{"id":39556,"date":"2016-10-05T22:54:57","date_gmt":"2016-10-06T03:54:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-diciembre-de-1980-misa-para-los-universitarios-romanos-2\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:57","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:57","slug":"19-de-diciembre-de-1980-misa-para-los-universitarios-romanos-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-diciembre-de-1980-misa-para-los-universitarios-romanos-2\/","title":{"rendered":"19 de diciembre de 1980, Misa para los universitarios romanos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA PARA LOS UNIVERSITARIOS ROMANOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Viernes 19 de diciembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p><b><\/b><\/p>\n<p>1. &quot;O Radix Iesse, qui stas in signum populorum, super quem continebunt reges os suum, quem gentes deprecabuntur: veni ad liberandum nos, iam noli tardare!&quot;.<\/p>\n<p>Con estas palabras la liturgia de Adviento saluda hoy a Aquel que debe venir, a Aquel que es el objeto de nuestra espera. En torno a estas palabras de la liturgia de hoy deseo encontrarme con vosotros, que constitu&iacute;s el ambiente universitario de Roma: con vosotros, distinguidos profesores e investigadores, con vosotros, queridos estudiantes.<i> He deseado mucho este encuentro de Adviento.<\/i> Lo considero como un acto indispensable de mi ministerio en la Iglesia romana. Lo juzgo, adem&aacute;s, como una ocasi&oacute;n particular para manifestar esta unidad, esta &quot;communio&quot; espiritual, que os une en torno a Cristo, y mediante esto os une tambi&eacute;n entre vosotros, y de manera m&aacute;s fuerte que las diversas divisiones y diferencias, a las que est&aacute; sometida la vida p&uacute;blica y la opini&oacute;n social. En estas diferencias se manifiesta, sin duda, la dignidad humana y c&iacute;vica. Sin embargo, es necesario estar muy atentos para que no se conviertan en un factor, que haga imposible<i> la acci&oacute;n por el bien com&uacute;n, <\/i>y paralice el indispensable v&iacute;nculo social.<\/p>\n<p>Me alegro, pues, de vuestra presencia, queridos hermanos y hermanas m&iacute;os, y al mismo tiempo, hijos e hijas, dado que como Obispo de Roma, en lo que se manifiesta tambi&eacute;n la paternidad de nuestra familia espiritual, me es l&iacute;cito llamaros as&iacute;. Me alegro de vuestra presencia, esta tarde, en la bas&iacute;lica de San Pedro, y me gozo juntamente con vosotros de esa<i> alegr&iacute;a de Adviento<\/i> que, sobre todo, en los &uacute;ltimos d&iacute;as de este per&iacute;odo, se hace sentir particularmente en la liturgia. Efectivamente, en estos d&iacute;as el Adviento se convierte verdaderamente en el per&iacute;odo de la espera gozosa.<\/p>\n<p>2. Mientras estoy de nuevo aqu&iacute; reunido con vosotros, no puedo separar este encuentro del contexto m&aacute;s amplio de tantos otros encuentros vinculados a mi ministerio pastoral en diversos lugares de Italia y del mundo. Pienso en los <i> diversos encuentros<\/i> que en el pasado, y particularmente en el curso de este &uacute;ltimo a&ntilde;o, han tenido lugar en diversos pa&iacute;ses e incluso en diversos continentes. Sin embargo, han sido parecidos a nuestros encuentros de Adviento y de Cuaresma en la bas&iacute;lica de San Pedro, tanto por lo que se refiere al car&aacute;cter del ambiente, con el que he podido encontrarme durante mis visitas fuera de Roma, como tambi&eacute;n por lo que se refiere a la semejanza de los temas que presentan esos ambientes, dado su car&aacute;cter universitario.<\/p>\n<p>Recuerdo, pues, muy bien el<i> continente africano<\/i> y los <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1980\/may\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800504_universitari-zaire_sp.html\">encuentros de Kinshasa<\/a>, en el Zaire, y tambi&eacute;n, un poco despu&eacute;s, los de <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1980\/may\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800511_rettore-icao_sp.html\">Abidj&aacute;n<\/a> en Costa de Marfil. Por lo que se refiere a la visita que hice en el mes de julio a Brasil, la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1980\/may\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800511_rettore-icao_sp.html\">gran reuni&oacute;n de j&oacute;venes en Belo Horizonte<\/a>, no estaba reservada solamente a la juventud acad&eacute;mica, sino a toda la juventud del lugar y tambi&eacute;n a la que hab&iacute;a llegado de las diversas partes de ese inmenso pa&iacute;s. Sin embargo, por otra raz&oacute;n, no puedo pasar por alto el encuentro particular con los representantes calificados del <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1980\/july\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800701_cultura-brasile_sp.html\">mundo de la ciencia y de la cultura en R&iacute;o de Janeiro<\/a>. Volviendo al continente europeo, tengo vivo en la memoria el &quot;coloquio&quot; vespertino con 50.000 <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1980\/june\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800601_veglia-giovani_sp.html\">j&oacute;venes franceses en el &quot;Parc des Princeps&quot;<\/a>, y adem&aacute;s la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1980\/june\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800601_institut-catholique_sp.html\">visita al Instituto Cat&oacute;lico de Par&iacute;s<\/a>. Finalmente, hace poco,<i> en Alemania,<\/i> recuerdo, sobre todo, el encuentro que tuvo lugar en la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1980\/november\/documents\/hf_jp_ii_spe_19801115_scienziati-studenti-colonia_sp.html\">catedral de Colonia<\/a> y luego el de <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1980\/documents\/hf_jp-ii_hom_19801119_monaco-germany_sp.html\">Munich<\/a>.<\/p>\n<p>Recuerdo esta tarde todo esto para poner en evidencia tambi&eacute;n el car&aacute;cter esencial de nuestro encuentro de Adviento. Como Obispo de Roma aprecio mucho<i> estas tardes de oraci&oacute;n com&uacute;n con vosotros,<\/i> y de participaci&oacute;n com&uacute;n en la Palabra de Dios y en la Eucarist&iacute;a, que me permiten sacar de ellas inspiraci&oacute;n para otros encuentros similares, y de estos otros encuentros toman, no obstante, la dimensi&oacute;n y el tema. Pero en todas estas v&iacute;as por las que pasa el coloquio con el hombre contempor&aacute;neo sobre el tema de la cultura, de la ciencia y, al mismo tiempo, de las dimensiones fundamentales de la existencia espiritual, soy sobre todo el Obispo de Roma, es decir,<i> vuestro Obispo.<\/i> La cultura, la ciencia, el servicio a la verdad y a la belleza son, efectivamente, con mucha frecuencia la<i> expresi&oacute;n ignorada del Adviento para el hombre,<\/i> son la manifestaci&oacute;n del hecho de que &eacute;l vive en una espera que, a la vez, es una aspiraci&oacute;n; y la medida de esta aspiraci&oacute;n es m&aacute;s grande que la forma solamente material de la producci&oacute;n y del consumo, que la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea trata de imponer a la vida humana. Y por esto aprecio tanto que junto a la Santa Sede exista la<i> Pontificia Academia de las Ciencias<\/i> y otros organismos que sirven a la causa de la cultura y de la ciencia. Y estoy muy contento porque he podido hablar sobre este tema, durante el a&ntilde;o que acaba, en Par&iacute;s ante la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1980\/june\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800602_unesco_sp.html\">Asamblea General de la UNESCO<\/a>. Os agradecer&eacute; muy particularmente a vosotros, que form&aacute;is el ambiente universitario de Roma, el que pens&eacute;is conmigo, vuestro Obispo, en estos importantes problemas, y os agradecer&eacute; tambi&eacute;n que busqu&eacute;is conmigo los<i> caminos para el futuro del hombre,<\/i> los caminos del adviento humano.<\/p>\n<p>Efectivamente, por estos caminos se encuentra precisamente Aquel a quien la Iglesia, en la ant&iacute;fona de Adviento de hoy, invoca gritando como desde lo profundo de cada hombre, desde la profundidad de su humanidad misma: &quot;O Radix Iesse, qui stas in signum populorum,&#8230; veni!&quot;.<\/p>\n<p>3. Las lecturas lit&uacute;rgicas de esta tarde, como sucede otras veces, confrontan dos acontecimientos distintos en el tiempo, pero de alg&uacute;n modo semejantes y rec&iacute;procamente cercanos. Uno de ellos se vincula con el<i> nacimiento de Sans&oacute;n, <\/i>el cual, en la &eacute;poca de los Jueces, despu&eacute;s de haber llegado el pueblo de Israel a la Tierra Prometida, fue llamado a defender a su pueblo de los filisteos. En cambio, el otro se vincula con el nacimiento de<i> Juan el Bautista.<\/i><\/p>\n<p>Todo<i> el Adviento permanece en la perspectiva del nacimiento.<\/i> Sobre todo de ese nacimiento en Bel&eacute;n que representa el punto culminante de la historia de la salvaci&oacute;n. Desde el momento de ese nacimiento, la espera se transforma en realidad. El &quot;ven&quot; del Adviento se encuentra con el &quot;ecce adsum&quot; de Bel&eacute;n.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta primera perspectiva del nacimiento<i> se transforma en una ulterior.<\/i> El Adviento nos prepara no s&oacute;lo al nacimiento de Dios que se hace hombre. Prepara tambi&eacute;n al hombre a su propio<i> nacimiento de Dios.<\/i> Efectivamente, el hombre debe nacer constantemente de Dios. Su aspiraci&oacute;n a la verdad, al bien, a lo bello, al absoluto se realiza en este nacimiento. Cuando llegue la noche de Bel&eacute;n y luego el d&iacute;a de Navidad, la Iglesia dir&aacute; ante el reci&eacute;n Nacido, que, como todo reci&eacute;n nacido, demuestra la debilidad y la insignificancia: &quot;A cuantos le recibieron<i> dioles poder de venir a ser hijos de Dios&quot; <\/i> (<i>Jn<\/i> 1, 12). El Adviento prepara al hombre a este &quot;poder&quot;: a su propio nacimiento de Dios. Este nacimiento es nuestra vocaci&oacute;n. Es nuestra heredad en Cristo. El nacimiento que dura y se renueva. El hombre debe<i> nacer<\/i> de Dios siempre de nuevo en Cristo; debe<i> renacer de Dios.<\/i><\/p>\n<p>El hombre camina hacia Dios \u2014y &eacute;ste es su adviento\u2014 no s&oacute;lo como hacia un absoluto desconocido del ser. No s&oacute;lo como hacia un punto simb&oacute;lico, el punto &quot;Omega&quot; de la evoluci&oacute;n del mundo. El hombre camina hacia Dios, de manera que llega a El mismo: al Dios viviente, al Padre, al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo. Y llega, cuando<i> Dios mismo viene<\/i> a &eacute;l, y &eacute;ste es el Adviento de Cristo. El Adviento que supera la perspectiva de la trascendencia humana, supera la medida del adviento humano.<\/p>\n<p>El Adviento de Cristo se realiza en el hecho de que Dios se hace hombre, Dios nace como hombre. Y al mismo tiempo, se realiza en el hecho de que el hombre nace de Dios, el hombre renace constantemente de Dios.<\/p>\n<p>Una vez, al comienzo de su historia, el hombre, var&oacute;n y mujer, escuch&oacute; las palabras de la tentaci&oacute;n: &quot;Ser&eacute;is<i> como Dios, conocedores del bien y del mal&quot; (G&eacute;n<\/i> 3, 5). Y el hombre sigui&oacute; esta tentaci&oacute;n. Y contin&uacute;a sigui&eacute;ndola instantemente. Ahora, en medio de la historia de la humanidad ha venido Cristo para llevar de nuevo al hombre de los caminos de la tentaci&oacute;n<i> al sendero de la Promesa y de la Alianza,<\/i> para mostrar lo que en esa tentaci&oacute;n hubo de falso y, al mismo tiempo, revelar c&oacute;mo debe realizarse el adviento del hombre en el camino de la Promesa divina y de la Alianza. &iquest;De qu&eacute; modo, por el contrario, puede el hombre &quot;<i>ser como Dios&quot;, <\/i>sino s&oacute;lo &quot;naciendo&quot; de Dios, sino s&oacute;lo como &quot;<i>hijo en el Hijo Unig&eacute;nito<\/i>&quot;? &iquest;C&oacute;mo podr&aacute; de otra manera?<\/p>\n<p>A la tentaci&oacute;n perenne del hombre hay que contraponer el Adviento de Cristo: es necesario nacer de Dios y renacer incesantemente de Dios.<\/p>\n<p>Y si en medio de las amplias perspectivas, que despliega ante nosotros el progreso de la cultura o de la ciencia, el cual suscita la leg&iacute;tima alegr&iacute;a y el desarrollo de la civilizaci&oacute;n, de la amenaza y de la violencia, si, repito, en medio de estas perspectivas tengo, en esta tarde de Adviento, alguna<i> propuesta particular<\/i> que dirigiros, es la siguiente: <i> &iexcl;no ces&eacute;is de vivir, naciendo constantemente de Dios y renaciendo de Dios!<\/i><\/p>\n<p>El Adviento de Cristo late en la nostalgia del hombre por la verdad, por el bien y la belleza, por la justicia, el amor y la paz.<i> El Adviento de Cristo late en los sacramentos de la Iglesia,<\/i> que nos permiten nacer de Dios y renacer de Dios.<\/p>\n<p>&iexcl;Vivir la Navidad, regenerados en Cristo por el sacramento de la reconciliaci&oacute;n! &iexcl;Vivid la Navidad, sumergi&eacute;ndoos en el contenido m&aacute;s profundo del misterio de Dios, hacia el cual, en definitiva, se abre todo el adviento del hombre. \/\/ &quot;O Radix Iesse&#8230;<i> veni ad liberandum nos,<\/i> iam noli tardare!&quot;.<\/p>\n<p>4.&nbsp;Con el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista, su padre Zacarias escuch&oacute; estas palabras: &quot;&#8230;Ser&aacute; grande a los ojos del Se&ntilde;or&#8230; Se llenar&aacute; de Esp&iacute;ritu Santo ya en el vientre materno, y convertir&aacute; muchos israelitas al Se&ntilde;or, su Dios.<i> Ir&aacute; delante del Se&ntilde;or con el esp&iacute;ritu y poder&#8230;&quot; <\/i> (<i>Lc<\/i> I, 15-17).<\/p>\n<p>Esta es tambi&eacute;n otra direcci&oacute;n del camino, por el que nos lleva el Adviento. El hombre<i> no s&oacute;lo<\/i> camina<i> hacia Dios<\/i> a trav&eacute;s de lo que en &eacute;l hay: a trav&eacute;s de su imperfecci&oacute;n, de su amenaza, y a la vez del car&aacute;cter trascendental de su personalidad, orientado hacia la verdad, el bien, la belleza; a trav&eacute;s de la cultura y de la ciencia; a trav&eacute;s del deseo y de la nostalgia por un mundo m&aacute;s humano, m&aacute;s digno del hombre.<\/p>\n<p>El hombre no s&oacute;lo camina hacia Dios (por lo dem&aacute;s, frecuentemente sin saberlo o incluso neg&aacute;ndolo)<i> a trav&eacute;s de su propio adviento:<\/i> a trav&eacute;s del grito de su humanidad. El hombre va hacia Dios,<i> caminando,<\/i> en la historia de la salvaci&oacute;n,<i> ante Dios:<\/i> ante el Se&ntilde;or, como escuchamos en el Evangelio con relaci&oacute;n a Juan el Bautista, que deb&iacute;a caminar delante del Se&ntilde;or con el esp&iacute;ritu y el poder.<\/p>\n<p>Esta nueva<i> direcci&oacute;n del camino del adviento<\/i> del hombre est&aacute; vinculada de modo particular con el Adviento de Cristo. Sin embargo, el hombre camina &quot;delante del Se&ntilde;or&quot;<i> desde el comienzo<\/i> y caminar&aacute; delante de El hasta el fin, porque es sencillamente<i> imagen de Dios. <\/i>Al caminar, pues, por las sendas del mundo, dice al mundo y se da testimonio a s&iacute; mismo de Aquel cuya imagen es. Camina delante del Se&ntilde;or sometiendo la tierra, porque de hecho la misma tierra, as&iacute; como toda la creaci&oacute;n, est&aacute;n sometidas al Se&ntilde;or y el Se&ntilde;or se las ha dado al hombre para que las domine.<\/p>\n<p>Camina delante del Se&ntilde;or,<i> llenando su humanidad<\/i> y su historia terrestre con el contenido de su trabajo, con el contenido de la cultura y de la ciencia, con el contenido de la b&uacute;squeda incesante de la verdad, del bien, de la belleza, de la justicia, del amor, de la paz. Y camina delante del Se&ntilde;or,<i> implic&aacute;ndose frecuentemente en todo lo que es negaci&oacute;n<\/i> de la verdad, del bien y de la belleza, negaci&oacute;n de la justicia, del amor y de la paz. A veces se siente muy implicado en estas negaciones. Entonces, como por contraste, advierte todo el peso de la imagen desfigurada de Dios en su alma y en su historia.<\/p>\n<p>El adviento del hombre se encuentra con el Adviento de Cristo.<\/p>\n<p>&quot;O Radix Iesse, qui stas in signum populorum&#8230; quem<i> gentes deprecabuntur, <\/i>veni ad liberandum nos, iam noli tardare!&quot;.<\/p>\n<p>El Adviento de Cristo es indispensable para que el hombre encuentre de nuevo en &eacute;l<i> la certeza<\/i> de que, caminando por el mundo, viviendo de d&iacute;a en d&iacute;a y de a&ntilde;o en a&ntilde;o, amando y sufriendo&#8230;, camina delante del Se&ntilde;or, cuya imagen es en el mundo; da testimonio de El ante toda la creaci&oacute;n.<\/p>\n<p>5.&nbsp;Queridos participantes en este encuentro de Adviento. Al terminar esta meditaci&oacute;n, quiero desearos a vosotros y a todo el ambiente que represent&aacute;is, que la Navidad renueve en cada uno de vosotros<i> la certeza de este camino, <\/i> por el que vais,<i> en el que os<\/i> gu&iacute;a Cristo.<\/p>\n<p>Que todos vosotros, vuestros compatriotas y juntamente todos aquellos a los que ha llegado, en el curso de este a&ntilde;o que est&aacute; alcanzando su fin, mi servicio,<i> adquir&aacute;is de nuevo la valent&iacute;a<\/i> y <i>la alegr&iacute;a<\/i> de este camino por el que vais, en el que os gu&iacute;a Cristo.<\/p>\n<p>Que continu&eacute;is, con constancia y de manera cada vez m&aacute;s madura, &quot;caminando delante del Se&ntilde;or&quot;.<\/p>\n<p>&iexcl;S&iacute;! Que camin&eacute;is &quot;delante del Se&ntilde;or&quot;. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA PARA LOS UNIVERSITARIOS ROMANOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Viernes 19 de diciembre de 1980 1. &quot;O Radix Iesse, qui stas in signum populorum, super quem continebunt reges os suum, quem gentes deprecabuntur: veni ad liberandum nos, iam noli tardare!&quot;. 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