{"id":39559,"date":"2016-10-05T22:55:00","date_gmt":"2016-10-06T03:55:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-diciembre-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-la-natividad-de-nuestro-senor\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:00","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:00","slug":"14-de-diciembre-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-la-natividad-de-nuestro-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-diciembre-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-la-natividad-de-nuestro-senor\/","title":{"rendered":"14 de diciembre de 1980, Visita pastoral a la\u00a0 parroquia romana de la Natividad de Nuestro Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SE&Ntilde;OR<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> III domingo de Adviento, 14 de diciembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;Me alegro por el hecho de que hoy puedo estar en vuestra parroquia. Efectivamente, ya est&aacute;n muy cerca para nosotros las fiestas de la Navidad del Se&ntilde;or, y vuestra parroquia<i> est&aacute; dedicada precisamente a la Natividad.<\/i>&nbsp;Por&nbsp;eso el per&iacute;odo del Adviento se vive en vuestra comunidad de modo particularmente profundo, y me alegro porque puedo participar hoy en este modo vuestro de vivir el Adviento.<\/p>\n<p>Ante todo, deseo saludar cordialmente a cada uno de vosotros, comenzando por la persona del se&ntilde;or cardenal Vicario que, por mandato m&iacute;o, tiene la responsabilidad del gobierno pastoral sobre toda Roma. Con &eacute;l saludo tanto al obispo auxiliar, mons. Giulio Salimei, que precisamente en estos d&iacute;as est&aacute; realizando una cuidadosa visita pastoral entre vosotros, como a vuestro p&aacute;rroco con los sacerdotes del presbiterio, quienes muy oportunamente han realizado un ideal de vida en com&uacute;n en las formas de vivir juntos y de compartir los bienes. Si dirijo a ellos, como a los sacerdotes que con ellos colaboran, un merecido elogio por este testimonio de comuni&oacute;n, no puedo olvidar tampoco a<i> los institutos religiosos<\/i> que est&aacute;n presentes y que trabajan en la parroquial as&iacute; como a las varias<i> comunidades de apostolado laical organizado.<\/i> Pero luego est&aacute; la m&aacute;s amplia familia de los fieles: no se trata ya de una masa an&oacute;nima, sino de una formaci&oacute;n vital que, aun cuando de origen relativamente reciente, ha podido disfrutar, desde el comienzo, del celo ejemplar de mons. Luigi Rovigatti (a quien dirijo ahora un afectuoso recuerdo), y ha realizado en poco m&aacute;s de 40 a&ntilde;os un largo y positivo itinerario de fe, llevando a cabo una feliz s&iacute;ntesis entre los elementos de la tradici&oacute;n y los providenciales fermentos del Concilio.<\/p>\n<p>Por esto, se dirige a todos vosotros, queridos hermanos e hijos, mi saludo que quiere ser y es, al mismo tiempo, expresi&oacute;n de complacencia e invitaci&oacute;n a un progreso ulterior.<\/p>\n<p>2.&nbsp;&quot;&iquest;Eres t&uacute; el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?&quot;<i> (Mt<\/i> 11, 3).<\/p>\n<p>Hoy, III domingo de Adviento, la Iglesia repite la pregunta que fue hecha por primera vez a Cristo por los disc&iacute;pulos de Juan Bautista: &iquest;Eres t&uacute; el que ha de venir?<\/p>\n<p>As&iacute; preguntaron los disc&iacute;pulos de aquel que dedic&oacute; toda su misi&oacute;n a preparar la venida del Mes&iacute;as, los disc&iacute;pulos de aquel que &quot;am&oacute; y prepar&oacute; la venida del Se&ntilde;or&quot; hasta la c&aacute;rcel y hasta la muerte. Ahora sabemos que, cuando sus disc&iacute;pulos presentan esta pregunta a Jes&uacute;s, Juan Bautista se encuentra ya en la c&aacute;rcel, de la que no podr&aacute; salir m&aacute;s.<\/p>\n<p>Y Jes&uacute;s responde, remiti&eacute;ndose a sus obras y a sus palabras y, a la vez, a la profec&iacute;a mesi&aacute;nica de Isa&iacute;as: &quot;Los ciegos ven y los inv&aacute;lidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia&#8230; Id a anunciar a Juan lo que est&aacute;is viendo y oyendo&quot;<i> (Mt<\/i> 11, 5. 4).<\/p>\n<p><i>En el centro mismo de la liturgia del Adviento<\/i>&nbsp;nos encontramos, pues,<i> esta pregunta<\/i> dirigida a Cristo y su respuesta mesi&aacute;nica.<\/p>\n<p>Aunque esta pregunta se haya hecho una sola vez, sin embargo nosotros la podemos hacer<i> siempre de nuevo.<\/i> Debe ser hecha. &iexcl;Y en realidad se hace!<\/p>\n<p>El hombre plantea la pregunta en torno a Cristo. Diversos hombres, desde diversas partes del mundo, desde pa&iacute;ses y continentes, desde diversas culturas y civilizaciones, plantean la pregunta en torno a Cristo. En este mundo, en el que tanto se ha hecho y se hace siempre para cercar a Cristo con la conjura del silencio, para negar su existencia y misi&oacute;n, o para disminuirlas y deformarlas, retorna siempre de nuevo<i> la pregunta en torno a Cristo.<\/i> Retorna tambi&eacute;n cuando puede parecer que ya se ha extirpado esencialmente.<\/p>\n<p>El hombre pregunta:<i> &iquest;Eres t&uacute;, Cristo, el que ha de venir?<\/i> &iquest;Eres t&uacute; el que me explicar&aacute; el sentido definitivo de mi humanidad? &iquest;El sentido de mi existencia? &iquest;Eres t&uacute; el que me ayudar&aacute; a plantear y a construir mi vida de hombre desde sus fundamentos?<\/p>\n<p>As&iacute; preguntan los hombres, y<i> Cristo <\/i>constantemente<i> responde.<\/i> Responde como respondi&oacute; ya a los disc&iacute;pulos de Juan Bautista. Esta pregunta en torno a Cristo es la pregunta de Adviento, y es necesario que nosotros la hagamos dentro de nuestra comunidad cristiana. Hela aqu&iacute;:<\/p>\n<p><i>&iquest;Qui&eacute;n es para mi Jesucristo?<\/i><\/p>\n<p>&iquest;Qui&eacute;n es realmente para mis pensamientos, para mi coraz&oacute;n, para mi actuaci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo conozco yo, que soy cristiano y creo en El, y c&oacute;mo trato de conocer al que confieso? &iquest;Hablo de El a los otros? &iquest;Doy testimonio de El, al menos ante los que est&aacute;n m&aacute;s cercanos a m&iacute; en la casa paterna, en el ambiente de trabajo, de la universidad o de la escuela, en toda mi vida y en mi conducta? Esta es precisamente la pregunta de Adviento, y es preciso que, bas&aacute;ndonos en ella, nos hagamos las referidas, ulteriores preguntas, para que profundicen en nuestra conciencia cristiana y nos preparen as&iacute; a la venida del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>3.&nbsp;El Adviento retorna cada a&ntilde;o, y cada a&ntilde;o se desarrolla en el arco de cuatro semanas, cediendo luego el lugar a la alegr&iacute;a de la Santa Navidad.<\/p>\n<p>Hay, pues, diversos Advientos:<\/p>\n<p>Est&aacute; el adviento del ni&ntilde;o inocente y el adviento de la juventud inquieta (frecuentemente cr&iacute;tica); est&aacute; el adviento de los novios; est&aacute; el adviento de los esposos, de los padres, de los hombres dedicados a m&uacute;ltiples formas de trabajo y de responsabilidad con frecuencia grave. Finalmente est&aacute;n los advientos de los hombres ancianos, enfermos, de los que sufren, de los abandonados. Este a&ntilde;o est&aacute; el adviento de nuestros compatriotas v&iacute;ctimas de la calamidad del terremoto y que han quedado sin casa.<\/p>\n<p>Hay diversos advientos. Se repiten cada a&ntilde;o,<i> y todos se orientan hacia una direcci&oacute;n &uacute;nica.<\/i> Todos nos preparan a la misma realidad. Hoy, en la segunda lectura lit&uacute;rgica, escuchamos lo que escribe el Ap&oacute;stol Santiago: &quot;Hermanos, tened paciencia, hasta la venida del Se&ntilde;or. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra mientras recibe la lluvia temprana y tard&iacute;a. Tened paciencia tambi&eacute;n vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Se&ntilde;or est&aacute; cerca&quot;. Y a&ntilde;ade inmediatamente despu&eacute;s: &quot;Mirad que el juez est&aacute; ya a la puerta\u00bb (5, 7-9).<\/p>\n<p>Precisamente este reflejo deben tener tales<i> advientos en nuestros corazones. <\/i>Deben parecerse a la espera de la recolecci&oacute;n. El labrador aguarda el fruto de la tierra durante todo un a&ntilde;o o durante algunos meses. En cambio, la mies de la vida humana se espera durante toda la vida. Y todo adviento es importante. La mies de la tierra se recoge cuando est&aacute; madura, para utilizarla en satisfacer las necesidades del hombre.<i> La mies de la vida humana <\/i>espera el momento en el que aparecer&aacute; en toda la verdad ante Dios y ante Cristo, que es juez de nuestras almas.<\/p>\n<p>La venida de Cristo, la venida de Cristo en Bel&eacute;n anuncia tambi&eacute;n este <i> juicio.<\/i> &iexcl;Ella dice al hombre por qu&eacute; le es dado madurar en el curso de todos estos advientos, de los que se compone su vida en la tierra, y c&oacute;mo debe madurar &eacute;l!<\/p>\n<p>En el Evangelio de hoy Cristo, ante las muchedumbres reunidas, da el siguiente juicio sobre<i> Juan Bautista:<\/i> &quot;Os aseguro que no ha nacido de mujer uno m&aacute;s grande que Juan el Bautista, aunque el m&aacute;s peque&ntilde;o en el Reino de los cielos es m&aacute;s grande que &eacute;l&quot; (<i>Mt<\/i> 11, 11). Mi deseo es que nosotros, queridos hermanos y hermanas, podamos ver el momento en que escuchemos palabras semejantes de nuestro Redentor, como la verdad definitiva sobre nuestra vida.<\/p>\n<p>4. Estoy meditando sobre este mensaje de Adviento, unido a la liturgia de este domingo, juntamente con vosotros, queridos feligreses de la comunidad dedicada a la Natividad del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Por tanto, es necesario que cada uno lo considere como dirigido a<i> &eacute;l mismo <\/i>y es necesario tambi&eacute;n que todos lo acoj&aacute;is<i> en vuestra comunidad.<\/i><\/p>\n<p>Efectivamente, la parroquia existe para que los hombres bautizados en la comunidad, esto es, complet&aacute;ndose y ayud&aacute;ndose rec&iacute;procamente,<i> se preparen a la venida del Se&ntilde;or.<\/i><\/p>\n<p>A este prop&oacute;sito quisiera preguntar: <i>&iquest;C&oacute;mo se desarrolla y c&oacute;mo deber&iacute;a desarrollarse<\/i> en la comunidad<i> esta preparaci&oacute;n a la venida del Se&ntilde;or?<\/i> La respuesta podr&iacute;a ser doble: desde un punto de vista inmediato, se puede decir que esta preparaci&oacute;n se realiza siguiendo &quot;en sinton&iacute;a&quot; la acci&oacute;n pedag&oacute;gica de la Iglesia en el presente, t&iacute;pico per&iacute;odo del Adviento: esto es, acogiendo la renovada invitaci&oacute;n a la conversi&oacute;n y meditando el eterno misterio del Hijo de Dios que, encarn&aacute;ndose en el seno pur&iacute;simo de Mar&iacute;a, naci&oacute; en Bel&eacute;n. Pero, desde un punto de vista m&aacute;s amplio, no se trata s&oacute;lo del Adviento de este a&ntilde;o, o de la Navidad, para vivir en actitud de fe m&aacute;s viva; se trata tambi&eacute;n de la cotidiana, constante venida de Cristo en nuestra vida, gracias a una presencia que se alimenta con la catequesis y, sobre todo, con la participaci&oacute;n lit&uacute;rgico-sacramental.<\/p>\n<p>S&eacute; que en vuestra parroquia &eacute;sta es <i>una de las l&iacute;neas pastorales fundamentales:<\/i> efectivamente, se da la catequesis sistem&aacute;tica y permanente, seg&uacute;n las diversas edades, y se dedica una atenci&oacute;n especial a la sagrada liturgia. En realidad, la vida sacramental, cuando est&aacute; iluminada por un paralelo y profundo anuncio de Cristo, es el camino m&aacute;s expedito para ir al encuentro de El. En la oraci&oacute;n y, ante todo, en la<i> participaci&oacute;n en la Santa Misa dominical <\/i>nos encontramos precisamente con El. Pens&aacute;ndolo bien, esta participaci&oacute;n es la renovaci&oacute;n, cada semana, de la conciencia de la &quot;venida del Se&ntilde;or&quot;. Si ella faltase, se disipar&iacute;a esta conciencia, se debilitar&iacute;a y pronto se destruir&iacute;a. Por esto quiero dirigir la exhortaci&oacute;n del Concilio acerca del permanente valor del domingo como &quot;fiesta&quot; primordial que se debe inculcar a la piedad de tos fieles, &quot;a fin de que se re&uacute;nan en asamblea para escuchar la Palabra de Dios y participar en la Eucarist&iacute;a&quot; (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\"> Sacrosanctum Concilium<\/a>,<\/i> 106).<\/p>\n<p>Pero \u2014como bien sabemos\u2014 Cristo viene a nosotros tambi&eacute;n en las personas de los hermanos, especialmente de los m&aacute;s pobres, de los marginados y de los alejados. Tambi&eacute;n a este respecto s&eacute; que vuestra comunidad est&aacute; comprometida seg&uacute;n una l&iacute;nea pastoral, que configura una opci&oacute;n precisa y valiente. S&eacute;, por ejemplo, que son muchas las Asociaciones y los grupos eclesiales que practican la acogida evang&eacute;lica como &quot;una sincera atenci&oacute;n para todos los males, las tristezas y las esperanzas del hombre de hoy&quot; (cf.<i> Relazione pastorale,<\/i> p&aacute;g. 2): bajo la coordinaci&oacute;n del consejo pastoral, esta solicitud florece en numerosas obras de asistencia, de promoci&oacute;n y de caridad.<\/p>\n<p>Deseo expresaros p&uacute;blicamente mi aprecio y tambi&eacute;n mi gratitud por cuanto hac&eacute;is en favor de los ancianos, de los j&oacute;venes en dificultad, de los enfermos, de las familias necesitadas, como por el inter&eacute;s y la ayuda que ofrec&eacute;is a la misi&oacute;n de Matany en Uganda.<\/p>\n<p>5. Y ahora permitidme que termine esta meditaci&oacute;n sobre el Adviento con las palabras que sugiere el Profeta Isa&iacute;as: &quot;Fortaleced las manos d&eacute;biles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes de coraz&oacute;n: sed fuertes, no tem&aacute;is. Mirad a vuestro Dios &#8230; El os salvar&aacute;&quot; (<i>Is<\/i> 35, 3-4).<\/p>\n<p>Que nunca falte en vuestra vida, queridos feligreses de la parroquia de la Natividad de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, esta esperanza que su venida deposita en el coraz&oacute;n de cada hombre y en la que lo confirma saludablemente.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II III domingo de Adviento, 14 de diciembre de 1980 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: 1.&nbsp;Me alegro por el hecho de que hoy puedo estar en vuestra parroquia. 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