{"id":39550,"date":"2016-10-05T22:54:52","date_gmt":"2016-10-06T03:54:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-1980-te-deum-2\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:52","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:52","slug":"31-de-diciembre-de-1980-te-deum-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-1980-te-deum-2\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 1980, Te Deum"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>TE DEUM<\/i> DE ACCI&Oacute;N DE GRACIAS AL FINAL DEL A&Ntilde;O<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"+1\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Iglesia &quot;del Ges&ugrave;&quot; , Roma<br \/> Mi&eacute;rcoles 31 de diciembre de 1980<\/i><\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;&quot;Hijos m&iacute;os, es la &uacute;ltima hora&quot; (<i>1 Jn<\/i> 2, 18).<\/p>\n<p>Escuchamos estas palabras al comienzo de la primera lectura, tomada de la Carta de San Juan, y pensamos: &iexcl;Qu&eacute; actuales son! &iexcl;C&oacute;mo convergen con lo que todos nosotros vivimos hoy, 31 de diciembre! El &uacute;ltimo d&iacute;a del a&ntilde;o, la &uacute;ltima hora, y aunque esta hora en que nos encontramos, de acuerdo con la tradici&oacute;n romana, en la iglesia &quot;del Ges&uuml;&quot; no es todav&iacute;a literalmente la &uacute;ltima, en todo caso est&aacute; muy cercana a la hora que, como realmente &quot;&uacute;ltima&quot;, cerrar&aacute; el a&ntilde;o 1980.<\/p>\n<p>Y&nbsp;aun cuando se trate<i> solamente de un cambio de fecha en el calendario, <\/i> del hecho de que despu&eacute;s de la media noche el a&ntilde;o 1980 dejar&aacute; el puesto al a&ntilde;o 1981, sin embargo, no podemos separar este acontecimiento de todo lo que hay en nosotros y en torno a nosotros. El &uacute;ltimo d&iacute;a del a&ntilde;o, que est&aacute; para terminar, nos sit&uacute;a de modo particular ante la evidencia del &quot;pasar&quot;: &quot;pasa la apariencia de este mundo&quot; (1<i> Cor<\/i> 7, 31) y pasa, en este mundo, el hombre.<\/p>\n<p>Pensamos ahora en todos los<i> hombres, <\/i>para los que el a&ntilde;o 1980 ha sido la &uacute;ltima fecha en la historia de su vida sobre la tierra, es decir, ha sido la fecha de su muerte. Al mismo tiempo, pensamos en los diversos<i> acontecimientos <\/i>que han pasado, en este per&iacute;odo, a trav&eacute;s de Italia, de los otros pa&iacute;ses del continente europeo, de mi patria, Polonia, a trav&eacute;s de todos los continentes del globo. Los acontecimientos que han impresionado profundamente a la opini&oacute;n p&uacute;blica, que han suscitado el desaliento y tal vez otras veces la esperanza. Los acontecimientos que han tenido su fin, o bien perduran en sus consecuencias, constituyendo un desaf&iacute;o, poniendo ante los hombres nuevas tareas.<\/p>\n<p>Aparte de todo lo dem&aacute;s, baste recordar ese terrible acto de violencia que fue la destrucci&oacute;n de la estaci&oacute;n de Bolonia, o el terremoto que ha devastado a Italia Meridional&#8230;<\/p>\n<p><i>Serta dif&iacute;cil recordar todo.<\/i><\/p>\n<p>Es, pues, &quot;la &uacute;ltima hora&quot;. Sabemos que todos esos acontecimientos pasar&aacute;n a la historia con la fecha de 1980. Sabemos que, juntamente con esta fecha, ellos quedar&aacute;n encerrados en los l&iacute;mites del pasado del hombre y del mundo.<\/p>\n<p>El d&iacute;a de hoy constituye ciertamente un<i> t&eacute;rmino.<\/i> Es el d&iacute;a de una cierta <i>conclusi&oacute;n.<\/i> Y todos nosotros lo vivimos de este modo.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Y deseamos vivirlo as&iacute; nosotros los que estamos reunidos aqu&iacute;, en la iglesia &quot;del Ges&ugrave;&quot;, para participar en la liturgia eucar&iacute;stica, en el Sacrificio de Cristo, que es, al mismo tiempo, &quot;nuestro&quot; sacrificio y nos permite expresar ante Dios del modo m&aacute;s pleno lo que, en este d&iacute;a, nuestro coraz&oacute;n y nuestra conciencia tienen necesidad de manifestar.<\/p>\n<p>En la liturgia eucar&iacute;stica podemos<i> expresar a Dios,<\/i> del modo m&aacute;s pleno, nuestra acci&oacute;n de gracias y pedir perd&oacute;n. Efectivamente, tenemos en realidad de qu&eacute; dar gracias, pero tenemos tambi&eacute;n de qu&eacute; pedir perd&oacute;n.<\/p>\n<p>Y&nbsp;por esto, que se conviertan en contenido particularmente vivo de nuestra participaci&oacute;n de hoy en la Santa Misa las palabras del prefacio: &quot;En verdad es justo y necesario, es nuestro deber&#8230;<i> &iexcl;darte gracias&quot;!<\/i> A Ti, precisamente a Ti, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo. Darte gracias por toda la riqueza del misterio del nacimiento de Dios, en cuya luz est&aacute; pasando el a&ntilde;o viejo y nace el nuevo. Qu&eacute; elocuente es que el d&iacute;a que humanamente habla, sobre todo, del &quot;pasar&quot;, con el contenido preciso de la liturgia de la Iglesia<i> d&eacute; testimonio del Nacimiento:<\/i> del nacimiento de Dios en un cuerpo humano, y a la vez, del hombre que nace de Dios: &quot;A cuantos le recibieron dioles poder de venir a ser hijos de Dios&quot;<i> (Jn<\/i> I, 12).<\/p>\n<p>Y&nbsp;juntamente con esta acci&oacute;n de gracias se conviertan en contenido particular de nuestra participaci&oacute;n en la Santa Misa de hoy todas las<i> palabras de propiciaci&oacute;n,<\/i> comenzando desde el &quot;Conf&iacute;teor&quot; inicial, a trav&eacute;s del &quot;Kyrie eleison&quot;, hasta el &quot;Cordero de Dios que quita el pecado del mundo&quot; y hasta nuestro &quot;Se&ntilde;or, no soy digno&#8230;&quot;. Pongamos en estas palabras todo lo que viven nuestras conciencias, lo que grava sobre ellas, lo que s&oacute;lo Dios mismo puede juzgar y perdonar. Y no rehuyamos<i> de estar<\/i> aqu&iacute; hoy<i> ante Dios<\/i> con conciencia de culpa, en la actitud del publicano del Evangelio. Adoptemos esta actitud. Es precisamente la que corresponde a la verdad interior del hombre. Ella trae la liberaci&oacute;n. Ella, precisamente ella, se une con la esperanza.<\/p>\n<p>S&iacute;.<i> La esperanza<\/i> del hombre y la esperanza del mundo contempor&aacute;neo, la perspectiva del futuro realmente &quot;mejor&quot;, m&aacute;s humano, dependen del &quot;Conf&iacute;teor&quot; y del &quot;Kyrie eleison&quot;. Dependen de la <i>conversi&oacute;n:<\/i> de las muchas, muchas conversiones humanas, que son capaces de transformar no s&oacute;lo la vida personal del hombre, sino la vida de los ambientes y de la sociedad entera: desde los ambientes m&aacute;s peque&ntilde;os, hasta los cada vez m&aacute;s grandes, abarcando incluso a toda la familia humana.<\/p>\n<p>3. Una cosa significativa: el d&iacute;a en que pensamos, ante todo, en el t&eacute;rmino, en el fin \u2014porque termina el a&ntilde;o 1980\u2014, <i>la liturgia<\/i> se orienta hacia las expresiones que hablan del principio: &quot;En el principio ya exist&iacute;a la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios&quot;<i> (Jn<\/i> 1, 1-2).<\/p>\n<p>El fin manda remontarse con el pensamiento al Principio. El final del a&ntilde;o a su comienzo. El t&eacute;rmino de la vida a su inicio. Sin embargo, el pr&oacute;logo del Evangelio de San Juan nos manda retornar<i> a ese Principio, que es antes del tiempo,<\/i> antes del mundo, antes que todo lo que vive en este mundo y muere y tiene un principio y un fin&#8230; Nos manda retornar al Principio de todo, que est&aacute; en Dios.<i> En Dios mismo.<\/i><\/p>\n<p>Precisamente, el Verbo: &quot;Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra hab&iacute;a vida, y la vida era la luz de los hombres&quot;<i> (Jn<\/i> 1, 3-4).<\/p>\n<p>Y&nbsp;he aqu&iacute; que ese Principio absoluto e incondicionado (no relativo y temporal) de todo \u2014proclama a continuaci&oacute;n el Evangelista\u2014<i> se ha unido con el tiempo del hombre.<\/i> Con el pasar. Con su vida y con su muerte. &quot;Y la Palabra se hizo carne y acamp&oacute; entre nosotros&quot; <i>(Jn<\/i> 1, 14).<\/p>\n<p>Desde ese momento tenemos que medir nuestro tiempo de otra manera.<i> Comprender y valorar de otro modo<\/i> nuestra vida. Vivir de otro modo nuestro pasar: el nacimiento y la muerte del hombre y de todo lo que es humano.<\/p>\n<p>Nuestra existencia est&aacute; arraigada no s&oacute;lo en el mundo, que pasa, sino tambi&eacute;n en el Verbo, que no pasa.<\/p>\n<p>Y&nbsp;por esto, al final de este a&ntilde;o, cuando escuchamos las palabras: &quot;Estaba en el mundo&#8230; y el mundo no la conoci&oacute;&quot; <i>(Jn<\/i> 1, 10), debemos preguntar: &iquest;Qu&eacute; hemos hecho<i> para conocer<\/i> mejor, en el a&ntilde;o que est&aacute; pasando, a este Verbo que se hizo carne? &iquest;Qu&eacute; hemos hecho para que, por medio de nosotros, los otros le conocieran mejor? &iquest;Qu&eacute; hemos hecho para que la vida humana encontrase su forma plena y madura, la que le confiere el Verbo?<\/p>\n<p>Escuchemos adem&aacute;s: &quot;Vino a su casa y los suyos<i> no la recibieron&quot; <\/i>(<i>Jn <\/i>1, 11).<\/p>\n<p>Y nuevamente debemos preguntar: &iquest;La hemos recibido?, o m&aacute;s bien, &iquest;la hemos apartado y rechazado? &iquest;Hemos introducido en la vida a esta Palabra que se hizo carne por nosotros y por la salvaci&oacute;n de todos los hombres? &iquest;Qu&eacute; hemos hecho para que los dem&aacute;s la acogiesen?<\/p>\n<p>4. Terminemos aqu&iacute;. S&iacute;.<i> Terminemos <\/i>con esta<i> pregunta.<\/i> Con estas pocas preguntas que cada uno de nosotros puede multiplicar en su coraz&oacute;n y en su propia conciencia.<\/p>\n<p>Terminemos de este modo el a&ntilde;o 1980, que est&aacute; pasando. Porque as&iacute;<i> le abriremos<\/i> de mejor manera<i> hacia el futuro: <\/i>hacia el futuro inmediato, que comenzar&aacute; dentro de pocas horas, y hacia el definitivo que est&aacute; en Dios, en Dios mismo.<\/p>\n<p>El Verbo es el futuro definitivo del hombre y del mundo. Es este Verbo que en la noche de Bel&eacute;n se hizo carne.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TE DEUM DE ACCI&Oacute;N DE GRACIAS AL FINAL DEL A&Ntilde;O HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Iglesia &quot;del Ges&ugrave;&quot; , Roma Mi&eacute;rcoles 31 de diciembre de 1980 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Hijos m&iacute;os, es la &uacute;ltima hora&quot; (1 Jn 2, 18). Escuchamos estas palabras al comienzo de la primera lectura, tomada de la Carta de San Juan, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-1980-te-deum-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab31 de diciembre de 1980, Te Deum\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39550","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39550","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39550"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39550\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39550"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39550"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39550"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}