{"id":39547,"date":"2016-10-05T22:54:23","date_gmt":"2016-10-06T03:54:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-1979ordenacion-episcopal-de-mons-macharski\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:23","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:23","slug":"6-de-enero-de-1979ordenacion-episcopal-de-mons-macharski","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-1979ordenacion-episcopal-de-mons-macharski\/","title":{"rendered":"6 de enero de 1979,Ordenaci\u00f3n episcopal de Mons. Macharski"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">ORDENACI&Oacute;N EPISCOPAL DE MONS. MACHARSKI, ARZOBISPO DE CRACOVIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II <\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> S&aacute;bado 6 de enero de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &laquo;Lev&aacute;ntate (Jerusal&eacute;n)&#8230;, pues ha llegado tu luz, y la gloria de Yav&eacute; alborea sobre ti&raquo;, grita el Profeta Isa&iacute;as (60, 1), en el siglo VIII antes de Cristo, y nosotros escuchamos sus palabras hoy, en el siglo XX despu&eacute;s de Cristo, y admiramos, verdaderamente admiramos, la gran luz que proviene de estas palabras. Isa&iacute;as, a trav&eacute;s de los siglos, se dirige a Jerusal&eacute;n que ser&iacute;a la ciudad del Gran Ungido, del Mes&iacute;as: &laquo;Las gentes andar&aacute;n en tu luz, y los reyes a la claridad de tu aurora&#8230; Alza en torno tus ojos y mira; todos se re&uacute;nen y vienen a ti, llegan de lejos tus hijos, y tus hijas son tra&iacute;das a ancas&#8230; Te cubrir&aacute;n muchedumbres de camellos, de dromedarios de Madi&aacute;n y de Efa. Todos vienen de Saba, trayendo oro e incienso, pregonando las glorias de Yav&eacute;&raquo; (60, 3-4. 6). Tenemos ante los ojos a estos tres \u2014as&iacute; dice la tradici&oacute;n\u2014 Reyes Magos que vienen en peregrinaci&oacute;n desde lejos, con los camellos y traen consigo no s&oacute;lo oro e incienso, sino tambi&eacute;n mirra: los dones simb&oacute;licos con que vinieron al encuentro del Mes&iacute;as que era esperado tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de Israel. No nos asombramos, pues, cuando Isa&iacute;as, en este di&aacute;logo prof&eacute;tico con Jerusal&eacute;n, que atraviesa los siglos, dice en cierto momento: &laquo;Palpitar&aacute; y se ensanchar&aacute; tu coraz&oacute;n&raquo; (60, 5). Habla a la ciudad como si &eacute;sta fuera un hombre vivo.<\/p>\n<p align=\"left\">2. &laquo;Palpitar&aacute; y se ensanchar&aacute; tu coraz&oacute;n&raquo;. En la noche de Navidad, encontr&aacute;ndome con cuantos participaban en la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1978\/documents\/hf_jp-ii_hom_19781224_notte-natale_sp.html\">liturgia eucar&iacute;stica de medianoche<\/a> aqu&iacute;, en esta bas&iacute;lica, ped&iacute; a todos que estuviesen con el pensamiento y con el coraz&oacute;n m&aacute;s all&iacute; que aqu&iacute;; m&aacute;s en Bel&eacute;n, en el lugar donde naci&oacute; Cristo, en aquella gruta-establo en la que &laquo;el Verbo se hizo carne&raquo; (<i>Jn<\/i> 1, 14). Y hoy os pido lo mismo. Porque all&iacute;, justamente all&iacute;, en aquel lugar, al sur de Jerusal&eacute;n, llegaron del Oriente aquellos extra&ntilde;os peregrinos, los Reyes Magos. Atravesaron Jerusal&eacute;n. Los guiaba una estrella misteriosa, luz exterior que se mov&iacute;a en el firmamento. Pero m&aacute;s a&uacute;n los guiaba la fe, luz interior. Llegaron. No les asombr&oacute; lo que encontraron: ni la pobreza, ni el establo, ni el hecho de que el Ni&ntilde;o yac&iacute;a en un pesebre. Llegaron y postr&aacute;ndose &quot;lo adoraron&quot;. Despu&eacute;s abrieron sus cofres y ofrecieron al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s los dones de oro e incienso de los que habla precisamente Isa&iacute;as, pero le ofrecieron tambi&eacute;n mirra. Y despu&eacute;s de haber cumplido todo esto, regresaron a su pa&iacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Por esta peregrinaci&oacute;n a Bel&eacute;n los Reyes Magos han venido a ser el principio y el s&iacute;mbolo de todos los que mediante la fe llegan a Jes&uacute;s. el Ni&ntilde;o envuelto en pa&ntilde;ales y colocado en un pesebre, el Salvador clavado en la cruz, Aquel que, crucificado baj&oacute; Poncio Pilato, bajado de la cruz y sepultado en una tumba junto al Calvario, resucit&oacute; al tercer d&iacute;a. Precisamente estos hombres, los Reyes Magos del Oriente, tres, corno quiere la tradici&oacute;n, son el comienzo y la prefiguraci&oacute;n de cuantos, desde m&aacute;s all&aacute; de las fronteras del Pueblo elegido de la Antigua Alianza, han llegado y llegan siempre a Cristo mediante la fe.<\/p>\n<p align=\"left\">3. &laquo;Palpitar&aacute; y se ensanchar&aacute; tu coraz&oacute;n&raquo;, dice Isa&iacute;as a Jerusal&eacute;n. En efecto, era preciso ensanchar el coraz&oacute;n del Pueblo de Dios para que cupieran en &eacute;l los hombres nuevos, los pueblos nuevos. Este grito del Profeta es la palabra clave de la Epifan&iacute;a. Era necesario ensanchar continuamente el coraz&oacute;n de la Iglesia, cuando entraban en ella siempre hombres nuevos; cuando sobre las huellas de los pastores y de los Reyes Magos ven&iacute;an constantemente desde el Oriente pueblos nuevos a Bel&eacute;n. Tambi&eacute;n ahora es necesario ensanchar siempre este coraz&oacute;n a medida de los hombres y de los pueblos, a medida de las &eacute;pocas y de los tiempos. La Epifan&iacute;a es la fiesta de la vitalidad de la Iglesia. La Iglesia vive su convencimiento de la misi&oacute;n de Dios, que se actualiza por medio de ella. El Concilio Vaticano II nos ha ayudado a caer en la cuenta de que la &quot;misi&oacute;n&quot; es el nombre propio de la Iglesia, y en cierto sentido constituye su definici&oacute;n. La Iglesia es ella misma cuando cumple su misi&oacute;n. La Iglesia es ella misma cuando los hombres \u2014igual que los pastores y los Reyes Magos de Oriente\u2014 llegan a Jesucristo mediante la fe. Cuando en Cristo-Hombre y por Cristo encuentran a Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">La Epifan&iacute;a, pues, es la gran fiesta de la fe. Participan en esta fiesta tanto los que ya han llegado a la fe, como los que se encuentran en camino para alcanzarnos. Participan, dando gracias por el don de la fe, igual que los Reyes Magos, rebosando gratitud, se arrodillaron ante el Ni&ntilde;o. De esta fiesta participa la Iglesia que cada a&ntilde;o es m&aacute;s consciente de la amplitud de su misi&oacute;n. &iexcl;A cu&aacute;ntos hombres es necesario llevar la fe tambi&eacute;n hoy! A cu&aacute;ntos hombres es necesario reconquistar para la fe que han perdido, y esto, a veces, es m&aacute;s dif&iacute;cil que la conversi&oacute;n primera a la fe. Pero la Iglesia, consciente de aquel gran don, del don de la Encarnaci&oacute;n de Dios, no puede pararse jam&aacute;s, no puede cansarse jam&aacute;s. Debe buscar continuamente el acceso a Bel&eacute;n para cada hombre y para cada &eacute;poca. La Epifan&iacute;a es la fiesta del desaf&iacute;o de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">En este d&iacute;a solemne han venido a Roma representaciones del pueblo y de la archidi&oacute;cesis de Cracovia, para presentar a Jes&uacute;s Ni&ntilde;o un don, don que se manifiesta en la ordenaci&oacute;n episcopal del nuevo arzobispo de Cracovia. Es un don de fe, de amor y de esperanza. Permitidme hablarles en mi lengua materna.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Todos nosotros, polacos hijos de la Iglesia de Cristo desde hace un milenio, reunidos aqu&iacute; tomamos parte hoy en la solemnidad de la Epifan&iacute;a. Son circunstancias extraordinarias: hemos venido a Roma, a San Pedro, donde el primer Papa en la historia hijo de la naci&oacute;n polaca, celebra la Eucarist&iacute;a y consagra al obispo sucesor suyo en la c&aacute;tedra de San Estanislao en Cracovia. Sucede esto justamente al principio de 1979, cuando nos separan 900 a&ntilde;os de la muerte del m&aacute;rtir San Estanislao, que, al principio del milenio, predicando a nuestros antepasados a Cristo nacido en Bel&eacute;n, crucificado bajo Poncio Pilato y resucitado, con la fuerza del Evangelio los llev&oacute; a la fe, tal como lo han hecho obispos y sacerdotes en nuestra patria, durante centenares de a&ntilde;os, y lo hacen ahora tambi&eacute;n. Pienso, queridos hermanos y hermanas, mis amados compatriotas, pienso queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, que nuestra presencia aqu&iacute; hoy debe ser un acto singular de gratitud por la fe que ilumina todos estos centenares de a&ntilde;os y que no deja de iluminar a nuestros tiempos, tiempos extraordinarios en los que debe madurar especialmente la responsabilidad por la fe; por el gran don de Dios encarnado; por la Epifan&iacute;a. Para esta gratitud debe madurar el nuevo fruto de esta Epifan&iacute;a en las almas de las generaciones que nacen y que vendr&aacute;n despu&eacute;s de nosotros, gracias al servicio de cada uno de nosotros, gracias a tu servicio, Franciszek, metropolitano de Cracovia.<\/p>\n<p align=\"left\">5. &iexcl;Lev&aacute;ntate, Jerusal&eacute;n! &laquo;Palpitar&aacute; y se ensanchar&aacute; tu coraz&oacute;n&raquo;. &Iacute;ntimamente unidos con los que vinieron del Oriente, con los Reyes Magos, testigos admirables de la fe en Dios Encarnado, <i>all&iacute;<\/i> junto al pesebre de Bel&eacute;n, adonde hemos sido llevados por el pensamiento y el coraz&oacute;n; nos encontramos de nuevo <i>aqu&iacute;<\/i> en esta bas&iacute;lica. Aqu&iacute;, de manera particular, en el curso de los siglos, se ha cumplido la profec&iacute;a de Isa&iacute;as. Desde <i>aqu&iacute;<\/i> se ha difundido la luz de la fe para tantos hombres y para tantos pueblos. Desde <i>aqu&iacute;<\/i>, a trav&eacute;s de Pedro y de su Sede, ha entrado y entra siempre una multitud innumerable en esta gran comunidad del Pueblo de Dios, en la uni&oacute;n de la nueva Alianza, en los tabern&aacute;culos de la nueva Jerusal&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Y hoy, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s puede desear el Sucesor de Pedro en esta bas&iacute;lica, en esta su nueva C&aacute;tedra, sino <i>que ella sirva a la Epifan&iacute;a<\/i>?, que en ella y por ella los hombres de todos los tiempos y de nuestro tiempo, los hombres provenientes del Oriente y del Occidente, del Norte y del Sur, logren llegar a Bel&eacute;n, llegar a Cristo mediante la fe.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, una vez m&aacute;s tomo prestadas las palabras de Isa&iacute;as para formular mi felicitaci&oacute;n <i>Urbi et Orbi<\/i> y decir:<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;&iexcl; Lev&aacute;ntate!, palpitar&aacute; y se ensanchar&aacute; tu coraz&oacute;n&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Lev&aacute;ntate!, y siembra la fuerza de tu fe. &iexcl;Cristo te ilumine continuamente! Que los hombres y los pueblos caminen en esta luz. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ORDENACI&Oacute;N EPISCOPAL DE MONS. MACHARSKI, ARZOBISPO DE CRACOVIA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro S&aacute;bado 6 de enero de 1979 &nbsp; 1. &laquo;Lev&aacute;ntate (Jerusal&eacute;n)&#8230;, pues ha llegado tu luz, y la gloria de Yav&eacute; alborea sobre ti&raquo;, grita el Profeta Isa&iacute;as (60, 1), en el siglo VIII antes de Cristo, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-1979ordenacion-episcopal-de-mons-macharski\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de enero de 1979,Ordenaci\u00f3n episcopal de Mons. 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