{"id":39536,"date":"2016-10-05T22:54:04","date_gmt":"2016-10-06T03:54:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-febrero-de-1979vispera-de-la-fiesta-de-la-virgen-de-lourdes\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:04","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:04","slug":"10-de-febrero-de-1979vispera-de-la-fiesta-de-la-virgen-de-lourdes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-febrero-de-1979vispera-de-la-fiesta-de-la-virgen-de-lourdes\/","title":{"rendered":"10 de febrero de 1979,V\u00edspera de la fiesta de la Virgen de Lourdes"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">V&Iacute;SPERA DE LA FIESTA DE LA VIRGEN DE LOURDES<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Capilla Sixtina<br \/> S&aacute;bado 10 de febrero de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Dios te salve, Mar&iacute;a&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy me gustar&iacute;a estar en esp&iacute;ritu en ese rinc&oacute;n de Francia donde desde hace 121 a&ntilde;os no cesan de susurrar estas palabras los labios de miles y millones de hombres y mujeres, a partir del d&iacute;a en que fueron pronunciadas en ese lugar precisamente por una ni&ntilde;a llena de asombro. La ni&ntilde;a se llamaba Bernadette Soubirous, ten&iacute;a catorce a&ntilde;os, era hija de trabajadores modestos de Lourdes.<\/p>\n<p align=\"left\">Dios te salve, Mar&iacute;a&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">Con estas palabras saludamos siempre y en todas partes a la que las oy&oacute; por primera vez en Nazaret. Al recibir este saludo, fue llamada por su nombre; as&iacute; la llamaba su familia y los vecinos que la conoc&iacute;an; con este nombre fue elegida por Dios. El Eterno la llam&oacute; por este nombre. &iexcl;Mar&iacute;a! &iexcl;Myriam!<\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, cuando Bernardita le pregunt&oacute; su nombre, no contest&oacute; &laquo;Mar&iacute;a&raquo;, sino &laquo;<i>Que soy era Immaculada Councepciou<\/i>&raquo;, &laquo;Yo soy la Inmaculada Concepci&oacute;n&raquo;. De este modo, se denomin&oacute; a S&iacute; misma en Lourdes con el hombre que le hab&iacute;a dado Dios desde la eternidad; s&iacute;, desde toda la eternidad la escogi&oacute; con este nombre y la destin&oacute; a ser la Madre de su Hijo, el Verbo Eterno. Y, en fin, este nombre de Inmaculada Concepci&oacute;n es mucho m&aacute;s profundo y m&aacute;s importante que el usado por sus padres y la gente conocida, el nombre que Ella oy&oacute; en el momento de la Anunciaci&oacute;n: &quot;Ave Mar&iacute;a&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Deteng&aacute;monos en este saludo. Millones de labios humanos lo repiten cada d&iacute;a en toda clase de lenguas y dialectos, en numerosos lugares del globo. Son millones tambi&eacute;n los peregrinos que las repiten a lo largo del a&ntilde;o entre la gruta de Massabielle y el torrente del Gave. Hoy quiero pronunciar otra vez con todos este &quot;Ave Mar&iacute;a&quot;, haci&eacute;ndome peregrino con el esp&iacute;ritu y el coraz&oacute;n personalmente en ese lugar. Deseo llamar a la Madre de Dios por el nombre que ten&iacute;a en la tierra, deseo saludarla con ese saludo que se puede calificar de &quot;hist&oacute;rico&quot; por el hecho de estar vinculado al momento decisivo de la historia de la salvaci&oacute;n. Ese momento decisivo es a la vez el de su acto de fe, el de su respuesta de fe: &laquo;Bienaventurada T&uacute; porque has cre&iacute;do&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 45).<\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;, Mar&iacute;a; lo que cuenta es ese d&iacute;a, esa hora, ese momento en que o&iacute;ste este saludo con tu nombre: &iexcl;Myriam! &iexcl;Mar&iacute;a! Pues la historia de la salvaci&oacute;n est&aacute; inscrita en el tiempo de los hombres, marcada por horas, d&iacute;as y a&ntilde;os. Asimismo esta historia adquiere dimensi&oacute;n de fe en la respuesta que da a Dios vivo el coraz&oacute;n humano. Entre esas respuestas, la que sigue al &quot;Ave Mar&iacute;a&quot; del &Aacute;ngel en Nazaret se&ntilde;ala la cumbre: &laquo;<i>Fiat<\/i>&raquo;, &laquo;H&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Bienaventurada T&uacute; porque has cre&iacute;do!<\/p>\n<p align=\"left\">Es Isabel quien dirige a Mar&iacute;a esta bendici&oacute;n. No en el momento de la Anunciaci&oacute;n, sino unas semanas despu&eacute;s, cuando Mar&iacute;a fue a Ain Karim. Y estas palabras de Isabel, que era la persona m&aacute;s cercana a Ella espiritualmente, provocaron en Mar&iacute;a una nueva respuesta de fe: <i>Magnificat<\/i>!<\/p>\n<p align=\"left\">Estamos acostumbrados a las palabras de este c&aacute;ntico. La Iglesia las ha hecho suyas. Siguiendo a la Madre de Dios, las repite para expresar sus alegr&iacute;as m&aacute;s grandes o sencillamente para dar gracias: &laquo;Ha hecho en m&iacute; maravillas el Poderoso, cuyo nombre es santo. Su misericordia se derrama de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n&#8230; Derrib&oacute; a los potentados de sus tronos y ensalz&oacute; a los humildes. A los hambrientos los llen&oacute; de bienes y a los ricos los despidi&oacute; vac&iacute;os&#8230;&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 49-50; 52-53).<\/p>\n<p align=\"left\">O&iacute;mos muchas veces estas palabras. &iexcl;Las repetimos tantas veces! Deteng&aacute;monos un d&iacute;a, una vez, al menos (&iquest;por qu&eacute; no hoy?) ante esta admirable transparencia del Coraz&oacute;n de Mar&iacute;a; en Ella y a trav&eacute;s de Ella habla Dios. Habla a un nivel que trasciende las palabras cotidianas del hombre y, quiz&aacute;, hasta las mismas palabras que utilizaba <i>Myriam<\/i>, la joven de Nazaret, pariente de Isabel y Zacar&iacute;as, desde hac&iacute;a poco prometida de Jos&eacute;. En realidad, &iquest;no es Mar&iacute;a como la Esposa del Esp&iacute;ritu Santo?<\/p>\n<p align=\"left\">Es precisamente el Esp&iacute;ritu quien da tal transparencia a su Coraz&oacute;n \u2014coraz&oacute;n humilde y sencillo de una ni&ntilde;a de Nazaret\u2014 gracias &laquo;a lo que hab&iacute;a prometido a Abraham y a su descendencia para siempre&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 55). Dios est&aacute; presente tambi&eacute;n misteriosamente en toda la historia de los hombres, de las generaciones que se suceden, de los pueblos, capaz de suscitar de modo maravilloso transparencia, esperanza, llamada a la santidad, purificaci&oacute;n, conversi&oacute;n. En este sentido est&aacute; presente en la historia de los humildes&#8230; y de los poderosos; s&iacute;, en la historia de los hambrientos, oprimidos, marginados. que se saben amados por El, y con El recobran fuerzas, dignidad, esperanza; y tambi&eacute;n en la historia de los ricos, de los opresores, de los hombres hartos de todo, que no escapan al juicio de Dios y est&aacute;n invitados tambi&eacute;n ellos a la humildad y a la justicia, a compartir los bienes, para entrar en su Reino. Dios est&aacute; presente en la historia de los responsables y de las v&iacute;ctimas de la civilizaci&oacute;n del consumo que se va difundiendo; quiere liberar al hombre de la esclavitud de las cosas y llevarlo a retornar incesantemente al camino del amor a las personas \u2014a Dios y a los hermanos\u2014 con esp&iacute;ritu de pureza, pobreza y sencillez.<\/p>\n<p align=\"left\">Estas admirables palabras del <i>Magnificat<\/i>, quiero meditarlas hoy con los que toman parte en este sacrificio eucar&iacute;stico, con los peregrinos de Lourdes, con toda la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy se preguntan algunos sobre la misi&oacute;n de la Iglesia. Pero la Iglesia de nuestro tiempo, &iquest;acaso no puede entrever la verdad de su misi&oacute;n en estas palabras de Mar&iacute;a? &iquest;Es que &eacute;stas no contienen lo que podemos, queremos y debemos anunciar, proclamar y realizar en el vasto campo donde se entrelazan la &quot;evangelizaci&oacute;n&quot; y la &quot;promoci&oacute;n humana&quot;, donde la primera reclama la segunda? &iquest;Acaso el <i>Magnificat<\/i> no nos da respuesta a la pregunta sobre el progreso y la promoci&oacute;n que se pretenden, y no nos da a conocer asimismo qu&eacute; significa &quot;evangelizar&quot;, anunciar la Buena Nueva a los hombres de hoy? Pues este &quot;hoy&quot;, con sus miserias y sus signos de esperanza, constituye en todos los pa&iacute;ses un reto a la misi&oacute;n &quot;prof&eacute;tica&quot; de la Iglesia y a su misi&oacute;n &quot;maternal&quot; al mismo tiempo. Se trata de abrir los corazones y mentalidades a Cristo, al Evangelio, a su escala de valores, para contribuir a la elevaci&oacute;n de todo el hombre y todos los hombres, establecer un mundo menos indigno del hombre y del designio de Dios sobre &eacute;l y, al mismo tiempo, preparar el Reino de los cielos.<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas: Con profunda emoci&oacute;n celebro hoy esta Misa en lengua francesa en la Capilla Sixtina. As&iacute; puedo unirme espiritualmente en la liturgia eucar&iacute;stica con todos los que hablan esta lengua &iexcl;y son tantos!, diseminados en muchos pa&iacute;ses y representados aqu&iacute;, en Roma y en esta asamblea. Y puedo reunir en particular a los hijos e hijas de la Iglesia de esa gran naci&oacute;n francesa, cuya historia est&aacute; vinculada de modo especial a la historia del Evangelio en Europa y en el mundo entero.<\/p>\n<p align=\"left\">Tenemos la impresi&oacute;n de encontrarnos en Lourdes, a donde confluyen continuamente peregrinos de Francia y de todos los pa&iacute;ses:<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 en Lourdes, que celebra, juntamente con Nevera, este a&ntilde;o el centenario de la muerte de Bernardita;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 en Lourdes, donde el mensaje de Mar&iacute;a transmitido por Bernardita, invita sin cesar a las almas a la oraci&oacute;n, a la penitencia, a la conversi&oacute;n, a la purificaci&oacute;n, al gozo de la asamblea cristiana y, en una palabra, a una fe m&aacute;s fuerte;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 en Lourdes, donde tantos enfermos encuentran \u2014si no la curaci&oacute;n del cuerpo\u2014 al menos el sentido cristiano de sus sufrimientos, la paz del amor de Dios y la acogida sol&iacute;cita de los hermanos;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 en Lourdes, donde cada a&ntilde;o se re&uacute;nen en sesi&oacute;n plenaria los obispos franceses, a quienes me complazco en saludar muy cordialmente desde la Sede del Ap&oacute;stol Pedro;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 en Lourdes, que est&aacute; preparando el Congreso Eucar&iacute;stico de 1981. Hemos comenzado a preparar juntos la conmemoraci&oacute;n del centenario del primer Congreso Eucar&iacute;stico Internacional, que tuvo lugar en Lila en 1881.<\/p>\n<p align=\"left\">Sobre todo, quisiera repetir dirigi&eacute;ndome a la tierra de Francia, a toda la Iglesia que est&aacute; en Francia: eres bienaventurada por haber recibido la fe ya en los or&iacute;genes. No permitas que tu fe disminuya o se desvanezca. Fortifica tu fe. E irr&aacute;diala.<\/p>\n<p align=\"left\">Con este esp&iacute;ritu de fe nos acercamos ahora al altar para celebrar el Sacrificio de Cristo, el Sacrificio del Pan que consagramos y partimos por la vida del mundo (cf. <i>1 Cor<\/i> 10, 16; <i>Jn<\/i> 6, 51). Es el tema del Congreso Eucar&iacute;stico que estancos preparando juntos. Por la vida del mundo, por la salvaci&oacute;n del mundo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>V&Iacute;SPERA DE LA FIESTA DE LA VIRGEN DE LOURDES HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Capilla Sixtina S&aacute;bado 10 de febrero de 1979 &nbsp; Dios te salve, Mar&iacute;a&#8230; Hoy me gustar&iacute;a estar en esp&iacute;ritu en ese rinc&oacute;n de Francia donde desde hace 121 a&ntilde;os no cesan de susurrar estas palabras los labios de miles &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-febrero-de-1979vispera-de-la-fiesta-de-la-virgen-de-lourdes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab10 de febrero de 1979,V\u00edspera de la fiesta de la Virgen de Lourdes\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39536","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39536","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39536"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39536\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39536"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39536"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39536"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}