{"id":39557,"date":"2016-10-05T22:54:58","date_gmt":"2016-10-06T03:54:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-diciembre-de-1980-misa-en-el-150-aniversario-de-la-muerte-de-simon-bolivar\/"},"modified":"2016-10-05T22:54:58","modified_gmt":"2016-10-06T03:54:58","slug":"17-de-diciembre-de-1980-misa-en-el-150-aniversario-de-la-muerte-de-simon-bolivar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-diciembre-de-1980-misa-en-el-150-aniversario-de-la-muerte-de-simon-bolivar\/","title":{"rendered":"17 de diciembre de 1980, Misa en el 150\u00b0 aniversario de la muerte de Sim\u00f3n Bol\u00edvar"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA EN EL 150 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE SIM&Oacute;N BOL&Iacute;VAR<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i> <\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"3\" color=\"#663300\"><i>Capilla Sixtina, 17 de diciembre de 1980<br \/> <\/i><\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas,<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">1. En este sugestivo marco de la Capilla Sixtina, nos hemos congregado para la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, en una fecha que tanto significa para vosotros los aqu&iacute; presentes, representantes de los diversos pa&iacute;ses latinoamericanos y miembros de la comunidad de Am&eacute;rica Latina residente en Roma. <\/p>\n<p align=\"left\">Hab&eacute;is querido reuniros junto al altar, en torno al Sucesor de Pedro, en la conmemoraci&oacute;n del 150 aniversario de la muerte de Sim&oacute;n Bol&iacute;var, como lo hicieron vuestros antepasados con mi Predecesor el Papa P&iacute;o XI, en ocasi&oacute;n del centenario del mismo acontecimiento. <\/p>\n<p align=\"left\">En esta singular circunstancia, en la que revive el recuerdo de una figura que hab&eacute;is apellidado como pr&oacute;cer, gustosamente me uno a vosotros en un homenaje a vuestra historia humana y cristiana, as&iacute; como a vuestros respectivos pa&iacute;ses desde los que peregrina hacia el Padre una porci&oacute;n se&ntilde;alada de la Iglesia de Dios. Son los pa&iacute;ses sobre los que volc&oacute; su vida y energ&iacute;as el Libertador, al que instintivamente viene asociado el nombre de Jos&eacute; de San Mart&iacute;n \u2014por no citar m&aacute;s que &eacute;ste\u2014 sobre todo desde el hist&oacute;rico encuentro de ambos en Guayaquil. <\/p>\n<p align=\"left\">2. No se trata de hacer aqu&iacute; un acto acad&eacute;mico en honor de una persona insigne, sino de reflexionar, desde una &oacute;ptica cristiana, en este acto lit&uacute;rgico de uni&oacute;n con Dios y de comuni&oacute;n con los hermanos, sobre algunas de las lecciones de futuro que la conmemoraci&oacute;n hodierna nos conf&iacute;a como un legado, y que rebasa los confines de las naciones de pura esencia bolivariana. <\/p>\n<p align=\"left\">3. En efecto, la aspiraci&oacute;n a la unidad dentro de la \u201cPatria grande\u201d o de la confederaci&oacute;n americana \u2014que fue el gran sue&ntilde;o del forjador de la independencia de una buena parte de vuestras Naciones\u2014 y que deb&iacute;a respetar las diversidades de los diferentes Estados, constituye una llamada integradora que interpela al cristiano, para que sepa discernirla con justos y serenos criterios. <\/p>\n<p align=\"left\">No puede negarse, efectivamente, que para el afianzamiento de la paz, para un m&aacute;s eficaz y arm&oacute;nico desarrollo econ&oacute;mico, para un mayor enriquecimiento cultural y espiritual, as&iacute; como para poder hallar un puesto de conveniente dignidad en el concierto internacional, juega un papel muy importante la capacidad de asociarse debidamente pueblos diversos, movidos por un impulso de solidaria complementariedad. <\/p>\n<p align=\"left\">4. La Iglesia no es indiferente a este problema, sino que lo asume y, en lo que de ella depende, lo favorece con su activa colaboraci&oacute;n. Por ello, yo mismo dec&iacute;a no hace mucho al Episcopado latinoamericano que \u201ccomo lo demuestra la historia con elocuentes ejemplos, (la Iglesia) ha sido en Am&eacute;rica Latina el m&aacute;s vigoroso factor de unidad y de encuentro entre los pueblos. Seguid pues prestando todo vuestro aporte, dilectos pastores, a la causa de la justicia, de una bien entendida integraci&oacute;n latinoamericana, como un esperanzado servicio a la unidad\u201d (R&iacute;o de Janeiro, <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1980\/july\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800702_consiglioepiscopale-brasile_sp.html\"> Discurso en el XXV aniversario del CELAM<\/a>, 8). <\/p>\n<p align=\"left\">Partiendo de una visi&oacute;n de la hermandad universal de los hombres bajo la paternidad divina \u2014hermandad que halla una sublime realizaci&oacute;n en la participaci&oacute;n en la misma mesa eucar&iacute;stica\u2014 y del respeto din&aacute;mico a la vocaci&oacute;n integral del ser humano y sus manifestaciones religiosas, sociales o culturales, la Iglesia es bien consciente del papel armonizador que puede ejercer en una sociedad, sobre todo donde \u2014como es vuestro caso\u2014 una mayor&iacute;a de ciudadanos se encuentran estrechamente vinculados por lazos comunes de fe, de lengua y de cultura. <\/p>\n<p align=\"left\">Por este motivo, el Episcopado latinoamericano, v&aacute;lida muestra de unidad eclesial y aun social en sus actuaciones colectivas, proclama en el Documento de Puebla: \u201cLa Iglesia&#8230; mira con satisfacci&oacute;n los impulsos de la humanidad hacia la integraci&oacute;n y la comuni&oacute;n universal. En virtud de su misi&oacute;n espec&iacute;fica, se siente enviada, no para destruir sino para ayudar a las culturas a consolidarse en su propio ser e identidad, convocando a los hombres de todas las razas y pueblos a reunirse, por la fe, bajo Cristo, en el mismo y &uacute;nico Pueblo de Dios\u201d (<i>Puebla<\/i>, 425). Es una uni&oacute;n que no se detiene pues en el solo aspecto religioso, sin pretender la simple uniformidad, sin absorber las diversas culturas ni mucho menos favorecer el dominio de un pueblo o sector social sobre los otros. Pero sin renunciar tampoco a esa integraci&oacute;n justa, en los cuadros \u201cde una gran patria latinoamericana y de una integraci&oacute;n universal\u201d (<i>Puebla<\/i>, 428). <\/p>\n<p align=\"left\">En esta l&iacute;nea de integradora solidaridad son de apreciar y alentar los esfuerzos desplegados por las Organizaciones Internacionales regionales de Am&eacute;rica Latina, que tratan de promover y dar eficaz concreci&oacute;n a esa corriente unificadora en el continente latinoamericano. <\/p>\n<p align=\"left\">5. Otro de los puntos de reflexi&oacute;n que la actual conmemoraci&oacute;n nos ofrece es el amor a la libertad que ella conlleva. Aquel anhelo de constituir una gran naci&oacute;n, \u201cmenos por su extensi&oacute;n y riqueza que por su libertad y gloria\u201d (Carta de Bol&iacute;var, Kingston, 6 de septiembre de 1815), es un reto de perenne validez para las naciones y pueblos de Am&eacute;rica Latina. <\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, superada la fase libertaria que culmin&oacute; en la independencia, se trata ahora de ir construyendo progresivamente espacios efectivos de aut&eacute;ntica libertad. Libertad en armon&iacute;a con la ley divina, en un clima de solidaridad, de justicia generalizada, de respeto a los derechos de cada comunidad pol&iacute;tica, de cada asociaci&oacute;n leg&iacute;tima, de cada sector social o familia. Y, como fundamento de todo ello, dentro del respeto a los derechos sagrados de cada persona y de su expl&iacute;cita relaci&oacute;n a Dios, en privado y en p&uacute;blico. <\/p>\n<p align=\"left\">La llamada a esa construcci&oacute;n de la libertad debe hallar eco eficaz \u2014como insistentemente ense&ntilde;a la Iglesia\u2014 en la superaci&oacute;n de sistemas econ&oacute;micos e ideolog&iacute;as que no est&aacute;n al servicio de la dimensi&oacute;n completa del hombre y que la sofocan injustamente: \u201cDado que no en todo aquello que los diversos sistemas, y tambi&eacute;n los hombres en particular, ven y propagan como libertad est&aacute; la verdadera libertad del hombre, tanto m&aacute;s la Iglesia, en virtud de su misi&oacute;n divina, se hace custodia de esa libertad que es condici&oacute;n y base de la verdadera dignidad de la persona humana\u201d <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PD.HTM\">Redemptor hominis<\/a>,<\/i>&nbsp;12; cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1979\/january\/documents\/hf_jp-ii_spe_19790128_messico-puebla-episc-latam_sp.html\">Discurso inaugural de la Conferencia de Puebla<\/a><\/i>, 28 de enero de 1979, III, 2, 3). <\/p>\n<p align=\"left\">Por ello hay que tener en cuenta que esta libertad personal y social quedar&aacute; en mero sue&ntilde;o, si cada comunidad pol&iacute;tica no sabe erigirse \u2014con sus normas constitucionales y su observancia pr&aacute;ctica\u2014 en defensora y promotora de la dignidad de cada miembro suyo, ayud&aacute;ndole a desarrollar sus propias facultades, empezando por evitar toda forma de injusticia o discriminaci&oacute;n; realidades que, por desgracia, no pertenecen s&oacute;lo al pasado (cf. Juan Pablo II, <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/letters\/1978\/documents\/hf_jp-ii_let_19781202_waldheim_sp.html\">Mensaje a la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas<\/a><\/i>, 2 de diciembre de 1978). <\/p>\n<p align=\"left\">6. En este marco de reflexiones, que obviamente no pueden ser exhaustivas, y que sugiere la ocasi&oacute;n de nuestro encuentro, no quiero dejar de hacer una r&aacute;pida alusi&oacute;n a la presencia cercana de la Santa Sede en aquellos delicados y trascendentales momentos de vuestra historia. <\/p>\n<p align=\"left\">Cuando, por ejemplo, desde principios del pasado siglo, primero las guerras civiles, luego la gesta de la independencia y las sacudidas que ello provoca, crean divisiones en la Iglesia y originan un desmantelamiento de sedes episcopales, la Santa Sede provee, no sin dificultades y de acuerdo con la delegaci&oacute;n de Ignacio Tejada, a la designaci&oacute;n de Obispos \u201cpropietarios\u201d que atiendan al bien espiritual de la gran Colombia. <\/p>\n<p align=\"left\">Aquella solicitud por el cuidado moral de vuestros pueblos y por la promoci&oacute;n de los esp&iacute;ritus, que era una elocuente prueba de presencia amigable y alentadora, pervive con renovada intensidad en los prop&oacute;sitos de esta Sede Apost&oacute;lica. Ella valora altamente vuestra condici&oacute;n de naciones nobles y cristianas y quiere ayudarlas, con respeto a las leg&iacute;timas instancias y fiel a las exigencias de su propia misi&oacute;n, para que cada uno de sus hijos se realice en su doble vertiente terrena y eterna. <\/p>\n<p align=\"left\">Este es el significado m&aacute;s profundo de este nuestro encuentro ante el altar del Se&ntilde;or en esta fecha se&ntilde;alada. <\/p>\n<p align=\"left\">7. A Cristo, Pr&iacute;ncipe de la paz y esperanza de los pueblos, como nos lo presenta la liturgia en este per&iacute;odo de Adviento, confiamos estas aspiraciones en el Sacrificio eucar&iacute;stico que estamos celebrando. Quiera El conducir el destino de vuestros pa&iacute;ses por derroteros de progreso, de concordia, de rectitud moral. <\/p>\n<p align=\"left\">A la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, a quien bajo m&uacute;ltiples advocaciones acuden confiados los fieles de Latinoam&eacute;rica conscientes de la poderosa intercesi&oacute;n de tan excelsa Madre, reitero por vosotros, por vuestras naciones y conciudadanos la misma s&uacute;plica que pronunci&eacute; peregrino en el Tepeyac:<\/p>\n<p align=\"left\">\u201cHaz que todos, gobernantes y s&uacute;bditos, aprendan a vivir en paz, se eduquen para la paz, hagan cuanto exige la justicia y el respeto de los derechos de todo hombre, para que se consolide la paz&#8230; Que tu maternal presencia en el misterio de Cristo y de la Iglesia se convierta en fuente de alegr&iacute;a y de libertad para cada uno y para todos; fuente de aquella libertad por medio de la cual \u201cCristo nos ha hecho libres\u201d, y finalmente fuente de aquella paz que el mundo no puede dar, sino que s&oacute;lo la da El, Cristo\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1979\/documents\/hf_jp-ii_hom_19790127_messico-guadalupe_sp.html\">Homil&iacute;a en la bas&iacute;lica de Guadalupe<\/a><\/i>, 27 de enero de 1979, 5). As&iacute; sea. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980&nbsp;&#8211; &nbsp;Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA EN EL 150 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE SIM&Oacute;N BOL&Iacute;VAR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Capilla Sixtina, 17 de diciembre de 1980 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas, 1. 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