{"id":39538,"date":"2016-10-05T22:54:07","date_gmt":"2016-10-06T03:54:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-enero-de-1979-santuario-de-zapopan\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:07","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:07","slug":"30-de-enero-de-1979-santuario-de-zapopan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-enero-de-1979-santuario-de-zapopan\/","title":{"rendered":"30 de enero de 1979, Santuario de Zapop\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_rep-dom-mexico-bahamas.html\">VIAJE A LA REP&Uacute;BLICA DOMINICANA,<br \/> M&Eacute;XICO Y BAHAMAS<\/a><\/font><\/p>\n<p><font size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> EN EL SANTUARIO DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE ZAPOP&Aacute;N<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p> <\/font><br \/>\n<font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Guadalajara, <\/i><\/font><i> <font color=\"#663300\">martes 30 de enero de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Henos aqu&iacute; reunidos hoy en este hermoso santuario de Nuestra Se&ntilde;ora de la Inmaculada Concepci&oacute;n de Zapop&aacute;n, en la gran arquidi&oacute;cesis de Guadalajara. No quer&iacute;a ni pod&iacute;a omitir este encuentro en torno al altar de Jes&uacute;s y a los pies de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, con el Pueblo de Dios que peregrina en este lugar. Este santuario de Zapop&aacute;n es, en efecto, una prueba m&aacute;s, palpable y consoladora, de la intensa devoci&oacute;n que, desde hace siglos, el pueblo mexicano, y con &eacute;l, todo el pueblo latinoamericano, profesa a la Virgen Inmaculada.<\/p>\n<p align=\"left\">Como el de Guadalupe, tambi&eacute;n este santuario viene de la &eacute;poca de la colonia; como aqu&eacute;l, sus or&iacute;genes se remontan al valioso esfuerzo de evangelizaci&oacute;n de los misioneros (en este caso, los hijos de San Francisco) entre los indios, tan bien dispuestos a recibir el mensaje de la salvaci&oacute;n en Cristo y a venerar a su Sant&iacute;sima Madre, concebida sin mancha de pecado. As&iacute;, estos pueblos perciben el lugar &uacute;nico y excepcional de Mar&iacute;a en la realizaci&oacute;n del plan de Dios (cf. <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 53 ss.),su santidad eminente y su relaci&oacute;n maternal con nosotros (<i>ib<\/i>., 61, 66).De aqu&iacute; en adelante, ella, la Inmaculada, representada en esta peque&ntilde;a y sencilla imagen, queda incorporada a la piedad popular del pueblo de la arquidi&oacute;cesis de Guadalajara, de la naci&oacute;n mexicana y de toda Am&eacute;rica Latina. Como Mar&iacute;a misma dice prof&eacute;ticamente en su c&aacute;ntico del \u201cMagnificat\u201d: \u201cMe llamar&aacute;n feliz todas las generaciones\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 48).<\/p>\n<p align=\"left\">2. Si esto es verdad de todo el mundo cat&oacute;lico, cu&aacute;nto m&aacute;s lo es de M&eacute;xico y de Am&eacute;rica Latina. Se puede decir que la fe y la devoci&oacute;n a Mar&iacute;a y sus misterios pertenecen a la identidad propia de estos pueblos y caracterizan su piedad popular, de la cual hablaba mi predecesor Pablo VI en la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\"> Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>. Esta piedad popular no es necesariamente un sentimiento vago, carente de s&oacute;lida base doctrinal, como una forma inferior de manifestaci&oacute;n religiosa. Cu&aacute;ntas veces es, al contrario, como la expresi&oacute;n verdadera del alma de un pueblo, en cuanto tocada por la gracia y forjada por el encuentro feliz entre la obra de evangelizaci&oacute;n y la cultura local, de lo cual habla tambi&eacute;n la Exhortaci&oacute;n reci&eacute;n citada (n&uacute;m. 20). As&iacute;, guiada y sostenida, y, si es el caso, purificada, por la acci&oacute;n constante de los pastores, y ejercida diariamente en la vida del pueblo la piedad popular es de veras la piedad de los \u201cpobres y sencillos\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, 48). Es la manera c&oacute;mo estos predilectos del Se&ntilde;or viven y traducen en sus actitudes humanas y en todas las dimensiones de la vida, el misterio de la fe que han recibido.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta piedad popular, en M&eacute;xico y en toda Am&eacute;rica Latina, es indisolublemente mariana En ella, Mar&iacute;a Sant&iacute;sima ocupa el mismo lugar preeminente que ocupa en la totalidad de la fe cristiana. Ella es la madre, la reina, la protectora y el modelo. A ella se viene para honrarla, para pedir su intercesi&oacute;n para aprender a imitarla, es decir para aprender a ser un verdadero disc&iacute;pulo de Jes&uacute;s. Porque como el mismo Se&ntilde;or dice: \u201cQuien hiciere la voluntad de Dios, &eacute;se es mi hermano, mi hermana y mi madre\u201d (<i>Mc<\/i> 3, 35).<\/p>\n<p align=\"left\">Lejos de empa&ntilde;ar la mediaci&oacute;n insustituible y &uacute;nica de Cristo, esta funci&oacute;n de Mar&iacute;a, acogida por la piedad popular la pone de relieve y \u201csirve para demostrar su poder\u201d, como ense&ntilde;a el Concilio Vaticano II (cf. <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 60.), porque todo lo que ella es y tiene le viene de la \u201csuperabundancia de los m&eacute;ritos de Cristo, se apoya en su mediaci&oacute;n\u201d y a &eacute;l conduce (<i>ib<\/i>.). Los fieles que acceden a este santuario bien lo saben y lo ponen en pr&aacute;ctica, al decir siempre con ella, mirando a Dios Padre, en el don de su Hijo amado, hecho presente entre nosotros por el Esp&iacute;ritu: \u201cGlorifica mi alma al Se&ntilde;or\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 46).<\/p>\n<p align=\"left\">3. Precisamente, cuando los fieles vienen a este santuario, como he querido venir yo tambi&eacute;n hoy, peregrino en esta sierra mexicana, &iquest;qu&eacute; otra cosa hacen sino alabar y honrar a Dios Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, en la figura de Mar&iacute;a, unida por v&iacute;nculos indisolubles con las tres personas de la Sant&iacute;sima Trinidad, como tambi&eacute;n ense&ntilde;a el Concilio Vaticano II? (cf. <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 53).&nbsp; Nuestra visita al santuario de Zapop&aacute;n, la m&iacute;a hoy, la vuestra tantas veces, significa por el hecho mismo la voluntad y el esfuerzo de acercarse a Dios y de dejarse inundar por &eacute;l, mediante la intercesi&oacute;n, el auxilio y el modero de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">En estos lugares de gracia, tan caracter&iacute;sticos de la geograf&iacute;a religiosa mexicana y latinoamericana, el Pueblo de Dios, convocado en la Iglesia, con sus pastores, y en esta feliz ocasi&oacute;n, con quien humildemente preside en la Iglesia a la caridad (cf. San Ignacio de Antioqu&iacute;a, <i>Ad Romanos<\/i>, Prol.), se re&uacute;ne en torno al altar y bajo la mirada materna de Mar&iacute;a, para dar testimonio de que lo que cuenta en este mundo y en la vida humana es la apertura al don de Dios, que se comunica en Jes&uacute;s, nuestro Salvador, y nos viene por Mar&iacute;a. Esto es lo que da a nuestra existencia terrena su verdadera dimensi&oacute;n trascendente, como Dios la quiso desde el principio, como Jesucristo la ha restaurado con su Muerte y su Resurrecci&oacute;n, y como resplandece en la Virgen Sant&iacute;sima.<\/p>\n<p align=\"left\">Ella es el refugio de los pecadores (<i>Refugium peccatorum <\/i>). El Pueblo de Dios es consciente de la propia condici&oacute;n de pecado. Por eso, sabiendo que necesita una purificaci&oacute;n constante \u201cbusca sin cesar la penitencia y la reconciliaci&oacute;n\u201d (<i><a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 8). Cada uno de nosotros es consciente de ello: Jes&uacute;s buscaba a los pecadores: \u201cNo tienen necesidad de m&eacute;dico los sanos, sino los enfermos, y no he venido yo a llamar a los justos, sino a los pecadores\u201d (<i>Lc<\/i> 5, 31-32). Al paral&iacute;tico, antes de curarlo le dijo: \u201cHombre, tus pecados te son perdonados\u201d (<i>Lc<\/i>, 5, 20); y a una pecadora: \u201cVete y no peques m&aacute;s\u201d (<i>Jn<\/i> 8, 11).<\/p>\n<p align=\"left\">Si la conciencia del pecado nos oprime, buscamos instintivamente a Aquel que tiene el poder de perdonar los pecados (cf. <i>Lc<\/i> 5, 24) y lo buscamos por medio de Mar&iacute;a, cuyos Santuarios son lugares de conversi&oacute;n, de penitencia, de reconciliaci&oacute;n con Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Ella despierta en nosotros la esperanza de la enmienda y de la perseverancia en el bien, aunque a veces pueda parecer humanamente imposible.<\/p>\n<p align=\"left\">Ella nos permite superar las m&uacute;ltiples \u201cestructuras de pecado\u201d en las que est&aacute; envuelta nuestra vida personal, familiar y social. Nos permite obtener la gracia de la verdadera liberaci&oacute;n, con esa libertad con la que Cristo ha liberado a todo hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">4. De aqu&iacute; parte tambi&eacute;n, como de su verdadera fuente, el compromiso aut&eacute;ntico por los dem&aacute;s hombres, nuestros hermanos, especialmente con los m&aacute;s pobres y necesitados, y por la necesaria transformaci&oacute;n de la sociedad. Porque esto es lo que Dios quiere de nosotros y a esto nos env&iacute;a, con la voz y la fuerza de su Evangelio al hacernos responsables los unos de los otros. Mar&iacute;a, como ense&ntilde;a mi predecesor Pablo VI en la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19740202_marialis-cultus.html\"> Marialis cultus<\/a><\/i> (n&uacute;m. 37) es tambi&eacute;n modelo, fiel cumplidora de la voluntad de Dios, para quienes no aceptan pasivamente las circunstancias adversas de la vida personal y social, ni son v&iacute;ctimas de la \u201calienaci&oacute;n\u201d, como hoy se dice, sino que proclaman con ella que Dios es \u201cvindicador de los humildes\u201d y, si es el caso \u201cdepone del trono a los soberbios\u201d para citar de nuevo el <i>Magnificat<\/i> (cf.<i>Lc<\/i> 1, 51-53). Porque ella es as&iacute; \u201ctipo del perfecto disc&iacute;pulo de Cristo, que es art&iacute;fice de la ciudad terrena y temporal, pero tiende al mismo tiempo a la celestial y eterna, que promueve la justicia, libera a los necesitados, pero sobre todo es testigo de aquel amor activo que construye a Cristo en las almas\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19740202_marialis-cultus.html\">Marialis cultus<\/a><\/i>, 37).<\/p>\n<p align=\"left\">Esto es Mar&iacute;a Inmaculada para nosotros en este santuario de Zapop&aacute;n. Esto es lo que hemos venido a aprender hoy de ella, a fin de que ella sea siempre para estos fieles de Guadalajara, para la naci&oacute;n mexicana y para toda Am&eacute;rica Latina, con su ser cristiano y cat&oacute;lico, la verdadera \u201cestrella de la Evangelizaci&oacute;n\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Pero no quer&iacute;a acabar este coloquio sin a&ntilde;adir algunas palabras que considero importantes en el contexto de cuanto antes indicado.<\/p>\n<p align=\"left\">Este santuario de Zapop&aacute;n, y tantos otros diseminados por toda la geograf&iacute;a de M&eacute;xico y Am&eacute;rica Latina, donde acuden anualmente millones de peregrinos con un profundo sentido de religiosidad, pueden y deben ser lugares privilegiados para el encuentro de una fe cada vez m&aacute;s purificada, que les conduzca a Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Para ello ser&aacute; necesario cuidar con gran atenci&oacute;n y celo la pastoral en los santuarios marianos, mediante una liturgia apropiada y viva, mediante la predicaci&oacute;n asidua y de s&oacute;lida catequesis, mediante la preocupaci&oacute;n por el ministerio del sacramento de la penitencia y la depuraci&oacute;n prudente de eventuales formas de religiosidad que presenten elementos menos adecuados.<\/p>\n<p align=\"left\">Hay que aprovechar pastoralmente estas ocasiones, acaso espor&aacute;dicas, del encuentro con almas que no siempre son fieles a todo el programa de una vida cristiana, pero que acuden guiadas por una visi&oacute;n a veces incompleta de la fe, para tratar de conducirlas al centro de toda piedad s&oacute;lida, Cristo Jes&uacute;s, Hijo de Dios Salvador.<\/p>\n<p align=\"left\">De este modo la religiosidad popular se ir&aacute; perfeccionando, cuando sea necesario, y la devoci&oacute;n mariana adquirir&aacute; su pleno significado en una orientaci&oacute;n trinitaria, cristoc&eacute;ntrica y eclesial, como tan acertadamente ense&ntilde;a la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19740202_marialis-cultus.html\"> Marialis cultus<\/a> <\/i>(n&uacute;ms. 25-27).<\/p>\n<p align=\"left\">A los sacerdotes encargados de los santuarios, a los que hasta ellos conducen peregrinaciones, les invito a reflexionar maduramente acerca del gran bien que pueden hacer a los fieles, si saben poner en obra un sistema de evangelizaci&oacute;n apropiado.<\/p>\n<p align=\"left\">No desaprovech&eacute;is ninguna ocasi&oacute;n de predicar a Cristo, de esclarecer la fe del pueblo, de robustecerla, ayud&aacute;ndolo en su camino hacia la Trinidad Santa. Sea Mar&iacute;a el camino. A ello os ayude la Virgen Inmaculada de Zapop&aacute;n. As&iacute; sea.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" face=\"Times New Roman\" size=\"3\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE A LA REP&Uacute;BLICA DOMINICANA, M&Eacute;XICO Y BAHAMAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II EN EL SANTUARIO DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE ZAPOP&Aacute;N Guadalajara, martes 30 de enero de 1979 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: 1. 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