{"id":39542,"date":"2016-10-05T22:54:13","date_gmt":"2016-10-06T03:54:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-enero-de-1979-catedral-de-ciudad-de-mexico\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:13","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:13","slug":"26-de-enero-de-1979-catedral-de-ciudad-de-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-enero-de-1979-catedral-de-ciudad-de-mexico\/","title":{"rendered":"26 de enero de 1979, Catedral de Ciudad de M\u00e9xico"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_rep-dom-mexico-bahamas.html\">VIAJE A LA REP&Uacute;BLICA DOMINICANA,<br \/> M&Eacute;XICO Y BAHAMAS<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"3\" color=\"#663300\"><i>Ciudad de M&eacute;xico, Catedral<br \/>Viernes 26 de enero de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos en el Episcopado y amad&iacute;simos hijos:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Hace apenas unas horas que pis&eacute; por vez primera, con honda conmoci&oacute;n, esta bendita tierra. Y ahora tengo la dicha de este encuentro con vosotros, con la Iglesia y el pueblo mexicanos, en este que quiere ser el <i>d&iacute;a de M&eacute;xico<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Es un encuentro que se inici&oacute; con mi llegada a esta hermosa ciudad; se extendi&oacute; mientras atravesaba las calles y plazas, se ha intensificado al ingresar en esta Catedral. Pero es aqu&iacute;, en la celebraci&oacute;n del Sacrificio eucar&iacute;stico, donde halla su culminaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Pongamos este encuentro bajo la protecci&oacute;n de la Madre de Dios, la Virgen de Guadalupe, a la que el pueblo mexicano ama con la m&aacute;s arraigada devoci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">A vosotros, obispos de esta Iglesia; a vosotros, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, miembros de los institutos seculares, laicos de los movimientos cat&oacute;licos y de apostolado; a vosotros ni&ntilde;os, j&oacute;venes, adultos, ancianos; a vosotros todos, mexicanos, que ten&eacute;is un pasado espl&eacute;ndido de amor a Cristo, aun en medio de las pruebas; a vosotros que llev&aacute;is en lo hondo del coraz&oacute;n la devoci&oacute;n a la Virgen de Guadalupe, el Papa quiere hablaros hoy de algo que es, y debe ser m&aacute;s, una esencia vuestra, cristiana y mariana: la fidelidad a la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">De entre tantos t&iacute;tulos atribuidos a la Virgen, a lo largo de los siglos, por el amor filial de los cristianos, hay uno de profund&iacute;simo significado: <i>Virgo fidelis<\/i>, Virgen fiel. &iquest;Qu&eacute; significa esta fidelidad de Mar&iacute;a?&iquest;Cu&aacute;les son las dimensiones de esa fidelidad?<\/p>\n<p align=\"left\">La primera dimensi&oacute;n se llama b&uacute;squeda. Mar&iacute;a fue fiel ante todo cuando, con amor se puso a buscar el sentido profundo del designio de Dios en Ella y para el mundo. \u201c <i>Quomodo fiet?<\/i>: &iquest;C&oacute;mo suceder&aacute; esto? \u201d, preguntaba Ella al &Aacute;ngel de la Anunciaci&oacute;n. Ya en el Antiguo Testamento el sentido de esta b&uacute;squeda se traduce en una expresi&oacute;n de rara belleza y extraordinario contenido espiritual: \u201cbuscar el rostro del Se&ntilde;or\u201d. No habr&aacute; fidelidad si no hubiere en la ra&iacute;z esta ardiente, paciente y generosa b&uacute;squeda; si no se encontrara en el coraz&oacute;n del hombre una pregunta, para la cual s&oacute;lo Dios tiene respuesta, mejor dicho, para la cual s&oacute;lo Dios es la respuesta.<\/p>\n<p align=\"left\">La segunda dimensi&oacute;n de la fidelidad se llama acogida, aceptaci&oacute;n. El <i>quomodo fiet<\/i> se transforma, en los labios de Mar&iacute;a, en un <i>fiat<\/i>. Que se haga, estoy pronta, acepto: &eacute;ste es el momento crucial de la fidelidad, momento en el cual el hombre percibe que jam&aacute;s comprender&aacute; totalmente el c&oacute;mo; que hay en el designio de Dios m&aacute;s zonas de misterio que de evidencia; que, por m&aacute;s que haga, jam&aacute;s lograr&aacute; captarlo todo. Es entonces cuando el hombre acepta el misterio, le da un lugar en su coraz&oacute;n as&iacute; como \u201cMar&iacute;a conservaba todas estas cosas, medit&aacute;ndolas en su coraz&oacute;n\u201d (<i>Lc<\/i> 2, 19; cf. <i>ib<\/i>. 3, 15). Es el momento en el que el hombre se abandona al misterio, no con la resignaci&oacute;n de alguien que capitula frente a un enigma, a un absurdo, sino m&aacute;s bien con la disponibilidad de quien se abre para ser habitado por algo \u2013&iexcl;por Alguien!\u2013 m&aacute;s grande que el propio coraz&oacute;n. Esa aceptaci&oacute;n se cumple en definitiva por la fe que es la adhesi&oacute;n de todo el ser al misterio que se revela.<\/p>\n<p align=\"left\">Coherencia, es la tercera dimensi&oacute;n de la fidelidad. Vivir de acuerdo con lo que se cree. Ajustar la propia vida al objeto de la propia adhesi&oacute;n. Aceptar incomprensiones, persecuciones antes que permitir rupturas entre lo que se vive y lo que se cree: esta es la coherencia. Aqu&iacute; se encuentra, quiz&aacute;s, el n&uacute;cleo m&aacute;s intimo de la fidelidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero toda fidelidad debe pasar por la prueba m&aacute;s exigente: la de la duraci&oacute;n. Por eso la cuarta dimensi&oacute;n de la fidelidad es la constancia. Es f&aacute;cil ser coherente por un d&iacute;a o algunos d&iacute;as. Dif&iacute;cil e importante es ser coherente toda la vida. Es f&aacute;cil ser coherente en la hora de la exaltaci&oacute;n, dif&iacute;cil serlo en la hora de la tribulaci&oacute;n. Y s&oacute;lo puede llamarse fidelidad una coherencia que dura a lo largo de toda la vida. El&nbsp; <i>fiat<\/i> de Mar&iacute;a en la Anunciaci&oacute;n encuentra su plenitud en el <i>fiat<\/i> silencioso que repite al pie de la cruz. Ser fiel es no traicionar en las tinieblas lo que se acept&oacute; en p&uacute;blico.<\/p>\n<p align=\"left\">De todas las ense&ntilde;anzas que la Virgen da a sus hijos de M&eacute;xico, quiz&aacute;s la m&aacute;s bella e importante es esta lecci&oacute;n de fidelidad. Esa fidelidad que el Papa se complace en descubrir y que espera del pueblo mexicano.<\/p>\n<p align=\"left\">De mi Patria se suele decir: \u201c<i>Polonia semper fidelis<\/i>\u201d. Yo quiero poder decir tambi&eacute;n: &iexcl;<i>Mexicum<\/i> <i>semper fidele<\/i>, siempre fiel!<\/p>\n<p align=\"left\">De hecho la historia religiosa de esta naci&oacute;n es una historia de fidelidad; fidelidad a las semillas de fe sembradas por los primeros misioneros; fidelidad a una religiosidad sencilla pero arraigada, sincera hasta el sacrificio; fidelidad a la devoci&oacute;n mariana; fidelidad ejemplar al Papa. Yo no ten&iacute;a necesidad de venir hasta M&eacute;xico para conocer esta fidelidad al Vicario de Jesucristo, pues desde hace mucho lo sab&iacute;a; pero agradezco al Se&ntilde;or poder experimentarla en el fervor de vuestra acogida.<\/p>\n<p align=\"left\">En esta hora solemne querr&iacute;a invitaros a consolidar esa fidelidad, a robustecerla. Querr&iacute;a invitaros a traducirla en inteligente y fuerte fidelidad a la Iglesia hoy. &iquest;Y cu&aacute;les ser&aacute;n las dimensiones de esta fidelidad sino las mismas de la fidelidad de Mar&iacute;a?<\/p>\n<p align=\"left\">El Papa que os visita espera de vosotros un generoso y noble esfuerzo por conocer siempre mejor a la Iglesia. El Concilio Vaticano II ha querido ser por encima de todo un Concilio sobre la Iglesia. Tomad en vuestras manos los documentos conciliares, especialmente la <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, estudiadlos con amorosa atenci&oacute;n, en esp&iacute;ritu de oraci&oacute;n, para ver lo que el Esp&iacute;ritu ha querido decir sobre la Iglesia. As&iacute; podr&eacute;is daros cuenta de que no hay \u2013como algunos pretenden\u2013 una \u201cnueva Iglesia\u201d diversa u opuesta a la \u201cvieja Iglesia\u201d, sino que el Concilio ha querido revelar con m&aacute;s claridad la &uacute;nica Iglesia de Jesucristo, con aspectos nuevos, pero siempre la misma en su esencia.<\/p>\n<p align=\"left\">El Papa espera de vosotros, adem&aacute;s, una leal aceptaci&oacute;n de la Iglesia. No ser&iacute;an fieles en este sentido quienes quedasen apegados a aspectos accidentales de la Iglesia, v&aacute;lidos en el pasado, pero ya superados. Ni ser&iacute;an tampoco fieles quienes, en nombre de un profetismo poco esclarecido, se lanzaran a la aventurera y ut&oacute;pica construcci&oacute;n de una Iglesia as&iacute; llamada del futuro, desencarnada de la presente. Debemos ser fieles a la Iglesia que nacida una vez por todas del designio de Dios, de la cruz, del sepulcro abierto del Resucitado y de la gracia de Pentecost&eacute;s, nace de nuevo cada d&iacute;a, no del pueblo o de otras categor&iacute;as racionales, sino de las mismas fuentes de las cuales naci&oacute; en su origen. Ella nace hoy para construir con todas las gentes un pueblo deseoso de crecer en la fe, en la esperanza, en el amor fraterno.<\/p>\n<p align=\"left\">El Papa espera asimismo de vosotros la plena coherencia de vuestra vida con vuestra pertenencia a la Iglesia. Esa coherencia significa tener conciencia de la propia identidad de cat&oacute;licos y manifestarla, con total respeto, pero sin vacilaciones ni temores. La Iglesia tiene hoy necesidad de cristianos dispuestos a dar claro testimonio de su condici&oacute;n y que asuman su parte en la misi&oacute;n de la Iglesia en el mundo, siendo fermento de religiosidad, de justicia, de promoci&oacute;n de la dignidad del hombre, en todos los ambientes sociales, y tratando de dar al mundo un suplemento de alma, para que sea un mundo m&aacute;s humano y fraterno, desde el que se mira hacia Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">El Papa espera a la vez que vuestra coherencia no sea ef&iacute;mera, sino constante y perseverante. Pertenecer a la Iglesia, vivir en la Iglesia, ser Iglesia es hoy algo muy exigente. Tal vez no cueste la persecuci&oacute;n clara y directa, pero podr&aacute; costar el desprecio, la indiferencia, la marginaci&oacute;n. Es entonces f&aacute;cil y frecuente el peligro del miedo, del cansancio, de la inseguridad. No os dej&eacute;is vencer por estas tentaciones. No dej&eacute;is desvanecerse por alguno de estos sentimientos el vigor y la energ&iacute;a espiritual de vuestro \u201cser Iglesia\u201d, esa gracia que hay que pedir y estar prontos a recibirla con una gran pobreza interior, y que hay que comenzar a vivirla cada ma&ntilde;ana. Y cada d&iacute;a con mayor fervor e intensidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos e hijos: en esta Eucarist&iacute;a que sella un encuentro del siervo de los siervos de Dios col el alma y la conciencia del pueblo mexicano, el nuevo Papa quisiera recoger de vuestros labios, de vuestras manos y vuestras vidas un compromiso solemne para brindarlo al Se&ntilde;or. Compromiso de las almas consagradas, de los ni&ntilde;os, j&oacute;venes, adultos y ancianos, de personas cultivadas, de gente sencilla, de hombres y mujeres, de todos: el compromiso de la fidelidad a Cristo, a la Iglesia de hoy. Pongamos sobre el altar esta intenci&oacute;n y compromiso.<\/p>\n<p align=\"left\">La Virgen fiel, la Madre de Guadalupe, de quien aprendemos a conocer el Designio de Dios, su promesa y alianza, nos ayude con su intercesi&oacute;n a firmar este compromiso y a cumplirlo hasta el final de nuestra vida, hasta el d&iacute;a en que la voz del Se&ntilde;or nos diga: \u201cVen, siervo bueno y fiel; entra en el gozo de tu Se&ntilde;or\u201d (<i>Mt<\/i> 25, 21-23), As&iacute; sea.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE A LA REP&Uacute;BLICA DOMINICANA, M&Eacute;XICO Y BAHAMAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Ciudad de M&eacute;xico, CatedralViernes 26 de enero de 1979 &nbsp; Queridos hermanos en el Episcopado y amad&iacute;simos hijos: Hace apenas unas horas que pis&eacute; por vez primera, con honda conmoci&oacute;n, esta bendita tierra. 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