{"id":39535,"date":"2016-10-05T22:54:03","date_gmt":"2016-10-06T03:54:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-febrero-de-1979-festividad-de-la-virgen-de-lourdes\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:03","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:03","slug":"11-de-febrero-de-1979-festividad-de-la-virgen-de-lourdes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-febrero-de-1979-festividad-de-la-virgen-de-lourdes\/","title":{"rendered":"11 de febrero de 1979, Festividad de la Virgen de Lourdes"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DE LOURDES<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Domingo 11 de febrero de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Querid&iacute;simos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Os saludo a todos los que hoy est&aacute;is aqu&iacute; presentes. Os saludo de modo particularmente cordial y con gran emoci&oacute;n. Precisamente hoy, 11 de febrero, d&iacute;a en que la liturgia de la Iglesia recuerda cada a&ntilde;o la aparici&oacute;n de la Virgen en Lourdes, os saludo a vosotros que sol&eacute;is trasladaros en peregrinaci&oacute;n a aquel santuario y a vosotros que ayud&aacute;is a los peregrinos enfermos: sacerdotes, m&eacute;dicos, enfermeras, miembros del servicio de sanidad, de transporte, de asistencia. Os doy las gracias porque hoy hab&eacute;is llenado la bas&iacute;lica de San Pedro y con vuestra presencia honr&aacute;is al Papa haci&eacute;ndole como part&iacute;cipe de vuestras peregrinaciones anuales a Lourdes, de vuestra comunidad, de vuestra oraci&oacute;n, de vuestra esperanza y tambi&eacute;n de cada una de vuestras renuncias personales y de la rec&iacute;proca donaci&oacute;n y sacrificio que caracterizan vuestra amistad y solidaridad. Esta bas&iacute;lica y la C&aacute;tedra de San Pedro necesitan vuestra presencia. Esta presencia vuestra es necesaria a toda la Iglesia, a toda la humanidad. El Papa os est&aacute; muy reconocido por esto, inmensamente reconocido. En efecto, el encuentro de hoy est&aacute; unido sin duda a la alegr&iacute;a que mana de una fe viva, pero tambi&eacute;n a molestias y sacrificios no peque&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"left\">2. El Se&ntilde;or Jes&uacute;s, en el Evangelio de hoy, encuentra a un hombre gravemente enfermo: un leproso que le pide: &quot;Si quieres puedes limpiarme&quot; (<i>Mc<\/i> 1, 40). E inmediatamente despu&eacute;s Jes&uacute;s le proh&iacute;be divulgar el milagro realizado, es decir, hablar de su curaci&oacute;n. Y aunque sepamos que &quot; Jes&uacute;s iba&#8230; predicando el, Evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia&quot; (<i>Mt<\/i> 9, 35), sin embargo la restricci&oacute;n, &quot;la reserva&quot; de Cristo respecto a la curaci&oacute;n que El hab&iacute;a realizado es significativa. Quiz&aacute; hay aqu&iacute; una lejana previsi&oacute;n de aquella &quot;reserva&quot;, de aquella cautela con que la Iglesia examina todas las presuntas curaciones milagrosas, por ejemplo, las que desde hace m&aacute;s de cien a&ntilde;os se realizan en Lourdes. Es sabido a qu&eacute; severos controles m&eacute;dicos se somete cada una de ellas.<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia ruega por la salud de todos los enfermos, de todos los que sufren, de todos los incurables humanamente condenados a invalidez irreversible. Ruega <i>por<\/i> los enfermos y ruega <i>con<\/i> los enfermos. Acoge cada curaci&oacute;n, aunque sea parcial y gradual, con el mayor reconocimiento. Y al mismo tiempo con toda su actitud hace comprender \u2014como Cristo\u2014 que la curaci&oacute;n es algo excepcional, que desde el punto de vista de la &quot;econom&iacute;a&quot; divina de la salvaci&oacute;n es un hecho extraordinario y casi &quot;suplementario&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Esta econom&iacute;a divina de la salvaci&oacute;n \u2014como la ha revelado Cristo\u2014 se manifiesta indudablemente en la liberaci&oacute;n del hombre de ese mal que es el sufrimiento &quot;f&iacute;sico&quot;. Pero se manifiesta a&uacute;n m&aacute;s en la transformaci&oacute;n interior de ese mal que es el sufrimiento espiritual, en el bien &quot;salv&iacute;fico&quot;, en el bien que santifica al que sufre y tambi&eacute;n, por medio de &eacute;l, a los otros. Por lo mismo, el texto de la liturgia de hoy en el que debemos detenernos sobre todo, no son las palabras: &quot;Quiero, sana&quot;, queda purificado, sino las palabras: &quot;Sed imitadores m&iacute;os&quot;. San Pablo se dirige con estas palabras a los corintios: &quot;Sed imitadores m&iacute;os, como yo lo soy de Cristo&quot; (<i>1 Cor <\/i>11, 1). El mismo Cristo hab&iacute;a dicho muchas veces antes que &eacute;l: &quot;Ven y s&iacute;gueme&quot; (cf. <i>Mt<\/i> 8, 22; 19, 21; <i>Mc<\/i> 2, 14; <i>Lc<\/i> 18, 22; <i>Jn<\/i> 21, 22).<\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras no tienen la fuerza de curar, no libran del sufrimiento. Pero tienen una fuerza transformante. Son una llamada a ser un hombre nuevo, a ser particularmente semejante a Cristo, para encontrar en esta semejanza, a trav&eacute;s de la gracia, todo el bien interior en lo que de por s&iacute; mismo es un mal que hace sufrir, que limita, que quiz&aacute; humilla o trae malestar. Cristo que dice al hombre que sufre &quot;ven y s&iacute;gueme&quot;, es el mismo Cristo que sufre Cristo de Getseman&iacute;, Cristo flagelado, Cristo coronado de espinas, Cristo caminando con la cruz, Cristo en la cruz&#8230; Es el mismo Cristo que bebi&oacute; hasta el fondo el c&aacute;liz del sufrimiento humano &quot;que le dio el Padre&quot; (cf. <i>Jn<\/i> 18, 11). El mismo Cristo que asumi&oacute; todo el mal de la condici&oacute;n humana sobre la tierra, excepto el pecado, para sacar de &eacute;l el bien salv&iacute;fico: el bien de la redenci&oacute;n, el bien de la purificaci&oacute;n, y de la reconciliaci&oacute;n con Dios, el bien de la gracia.<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, si el Se&ntilde;or dice a cada uno de vosotros: &quot;ven y s&iacute;gueme&quot;, os invita y os llama a participar en la misma transformaci&oacute;n, en la misma transmutaci&oacute;n del mal del sufrimiento en el bien salv&iacute;fico: de la redenci&oacute;n, de la gracia, de la purificaci&oacute;n, de la conversi&oacute;n&#8230; para s&iacute; y para los dem&aacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente por esto San Pablo, que quer&iacute;a tan apasionadamente ser imitador de Cristo, afirma en otro lugar: &quot;Suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo&quot; (<i>Col<\/i> 1, 24).<\/p>\n<p align=\"left\">Cada uno de vosotros puede hacer de estas palabras la esencia de la propia vida y de la propia vocaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Os deseo una transformaci&oacute;n tal que es &quot;un milagro interior&quot;, todav&iacute;a mayor que el milagro de la curaci&oacute;n; esta transformaci&oacute;n que corresponde a la v&iacute;a normal de la econom&iacute;a salv&iacute;fica de Dios como nos la ha presentado Jesucristo. Os deseo esta gracia y la imploro para cada uno de vosotros, queridos hermanos y hermanas.<\/p>\n<p align=\"left\">4. &quot;Estaba enfermo y me visitasteis&quot; (<i>Mt<\/i> 25, 36), dice Jes&uacute;s de S&iacute; mismo. Seg&uacute;n la l&oacute;gica de la misma econom&iacute;a de la salvaci&oacute;n, El, que se identifica con cada uno que sufre, espera \u2014en este hombre\u2014 a otros hombres que &quot;vengan a visitarlo&quot;. Espera que brote con &iacute;mpetu la compasi&oacute;n humana, la solidaridad, la bondad, el amor, la paciencia, la solicitud en todas sus diversas formas. Espera que brote con &iacute;mpetu lo que hay de noble, de elevado en el coraz&oacute;n humano: &quot;me visitasteis&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s, presente en nuestro pr&oacute;jimo que sufre, quiere estar presente en cada uno de nuestros actos de caridad y de servicio, que se manifiesta incluso en cada vaso de agua que damos &quot;en su nombre&quot; (cf. <i>Mc<\/i> 9, 41). Jes&uacute;s quiere que por el sufrimiento y en torno al sufrimiento crezca el amor, la solidaridad de amor, esto es, la suma de aquel bien que es posible en nuestro mundo humano. Bien que no se desvanece jam&aacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">El Papa, que quiere ser siervo de este amor, besa la frente y besa las manos de cuantos contribuyen a la presencia de este amor y a su crecimiento en nuestro mundo. El sabe, en efecto, y cree besar las manos y la frente del mismo Cristo que est&aacute; m&iacute;sticamente presente en quienes sufren y en quienes, por amor, sirven al que sufre.<\/p>\n<p align=\"left\">Con este &quot;beso espiritual&quot; de Cristo dispong&aacute;monos, queridos hermanos y hermanas, a celebrar y participar en este sacrificio en el que desde la eternidad est&aacute; inserto el sacrificio de cada uno de vosotros. Y quiz&aacute; hoy conviene recordar de manera especial que, seg&uacute;n la Carta a los hebreos, celebrando este sacrificio y suplicando &quot;con poderosos clamores&quot; (<i>Heb<\/i> 5, 7), Cristo es escuchado por el Padre:<\/p>\n<blockquote>\n<p align=\"left\">el Cristo de nuestros sufrimientos, <br \/> el Cristo de nuestros sacrificios, <br \/> el Cristo de nuestro Getseman&iacute;, <br \/> el Cristo de nuestras dif&iacute;ciles transformaciones,<br \/> el Cristo de nuestro servicio fiel al pr&oacute;jimo,<br \/> el Cristo de nuestras peregrinaciones a Lourdes,<br \/> el Cristo de nuestra comunidad, hoy, en la bas&iacute;lica de San Pedro, <br \/> el Cristo nuestro Redentor,<br \/> el Cristo nuestro Hermano.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p align=\"left\">Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DE LOURDES HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 11 de febrero de 1979 &nbsp; Querid&iacute;simos hermanos y hermanas: 1. 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