{"id":39537,"date":"2016-10-05T22:54:06","date_gmt":"2016-10-06T03:54:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1979presentacion-de-jesus-en-el-templo\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:06","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:06","slug":"2-de-febrero-de-1979presentacion-de-jesus-en-el-templo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1979presentacion-de-jesus-en-el-templo\/","title":{"rendered":"2 de febrero de 1979,Presentaci\u00f3n de Jes\u00fas en el templo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">FESTIVIDAD DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR EN EL TEMPLO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Viernes 2 de febrero de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &laquo;<i>Lumen ad revelationem gentium<\/i>: Luz para iluminaci&oacute;n de las gentes&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">La liturgia de la fiesta de hoy nos recuerda en primer lugar las palabras del Profeta Malaqu&iacute;as: &laquo;He aqu&iacute; que entrar&aacute; en su templo el Se&ntilde;or a quien busc&aacute;is&#8230;, he aqu&iacute; que viene&raquo;. De hecho estas palabras se hacen realidad en este momento: entra por primera vez en su templo el que es su Se&ntilde;or. Se trata del templo de la Antigua Alianza que constitu&iacute;a la preparaci&oacute;n de la Nueva Alianza. Dios cierra esta Nueva Alianza con su pueblo en Aquel que &laquo;ha ungido y enviado al mundo&raquo;, esto es, en su Hijo. El templo de la Antigua Alianza espera al Ungido, al Mes&iacute;as. Esta espera es, por as&iacute; decirlo; la raz&oacute;n de su existencia.<\/p>\n<p align=\"left\">Y he aqu&iacute; que entra. Llevado por las manos de Mar&iacute;a y Jos&eacute;. Entra como un ni&ntilde;o de 40 d&iacute;as para cumplir las exigencias de la ley de Mois&eacute;s. Lo llevan al templo como a tantos otros ni&ntilde;os israelitas: el ni&ntilde;o de padres pobres. Entra, pues, desapercibido y \u2014casi en contraste con las palabras del Profeta Malaqu&iacute;as\u2014 nadie lo espera. &laquo;<i>Deus absconditus<\/i>: Dios escondido&raquo; (cf. <i>Is<\/i> 45, 15). Oculto en su carne humana. nacido en un establo en las cercan&iacute;as de la ciudad de Bel&eacute;n. Sometido a la ley del rescate, como su Madre a la de la purificaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Aunque todo parezca indicar que nadie lo espera en este momento, que nadie lo divisa, en realidad no es as&iacute;. El anciano Sime&oacute;n va al encuentro de Mar&iacute;a y Jos&eacute;, toma al Ni&ntilde;o en sus brazos y pronuncia las palabras que son eco vivo de la profec&iacute;a de Isa&iacute;as: &laquo;Ahora, Se&ntilde;or, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, seg&uacute;n tu palabra: porque han visto mis ojos tu salud, la que has preparado ante la faz de los pueblos: luz para iluminaci&oacute;n de las gentes y gloria de tu pueblo Israel&raquo; (<i>Lc<\/i> 29-32; cf. <i>Is<\/i> 2, 2-5; 25, 7).<\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras son la s&iacute;ntesis de toda la espera, la s&iacute;ntesis de la Antigua Alianza. El hombre que las dice no habla por s&iacute; mismo. Es Profeta: habla desde lo profundo de la revelaci&oacute;n y de la fe de Israel. Anuncia el final del Antiguo Testamento y el comienzo del Nuevo.<\/p>\n<p align=\"left\">2. La luz.<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy la Iglesia bendice las candelas que dan luz. Estas candelas son al mismo tiempo s&iacute;mbolo de otra luz, de la luz que es precisamente Cristo. Comenz&oacute; a serlo desde el instante de su nacimiento. Se revel&oacute; como luz a los ojos de Sime&oacute;n a los 40 d&iacute;as de su nacimiento. Como luz permaneci&oacute; despu&eacute;s 30 a&ntilde;os en la vida oculta de Nazaret. Luego comenz&oacute; a ense&ntilde;ar, y el per&iacute;odo de su ense&ntilde;anza fue breve. Dijo: &laquo;Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendr&aacute; luz de vida&raquo; (<i>Jn<\/i> 8, 12). Cuando fue crucificado &laquo;se extendieron las tinieblas sobre la tierra&raquo; (<i>Mt<\/i> 27, 45 y par.), pero al tercer d&iacute;a estas tinieblas cedieron su lugar a la luz de la resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;La luz est&aacute; con nosotros!<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qu&eacute; ilumina?<\/p>\n<p align=\"left\">Ilumina las tinieblas de las almas humanas, las tinieblas de la existencia. Es perenne e inmenso el esfuerzo del hombre para abrirse camino y llegar a la luz; luz de la conciencia y de la existencia. Cu&aacute;ntos a&ntilde;os, a veces, dedica el hombre para aclararse a s&iacute; mismo cualquier hecho, para encontrar respuesta a una pregunta determinada. Y cu&aacute;nto trabajo pesa sobre nosotros mismos, sobre cada uno de nosotros, para poder desvelar, a trav&eacute;s de lo que hay en nosotros de &quot;oscuro&quot;, tenebroso, a trav&eacute;s de nuestro &quot;yo peor&quot;, a trav&eacute;s del hombre subyugado a la concupiscencia de la carne, a la concupiscencia de los ojos y a la soberbia de la vida (cf. <i>1Jn<\/i> 2, 16), lo que es luminoso: el hombre de sencillez, de humildad, de amor, de sacrificio desinteresado; los nuevos horizontes del pensamiento, del coraz&oacute;n, de la voluntad, del car&aacute;cter. &laquo;Las tinieblas pasan y aparece ya la luz verdadera&raquo;, escribe San Juan (<i>1Jn<\/i> 2, 8).<\/p>\n<p align=\"left\">Si preguntarnos qu&eacute; es lo que ilumina esta luz reconocida por Sime&oacute;n en el Ni&ntilde;o de 40 d&iacute;as, he aqu&iacute; la respuesta. Es la respuesta de la experiencia interior de tantos hombres que han decidido seguir esta luz. Es la respuesta de vuestra vida, mis queridos hermanos y hermanas, religiosos y religiosas, que particip&aacute;is en la liturgia de esta festividad, teniendo en vuestras manos las velas encendidas. Es como un pregustar la vigilia pascual cuando la Iglesia, es decir, cada uno de nosotros, llevando en alto la vela encendida cruzar&aacute; los umbrales del templo cantando &laquo;<i>Lumen Christi<\/i>: Luz de Cristo&raquo;. Cristo ilumina en profundidad e individualmente el misterio del hombre. Individualmente y profundamente. y a la vez con cu&aacute;nta delicadeza baja al secreto de las almas y de las conciencias humanas. Es el Maestro de la vida en el sentido m&aacute;s profundo. Es el Maestro de nuestras vocaciones. Sin embrago, El, precisamente El, el &uacute;nico, ha revelado a cada uno de nosotros, y revela continuamente a tantos hombres, la verdad de que &laquo;el hombre, &uacute;nica criatura terrestre a la que Dios ha amado por s&iacute; mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega de s&iacute; mismo&raquo; (cf.<i> Lc<\/i> 17, 33; <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 24).<\/p>\n<p align=\"left\">Demos gracias hoy por la luz que est&aacute; en medio de nosotros. Demos gracias por todo lo que se ha hecho luz en nosotros mismos por medio de Cristo: ha dejado de existir &laquo;la oscuridad&raquo; y lo &laquo;desconocido&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Por fin, Sime&oacute;n dice a Mar&iacute;a. primero mirando a su Hijo: &laquo;Puesto est&aacute; para ca&iacute;da y levantamiento de muchos en Israel y para signo de contradicci&oacute;n&raquo;. Despu&eacute;s, mirando a Ella misma: &laquo;Y una espada atravesar&aacute; tu alma, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones&raquo; (<i>Lc<\/i> 2, 34-35).<\/p>\n<p align=\"left\">Este d&iacute;a es su fiesta: la fiesta de Jesucristo, a los 40 d&iacute;as de su vida, en el templo de Jerusal&eacute;n seg&uacute;n las prescripciones de la ley de Mois&eacute;s (cf. <i>Lc<\/i> 2. 22-24). Y es tambi&eacute;n la fiesta de Ella: de Mar&iacute;a. Ella lleva al Ni&ntilde;o en sus brazos. Tambi&eacute;n en sus manos El es la luz de nuestras almas, la luz que ilumina las tinieblas de la conciencia y de la existencia humana, del entendimiento y del coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Los pensamientos de muchos corazones se descubren cuando sus manos maternales llevan esta gran luz divina, cuando la acercan al hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Ave, T&uacute; que has venido a ser Madre de nuestra luz a costa del gran sacrificio de tu Hijo, a costa del sacrificio materno de tu coraz&oacute;n!<\/p>\n<p align=\"left\">4. Finalmente, s&eacute;ame permitido hoy, al d&iacute;a siguiente de mi regreso de M&eacute;xico, darte gracias, oh Virgen de Guadalupe, por esta Luz que es tu Hijo para los hijos e hijas de aquel pa&iacute;s y tambi&eacute;n de toda Am&eacute;rica Latina. La III Conferencia General del Episcopado de aquel continente, iniciada solemnemente a tus pies, oh Mar&iacute;a, en el santuario de Guadalupe, est&aacute; desarrollando sus trabajos en Puebla sobre el tema de la evangelizaci&oacute;n en el presente y en el futuro de Am&eacute;rica Latina, desde el 28 de enero, y se esfuerza para mostrar caminos por los que la luz de Cristo deba alcanzar a la generaci&oacute;n contempor&aacute;nea en aquel continente grande y prometedor.<\/p>\n<p align=\"left\">Encomendamos a la oraci&oacute;n tales trabajos, mirando hoy a Cristo en brazos de su Madre y escuchando las palabras de Sime&oacute;n: <i>Lumen ad revelationem gentium.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FESTIVIDAD DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR EN EL TEMPLO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Viernes 2 de febrero de 1979 &nbsp; 1. &laquo;Lumen ad revelationem gentium: Luz para iluminaci&oacute;n de las gentes&raquo;. 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