos y al mismo tiempo de esperanzas, de modos de pensar y valorar, que atormentan vuestro mundo joven. En aquella ocasi&oacute;n puse de relieve, entre otras Cosas, que es necesario promover una &quot;cultura integral que mira al desarrollo completo de la persona humana, en la que resaltan los valores de la inteligencia, voluntad, conciencia, fraternidad. basados todos en Dios Creador y que han sido elevados maravillosamente en Cristo (cf. <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 61)&quot;. Esto es. a le formaci&oacute;n cient&iacute;fica es necesario a&ntilde;adir una profunda formaci&oacute;n moral y cristiana, que se viva profundamente y que realice una s&iacute;ntesis cada vez m&aacute;s arm&oacute;nica entre fe y raz&oacute;n, entre fe y cultura, entre fe y vida. Unir a la vez la dedicaci&oacute;n a una investigaci&oacute;n cient&iacute;fica rigurosa, y el testimonio de una vida cristiana aut&eacute;ntica: he aqu&iacute; el compromiso entusiasmante de todo estudiante universitario (cf. <i>AAS<\/i> 71, 1979, p&aacute;gs. 236-237). Y os repito tambi&eacute;n lo que en febrero <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/letters\/1979\/documents\/hf_jp-ii_let_19790215_studenti-latinoamericani_sp.html\">escrib&iacute; a los estudiantes de las escuelas latinoamericanas<\/a>: &quot;Los estudios deben comportar no s&oacute;lo una determinada cantidad de conocimientos adquiridos en el curso de la especializaci&oacute;n. sino tambi&eacute;n una peculiar madurez espiritual, que se presenta como responsabilidad por la verdad: por la verdad en el pensamiento y en la acci&oacute;n&quot; (<i>ib<\/i>., p&aacute;g. 253).<\/p>\n<p align=\"left\">Nos basten estas pocas citas.<\/p>\n<p align=\"left\">En el mundo contempor&aacute;neo existe una gran tensi&oacute;n. En fin de cuentas, &eacute;sta es una tensi&oacute;n por el sentido de la vida humana, por el significado que podemos y debemos <i>dar<\/i> a esta <i>vida<\/i> si debe ser <i>digna del hombre<\/i>, si debe ser <i>tal que valga la pena vivirla<\/i>. Existen tambi&eacute;n s&iacute;ntomas claros de alejamiento de estas dimensiones: en efecto. el materialismo bajo diversas formas, heredado de los &uacute;ltimos siglos, es capaz de coartar este sentido de la vida. Pero el materialismo no forma de ning&uacute;n modo las ra&iacute;ces m&aacute;s profundas de la cultura europea ni mundial. No es de ning&uacute;n modo un correlativo ni una expresi&oacute;n plena del realismo epistemol&oacute;gico ni &aacute;tico.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Cristo<\/i> \u2014permitidme decirlo as&iacute;\u2014 <i>es el realista m&aacute;s grande de la historia del hombre<\/i>. Reflexionad un poco sobre esta formulaci&oacute;n. Meditad lo que puede significar.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente en virtud de este realismo Cristo da testimonio al Padre y al hombre. En efecto, El mismo sabe &quot;lo que hay en cada hombre&quot; (<i>Jn<\/i> 2. 25). &iexcl;El lo sabe! Lo repito sin querer ofender a ninguno de los que en cualquier tiempo han tratado o tratan hoy de entender lo que es el hombre y quieren ense&ntilde;arlo.<\/p>\n<p align=\"left\">Y precisamente basado en este realismo Cristo ense&ntilde;a que la vida humana tiene sentido en cuanto es testimonio de la verdad y del amor.<\/p>\n<p align=\"left\">Pensad sobre esto, vosotros que como estudiantes <i>deb&eacute;is ser particularmente sensibles<\/i> <i>a la verdad<\/i> y al testimonio de la verdad. Vosotros, por as&iacute; decirlo, sois los profesionales de la inteligencia, en cuanto os aplic&aacute;is al estudio de las humanidades y las ciencias, con miras a preparar el oficio que os espera en la sociedad.<\/p>\n<p align=\"left\">Pensad sobre esto vosotros que, teniendo <i>corazones j&oacute;venes, sent&iacute;s cu&aacute;nta necesidad de amor nace en ellos<\/i>. Vosotros que busc&aacute;is una forma de expresi&oacute;n para este amor en vuestra vida. Hay algunos que encuentran tal expresi&oacute;n en la entrega exclusiva de s&iacute; mismos a Dios. La grand&iacute;sima mayor&iacute;a son los que encuentran la expresi&oacute;n de este amor en el matrimonio, en la vida de familia. Preparaos s&oacute;lidamente a esto. Recordad que el amor como sentimiento noble es don del coraz&oacute;n, pero a la vez un gran deber que es necesario asumir en favor de otro hombre, en favor de ella, de &eacute;l. Cristo espera este amor vuestro. Desea estar con vosotros cuando se forma en vuestros corazones y cuando madura en el compromiso sacramental. Y despu&eacute;s y siempre.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Cristo dice: &quot;Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 15). Cuando la comi&oacute; por vez primera con los disc&iacute;pulos, pronunci&oacute; <i>palabras particularmente cordiales<\/i> y particularmente comprometidas: &quot;Ya no os llamo siervos&#8230; pero os digo amigos&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 15); &quot;&eacute;ste es mi precepto: que os am&eacute;is unos a otros&quot; (<i>Jn<\/i> 15. 12). Recordad estas palabras del discurso de despedida de Cristo, del Evangelio de Juan, ahora, en el per&iacute;odo de la pasi&oacute;n del Se&ntilde;or. Volved a pensar en elles de nuevo.<\/p>\n<p align=\"left\">Purificad vuestros corazones en el sacramento de la reconciliaci&oacute;n. Mienten los que acusan la invitaci&oacute;n de la Iglesia a la penitencia como proveniente de una mentalidad &quot;represiva&quot;. La confesi&oacute;n sacramental no constituye una represi&oacute;n, sino una liberaci&oacute;n; no despierta el sentido de culpa, sino que borra la culpa. absuelve el mal cometido y da la gracia del perd&oacute;n. Las causas del mal no se buscan fuera del hombre, sino ante todo en el interior de su coraz&oacute;n; y el remedio parte tambi&eacute;n del coraz&oacute;n. Los cristianos. pues, mediante le sinceridad del propio compromiso de conversi&oacute;n, deben rebelarse contra el aplanamiento del hombre y proclamar con la propia vida la alegr&iacute;a de la verdadera liberaci&oacute;n del pecado mediante el perd&oacute;n de Cristo. La Iglesia no tiene a punto un proyecto propio de escuela universitaria, de sociedad; pero tiene un proyecto de hombre, del hombre nuevo, renacido por la gracia. Encontrad de nuevo la verdad interior de vuestras conciencias. El Esp&iacute;ritu Santo os conceda la gracia de un sincero arrepentimiento, de un prop&oacute;sito firme de contrici&oacute;n y de una sincera confesi&oacute;n de las culpas.<\/p>\n<p align=\"left\">Os conceda una profunda alegr&iacute;a espiritual.<\/p>\n<p align=\"left\">Se acerca &quot;el d&iacute;a que hizo el Se&ntilde;or&quot; (<i>Sal<\/i> 177\/175, 24).<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Estad preparados para ese d&iacute;a!<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LA PASCUA CON LOS UNIVERSITARIOS DE ROMA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de san Pedro Jueves 5 de abril de 1979 &nbsp; 1. Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros&quot; (Lc 22, 15). 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