{"id":39568,"date":"2016-10-05T22:55:06","date_gmt":"2016-10-06T03:55:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-noviembre-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-leonardo-de-porto-mauricio-2\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:06","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:06","slug":"30-de-noviembre-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-leonardo-de-porto-mauricio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-noviembre-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-leonardo-de-porto-mauricio-2\/","title":{"rendered":"30 de noviembre de 1980, Visita pastoral a la\u00a0 parroquia romana de San Leonardo de Porto Mauricio"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN LEONARDO DE PORTO MAURICIO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE&nbsp; JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b> <br \/> I domingo de Adviento, 30 de noviembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Querid&iacute;simos hermanos e hijos:<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;Al escuchar las palabras del Evangelio de hoy seg&uacute;n Mateo, ante nuestros ojos vienen espont&aacute;neamente a la memoria los acontecimientos que durante la semana pasada han sacudido a toda Italia: el gran terremoto que ha azotado a las regiones de Campania y de Basilicata, desde Potenza a Avellino, hasta el litoral, a los Puertos de N&aacute;poles y Salerno.<\/p>\n<p>Improvisamente, la tarde del domingo pasado, lleg&oacute; la primera potente sacudida que destruy&oacute; las casas de los hombres y los santuarios del Se&ntilde;or, quitando la vida a millares de habitantes, adultos y ni&ntilde;os. El martes pasado visit&eacute; algunas localidades azotadas por el terremoto. Estuve en el hospital junto a los lechos de los heridos m&aacute;s graves: cabezas heridas, piernas y manos fracturadas, pechos aplastados. Adem&aacute;s, el clima general de miedo. Los habitantes, ante el peligro de nuevas sacudidas que podr&iacute;an quitares la vida o la salud, abandonan las casas y acampan en los caminos y en los campos.<\/p>\n<p>Mientras nosotros todos, con esp&iacute;ritu de solidaridad humana, queremos ayudar a nuestros hermanos y compatriotas, arrollados por la desgracia, al mismo tiempo, estos acontecimientos traen ante nuestros ojos, con una particular fuerza comparativa, el cuadro terrible que cada a&ntilde;o trazan los Evangelios de este primer domingo de Adviento: anuncios de destrucci&oacute;n y de muerte, en la espera escatol&oacute;gica de la &quot;venida del Hijo del Hombre&quot;<i> (Mt<\/i> 24, 39).<\/p>\n<p>2.&nbsp;La historia de los hombres y de las naciones, la historia de toda la humanidad suministra pruebas suficientes para afirmar que en todos los tiempos se han multiplicado desgracias y cat&aacute;strofes, calamidades naturales, como terremotos, o las causadas por el hombre, como guerras, revoluciones, estragos, homicidios y genocidios. Adem&aacute;s, cada uno de nosotros sabe que nuestra existencia terrena lleva a la muerte, llegando as&iacute; un d&iacute;a a su t&eacute;rmino. El mundo visible, con todos los bienes y las riquezas que oculta en s&iacute; mismo, al fin no es capaz de darnos m&aacute;s que la muerte: el t&eacute;rmino de la vida.<\/p>\n<p>Esta verdad, aunque nos la recuerda tambi&eacute;n la liturgia de hoy, primer domingo de Adviento, sin embargo, no es la verdad espec&iacute;fica anunciada en este d&iacute;a festivo, y en todo el per&iacute;odo de Adviento. No es la palabra principal del Evangelio.<\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;l es, pues, la palabra principal? La hemos le&iacute;do hace poco: la venida del Hijo del Hombre. La palabra principal del Evangelio no es &quot;la separaci&oacute;n&quot;, &quot;la ausencia&quot;, sino &quot;la venida&quot; y &quot;la presencia&quot;. Ni siquiera es la &quot;muerte&quot;, sino la &quot;vida&quot;. El Evangelio es la Buena Noticia, porque pronuncia la verdad sobre la vida en el contexto de la muerte.<\/p>\n<p>La venida del Hijo del Hombre es el comienzo de esta Vida. Y de este comienzo nos habla precisamente el Adviento, que responde a la pregunta: &iquest;c&oacute;mo debe vivir el hombre en el mundo con la perspectiva de la muerte? El hombre al que, en un abrir y cerrar de ojos, le puede ser quitada la vida, &iquest;c&oacute;mo debe vivir en este mundo, para encontrarse con el Hijo del Hombre, cuya venida es el comienzo de la nueva vida, de la vida m&aacute;s potente que la muerte?<\/p>\n<p>3. Precisamente sobre esto quiero reflexionar con vosotros, querid&iacute;simos feligreses de la comunidad de Acilia, dedicada a San Leonardo de Porto Mauricio: la parroquia que me ha sido dado visitar hoy. Efectivamente, como Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro, soy vuestro Obispo; y el deber principal de los obispos, heredado de los Ap&oacute;stoles, es visitar cada una de las comunidades cristianas y mantener con ellas una viva uni&oacute;n.<\/p>\n<p>Deseo, pues, con ocasi&oacute;n de la visita de hoy, saludar cordialmente a todos los que form&aacute;is la parroquia de San Leonardo con sus 12.000 almas y 3.000 familias. Saludo afectuosamente al cardenal Vicario y al obispo auxiliar mons. Clemente Riva, que participan en mi solicitud por el bien de esta parroquia, confiada a los Hermanos Franciscanos Menores de la provincia romana. A ellos dirijo mi pensamiento agradecido por su celosa obra de apostolado, ejercitada, desde hace tiempo, con asiduidad y sacrificio, mientras recuerdo particularmente al benem&eacute;rito p&aacute;rroco, padre Guido Anagni, que os asiste espiritualmente desde hace 20 a&ntilde;os, con inter&eacute;s, compartido cotidianamente por sus colaboradores, y que tiende totalmente a formar cristianos convencidos y responsables. Mi benevolencia cordial se extiende a las queridas y generosas religiosas batistinas, que desarrollan una obra insustituible, en cada uno de los grupos del laicado, que no dejan de estudiar y recorrer los caminos frecuentemente arduos de una colaboraci&oacute;n responsable e iluminada. A los ni&ntilde;os, a los ancianos, a los enfermos, a los j&oacute;venes y a los adultos, a los trabajadores y a los empleados, a todos abro mi coraz&oacute;n para hacer sentir mi viva participaci&oacute;n en cada uno de sus problemas y fatigas, y para decir, sobre todo, que estoy aqu&iacute; en medio de vosotros, a fin de confirmaros en la viva espera de Cristo Salvador, que es firmeza en la fe y alegr&iacute;a en la esperanza.<\/p>\n<p>4. Nos encontramos, pues, todos en el primer domingo de Adviento. &iquest;Cu&aacute;l es esta verdad que nos penetra y vivifica hoy? &iquest;Qu&eacute; mensaje nos anuncia la Santa Iglesia, nuestra Madre? Como ya he dicho, no se trata de un mensaje de miedo y de muerte, sino del mensaje de la esperanza y de la llamada.<\/p>\n<p>Tomemos como ejemplo la segunda lectura; he aqu&iacute; lo que el Ap&oacute;stol Pablo dice a los romanos de entonces, pero que debemos tomar en serio los romanos de hoy: &quot;Daos cuenta del momento en que viv&iacute;s; ya es hora de espabilarse, porque ahora nuestra salvaci&oacute;n est&aacute; m&aacute;s cerca que cuando empezamos a creer. La noche est&aacute; avanzada, el d&iacute;a se echa encima&quot; (<i>Rom<\/i> 13, 11-12).<\/p>\n<p>En realidad, al contrario de como podemos ser inducidos a pensar, la salvaci&oacute;n est&aacute; m&aacute;s cercana y no m&aacute;s lejana. Efectivamente, al vivir en una &eacute;poca de secularizaci&oacute;n, somos testigos de comportamientos de indiferencia religiosa y tambi&eacute;n de programas e ideolog&iacute;as ateas o incluso antite&iacute;stas. Se llegar&iacute;a a pensar que los indicios humanos desmienten el mensaje de la liturgia de hoy. Ella, en cambio \u2014aun haciendo referencia tambi&eacute;n a estos &quot;indicios humanos&quot;\u2014 proclama, sin embargo, la verdad divina y anuncia el designio divino que no decae jam&aacute;s, que no cambia aun cuando puedan cambiar los hombres, los programas, los proyectos humanos. Ese designio divino es el designio de la salvaci&oacute;n del hombre en Cristo, que, una vez emprendido, perdura, y consiguientemente mira a su cumplimiento.<\/p>\n<p>Pero el hombre puede ser ciego y sordo a todo esto. Puede meterse cada Vez m&aacute;s profundamente en la noche, aunque se acerque el d&iacute;a. Puede multiplicar las obras de las tinieblas aunque Cristo le ofrezca &quot;las armas de la luz&quot;.<\/p>\n<p>Por lo tanto, la invitaci&oacute;n apremiante de la liturgia de hoy es la del Ap&oacute;stol: &quot;Vest&iacute;os del Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>Rom <\/i>13, 14). Esta expresi&oacute;n es, en cierto sentido, la definici&oacute;n del cristiano. Ser cristiano quiere decir &quot;vestirse de Cristo&quot;. El Adviento es la nueva llamada a vestirse de Jesucristo.<\/p>\n<p>Dice adem&aacute;s el Ap&oacute;stol: &quot;Conduzc&aacute;monos como en pleno d&iacute;a, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de ri&ntilde;as ni pendencias&#8230;, y que el cuidado de vuestro cuerpo no fomente los malos deseos&quot; (<i>Rom<\/i> 13, 13-14).<\/p>\n<p>5. &iquest;Qu&eacute; significa, adem&aacute;s, el Adviento? El Adviento es el descubrimiento de una gran aspiraci&oacute;n de los hombres y de los pueblos hacia la casa del Se&ntilde;or. No hacia la muerte y la destrucci&oacute;n, sino hacia el encuentro con El.<\/p>\n<p>Y&nbsp;por esto en la liturgia de hoy o&iacute;mos esta invitaci&oacute;n: &quot;Qu&eacute; alegr&iacute;a cuando me dijeron: vamos a la casa del Se&ntilde;or&quot;<\/p>\n<p>Y&nbsp;el mismo Salmo responsorial nos traza, por decirlo as&iacute;, la imagen de esa casa, de esa ciudad, de ese encuentro: &quot;Ya est&aacute;n pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusal&eacute;n. All&aacute; suben las tribus, las tribus del Se&ntilde;or. Seg&uacute;n la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Se&ntilde;or. En ella est&aacute;n los tribunales de justicia en el palacio de David. Por mis hermanos y compa&ntilde;eros voy a decir: &#8216;La paz contigo&#8217;. Por la casa del Se&ntilde;or nuestro Dios, te deseo todo bien&quot;<i> <\/i> (<i>Sal<\/i> 121 [122]).<\/p>\n<p>S&iacute;. El Se&ntilde;or es el Dios de la paz, es el Dios de la Alianza con el hombre. Cuando en la noche de Bel&eacute;n los pobres pastores se pondr&aacute;n en camino hacia el establo donde se realizar&aacute; la primera venida del Hijo del Hombre, los conducir&aacute; el canto de los &aacute;ngeles: &quot;Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 14).<\/p>\n<p>6.&nbsp;Esta visi&oacute;n de la paz divina pertenece a toda la espera mesi&aacute;nica en la Antigua Alianza. O&iacute;mos hoy las palabras de Isa&iacute;as: &quot;Ser&aacute; el &aacute;rbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjar&aacute;n arados; de las lanzas, podaderas. No alzar&aacute; la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrar&aacute;n para la guerra. Casa de Jacob, ven; caminemos a la luz del Se&ntilde;or&quot;<i> (Is <\/i>2, 4-5).<\/p>\n<p>El Adviento trae consigo la invitaci&oacute;n a la paz de Dios para todos los hombres. Es necesario que nosotros construyamos esta paz y la reconstruyamos continuamente en nosotros mismos y con los otros: en las familias, en las relaciones con los cercanos, en los ambientes de trabajo, en la vida de toda la sociedad.<\/p>\n<p>Trabajad con esp&iacute;ritu de solidaridad fraterna a fin de que vuestra parroquia crezca cada vez m&aacute;s como comunidad de fieles, de familias, de grupos \u2014me refiero particularmente a todos vuestros grupos organizados\u2014 en comuni&oacute;n de verdad y de amor. La comunidad parroquial, en efecto, se edifica sobre la Palabra de Dios, transmitida y garantizada por los Pastores, se alimenta por la gracia de los sacramentos, se sostiene por la oraci&oacute;n, se une por el v&iacute;nculo de la caridad fraterna. Que cada uno de sus miembros se sienta vivo, activo, part&iacute;cipe, corresponsable, implicado en tareas efectivas de evangelizaci&oacute;n cristiana y de promoci&oacute;n humana. De este modo, vuestra parroquia se convierte en signo e instrumento de la presencia de Cristo en el barrio, irradiaci&oacute;n de su amor y de su paz.<\/p>\n<p>Para servir a esta paz de m&uacute;ltiples dimensiones, es necesario escuchar tambi&eacute;n estas palabras del Profeta: &quot;Venid, subamos al monte del Se&ntilde;or, a la casa del Dios de Jacob. El nos instruir&aacute; en sus caminos y marcharemos por sus sendas, porque de Si&oacute;n saldr&aacute; la ley. de Jerusal&eacute;n la palabra del Se&ntilde;or&quot; (<i>Is<\/i> 2, 3).<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n para vuestra comunidad eclesial el Adviento es el tiempo en el que se deben aprender de nuevo la ley del Se&ntilde;or y sus palabras. Es el tiempo de una catequesis intensificada. La ley y la palabra del Se&ntilde;or deben penetrar de nuevo en el coraz&oacute;n, deben encontrar de nuevo su confirmaci&oacute;n en la vida social. Sirven al bien del hombre. &iexcl;Construyen la paz!<\/p>\n<p>Vuestra parroquia est&aacute; dedicada a San Leonardo de Porto Mauricio, franciscano de palabra ardiente, que recorri&oacute; Italia para amonestar y convertir inmensas muchedumbres, llamando a la penitencia y a la piedad, viviendo &eacute;l ciertamente en &iacute;ntima uni&oacute;n con Dios. A &eacute;l, tan querido por los romanos de su tiempo y venerado ya como santo desde el momento de su muerte en San Buenaventura en el Palatino, conf&iacute;o vuestra parroquia. vuestros prop&oacute;sitos de vida cristiana, vuestra fidelidad a Cristo Se&ntilde;or, en el tiempo presente.<\/p>\n<p>7.&nbsp;Queridos hermanos e hijos: Nos encontramos, pues, de nuevo al comienzo del camino. Ha comenzado de nuevo el Adviento: el tiempo de la gracia, el tiempo de la espera, el tiempo de la venida del Se&ntilde;or, que perdura siempre. Y la vida del hombre se desarrolla en el amor del Se&ntilde;or, a pesar de todas las dolorosas experiencias de la destrucci&oacute;n y de la muerte, hacia la realizaci&oacute;n final en Dios.<\/p>\n<p>&iexcl;El Hijo del Hombre vendr&aacute;! Escuchemos estas palabras con la esperanza, no con el miedo, aunque est&eacute;n llenas de una profunda seriedad.<\/p>\n<p>Velad&#8230; y estad preparados, porque no sab&eacute;is en qu&eacute; d&iacute;a vendr&aacute; el Hijo del Hombre. (Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s! &iexcl;Marana tha!<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN LEONARDO DE PORTO MAURICIO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE&nbsp; JUAN PABLO II I domingo de Adviento, 30 de noviembre de 1980 &nbsp; Querid&iacute;simos hermanos e hijos: 1.&nbsp;Al escuchar las palabras del Evangelio de hoy seg&uacute;n Mateo, ante nuestros ojos vienen espont&aacute;neamente a la memoria los acontecimientos que durante la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-noviembre-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-leonardo-de-porto-mauricio-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab30 de noviembre de 1980, Visita pastoral a la\u00a0 parroquia romana de San Leonardo de Porto Mauricio\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39568","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39568","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39568"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39568\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39568"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39568"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39568"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}