{"id":39543,"date":"2016-10-05T22:54:15","date_gmt":"2016-10-06T03:54:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-enero-de-1979-catedral-de-santo-domingo\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:15","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:15","slug":"26-de-enero-de-1979-catedral-de-santo-domingo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-enero-de-1979-catedral-de-santo-domingo\/","title":{"rendered":"26 de enero de 1979, Catedral de Santo Domingo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_rep-dom-mexico-bahamas.html\">VIAJE A LA REP&Uacute;BLICA DOMINICANA,<br \/> M&Eacute;XICO Y BAHAMAS<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font face=\"Times New Roman\" size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II&nbsp;<br \/> DURANTE LA MISA PARA EL CLERO, RELIGIOSOS Y SEMINARISTAS<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"><i>Santo Domingo, Catedral<br \/>Viernes 26 de enero de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Bendito sea el Se&ntilde;or que me ha tra&iacute;do aqu&iacute;, a este suelo de la Rep&uacute;blica Dominicana, donde venturosamente, para gloria y alabanza de Dios en este Nuevo Continente, amaneci&oacute; tambi&eacute;n al d&iacute;a de la salvaci&oacute;n. Y he querido venir a esta Catedral de Santo Domingo para estar entre vosotros, amad&iacute;simos sacerdotes, di&aacute;conos, religiosos, religiosas y seminaristas, para manifestaros mi especial afecto a vosotros en los que el Papa y la Iglesia depositan sus mejores esperanzas, para que os sint&aacute;is m&aacute;s alegres en la fe, de modo que vuestro orgullo de ser lo que sois rebose por causa m&iacute;a (cf <i>Flp<\/i> 1, 25).<\/p>\n<p align=\"left\">Pero sobre todo quiero unirme a vosotros en la acci&oacute;n de gracias a Dios. Gracias por el crecimiento y celo de esta Iglesia, que tiene en su haber tantas y tan bellas iniciativas y que muestra tanta entrega en el servicio de Dios y de los hombres. Doy gracias con inmensa alegr&iacute;a \u2013para decirlo con palabras del Ap&oacute;stol\u2013 \u201cpor la parte que hab&eacute;is tomado en anunciar la buena nueva desde el primer d&iacute;a hasta hoy; seguro adem&aacute;s de una cosa: de que aqu&eacute;l que dio principio a la buena empresa, le ir&aacute; dando remate hasta el d&iacute;a del Mes&iacute;as, Jes&uacute;s\u201d (<i>Flp<\/i> 1, 33).<\/p>\n<p align=\"left\">Me gustar&iacute;a de verdad disponer de mucho tiempo para estar con vosotros, aprender vuestros nombres y escuchar de vuestros labios \u201clo que rebosa del coraz&oacute;n\u201d (<i>Mt<\/i> 12, 34), lo que de maravilloso hab&eacute;is experimentado en vuestro interior \u2013 \u201c<i>fecit mihi magna qui potens est<\/i>\u201d&#8230; (<i>Lc<\/i> 1, 49)\u2013, habiendo sido fieles el encuentro con el Se&ntilde;or. Un encuentro de preferencia por su parte.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Es esto precisamente: el encuentro pascual con el Se&ntilde;or, lo que deseo proponer a vuestra reflexi&oacute;n para reavivar m&aacute;s vuestra fe y entusiasmo en esta Eucarist&iacute;a; un encuentro personal, vivo, de ojos abiertos y coraz&oacute;n palpitante, con Cristo resucitado (cf.&nbsp; <i>Lc<\/i> 24, 30), el objetivo de vuestro amor y de toda vuestra vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Sucede a veces que nuestra sinton&iacute;a de fe con Jes&uacute;s permanece d&eacute;bil o se hace tenue \u2013cosa que el pueblo fiel nota en seguida, contagi&aacute;ndose por ello de tristeza\u2013 porque lo llevamos dentro, s&iacute;, pero confundido a la vez con nuestras propensiones y razonamientos humanos (cf <i>ib<\/i>., 15) sin hacer brillar toda la grandiosa luz que El encierra para nosotros. En alguna ocasi&oacute;n hablamos quiz&aacute; de El amparados en alguna premisa cambiante o en datos de sabor sociol&oacute;gico, pol&iacute;tico, psicol&oacute;gico, ling&uuml;&iacute;stico, en vez de hacer derivar los criterios b&aacute;sicos de nuestra vida y actividad de un Evangelio vivido con integridad, con gozo, con la confianza y esperanza inmensas que encierra la cruz de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Una cosa es clara, amad&iacute;simos hermanos: la fe en Cristo resucitado no es resultado de un saber t&eacute;cnico o fruto de un bagaje cient&iacute;fico (cf. <i>1Co<\/i> 1, 26). Lo que se nos pide es que anunciemos la muerte de Jes&uacute;s y proclamemos su resurrecci&oacute;n (S. Liturgia). Jes&uacute;s vive. \u201cDios lo resucit&oacute; rompiendo las ataduras de la muerte\u201d (<i>Act<\/i> 2, 24). Lo que fue un tr&eacute;mulo murmullo entre los primeros testigos, se convirti&oacute; pronto en gozosa experiencia de la realidad de aqu&eacute;l \u201ccon el que hemos comido y bebido&#8230; despu&eacute;s que resucit&oacute; de la muerte\u201d (<i>Act<\/i> 10, 41-42). S&iacute;, Cristo vive en la Iglesia, est&aacute; en nosotros, portadores de esperanza e inmortalidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Si hab&eacute;is encontrado pues a Cristo, &iexcl;vivid a Cristo, vivid con Cristo! Y anunciadlo en primera persona, como aut&eacute;nticos testigos: \u201cpara m&iacute; la vida es Cristo\u201d (<i>Flp<\/i> 1, 21). He ah&iacute; tambi&eacute;n la verdadera liberaci&oacute;n: proclamar a Jes&uacute;s libre de ataduras, presente en unos hombres transformados, hechos nueva creatura. &iquest;Por qu&eacute; nuestro testimonio resulta a veces vano? Porque presentamos a un Jes&uacute;s sin toda la fuerza seductora que su Persona ofrece; sin hacer patentes las riquezas del ideal sublime que su seguimiento comporta; porque no siempre llegamos a mostrar una convicci&oacute;n hecha vida acerca del valor estupendo de nuestra entrega a la gran causa eclesial que servimos.<\/p>\n<p align=\"left\">Hermanos y hermanas: Es preciso que los hombres vean en nosotros a los dispensadores de los misterios de Dios (cf. <i>1Co<\/i> 4, 1), testigos cre&iacute;bles de su presencia en el mundo. Pensemos frecuentemente que Dios no nos pide, al llamarnos, parte de nuestra persona, sino toda nuestra persona y energ&iacute;as vitales, para anunciar a los hombres la alegr&iacute;a y la paz de la nueva vida en Cristo y guiarlos a su encuentro. Para ello sea nuestro af&aacute;n primero buscar al Se&ntilde;or, y una vez encontrado, comprobar d&oacute;nde y c&oacute;mo vive, qued&aacute;ndonos con El todo el d&iacute;a (cf. <i> Jn<\/i> 1, 39). Qued&aacute;ndonos con El de manera especial en la Eucarist&iacute;a, donde Cristo se nos da, y en la oraci&oacute;n, mediante la cual nos damos a El.<\/p>\n<p align=\"left\">La Eucarist&iacute;a ha de complementarse y prolongarse a trav&eacute;s de la oraci&oacute;n en nuestro quehacer cotidiano como un \u201csacrificio de alabanza\u201d (Misal Romano, Plegaria Eucar&iacute;stica, I). En la oraci&oacute;n, en el trato confiado con Dios nuestra Padre, discernimos mejor d&oacute;nde est&aacute; nuestra fuerza y d&oacute;nde est&aacute; nuestra debilidad, porque el Esp&iacute;ritu viene en nuestra ayuda (cf <i>Rm<\/i> 8, 26). El mismo Esp&iacute;ritu nos habla y nos va sumergiendo poco a poco en los misterios divinos, en los designios de amor a los hombres que Dios realiza mediante nuestra ofrenda a su servicio.<\/p>\n<p align=\"left\">Lo mismo que Pablo durante una reuni&oacute;n en Tr&oacute;ade para partir el pan, seguir&iacute;a hablando con vosotros hasta la medianoche (cf <i>Act<\/i> 20, 6ss). Tendr&iacute;a muchas cosas que deciros, y que no puedo hacer ahora. Entretanto os recomiendo que le&aacute;is atentamente lo que he dicho recientemente al clero, a los religiosos, religiosas y seminaristas en Roma. Ello alargar&aacute; este encuentro, que continuar&aacute; espiritualmente con otros semejantes en los pr&oacute;ximos d&iacute;as. Que el Se&ntilde;or y nuestra dulce Madre, Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, os acompa&ntilde;en siempre y llenen vuestra vida de un gran entusiasmo en el servicio de vuestra alt&iacute;sima vocaci&oacute;n eclesial.<\/p>\n<p align=\"left\">Vamos a continuar la Misa, poniendo en la mesa de las ofrendas nuestros anhelos de vivir la nueva vide, nuestras necesidades y nuestras s&uacute;plicas, las necesidades y s&uacute;plicas de la Iglesia y naci&oacute;n dominicana. Pongamos tambi&eacute;n de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE A LA REP&Uacute;BLICA DOMINICANA, M&Eacute;XICO Y BAHAMAS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II&nbsp; DURANTE LA MISA PARA EL CLERO, RELIGIOSOS Y SEMINARISTAS Santo Domingo, CatedralViernes 26 de enero de 1979 &nbsp; Amad&iacute;simos hermanos y hermanas: Bendito sea el Se&ntilde;or que me ha tra&iacute;do aqu&iacute;, a este suelo de la Rep&uacute;blica Dominicana, donde venturosamente, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-enero-de-1979-catedral-de-santo-domingo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab26 de enero de 1979, Catedral de Santo Domingo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39543","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39543","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39543"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39543\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39543"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39543"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39543"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}