{"id":39540,"date":"2016-10-05T22:54:10","date_gmt":"2016-10-06T03:54:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-enero-de-1979-puebla-de-los-angeles\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:10","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:10","slug":"28-de-enero-de-1979-puebla-de-los-angeles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-enero-de-1979-puebla-de-los-angeles\/","title":{"rendered":"28 de enero de 1979, Puebla de Los \u00c1ngeles"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_rep-dom-mexico-bahamas.html\">VIAJE A LA REP&Uacute;BLICA DOMINICANA,<br \/> M&Eacute;XICO Y BAHAMAS<\/a><\/font><font face=\"Times\" size=\"3\"><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA EN PUEBLA DE LOS &Aacute;NGELES<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font face=\"Times\" size=\"3\" color=\"#663300\">Puebla de Los &Aacute;ngeles<\/font><\/i><font face=\"Times\" size=\"3\" color=\"#663300\"><i><br \/>Domingo 28 de enero de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><i>Amad&iacute;simos hijos e hijas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Puebla de los &Aacute;ngeles: el nombre sonoro y expresivo de vuestra ciudad se encuentra hoy d&iacute;a en millones de labios a lo largo de Am&eacute;rica Latina y en todo el mundo. Vuestra ciudad se vuelve s&iacute;mbolo y se&ntilde;al para la Iglesia latinoamericana. Es aqu&iacute;, de hecho, que se congregan a partir de hoy, convocados por el Sucesor de Pedro, los obispos de todo el continente para reflexionar sobre la misi&oacute;n de los Pastores en esta parte del mundo, en esta hora singular de la historia.<\/p>\n<p align=\"left\">El Papa ha querido subir hasta esta cumbre desde donde parece abrirse toda Am&eacute;rica Latina. Y es con la impresi&oacute;n de contemplar el dise&ntilde;o de cada una de las Naciones que, en este altar levantado sobre las monta&ntilde;as, el Papa ha querido celebrar este Sacrificio Eucar&iacute;stico para invocar sobre esta Conferencia, sus participantes y sus trabajos, la luz, el calor, todos los dones del Esp&iacute;ritu de Dios, Esp&iacute;ritu de Jesucristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Nada m&aacute;s natural y necesario que invocarlo en esta circunstancia. La grande Asamblea que se abre es, en efecto, en su esencia m&aacute;s profunda una reuni&oacute;n eclesial: eclesial por aquellos que aqu&iacute; se re&uacute;nen, Pastores de la Iglesia de Dios que est&aacute; en Am&eacute;rica Latina; eclesial por el tema que estudia, la misi&oacute;n de la Iglesia en el continente; eclesial por sus objetivos de hacer siempre m&aacute;s viva y eficaz la contribuci&oacute;n original que la Iglesia tiene el deber de ofrecer al bienestar, a la armon&iacute;a, a la justicia y a la paz de estos pueblos. Ahora bien, no hay asamblea eclesial si ah&iacute; no est&aacute; en la plenitud de su misteriosa acci&oacute;n el Esp&iacute;ritu de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">El Papa lo invoca con todo el fervor de su coraz&oacute;n. Que el lugar donde se re&uacute;nen los obispos sea un nuevo Cen&aacute;culo, mucho m&aacute;s grande que el de Jerusal&eacute;n, donde los Ap&oacute;stoles eran apenas Once en aquella ma&ntilde;ana, pero, como el de Jerusal&eacute;n, abierto a las llamas del Par&aacute;clito y a la fuerza de un renovado Pentecost&eacute;s. Que el Esp&iacute;ritu cumpla en vosotros, obispos, aqu&iacute; congregados, la multiforme misi&oacute;n que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s le confi&oacute;: <i>int&eacute;rprete de Dios<\/i> para hacer comprender su designio y su palabra inaccesibles a la simple raz&oacute;n humana (cf. <i>Jn<\/i> 14, 26), abra la inteligencia de estos Pastores y los introduzca en la verdad (cf. <i>Jn<\/i> 16, 13);<i> testigo de Jesucristo<\/i>, d&eacute; testimonio en la conciencia y en el coraz&oacute;n de ellos y los transforme a su vez en testigos coherentes, cre&iacute;bles, eficaces durante sus trabajos (cf. <i>Jn<\/i> 15, 26);<i> Abogado o Consolador<\/i>, infunda &aacute;nimo contra el pecado del mundo (cf. <i>Jn<\/i> 16, 8), y les ponga en los labios lo que habr&aacute;n de decir, sobre todo en el momento en que el testimonio costar&aacute; sufrimiento y fatiga.<\/p>\n<p align=\"left\">Os ruego, pues, amados hijos e hijas, que os un&aacute;is a m&iacute; en esta Eucarist&iacute;a, en esta invocaci&oacute;n al Esp&iacute;ritu. No es para s&iacute; mismos ni por intereses personales que los obispos, venidos de todos los ambientes del continente se encuentran aqu&iacute;; es para vosotros, Pueblo de Dios en estas tierras, y para vuestro bien. Participad pues en esta III Conferencia tambi&eacute;n de esta manera: pidiendo cada d&iacute;a para todos y cada uno de ellos la abundancia del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p align=\"left\">Se ha dicho, en forma bella y profunda, que nuestro Dios en su misterio m&aacute;s intimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en s&iacute; mismo paternidad, filiaci&oacute;n y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Esp&iacute;ritu Santo. El tema de la familia no es pues ajeno al tema del Esp&iacute;ritu Santo. Permitid que sobre este tema de la familia \u2013que ciertamente ocupar&aacute; a los obispos durante estos d&iacute;as\u2013 os dirija el Papa algunas palabras.<\/p>\n<p align=\"left\">Sab&eacute;is que con t&eacute;rminos densos y apremiantes la Conferencia de Medell&iacute;n habl&oacute; de la familia. Los obispos, en aquel a&ntilde;o de 1968, vieron, en vuestro gran sentido de la familia, un rasgo primordial de vuestra cultura latinoamericana. Hicieron ver que, para el bien de vuestros pa&iacute;ses, las familias latinoamericanas deber&iacute;an tener siempre tres dimensiones: ser educadoras en la fe, formadoras de personas, promotoras de desarrollo. Subrayaron tambi&eacute;n los graves obst&aacute;culos que las familias encuentran para cumplir con este triple cometido. Recomendaron \u201cpor eso\u201d la atenci&oacute;n pastora! a las familias, como una de las atenciones prioritarias de la Iglesia en el continente.<\/p>\n<p align=\"left\">Pasados diez a&ntilde;os, la Iglesia en Am&eacute;rica Latina se siente feliz por todo lo que ha podido hacer en favor de la familia. Pero reconoce con humildad cu&aacute;nto le falta por hacer, mientras percibe que la pastoral familiar, lejos de haber perdido su car&aacute;cter prioritario, aparece hoy todav&iacute;a m&aacute;s urgente, como elemento muy importante en la evangelizaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia es consciente, en efecto, de que en estos tiempos la familia afronta en Am&eacute;rica Latina serios problemas. &Uacute;ltimamente algunos pa&iacute;ses han introducido el divorcio en su legislaci&oacute;n, lo cual conlleva una nueva amenaza a la integridad familiar. En la mayor&iacute;a de vuestros pa&iacute;ses se lamenta que un n&uacute;mero alarmante de ni&ntilde;os, porvenir de esas naciones y esperanzas para el futuro, nazcan en hogares sin ninguna estabilidad o, como se les suele llamar, en \u201cfamilias incompletas\u201d. Adem&aacute;s, en ciertos lugares del \u201cContinente de la esperanza\u201d, esta misma esperanza corre el riesgo de desvanecerse, pues ella crece en el seno de las familias muchas de las cuales no pueden vivir normalmente, porque repercuten particularmente en ellas los resultados m&aacute;s negativos del desarrollo: &iacute;ndices verdaderamente deprimentes de insalubridad, pobreza y a&uacute;n miseria, ignorancia y analfabetismo, condiciones inhumanas de vivienda, subalimentaci&oacute;n cr&oacute;nica y tantas otras realidades no menos tristes.<\/p>\n<p align=\"left\">En defensa de la familia, contra estos males, la Iglesia se compromete a dar su ayuda e invita a los Gobiernos para que pongan como punto clave de su acci&oacute;n: una pol&iacute;tica sociofamiliar inteligente, audaz, perseverante, reconociendo que ah&iacute; se encuentra sin duda el porvenir \u2013la esperanza\u2013 del continente. Habr&iacute;a que a&ntilde;adir que tal pol&iacute;tica familiar no debe entenderse como un esfuerzo indiscriminado para reducir a cualquier precio el &iacute;ndice de natalidad \u2013lo que, mi predecesor Pablo VI llamaba \u201cdisminuir el n&uacute;mero de los invitados al banquete de la vida\u201d\u2013 cuando es notorio que aun para el desarrollo un equilibrado &iacute;ndice de poblaci&oacute;n es indispensable. Se trata de combinar esfuerzos para crear condiciones favorables a la existencia de familias sanas y equilibradas: \u201caumentar la comida en la mesa\u201d, siempre en expresi&oacute;n de Pablo VI.<\/p>\n<p align=\"left\">Adem&aacute;s de la defensa de la familia, debemos hablar tambi&eacute;n de promoci&oacute;n de la familia. A tal promoci&oacute;n han de contribuir muchos organismos: gobiernos y organismos gubernamentales, la escuela, los sindicatos, los medios de comunicaci&oacute;n social, las agrupaciones de barrios, las diferentes asociaciones voluntarias o espont&aacute;neas que florecen hoy d&iacute;a en todas partes.<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia debe ofrecer tambi&eacute;n su contribuci&oacute;n en la l&iacute;nea de su misi&oacute;n espiritual de anuncio del Evangelio y conducci&oacute;n de los hombres a la salvaci&oacute;n, que tiene tambi&eacute;n una enorme repercusi&oacute;n sobre el bienestar de la familia. &iquest;Y qu&eacute; puede hacer la Iglesia uniendo sus esfuerzos a los de los otros? Estoy seguro de que vuestros obispos se esforzar&aacute;n por dar a esta cuesti&oacute;n respuestas adecuadas, justas, valederas. Os indico cu&aacute;nto valor tiene para la familia lo que la Iglesia hace ya en Am&eacute;rica Latina, por ejemplo, para preparar los futuros esposos al matrimonio, para ayudar a las familias cuando atraviesan en su existencia crisis normales que, bien encaminadas, pueden ser hasta fecundas y enriquecedoras, para hacer de cada familia cristiana una verdadera <i>ecclesia domestica<\/i>, con todo el rico contenido de esta expresi&oacute;n, para preparar muchas familias a la misi&oacute;n de evangelizadora de otras familias para poner de relieve todos los valores de la vida familiar, para venir en ayuda a las familias incompletas, para estimular los gobernantes a suscitar en sus pa&iacute;ses esa pol&iacute;tica socio-familiar de la que habl&aacute;bamos hace un momento. La Conferencia de Puebla ciertamente apoyar&aacute; estas iniciativas y quiz&aacute;s sugerir&aacute; otras. Al&eacute;granos pensar que la historia de Latinoam&eacute;rica tendr&aacute; as&iacute; motivos para agradecer a la Iglesia lo mucho que ha hecho, hace y har&aacute; por la familia en este vasto continente.<\/p>\n<p align=\"left\">Hijos e hijas muy amados: el Sucesor de Pedro se siente ahora, desde este altar, singularmente cercano a todas las familias de Am&eacute;rica Latina. Es como si, cada hogar se abriera y el Papa pudiese penetrar en cada uno de ellos; casas donde no falta el pan ni el bienestar pero falta quiz&aacute;s concordia y alegr&iacute;a; casas donde las familias viven m&aacute;s bien modestamente y en la inseguridad del ma&ntilde;ana, ayud&aacute;ndose mutuamente a llevar una existencia dif&iacute;cil pero digna; pobres habitaciones en las periferias de vuestras ciudades, donde hay mucho sufrimiento escondido aunque en medio de ellas existe la sencilla alegr&iacute;a de los pobres; humildes chozas de campesinos, de ind&iacute;genas, de emigrantes, etc. Para cada familia en particular el Papa quisiera poder decir una palabra de aliento y de esperanza. Vosotras, familias que pod&eacute;is disfrutar del bienestar, no os cerr&eacute;is dentro de vuestra felicidad; abr&iacute;os a los otros para repartir lo que os sobra y a otros les falta. Familias oprimidas por la pobreza, no os desanim&eacute;is y, sin tener el lujo por ideal, ni la riqueza como principio de felicidad, buscad con la ayuda de todos superar los pesos dif&iacute;ciles en la espera de d&iacute;as mejores. Familias visitadas y angustiadas por el dolor f&iacute;sico o moral, probadas por la enfermedad o la miseria, no acrecent&eacute;is a tales sufrimientos la amargura o la desesperaci&oacute;n, sino sabed amortiguar el dolor con la esperanza. Familias todas de Am&eacute;rica Latina, estad seguras de que el Papa os conoce y quiere conoceros a&uacute;n m&aacute;s porque os ama con delicadezas de Padre.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es, en el cuadro de la visita del Papa a M&eacute;xico, la Jornada de la Familia. Acoged pues, familias latinoamericanas, con vuestra presencia aqu&iacute;, alrededor del altar, a trav&eacute;s de la radio o la televisi&oacute;n, acoged la visita que el Papa quiere hacer a cada una. Y dadle al Papa la alegr&iacute;a de veros crecer en los valores cristianos que son los vuestros, para que Am&eacute;rica Latina encuentre en sus millones de familias razones para confiar, para esperar, para luchar, para construir.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" face=\"Times New Roman\" size=\"3\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE A LA REP&Uacute;BLICA DOMINICANA, M&Eacute;XICO Y BAHAMAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA EN PUEBLA DE LOS &Aacute;NGELES Puebla de Los &Aacute;ngelesDomingo 28 de enero de 1979 &nbsp; Amad&iacute;simos hijos e hijas: Puebla de los &Aacute;ngeles: el nombre sonoro y expresivo de vuestra ciudad se encuentra hoy d&iacute;a en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-enero-de-1979-puebla-de-los-angeles\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de enero de 1979, Puebla de Los \u00c1ngeles\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39540","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39540","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39540"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39540\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39540"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39540"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39540"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}