{"id":39527,"date":"2016-10-05T22:53:51","date_gmt":"2016-10-06T03:53:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-marzo-de-1979santa-misa-para-el-personal-de-losservatore-romano-y-de-la-tipografia-poliglota-vaticana\/"},"modified":"2016-10-05T22:53:51","modified_gmt":"2016-10-06T03:53:51","slug":"30-de-marzo-de-1979santa-misa-para-el-personal-de-losservatore-romano-y-de-la-tipografia-poliglota-vaticana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-marzo-de-1979santa-misa-para-el-personal-de-losservatore-romano-y-de-la-tipografia-poliglota-vaticana\/","title":{"rendered":"30 de marzo de 1979,Santa misa para el personal de L&#8217;Osservatore Romano y de la Tipograf\u00eda Pol\u00edglota Vaticana"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN LA CAPILLA DEL &quot;GOVERNATORATO&quot; PARA EL PERSONAL<br \/> DE LA TIPOGRAF&Iacute;A POL&Iacute;GLOTA VATICANA Y DE &quot;L&#8217;OSSERVATORE ROMANO&quot; <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/b><\/p>\n<p> Viernes 30 de marzo de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Querid&iacute;simos hermanos y amigos en el Se&ntilde;or:<\/i><\/p>\n<p>Como en los a&ntilde;os pasados, vosotros, empleados de la Tipograf&iacute;a Pol&iacute;glota Vaticana y de <i>L&#8217;Osservatore Romano<\/i>, os hab&eacute;is preparado con algunos d&iacute;as de &quot;ejercicios espirituales&quot; para el cumplimiento del &quot;precepto pascual&quot;; y esta ma&ntilde;ana os hab&eacute;is reunido aqu&iacute; para encontraros comunitaria y personalmente con Jes&uacute;s, con el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, con el que es nuestra &quot;Pascua&quot;.<\/p>\n<p>Y yo he acogido con mucho gusto la invitaci&oacute;n de estar con vosotros para participar en este rito m&iacute;stico y solemne, y hacer cada vez m&aacute;s cordiales y personales las relaciones entre el Vicario de Cristo y los empleados de los diversos organismos del Vaticano.<\/p>\n<p>Est&aacute;is aqu&iacute; para celebrar la &quot;Pascua&quot;, seg&uacute;n el precepto autorizado y materno de la Iglesia y, queriendo dejaros un recuerdo que os sirva como reflexi&oacute;n y exhortaci&oacute;n a prop&oacute;sitos serios y constantes, me inspiro en las lecturas de la liturgia de hoy.<\/p>\n<p>1. En el cap&iacute;tulo s&eacute;ptimo del cuarto Evangelio, el Evangelista Juan registra cuidadosamente la perplejidad de muchas personas de Jerusal&eacute;n acerca de la verdadera identidad de Jes&uacute;s. Era la fiesta de los &quot;Tabern&aacute;culos&quot;, en recuerdo de la permanencia de los israelitas en el desierto; hab&iacute;a gran movimiento de gente en la Ciudad Santa, y Jes&uacute;s ense&ntilde;aba en el templo. Algunos dec&iacute;an: &laquo;&iquest;No es &eacute;ste a quien buscan matar? Y habla libremente y no le dicen nada. &iquest;Ser&aacute; que de verdad habr&aacute;n reconocido las autoridades que es el Mes&iacute;as? Pero de &eacute;ste sabemos de d&oacute;nde viene; mas del Mes&iacute;as, cuando venga, nadie sabr&aacute; de d&oacute;nde viene&raquo;.<\/p>\n<p>Se trata de afirmaciones que indican la perplejidad de los jud&iacute;os de aquel tiempo: esperan al Mes&iacute;as, saben que el Mes&iacute;as tendr&aacute; algo oculto y misterioso, piensan que incluso podr&iacute;a ser Jes&uacute;s, dado los prodigios que realiza y la doctrina que ense&ntilde;a; pero no est&aacute;n seguros de ello por el hecho de que la autoridad religiosa oficial est&aacute; contra El y, desde luego, querr&iacute;a eliminarlo.<\/p>\n<p>Y entonces Jes&uacute;s explica el motivo de la perplejidad y desconocimiento de su verdadera identidad: ellos se basan solamente en sus caracter&iacute;sticas externas, civiles y familiares, y no ven m&aacute;s all&aacute; de su naturaleza humana, no penetran la envoltura de su apariencia: &laquo;Vosotros me conoc&eacute;is y sab&eacute;is de d&oacute;nde soy: y yo no he venido de m&iacute; mismo; pero el que me ha enviado es veraz, aunque vosotros no le conoc&eacute;is. Yo le conozco, porque procedo de El y El me ha enviado&raquo;.<\/p>\n<p>Es un suceso hist&oacute;rico narrado por el Evangelio; pero es tambi&eacute;n el s&iacute;mbolo de una realidad perenne: muchos no saben o no quieren saber qui&eacute;n es Jesucristo, y permanecen perplejos y desconcertados. A&uacute;n m&aacute;s, como entonces en el templo, despu&eacute;s de su discurso, trataron de prenderlo, as&iacute; tal vez algunos le impugnan y le combaten. En cambio, vosotros sab&eacute;is qui&eacute;n es Jes&uacute;s; &iexcl;vosotros conoc&eacute;is de d&oacute;nde ha venido y para qu&eacute; ha venido!; vosotros sab&eacute;is que Jes&uacute;s es el Verbo Encarnado, es la segunda Persona de la Sant&iacute;sima Trinidad que ha asumido un cuerpo humano, es el Hijo de Dios hecho hombre, muerto en la cruz por nuestra salvaci&oacute;n, resucitado glorioso y siempre presente con nosotros en la Eucarist&iacute;a.<\/p>\n<p>Lo que Jes&uacute;s dec&iacute;a a los Ap&oacute;stoles en la &uacute;ltima Cena vale tambi&eacute;n para todos los cristianos iluminados por el Magisterio de la Iglesia: &laquo;Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, &uacute;nico Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo&#8230; He manifestado tu nombre a los hombres que de este mundo me has dado&#8230; Ahora saben que todo cuanto me diste viene de ti; porque yo les he comunicado las palabras que t&uacute; me diste, y ellos ahora las recibieron, y conocieron verdaderamente que yo sal&iacute; de ti, y creyeron que t&uacute; me has enviado&#8230; Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te conoc&iacute;, y &eacute;stos conocieron que t&uacute; me has enviado&raquo; (<i>Jn<\/i> 17, 3-9. 25).<\/p>\n<p>La gran tragedia de la historia es que Jes&uacute;s no es conocido, y por esto no es amado, no es seguido.<\/p>\n<p>&iexcl;Vosotros conoc&eacute;is a Cristo! &iexcl;Vosotros sab&eacute;is qui&eacute;n es! &iexcl;El vuestro es un gran privilegio! &iexcl;Sabed ser siempre dignos y consciente de &eacute;l!<\/p>\n<p>De aqu&iacute; nace vuestra alegr&iacute;a &quot;pascual&quot; y vuestra responsabilidad cristiana. E] encuentro &quot;pascual&quot; con Jes&uacute;s Eucar&iacute;stico os d&eacute; la fuerza de profundizar en este conocimiento de Jes&uacute;s, de hacer de vuestra fe un punto firme de referencia, a pesar de la indiferencia u hostilidad de gran parte del mundo en el que debemos vivir.<\/p>\n<p>2. El Libro de la Sabidur&iacute;a (cap&iacute;tulo segundo), analizando las caracter&iacute;sticas del hombre justo y del hombre malvado, traza de modo pr&aacute;ctico c&oacute;mo debe ser el testimonio del cristiano consciente y coherente. El justo \u2014dice el Libro de la Sabidur&iacute;a\u2014 proclama poseer el conocimiento de Dios y se declara hijo del Se&ntilde;or; se glor&iacute;a de tener a Dios por Padre.<\/p>\n<p>&iexcl;Poseer el conocimiento de Dios! &iexcl;Tener a Dios por Padre! &iexcl;Son afirmaciones enormes, que ponen en crisis a los fil&oacute;sofos! Pues bien, el cristiano sabe y testifica que conoce a Dios como Padre, como Amor, como Providencia.<\/p>\n<p>Dios es el Se&ntilde;or de la vida y de la historia, y el cristiano se abandona confiadamente en su amor paterno.<\/p>\n<p>\u2014 La vida del justo es diversa de la de los otros, y sus caminos son totalmente diferentes, y as&iacute; acaba siendo reprensi&oacute;n y condena para quienes no viven rectamente, cegados por la malicia, y no quieren conocer &quot;los secretos de Dios&quot;.<\/p>\n<p>Efectivamente, el cristiano est&aacute; en el mundo, pero no es del mundo (cf. <i>Jn<\/i> 17, 16); su vida debe ser necesariamente diversa de la de los que no tienen fe. Su conducta, su estilo de vida, su modo de pensar, de elegir, de valorar las cosas y las situaciones, son distintas, porque se realizan a la luz de la palabra de Cristo, que es mensaje de vida eterna.<\/p>\n<p>\u2014 Finalmente, tambi&eacute;n seg&uacute;n el Libro de la Sabidur&iacute;a, el justo afirma que es dichosa su muerte, mientras los malvados &laquo;no esperan la recompensa de santidad, ni estiman el galard&oacute;n de las almas irreprochables&raquo; (<i>Sab<\/i> 2, 22).<\/p>\n<p>El cristiano debe vivir en la perspectiva de la eternidad. Alguna vez su vida aut&eacute;nticamente cristiana puede suscitar incluso la persecuci&oacute;n abierta o solapada: &laquo;Veremos si sus palabras son verdaderas. Prob&eacute;mosle con ultrajes y tormentos, y veamos su moderaci&oacute;n y probemos su paciencia&raquo;. La certeza de la felicidad eterna que nos espera hace fuerte al cristiano contra las tentaciones y paciente en las tribulaciones. &laquo;Si me persiguieron a m&iacute; \u2014dice el Maestro divino\u2014, tambi&eacute;n a vosotros os perseguir&aacute;n&raquo; (<i>Jn<\/i> 15, 20).<\/p>\n<p>&iexcl;Deseo que el encuentro pascual con Jes&uacute;s os traiga la alegr&iacute;a y la fuerza del testimonio, convencidos de que, despu&eacute;s del dolor terrible del Viernes Santo, brotar&aacute; la alegr&iacute;a gloriosa del Domingo de Resurrecci&oacute;n!<\/p>\n<p>3. Finalmente, la liturgia nos hace meditar tambi&eacute;n sobre la debilidad y fragilidad humana y sobre la necesidad de confiar totalmente en la misericordia de Dios: &laquo;El Se&ntilde;or est&aacute; pr&oacute;ximo a los contritos de coraz&oacute;n y salva a los de esp&iacute;ritu abatido&#8230;, no ser&aacute; condenado quien se refugia en El&raquo; (<i>Sal<\/i> 33).<\/p>\n<p>Siempre, pero especialmente en la sociedad moderna, tan convulsa y violenta, el cristiano siente la necesidad de recurrir al Se&ntilde;or con la oraci&oacute;n y mediante los sacramentos.<\/p>\n<p>Continuad, pues, tambi&eacute;n vosotros tomando luz y fuerza de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarist&iacute;a, en los que Dios &laquo;ha puesto el remedio para nuestra debilidad&raquo;; acoged con alegr&iacute;a los frutos de la redenci&oacute;n y manifestadlos en vuestra vida cotidiana, en casa, en el trabajo, en el tiempo libre, en las diversas actividades, convencidos de que quien recibe a Cristo debe transformarse en El: &laquo;El que come mi carne y bebe mi sangre est&aacute; en m&iacute; y yo en &eacute;l. As&iacute; como me envi&oacute; mi Padre vivo, y vivo yo por mi Padre, as&iacute; tambi&eacute;n el que me come vivir&aacute; por m&iacute;&raquo; (<i>Jn<\/i> 6. 56-57).<\/p>\n<p>&iexcl;Gran honor! &iexcl;Compromiso sublime!<\/p>\n<p>Con estos deseos, pidiendo la asistencia particular de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, deseo de coraz&oacute;n a todos que vuestra vida y la de vuestros seres queridos pueda gozar siempre y hacer gozar de la alegr&iacute;a de la Pascua cristiana.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA CAPILLA DEL &quot;GOVERNATORATO&quot; PARA EL PERSONAL DE LA TIPOGRAF&Iacute;A POL&Iacute;GLOTA VATICANA Y DE &quot;L&#8217;OSSERVATORE ROMANO&quot; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Viernes 30 de marzo de 1979 &nbsp; Querid&iacute;simos hermanos y amigos en el Se&ntilde;or: Como en los a&ntilde;os pasados, vosotros, empleados de la Tipograf&iacute;a Pol&iacute;glota Vaticana y de L&#8217;Osservatore &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-marzo-de-1979santa-misa-para-el-personal-de-losservatore-romano-y-de-la-tipografia-poliglota-vaticana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab30 de marzo de 1979,Santa misa para el personal de L&#8217;Osservatore Romano y de la Tipograf\u00eda Pol\u00edglota Vaticana\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39527","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39527","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39527"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39527\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39527"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39527"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39527"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}