{"id":39566,"date":"2016-10-05T22:55:05","date_gmt":"2016-10-06T03:55:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-diciembre-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-nuestra-senora-de-la-salette-2\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:05","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:05","slug":"7-de-diciembre-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-nuestra-senora-de-la-salette-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-diciembre-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-nuestra-senora-de-la-salette-2\/","title":{"rendered":"7 de diciembre de 1980, Visita pastoral a la\u00a0 parroquia romana de Nuestra Se\u00f1ora de la Salette"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA <br \/> DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE &laquo;LA SALETTE&raquo;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> II domingo de Adviento, 7 de diciembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;&quot;Preparad el camino del Se&ntilde;or, allanad sus senderos. Y todos ver&aacute;n la salvaci&oacute;n del Se&ntilde;or&quot;<i> (Lc<\/i> 3, 4. 6).<\/p>\n<p>Cuando escuchamos estas palabras que han sido recordadas hace poco juntamente con la aclamaci&oacute;n del &quot;Alleluia&quot;, tomamos conciencia de vivir el per&iacute;odo del Adviento. Sabemos tambi&eacute;n que, ciertamente, habla<i> San Juan Bautista,<\/i> ese Profeta a&uacute;n de la Antigua Alianza, al que le fue dado preparar directamente el camino del Mes&iacute;as, y entrar, por as&iacute; decirlo, con toda su misi&oacute;n en el &aacute;mbito del Evangelio. El es uno de esos personajes que aparecen m&aacute;s frecuentemente en la liturgia del Adviento. El nos prepara cada a&ntilde;o a la venida del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Sin embargo, ser&iacute;a dif&iacute;cil, hoy, \u2014<i>en la vigilia de la solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a<\/i>\u2014 no dirigir nuestro pensamiento y nuestro coraz&oacute;n hacia Aquella en quien se ha realizado el Adviento de la espera del Mes&iacute;as, hacia Aquella a la que le fue dado concebirlo en el seno virginal y entregarlo al mundo en la noche de Bel&eacute;n:<i> hacia Mar&iacute;a.<\/i> Y esto, sobre todo, teniendo en cuenta que vuestra parroquia est&aacute; bajo su sant&iacute;simo patrocinio. Deseo, pues, saludar con el nombre de Mar&iacute;a &quot;Virgen de la Salette&quot;, a esta parroquia que me toca visitar precisamente hoy, para celebrar aqu&iacute; la liturgia del Adviento, y encontrarme con toda vuestra comunidad, como tambi&eacute;n con cada uno de sus miembros.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Mi saludo se dirige, ante todo, al se&ntilde;or cardenal Vicario y al obispo auxiliar mons. Remigio Ragonesi, los cuales hacen completa, con su presencia, la alegr&iacute;a de este encuentro.<\/p>\n<p>. Saludo tambi&eacute;n al p&aacute;rroco, padre Franco Zimbardi, y a los sacerdotes que colaboran con &eacute;l, padre Luciano Iaconi (a quien deseo un pronto restablecimiento), padre Giancarlo Berzacola y padre Bruno Stefanelli, como tambi&eacute;n a los padres de la curia generalicia de los Misioneros de Nuestra Se&ntilde;ora de la Salette, que dan su preciosa aportaci&oacute;n a la actividad parroquial: me es grato manifestar a todos, en esta ocasi&oacute;n, estima y aprecio por el trabajo pastoral que desarrollan con generosa dedicaci&oacute;n al servicio de los fieles del populoso barrio.<\/p>\n<p>Un saludo particular tambi&eacute;n a las religiosas de las diversas congregaciones presentes en la parroquia: el inter&eacute;s que ponen al ofrecer su trabajo \u2014y su oraci&oacute;n, como sobre todo en el caso del monasterio de las clarisas de clausura\u2014 para ayuda de las var&iacute;as iniciativas parroquiales, merece aplauso y est&iacute;mulo.<\/p>\n<p>Y una palabra especial de alabanza y de estima deseo dirigir tambi&eacute;n a todos los laicos que saben poner su tiempo, su inteligencia y su coraz&oacute;n a disposici&oacute;n de las m&uacute;ltiples exigencias de la pastoral moderna. Mi pensamiento va a cuantos est&aacute;n comprometidos en los diversos Movimientos eclesiales, como Acci&oacute;n Cat&oacute;lica, Apostolado de la Oraci&oacute;n, Legi&oacute;n de Mar&iacute;a; y tambi&eacute;n al grupo de Scouts, al de los Voluntarios de San Vicente, a la Asociaci&oacute;n de Padres de la escuela Anna Micheli; y no quisiera olvidar las iniciativas de enfoque social, como el Centro deportivo, el C&iacute;rculo de boch&oacute;filos, el C&iacute;rculo cultural.<\/p>\n<p>Finalmente, quiero reservar una palabra de particular aprecio tanto a los laicos que prestan su colaboraci&oacute;n en la catequesis permanente de iniciaci&oacute;n, preparados para esto por un curso bienal que funciona a nivel interparroquial, como a los que trabajan en el servicio de promoci&oacute;n de la familia, desarrollando actividades de consulta y de asistencia en relaci&oacute;n con los j&oacute;venes que se preparan al matrimonio y de las parejas en dificultad.<\/p>\n<p>La parroquia, que celebra este a&ntilde;o el 20 aniversario del comienzo oficial de la actividad pastoral, tiene una intensa vitalidad, que me complazco en poner aqu&iacute; de relieve y en animarla. Muchos problemas se han afrontado en el curso de estos a&ntilde;os y con la ayuda de la Virgen de la Salette, a la que est&aacute; dedicada la iglesia, algunos de ellos se han resuelto felizmente. Otros a&uacute;n permanecen, ligados a las vicisitudes de las familias, que tienen que afrontar frecuentemente dificultades internas y ambientales; con la situaci&oacute;n de los j&oacute;venes, expuestos a las sugestiones de la droga y del permisivismo moral; con la mentalidad social, calcada en modelos de pensamiento que tienen muy poco que ver con el Evangelio. Quisiera decir a todos: confiad en Mar&iacute;a &quot;reconciliadora de los pecadores&quot;. Ella os obtendr&aacute;, con su intercesi&oacute;n materna, que sep&aacute;is asimilar cada vez mejor los valores de la fe, de tal manera que pod&aacute;is caminar, apoyados en la esperanza, hacia la edificaci&oacute;n de una comunidad cada vez m&aacute;s profundamente penetrada por la fuerza unificadora del amor.<\/p>\n<p>Cuanto os he dicho en este saludo <i>sea testimonio,<\/i> queridos hermanos y hermanas, del<i> v&iacute;nculo<\/i> que existe entre vuestra parroquia y el Obispo de Roma, al que Cristo ha llamado para realizar el ministerio de la salvaci&oacute;n en medio de vosotros. La Inmaculada Madre de Cristo de &quot;La Salette&quot; bendiga nuestro encuentro.<\/p>\n<p>3.&nbsp;Cuando Juan Bautista, en las orillas del Jord&aacute;n, prepara a sus oyentes para la venida del Mes&iacute;as, administr&aacute;ndoles el bautismo de penitencia, les dice as&iacute;: &quot;Yo os bautizo con agua para que os convirt&aacute;is; pero el que viene detr&aacute;s de m&iacute; puede m&aacute;s que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. El os bautizar&aacute; con el Esp&iacute;ritu Santo y fuego&#8230;&quot; <i>(Mt<\/i> 3, 11).<\/p>\n<p>As&iacute;, pues, la misi&oacute;n de Juan en las orillas del Jord&aacute;n, que consiste en la predicaci&oacute;n y en la administraci&oacute;n del bautismo de la conversi&oacute;n, sirve como preparaci&oacute;n a Cristo, que bautizar&aacute; el Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>El bautismo de Juan no tiene esta fuerza. La tendr&aacute; s&oacute;lo el bautismo instituido por Cristo, ese bautismo con agua en el Esp&iacute;ritu Santo, del que dir&aacute; una vez el Se&ntilde;or Jes&uacute;s, durante su conversaci&oacute;n nocturna con Nicodemo: &quot;Quien no naciere del agua y del Esp&iacute;ritu,, no puede entrar en el reino de los cielos&quot; (<i>Jn<\/i> 3, 5). Ese bautismo, en cuanto<i> sacramento,<\/i> debe transmitir a los hombres todo el fruto de la redenci&oacute;n realizada por Cristo. Debe &quot;sepultar&quot; al hombre \u2014como se expresar&aacute; San Pablo en su muerte de cruz, para que pueda resucitar desde ella a la nueva vida: a la que Cristo revelar&aacute; en su resurrecci&oacute;n (cf.<i> Rom<\/i> 6, 3-11). Esta<i> vida nueva, <\/i>divina y sobrenatural, es para las almas humanas el<i> don del Padre,<\/i> del cual se hacen part&iacute;cipes los hombres en Cristo por obra del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>Por esto, ya Juan Bautista en las orillas del Jord&aacute;n, al anunciar la venida del Mes&iacute;as, dice: &quot;El os bautizar&aacute; con el Esp&iacute;ritu Santo y fuego&quot;<i> (Mt<\/i> 3, 11). Ese &quot;fuego&quot; debe abrasar,<i> devorar<\/i> el <i>mal del pecado<\/i> \u2014primeramente el pecado original\u2014 que separa al hombre de Dios y no le permite participar de su vida: esto es, no permite al hombre sumergirse en esta Vida, como en un agua vivificante.<\/p>\n<p>4. Este domingo de Adviento trae a nuestra conciencia el<i> significado<\/i> mesi&aacute;nico del bautismo. El Mes&iacute;as que debe venir es Aquel que bautizar&aacute; en Esp&iacute;ritu Santo y fuego.<\/p>\n<p>Debemos hacer de esta llamada el tema principal de nuestro encuentro, de nuestra meditaci&oacute;n com&uacute;n. La vida de cada parroquia,<i> la vida de vuestra parroquia<\/i> que lleva el nombre de la Virgen de &quot;La Salette&quot;, est&aacute; construida<i> sobre el fundamento del bautismo.<\/i> La parroquia es esa comunidad concreta, la comunidad del Pueblo de Dios, en la que los hombre nuevos, nacidos de padres y madres terrenos, renacen del agua y del Esp&iacute;ritu Santo (cf.<i> Jn<\/i> 3, 5), para recibir la vida nueva que Cristo nos ha tra&iacute;do y nos ha dado con su venida: la vida que comenz&oacute; con el nacimiento en la noche de Bel&eacute;n y se complet&oacute; con la Pascua de muerte y de resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p>&quot;Por el sacramento del bautismo \u2014ha recordado el Concilio Vaticano II\u2014el hombre se incorpora realmente a Cristo crucificado y glorioso y se regenera para participar en la vida divina, seg&uacute;n las palabras del Ap&oacute;stol: &#8216;Con El fuimos sepultados en el bautismo, y en El, asimismo, fuisteis resucitados por la fe en el poder de Dios, que lo resucit&oacute; de entre los muertos&#8217; (<i>Col 2,<\/i> 12)&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a>,<\/i><b> <\/b>22).<\/p>\n<p>As&iacute;, pues,<i> la vida real del cristiano comienza mediante el bautismo.<\/i> Y la vida de la parroquia, como comunidad del Pueblo de Dios, comienza siempre de nuevo mediante el bautismo que, cada vez, hace de esta comunidad la heredad mesi&aacute;nica del Hijo de Dios. Cada uno de nosotros lleva en s&iacute; la filiaci&oacute;n divina, comenzada por el sacramento del bautismo en la fuente bautismal de la parroquia, como don del Padre, obtenido gracias a la venida del Hijo de Dios en cuerpo humano. Lo confirma el &quot;car&aacute;cter&quot;, o sea, la marca sacramental del bautismo.<\/p>\n<p>5.&nbsp;Debemos, pues, en la vida de cada parroquia \u2014y hoy pienso sobre todo en vuestra parroquia de &quot;Monteverde Nuovo&quot;\u2014<i> renovar constantemente en nosotros la conciencia del bautismo.<\/i><\/p>\n<p>&iquest;De qu&eacute; modo?<\/p>\n<p>Ante todo, dando la debida importancia a cada bautismo, que se administra en esta parroquia. Su celebraci&oacute;n debe estar unida a una preparaci&oacute;n adecuada.<i> La preparaci&oacute;n<\/i>, en el caso del bautismo de los adultos, ata&ntilde;e sobre todo al mismo catec&uacute;meno. En cambio, en el caso del bautismo de los ni&ntilde;os \u2014que es la hip&oacute;tesis m&aacute;s frecuente en nuestros ambientes cat&oacute;licos\u2014 la preparaci&oacute;n debe abarcar a los<i> padres<\/i> y a los<i> padrinos<\/i> del peque&ntilde;o catec&uacute;meno, y tambi&eacute;n \u2014en cuanto sea posible\u2014 a los dem&aacute;s miembros del ambiente en el que &eacute;l debe nacer a la vida nueva mediante el sacramento del bautismo.<\/p>\n<p>Este sacramento no puede convertirse solamente en una costumbre o en un h&aacute;bito tradicional, carente del pleno significado que es esencial en la vida de la familia y de la parroquia.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, el sacramento del bautismo, administrado a un reci&eacute;n nacido o a un ni&ntilde;o que no ha llegado todav&iacute;a al uso de la raz&oacute;n, comporta la<i> obligaci&oacute;n de la introducci&oacute;n, <\/i> de la iniciaci&oacute;n del peque&ntilde;o cristiano, precisamente desde el momento de la vida consciente, en aquello de lo que &eacute;l se ha hecho part&iacute;cipe en el bautismo ya recibido a su tiempo.<\/p>\n<p>Esta obligaci&oacute;n corresponde ante todo a los padres y a los padrinos. Corresponde tambi&eacute;n a los Pastores de las almas. Indirectamente corresponde a toda la parroquia..<\/p>\n<p>Y&nbsp;se realiza<i> mediante<\/i> una<i> catequesis <\/i>sistem&aacute;tica unida a la participaci&oacute;n en la vida sacramental, en los tiempos y en los modos adecuados a la edad y a las circunstancias. Tiene una importancia enorme para esta catequesis la misma vida cotidiana de la familia y de todo el ambiente en el que deben reflejarse cada d&iacute;a las verdades transmitidas.<\/p>\n<p>6.&nbsp;En la segunda lectura de hoy, tomada de la Carta de San Pablo a los Romanos, el Ap&oacute;stol escribe, entre otras cosas, as&iacute;: &quot;Acogeos mutuamente como <i>Cristo os acogi&oacute; para gloria de Dios&quot; (Rom<\/i> 15, 7). Esta locuci&oacute;n y la llamada parecen expresar perfectamente la importancia del tema, al que hemos dedicado nuestra meditaci&oacute;n con motivo de la visita de hoy.<\/p>\n<p>De hecho. Cristo nos acogi&oacute; para gloria de Dios \u2014mediante su venida\u2014 y nos acoge constantemente para gloria de Dios. Y esto<i> se manifiesta<\/i> por primera vez<i> en el sacramento del bautismo. <\/i>Cristiano es el hombre &quot;acogido para la gloria de Dios&quot; en Jesucristo, y con este sentido debe vivir y encaminarse a la uni&oacute;n con Dios en esta gloria.<\/p>\n<p>Y&nbsp;cuando el Ap&oacute;stol escribe: puesto que (Cristo) os acogi&oacute; para gloria de Dios, &quot;acogeos&#8230; los unos a los otros&quot;, indica con estas palabras la solicitud con la que debe estar rodeada por toda la comunidad la obra del Adviento divino y de la Pascua divina en cada uno, comenzando desde los a&ntilde;os de la infancia.<\/p>\n<p>La parroquia es la comunidad del Pueblo de Dios, que tiene<i> la solicitud com&uacute;n <\/i>de hacer realmente que<i> el don mesi&aacute;nico del bautismo<\/i> en cada uno de sus miembros no se malogre, sino que d&eacute; frutos cada vez m&aacute;s llenos de fe, de esperanza y de caridad, los frutos de la vida &quot;en esp&iacute;ritu y en verdad&quot;<i> <\/i> (<i>Jn<\/i> 4, 23).<\/p>\n<p>Durante este encuentro de hoy os deseo y<i> ruego<\/i> que vuestra parroquia, dedicada a la Madre de Dios de &quot;La Salette&quot;, sea precisamente una comunidad as&iacute; y que lo sea cada vez m&aacute;s plenamente.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE &laquo;LA SALETTE&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II II domingo de Adviento, 7 de diciembre de 1980 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Preparad el camino del Se&ntilde;or, allanad sus senderos. 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