{"id":39530,"date":"2016-10-05T22:53:55","date_gmt":"2016-10-06T03:53:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-marzo-de-1979funeral-del-cardenal-jean-villot-secretario-de-estado\/"},"modified":"2016-10-05T22:53:55","modified_gmt":"2016-10-06T03:53:55","slug":"13-de-marzo-de-1979funeral-del-cardenal-jean-villot-secretario-de-estado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-marzo-de-1979funeral-del-cardenal-jean-villot-secretario-de-estado\/","title":{"rendered":"13 de marzo de 1979,Funeral del cardenal Jean Villot, Secretario de Estado"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">FUNERAL DEL CARDENAL JEAN VILLOT, SECRETARIO DE ESTADO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Martes 13 de marzo de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Querid&iacute;simos hermanos e hijos:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Estamos aqu&iacute; reunidos en torno al f&eacute;retro de nuestro hermano. Se ha ido as&iacute; inesperadamente. Apenas hace una semana era dif&iacute;cil pensar que habr&iacute;a de dejarnos, que su hora estuviese tan cercana. Era dif&iacute;cil pensarlo. Parec&iacute;a a&uacute;n lleno de vida y de fuerzas \u2014claro est&aacute;, en la medida de su edad\u2014, pero parec&iacute;a lleno&#8230; Nos sentimos muy apenados cuando supimos por los m&eacute;dicos que, a pesar de estas apariencias, el organismo estaba agotado e indefenso.<\/p>\n<p align=\"left\">Nos ha dejado. Lo ha llamado el Se&ntilde;or de la vida. &quot;Dios para quien todo vive&#8230;&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">En este momento, ante su f&eacute;retro, nos unimos en torno al altar. Celebramos el Sant&iacute;simo Sacrificio. Nosotros que hemos vivido cada d&iacute;a tan cercanos a &eacute;l. Nuestra liturgia presente, esta concelebraci&oacute;n es, en cierto sentido, una continuaci&oacute;n de todos los d&iacute;as pasados con &eacute;l, de todos los encuentros, de las conversaciones, de la colaboraci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Los cardenales y yo recodarnos bien todav&iacute;a cuanto &eacute;l, como Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, nos dijo en dos circunstancias solemnes, durante la celebraci&oacute;n de la Misa votiva del Esp&iacute;ritu Santo <i>pro eligendo Summo Pontifice<\/i>. Dos veces: primero, despu&eacute;s de la muerte del Papa Pablo VI y, luego, transcurridas apenas pocas semanas, despu&eacute;s de la muerte del Papa Juan Pablo I. Habl&oacute; aqu&iacute;, en este mismo lugar. Recordemos lo que &eacute;l dec&iacute;a:<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;En este momento importante y delicado, padres eminent&iacute;simos, la sagrada liturgia nos re&uacute;ne a todos y nos hace orar por la elecci&oacute;n del Papa, a la que vamos a proceder con la ayuda del Se&ntilde;or. Sabemos que, seg&uacute;n su inefable promesa, Jes&uacute;s est&aacute; en medio de nosotros&#8230; Viene espont&aacute;neamente el pensamiento, padres eminent&iacute;simos, de que Jes&uacute;s se dirige de forma particular a nosotros en esta hora solemne del C&oacute;nclave, como lo hizo con los Ap&oacute;stoles reunidos en el Cen&aacute;culo; de que fija su mirada en nuestros ojos, en cada uno de nosotros, pidi&eacute;ndonos correspondencia total (dentro de los l&iacute;mites, claro est&aacute;, de nuestra debilidad humana) a su voluntad, a su amor preveniente, mediante una uni&oacute;n m&aacute;s profunda con El, una caridad fraterna m&aacute;s aut&eacute;ntica entre nosotros, y sobre todo una fidelidad de convencidos en la realizaci&oacute;n de la tarea que nos ha sido encomendada&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Y de nuevo el 14 de octubre siguiente, comentando la palabra de Jes&uacute;s: &laquo;Nadie tiene amor mayor que &eacute;ste de dar uno la vida por sus amigos&raquo; (<i>Jn<\/i> 15, 13), &eacute;l observaba: &laquo;Reflexionemos, hermanos, que la vida, todos nosotros \u2014ciertamente\u2014 pero de modo especial&iacute;simo el que elegiremos, tenemos que darla por la multitud de los redimidos &quot;para que se hagan amigos de Cristo&quot;. Toda la misi&oacute;n m&iacute;stica de la Iglesia est&aacute; encerrada en este concepto; y dado que Dios se sirve de los hombres como instrumentos ordinarios, claramente se ve qu&eacute; esp&iacute;ritu debe animar a los que El escoge para ejercitar una funci&oacute;n de Pastor y de Gu&iacute;a, y dar a conocer por vez primera el mensaje evang&eacute;lico. Nosotros mismos, que con todas nuestras imperfecciones queremos considerarnos amigos suyos, lo seremos s&oacute;lo y exclusivamente en virtud de su muerte&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Prepar&oacute; dos veces el C&oacute;nclave juntamente con todo el Colegio de Cardenales. Fue Secretario de Estado del Papa Pablo VI, y a continuaci&oacute;n de Juan Pablo I. Despu&eacute;s de mi elecci&oacute;n, &eacute;l manifest&oacute; su propia disponibilidad para dejar este cargo. Pero le ped&iacute; que permaneciera al menos por alg&uacute;n tiempo, y se qued&oacute;. Ha servido a la Iglesia con su experiencia, con su consejo, con su competencia. Por esto le estoy agradecido. Y no puedo menos de expresar mi pesar porque esta cooperaci&oacute;n se haya interrumpido de improviso.<\/p>\n<p align=\"left\">3. En este momento es dif&iacute;cil considerar toda la vida del difunto. Nuestros encuentros frecuentes arrancan del tiempo del Concilio Vaticano II, en el que fue muy activo en su calidad de subsecretario. A ra&iacute;z de la muerte de su predecesor, fue llamado a la sede arzobispal de Li&oacute;n, e ingres&oacute; adem&aacute;s en el Colegio de Cardenales. Despu&eacute;s del Concilio le fue dirigida la invitaci&oacute;n para entrar al servicio directo de la Santa Sede como Prefecto de la Sagrada Congregaci&oacute;n para el Clero. En mayo de 1969 el Papa Pablo VI lo llam&oacute; a la funci&oacute;n de Secretario de Estado.<\/p>\n<p align=\"left\">Llev&oacute; a este puesto-clave la experiencia pastoral de obispo, y antes a&uacute;n la de sacerdote, madurada en largos a&ntilde;os de servicio a la Iglesia en Francia, que se glor&iacute;a con el t&iacute;tulo de &quot;hija primog&eacute;nita de la Iglesia universal&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Los bi&oacute;grafos nos mostrar&aacute;n en el futuro la vida y la obra del cardenal Jean Villot en toda su plenitud. Hoy nos sea permitido repetir s&oacute;lo las palabras del Evangelio: &laquo;Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo est&eacute;, all&iacute; estar&aacute; tambi&eacute;n mi servidor; si alguno me sirve, mi Padre le honrar&aacute;&raquo; (<i>Jn<\/i> 12, 26). Precisamente as&iacute;. S&oacute;lo esto es lo &uacute;nico importante, m&aacute;s a&uacute;n, esto es lo esencial. Ha seguido a Cristo. Fue siempre all&aacute; adonde le llam&oacute;. Ha servido. La medida de toda su vida est&aacute; en este servicio.<\/p>\n<p align=\"left\">4. La medida de la vida. S&iacute;. Esta vida tiene ya su medida. Ya se ha cumplido, ha llegado a su t&eacute;rmino. Nosotros nos encontrarnos en presencia de este cumplimiento. Y en esto consiste la grandeza del momento que ahora vivimos; la dignidad de este encuentro en el que se cumplen para nuestro hermano las palabras del Se&ntilde;or: &laquo;Si el grano de trigo cae en tierra&#8230; y muere, llevar&aacute; mucho fruto&raquo; (<i>Jn<\/i> 12, 24). S&oacute;lo entonces. Cuando muere&#8230; Es preciso morir para que la vida del hombre d&eacute; fruto pleno. Ha llegado la hora en que la vida del cardenal Jean Villot puede producir su fruto pleno en Dios. Nunca la vida del hombre, en sus dimensiones terrestres, puede dar fruto semejante; y es un fruto que supera la vida, exclamando: &laquo;Yo s&eacute; que mi Redentor vive&raquo;, as&iacute; como exclam&oacute; Job en su prueba (cf. <i>Job<\/i> 19, 25).<\/p>\n<p align=\"left\">5. La muerte es siempre la experiencia &uacute;ltima del hombre, y es inevitable. Una experiencia dif&iacute;cil, frente a la cual el alma humana siente miedo. &iquest;No dijo el mismo Cristo: &laquo;Ahora mi alma se siente turbada. &iquest;Y qu&eacute; dir&eacute;? &iquest;Padre, l&iacute;brame de esta hora?&raquo;. Y a&ntilde;adi&oacute; enseguida: &laquo;&iexcl;Mas para esto he venido yo a esta hora! Padre, glorifica tu nombre&raquo; (<i>Jn<\/i> 12, 27-28)?<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Padre, glorifica!<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Queda aquel &uacute;ltimo grito del alma, tan contrastante con la experiencia de la muerte, con la experiencia de la destrucci&oacute;n del cuerpo, en el que &laquo;la creaci&oacute;n entera hasta ahora gime y sufre&raquo; (<i>Rom<\/i> 8, 22)! Sin embargo, gimiendo y sufriendo los dolores de la muerte, no deja de esperar &laquo;con impaciencia la manifestaci&oacute;n de los hijos de Dios&raquo; (<i>ib<\/i>., 8, 19). Y sabemos &laquo;que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparaci&oacute;n con la gloria que ha de manifestarse en nosotros&raquo; (<i>ib<\/i>., 8, 18).<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n nosotros, pues, ante este f&eacute;retro, en el esp&iacute;ritu de la particular comuni&oacute;n que nos un&iacute;a, demos expresi&oacute;n a estos deseos:<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Padre, perdona! &iexcl;Padre, absuelve! &iexcl;Padre, purifica! Purifica en la medida de la santidad de tu rostro.<\/p>\n<p align=\"left\">Y finalmente: &iexcl;Padre, glorifica!<\/p>\n<p align=\"left\">Con esta humildad, pero al mismo tiempo con todo el realismo de nuestra fe y esperanza, elevamos esta plegaria junto al f&eacute;retro de nuestro hermano, cardenal Jean Villot, Secretario de Estado.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FUNERAL DEL CARDENAL JEAN VILLOT, SECRETARIO DE ESTADO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Martes 13 de marzo de 1979 &nbsp; Querid&iacute;simos hermanos e hijos: 1. Estamos aqu&iacute; reunidos en torno al f&eacute;retro de nuestro hermano. Se ha ido as&iacute; inesperadamente. 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