{"id":39541,"date":"2016-10-05T22:54:12","date_gmt":"2016-10-06T03:54:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/oracion-a-maria-reina-de-la-paz-en-la-basilica-de-guadalupe-27-de-enero-de-1979\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:12","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:12","slug":"oracion-a-maria-reina-de-la-paz-en-la-basilica-de-guadalupe-27-de-enero-de-1979","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/oracion-a-maria-reina-de-la-paz-en-la-basilica-de-guadalupe-27-de-enero-de-1979\/","title":{"rendered":"Oraci\u00f3n a Mar\u00eda, Reina de la paz en la Bas\u00edlica de Guadalupe (27 de enero de 1979)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font size=\"3\"><b><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_rep-dom-mexico-bahamas.html\">VIAJE A LA REP&Uacute;BLICA DOMINICANA,<br \/> M&Eacute;XICO Y BAHAMAS<\/a><\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"3\"><font color=\"#663300\">INAUGURACI&Oacute;N DE LA III CONFERENCIA <br \/> DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II&nbsp;<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <font size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"3\" color=\"#663300\"><i>Santuario de la Virgen de Guadalupe<\/i><\/font><\/p>\n<p><\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font size=\"3\"><font size=\"3\" color=\"#663300\"><i><br \/> S&aacute;bado 27 de enero de 1979<\/i><\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p> <font size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&iexcl;Salve, Mar&iacute;a!&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Cu&aacute;n profundo es mi gozo, queridos hermanos en el Episcopado y amad&iacute;simos hijos, porque los primeros pasos de mi peregrinaje, como Sucesor de Pablo VI y de Juan Pablo I, me traen precisamente aqu&iacute;. Me traen a Ti, Mar&iacute;a, en este Santuario del pueblo de M&eacute;xico y de toda Am&eacute;rica Latina, en el que desde hace tantos siglos se ha manifestado tu maternidad.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Salve, Mar&iacute;a!&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Pronuncio con inmenso amor y reverencia estas palabras, tan sencillas y a la vez tan maravillosas. Nadie podr&aacute; saludarte nunca de un modo m&aacute;s estupendo que como lo hizo un d&iacute;a el Arc&aacute;ngel en el momento de la Anunciaci&oacute;n. <i>Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum<\/i>. Repito estas palabras que tantos corazones guardar y tantos labios pronuncian en todo el mundo. Nosotros aqu&iacute; presentes les repetimos juntos, conscientes de que &eacute;stas son les palabras con les que Dios mismo, a trav&eacute;s de su mensajero, ha saludado a Ti, la Mujer prometida en el Ed&eacute;n, y desde la eternidad elegida como Madre del Verbo, Madre de la divina Sabidur&iacute;a, Madre del Hijo de Dios.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Salve, Madre de Dios!&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">2. Tu Hijo Jesucristo es nuestro Redentor y Se&ntilde;or. Es nuestro Maestro. Todos nosotros aqu&iacute; reunidos somos sus disc&iacute;pulos. Somos los sucesores de los Ap&oacute;stoles, de aquellos a quienes el Se&ntilde;or dijo: \u201cId, pues, ense&ntilde;ad a todas les gentes, bautiz&aacute;ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, ense&ntilde;&aacute;ndoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estar&eacute; con vosotros hasta la consumaci&oacute;n del mundo\u201d (<i>Mt<\/i> 28, 19-20).&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Congregados aqu&iacute; el Sucesor de Pedro y los sucesores de los Ap&oacute;stoles, nos damos cuenta de c&oacute;mo esas palabras se han cumplido, de manera admirable, en esta tierra.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">En efecto, desde que en 1492 comienza la gesta evangelizadora en el Nuevo Mundo, apenas una veintena de a&ntilde;os despu&eacute;s llega la fe a M&eacute;xico. Poco m&aacute;s tarde se crea la primera sede arzobispal regida por Juan de Zum&aacute;rraga, a quien secundar&aacute;n otras grandes figuras de evangelizadores, que extender&aacute;n el cristianismo en muy amplias zonas.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Otras epopeyas religiosas no menos gloriosas escribir&aacute;n en el hemisferio sus hombres como Santo Toribio de Mogrovejo y otros muchos que merecer&iacute;an ser citados en larga lista. Los caminos de la fe van alarg&aacute;ndose sin cesar, y a finales del primer siglo de evangelizaci&oacute;n les sedes episcopales en el nuevo Continente son m&aacute;s de 70 con unos cuatro millones de cristianos. Una empresa singular que continuar&aacute; por largo tiempo, hasta abarcar hoy en d&iacute;a, tras cinco siglos de evangelizaci&oacute;n, casi la mitad de la entera Iglesia cat&oacute;lica, arraigada en la cultura del pueblo latino-americano y formando parte de su identidad propia.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Y a medida que sobre estas tierras se realizaba el mandato de Cristo, a medida que con la gracia del bautismo se multiplicaban por doquier los hijos de la adopci&oacute;n divina, aparece tambi&eacute;n la Madre. En efecto, a Ti, Mar&iacute;a, el Hijo de Dios y a la vez Hijo Tuyo, desde lo alto de la cruz indic&oacute; a un hombre y dijo \u201cHe ah&iacute; a tu hijo\u201d (<i>Jn<\/i> 19, 26), y en aquel hombre te ha confiado a cada hombre, te ha confiado a todos. Y T&uacute; que en el momento de la Anunciaci&oacute;n, en estas sencillas palabras: \u201cHe aqu&iacute; la sierva del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 38), has concentrado todo el programa de tu vida, abrazas a todos, te acercas a todos, buscas maternalmente a todos. De esta manera se cumple lo que el &uacute;ltimo Concilio ha declarado acerca de tu presencia en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Perseveras de manera admirable en el misterio de Cristo, tu Hijo unig&eacute;nito, porque est&aacute;s siempre dondequiera est&aacute;n los hombres sus hermanos, dondequiera est&aacute; la Iglesia.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">2a. De hecho los primeros misioneros llegados a Am&eacute;rica, provenientes de tierras de eminente tradici&oacute;n mariana, junto con los rudimentos de la fe cristiana van ense&ntilde;ando el amor a Ti, Madre de Jes&uacute;s y de todos los hombres. Y desde que el indio Juan Diego hablara de la dulce Se&ntilde;ora del Tepeyac, T&uacute;, Madre de Guadalupe, entras de modo determinante en la vida cristiana del pueblo de M&eacute;xico. No menor ha sido tu presencia en otras partes, donde tus hijos te invocan con tiernos nombres, como Nuestra Se&ntilde;ora de la Altagracia, de la Aparecida, de Luj&aacute;n y tantos otros no menos entra&ntilde;ables, para no hacer una lista interminable, con los que en cada naci&oacute;n y aun en cada zona los pueblos latinoamericanos te expresan su devoci&oacute;n m&aacute;s profunda y T&uacute; les proteges en su peregrinar de fe.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">El Papa \u2013que proviene de un pa&iacute;s en el que tus im&aacute;genes, especialmente una: la de Jasna G&oacute;ra, son tambi&eacute;n signo de tu presencia en la vida de la naci&oacute;n, en su azarosa historia\u2013 es particularmente sensible a este signo de tu presencia aqu&iacute;, en la vida del Pueblo de Dios en M&eacute;xico, en su historia, tambi&eacute;n ella no f&aacute;cil y a veces hasta dram&aacute;tica. Pero est&aacute;s igualmente presente en la vida de tantos otros pueblos y naciones de Am&eacute;rica Latina, presidiendo y guiando no s&oacute;lo su pasado remoto o reciente, sino tambi&eacute;n el momento actual, con sus incertidumbres y sombras. Este Papa percibe en lo hondo de su coraz&oacute;n los v&iacute;nculos particulares que te unen a Ti con este pueblo y a este pueblo contigo. Este pueblo, que afectuosamente te llama \u201c la Morenita \u201d. Este pueblo \u2013e indirectamente todo este inmenso continente\u2013 vive su unidad espiritual gracias al hecho de que T&uacute; eres la Madre. Una Madre que, con su amor, crea, conserva, acrecienta espacios de cercan&iacute;a entre sus hijos.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Salve, Madre de M&eacute;xico!&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Madre de Am&eacute;rica Latina!&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">3. Nos encontramos aqu&iacute; en esta hora ins&oacute;lita y estupenda de la historia del mundo. Llegamos a este lugar, conscientes de hallarnos en un momento crucial. Con esta reuni&oacute;n de obispos deseamos entroncar con la precedente Conferencia del Episcopado Latinoamericano que tuvo lugar hace diez a&ntilde;os en Medell&iacute;n, en coincidencia con el Congreso Eucar&iacute;stico de Bogot&aacute;, y en la que <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/travels\/sub-index\/index_bogota_sp.htm\">particip&oacute; el Papa Pablo VI<\/a>, de imborrable memoria. Hemos venido aqu&iacute; no tanto para volver a examinar, al cabo de 10 a&ntilde;os, el mismo problema, cuanto para revisarlo en modo nuevo, en lugar nuevo y en nuevo momento hist&oacute;rico.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Queremos tomar como punto de partida lo que se contiene en los documentos y resoluciones de aquella Conferencia. Y queremos a la vez, sobre la base de les experiencias de estos 10 a&ntilde;os, del desarrollo del pensamiento y a luz de les experiencias de toda la Iglesia, dar un justo y necesario paso adelante.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">La Conferencia de Medell&iacute;n tuvo lugar poco despu&eacute;s de la clausura del Vaticano II, el Concilio de nuestro siglo, y ha tenido por objetivo recoger los planteamientos y contenidos esenciales del Concilio, para aplicarlos y hacerlos fuerza orientadora en la situaci&oacute;n concreta de la Iglesia Latinoamericana.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Sin el Concilio no hubiera sido posible la reuni&oacute;n de Medell&iacute;n, que quiso ser un impulso de renovaci&oacute;n pastoral, un nuevo \u201c esp&iacute;ritu \u201d de cara al futuro, en plena fidelidad eclesial en la interpretaci&oacute;n de los signos de los tiempos en Am&eacute;rica Latina. La intencionalidad evangelizadora era bien clara y queda patente en los 16 temas afrontados, reunidos en torno a tres grandes &aacute;reas, mutuamente complementarias: promoci&oacute;n humana, evangelizaci&oacute;n y crecimiento en la fe, Iglesia visible y sus estructuras.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Con su opci&oacute;n por el hombre latinoamericano visto en su integridad, con su amor preferencial pero no exclusivo por los pobres, con su aliento a una liberaci&oacute;n integral de los hombres y de los pueblos, Medell&iacute;n, la Iglesia all&iacute; presente, fue una llamada de esperanza hacia metas m&aacute;s cristianas y m&aacute;s humanas.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Pero han pasado 10 a&ntilde;os. Y se han hecho interpretaciones, a veces contradictorias, no siempre correctas, no siempre beneficiosas para la Iglesia. Por ello, la Iglesia busca los caminos que le permitan comprender m&aacute;s profundamente y cumplir con mayor empe&ntilde;o la misi&oacute;n recibida de Cristo Jes&uacute;s.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Grande importancia han tenido a tal respecto les sesiones del S&iacute;nodo de los Obispos que se han celebrado en estos a&ntilde;os, y sobre todo la del a&ntilde;o 1974, centrada sobre la Evangelizaci&oacute;n, cuyas conclusiones ha recogido despu&eacute;s, de modo vivo y alentador, la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a> <\/i> de Pablo VI.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Este es el tema que colocamos hoy sobre nuestra mesa de trabajo, al proponernos estudiar \u201cLa Evangelizaci&oacute;n en el presente y en el futuro de Am&eacute;rica Latina\u201d.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Encontr&aacute;ndonos en este lugar santo para iniciar nuestros trabajos, se nos presenta ante los ojos el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, lugar de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. Al mismo Cen&aacute;culo volvieron los Ap&oacute;stoles despu&eacute;s de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or, para que, permaneciendo en oraci&oacute;n con Mar&iacute;a, la Madre de Cristo, pudieran preparar sus corazones para recibir al Esp&iacute;ritu Santo, en el momento del nacimiento de la Iglesia.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n nosotros venimos aqu&iacute; para ello, tambi&eacute;n nosotros esperamos el descenso del Esp&iacute;ritu Santo, que nos har&aacute; ver los caminos de la evangelizaci&oacute;n, a trav&eacute;s de los cuales la Iglesia debe continuar y renacer en nuestro gran continente. Tambi&eacute;n nosotros hoy, y en los pr&oacute;ximos d&iacute;as, deseamos perseverar en la oraci&oacute;n con Mar&iacute;a, Madre de Nuestro Se&ntilde;or y Maestro: contigo, Madre de la esperanza, Madre de Guadalupe.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">4. Permite pues que yo, Juan Pablo II, Obispo de Roma y Papa, junto con mis hermanos en el Episcopado que representan a la Iglesia de M&eacute;xico y de toda la Am&eacute;rica Latina, en este solemne momento, confiemos y ofrezcamos a Ti, sierva del Se&ntilde;or, todo el patrimonio del Evangelio, de la Cruz, de la Resurrecci&oacute;n, de los que todos nosotros somos testigos, ap&oacute;stoles, maestros y obispos.&nbsp;<\/p>\n<p> <\/font> <\/font> <\/font><br \/>\n<font face=\"Times New Roman\" size=\"5\"> <\/p>\n<p align=\"left\"><b><i><font color=\"#663300\">&iexcl;<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<a name=\"Oh_Madre\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"5\"><b><i><font color=\"#663300\">O<\/font><\/i><\/b><\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">h Madre<\/font><\/a><br \/>\n<font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">! Ay&uacute;danos a ser fieles dispensadores de los grandes misterios de Dios. Ay&uacute;danos a ense&ntilde;ar la verdad que tu Hijo ha anunciado y a extender el amor, que es el principal mandamiento y el primer fruto del Esp&iacute;ritu Santo. Ay&uacute;danos a confirmar a nuestros hermanos en la fe, ay&uacute;danos a despertar la esperanza en la vida eterna. Ay&uacute;danos a guardar los grandes tesoros encerrados en las almas del Pueblo de Dios que nos ha sido encomendado.&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">Te ofrecemos todo este Pueblo de Dios. Te ofrecemos la Iglesia de M&eacute;xico y de todo el Continente. Te la ofrecemos como propiedad Tuya. T&uacute; que has entrado tan adentro en los corazones de los fieles a trav&eacute;s de la se&ntilde;al de Tu presencia, que es Tu imagen en el Santuario de Guadalupe, vive como en Tu casa en estos corazones, tambi&eacute;n en el futuro. S&eacute; uno de casa en nuestras familias, en nuestras parroquias, misiones, di&oacute;cesis y en todos los pueblos.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Y hazlo por medio de la Iglesia Santa, la cual, imit&aacute;ndote a Ti, Madre, desea ser a su vez una buena madre, cuidar a las almas en todas sus necesidades, enunciando el Evangelio, administrando los sacramentos, salvaguardando la vida de las familias mediante el sacramento del matrimonio, reuniendo a todos en la comunidad eucar&iacute;stica por medio del santo sacramento del altar, acompa&ntilde;&aacute;ndolos amorosamente desde la cuna hasta la entrada en la eternidad.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Oh Madre! Despierta en las j&oacute;venes generaciones la disponibilidad al exclusivo servicio a Dios. Implora para nosotros abundantes vocaciones locales al sacerdocio y a la vida consagrada.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Oh Madre! Corrobora la fe de todos nuestros hermanos y hermanas laicos, para que en cada campo de la vida social, profesional, cultura! y pol&iacute;tica, act&uacute;en de acuerdo con la verdad y la ley que tu Hijo ha tra&iacute;do a la humanidad, para conducir a todos a la salvaci&oacute;n eterna y, al mismo tiempo, para hacer la vida sobre la tierra m&aacute;s humana, m&aacute;s digna del hombre.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia que desarrolla su labor entre las naciones americanas, la Iglesia en M&eacute;xico, quiere servir con todas sus fuerzas esta causa sublime con un renovado esp&iacute;ritu misionero. &iexcl;Oh Madre! haz que sepamos servirla en la verdad y en la justicia. Haz que nosotros mismos sigamos este camino y conduzcamos a los dem&aacute;s, sin desviarnos jam&aacute;s por senderos tortuosos, arrastrando a los otros.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Te ofrecemos y confiamos todos aquellos y todo aquello que es objeto de nuestra responsabilidad pastoral, confiando que T&uacute; estar&aacute;s con nosotros, y nos ayudar&aacute;s a realizar lo que tu Hijo nos ha mandado (cf. <i>Jn<\/i> 2,5). Te traemos esta confianza ilimitada y con ella, yo, Juan Pablo II, con todos mis hermanos en el Episcopado de M&eacute;xico y de Am&eacute;rica Latina, queremos vincularte de modo todav&iacute;a m&aacute;s fuerte a nuestro ministerio, a la Iglesia y a la vida de nuestras naciones. Deseamos poner en tus manos nuestro entero porvenir, el porvenir de la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Reina de los Ap&oacute;stoles! Acepta nuestra prontitud a servir sin reserva la causa de tu Hijo, la causa del Evangelio y la causa de la paz, basada sobre la justicia y el amor entre los hombres y entre los pueblos.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Reina de la Paz! Salva a las naciones y a los pueblos de todo el continente, que tanto conf&iacute;an en Ti, de las guerras, del odio y de la subversi&oacute;n.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Haz que todos, gobernantes y s&uacute;bditos, aprendan a vivir en paz, se eduquen para la paz, hagan cuanto exige la justicia y el respeto de los derechos de todo hombre, para que se consolide la paz.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Acepta esta nuestra confiada entrega, oh sierva del Se&ntilde;or. Que tu materna! presencia en el misterio de Cristo y de la Iglesia se convierta en fuente de alegr&iacute;a y de libertad para cada uno y para todos; fuente de aquella libertad por medio de la cual \u201cCristo nos ha liberado\u201d (<i>Ga<\/i> 5, 1), y finalmente fuente de aquella paz que el mundo no puede dar, sino que s&oacute;lo la da El, Cristo (cf. <i>Jn<\/i> 14, 27).<\/p>\n<p align=\"left\">Finalmente, oh Madre, recordando y confirmando el gesto de mis Predecesores Benedicto XIV y P&iacute;o X, quienes te proclamaron Patrona de M&eacute;xico y de toda la Am&eacute;rica Latina, te presento una diadema en nombre de todos tus hijos mexicanos y latinoamericanos, para que los conserves bajo tu protecci&oacute;n, guardes su concordia en la fe y su fidelidad a Cristo, tu Hijo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/font> <\/font> <\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> &nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE A LA REP&Uacute;BLICA DOMINICANA, M&Eacute;XICO Y BAHAMAS INAUGURACI&Oacute;N DE LA III CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II&nbsp; Santuario de la Virgen de Guadalupe S&aacute;bado 27 de enero de 1979 &nbsp; 1.&nbsp;&iexcl;Salve, Mar&iacute;a!&nbsp; Cu&aacute;n profundo es mi gozo, queridos hermanos en el Episcopado y amad&iacute;simos hijos, porque los primeros pasos de mi &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/oracion-a-maria-reina-de-la-paz-en-la-basilica-de-guadalupe-27-de-enero-de-1979\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abOraci\u00f3n a Mar\u00eda, Reina de la paz en la Bas\u00edlica de Guadalupe (27 de enero de 1979)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39541","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39541","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39541"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39541\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39541"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39541"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39541"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}