{"id":39553,"date":"2016-10-05T22:54:54","date_gmt":"2016-10-06T03:54:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-1980-funeral-del-cardenal-egidio-vagnozzi-2\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:54","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:54","slug":"31-de-diciembre-de-1980-funeral-del-cardenal-egidio-vagnozzi-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-1980-funeral-del-cardenal-egidio-vagnozzi-2\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 1980, Funeral del Cardenal Egidio Vagnozzi"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/>POR EL ETERNO DESCANSO DEL CARDENAL <br \/> EGIDIO VAGNOZZI<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/b><\/i><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de San Pedro <br \/> Mi&eacute;rcoles 31 de diciembre de 1980<\/i><\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>&quot;Tened ce&ntilde;ida la<sub>:<\/sub> cintura y encendidas las l&aacute;mparas&quot; (Lc<\/i> 12, 35).<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i><\/p>\n<p>Estas palabras de Jes&uacute;s, que hemos o&iacute;do leer tomadas del Evangelio seg&uacute;n Lucas, dan el tema y el tono a nuestra meditaci&oacute;n sobre la Palabra de Dios en el marco de esta celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica. Efectivamente, estamos aqu&iacute; reunidos para los funerales de nuestro venerado hermano en el Episcopado, el cardenal Egidio Vagnozzi, que nos ha dejado improvisamente el pasado 26 de diciembre, apenas al d&iacute;a siguiente de la Santa Navidad. La cintura ce&ntilde;ida y las l&aacute;mparas encendidas, seg&uacute;n el lenguaje b&iacute;blico y con eficaz imagen po&eacute;tica, significan respectivamente nuestra disponibilidad para el viaje, como lo estuvo el pueblo de Israel antes del &eacute;xodo de Egipto, y nuestra situaci&oacute;n de espera: &quot;Como los que aguardan a que su se&ntilde;or vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame&quot; (<i>Lc<\/i> 12, 36). Esta fue ciertamente la actitud interior del cardenal Vagnozzi durante el arco de su larga vida. M&aacute;s a&uacute;n, &eacute;l realiz&oacute; la definici&oacute;n honor&iacute;fica de &quot;siervo&quot;, con la que Jes&uacute;s, en el Evangelio que acabamos de leer, se refiere a sus f&iacute;eles que est&aacute;n preparados para recibirle: &quot;Dichosos los siervos a quienes el se&ntilde;or, al llegar, los encuentre en vela&quot;<i> <\/i>(<i>Lc<\/i> 12, 37). Se trata de aquellos que, aun despu&eacute;s de haber hecho cuanto deb&iacute;an hacer, saben decir con humildad, seg&uacute;n la ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s: &quot;Somos siervos in&uacute;tiles; lo que ten&iacute;amos que hacer, eso hicimos&quot;<i> <\/i>(<i>Lc<\/i> 17, 10). Y en realidad el cardenal Vagnozzi se ha prodigado con incansable solicitud, haciendo cuanto pod&iacute;a, durante largos a&ntilde;os de servicio a la Santa Sede.<\/p>\n<p>Me place recordar, ante todo, que el era romano: de nacimiento y de formaci&oacute;n, habiendo frecuentado los seminarios diocesanos. Por esto, pertenec&iacute;a con pleno t&iacute;tulo, en cierto sentido, nativo, a ese clero ilustre al que se honran pertenecer todos los cardenales de la Iglesia cat&oacute;lica esparcidos por el mundo, aun cuando s&oacute;lo por t&iacute;tulo de participaci&oacute;n adquirida por la elecci&oacute;n pontificia. Habi&eacute;ndose puesto al servicio de la Sede Apost&oacute;lica, tuvo la posibilidad de representarla en varios continentes: primero, en los Estados Unidos de Am&eacute;rica, donde algunos a&ntilde;os despu&eacute;s fue Delegado Apost&oacute;lico durante un decenio; luego en Portugal; m&aacute;s adelante en Francia, donde tuvo como superior y maestro en Par&iacute;s al Nuncio Apost&oacute;lico mons. Angelo Giuseppe Roncalli; despu&eacute;s fue a India; y finalmente a Filipinas, donde fue el primer titular de la Nunciatura Apost&oacute;lica erigida all&iacute;.<\/p>\n<p>Creado cardenal por el Papa Pablo VI en 1967, pas&oacute; a otras delicadas funciones de responsabilidad, como la de Presidente de la Prefectura para los Asuntos Econ&oacute;micos de la Santa Sede, teniendo el T&iacute;tulo presbiteral de San Jos&eacute; &quot;in via Trionfale&quot;. En la realizaci&oacute;n de estas diversas funciones siempre aport&oacute; su reconocida competencia, ricamente acumulada en las preciosas y m&uacute;ltiples experiencias precedentes, y unida a una dosis de sano buen humor. Tambi&eacute;n fue caracter&iacute;stica suya un exquisito esp&iacute;ritu pastoral, que marc&oacute; siempre su actividad. Alivi&oacute; generosamente muchos sufrimientos, capt&oacute; la importancia de nuevos centros de educaci&oacute;n cat&oacute;lica, estuvo atento a las exigencias y a las esperanzas que ofrecen los j&oacute;venes.<\/p>\n<p>Hoy, pues, elevamos de coraz&oacute;n al Se&ntilde;or nuestra oraci&oacute;n de sufragio por su alma, mientras le quedamos agradecidos por todo el provechoso trabajo desarrollado en beneficio de esta Sede Pontificia y, en definitiva, de toda la Iglesia.<\/p>\n<p>La primera lectura b&iacute;blica de esta liturgia, tomada del Libro de la Sabidur&iacute;a, se expresaba as&iacute;: &quot;Las canas del hombre son la prudencia, la edad avanzada, una vida sin tacha&quot;<i> <\/i> (<i>Sab<\/i> 4, 9). Pues bien, la vida intensa del cardenal Vagnozzi, que ahora est&aacute; cumplidamente desplegada ante nosotros y todav&iacute;a m&aacute;s ante los ojos de Dios, nos ense&ntilde;a a tomar estas palabras b&iacute;blicas como luz y gu&iacute;a tambi&eacute;n para nuestra existencia terrena. Las muchas experiencias de las cuales est&aacute; entretejida por divina Providencia, ser&iacute;an in&uacute;tiles si no nos llevasen a una s&oacute;lida madurez interior, a la cual el hagi&oacute;grafo llama metaf&oacute;ricamente &quot;canas&quot;: esto es, a confirmar cada vez m&aacute;s nuestra adhesi&oacute;n de fe al Se&ntilde;or y a hacer cada vez m&aacute;s fecundo nuestro servicio de amor a los hermanos en la Iglesia y en el mundo.<\/p>\n<p>Por lo dem&aacute;s, en este d&iacute;a &uacute;ltimo del a&ntilde;o, estamos oportunamente llamados a consolidar nuestros pies sobre la roca perenne que es Dios; s&oacute;lo El es indestructible por encima del cambio de los tiempos, y el profeta lo compara felizmente a &quot;un cipr&eacute;s siempre verde&quot; (<i>Os<\/i> 14, 9). Estamos invitados a estar siempre dispuestos a nuestra definitiva comuni&oacute;n con El, teniendo tambi&eacute;n nosotros &quot;ce&ntilde;ida la cintura y las l&aacute;mparas encendidas&quot;. Tambi&eacute;n en &quot;una edad senil&quot; se puede mantener la verdadera juventud, si permanecemos firmemente anclados, dir&iacute;a aferrados a nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, sobre el cual sabemos que ya &quot;la muerte no tiene dominio&quot;<i> (Rom<\/i> 6, 9). Efectivamente, como nos recordaba la segunda lectura, &quot;si morimos con El, viviremos con El&quot; (2<i> Tim<\/i> 2, 11). &quot;Que por esto muri&oacute; Cristo y resucit&oacute;, para dominar sobre muertos y vivos&quot;<i> (Rom <\/i>14, 9). Por lo tanto, en El, tanto el que muere como el que vive se encuentra unido en un &uacute;nico e indisoluble v&iacute;nculo de comuni&oacute;n, puesto que el Se&ntilde;or, seg&uacute;n la confortante palabra de Jes&uacute;s, &quot;no es Dios de muertos, sino de vivos&quot; (<i>Mc 12,<\/i> 27).<\/p>\n<p>En este esp&iacute;ritu de fe celebramos las exequias del cardenal Egidio Vagnozzi, para el cual imploramos confiadamente con la liturgia, &quot;el lugar de la dicha, de la luz y de la paz&quot;. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA POR EL ETERNO DESCANSO DEL CARDENAL EGIDIO VAGNOZZI HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Mi&eacute;rcoles 31 de diciembre de 1980 &nbsp; &nbsp; &quot;Tened ce&ntilde;ida la: cintura y encendidas las l&aacute;mparas&quot; (Lc 12, 35). 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