{"id":39572,"date":"2016-10-05T22:55:10","date_gmt":"2016-10-06T03:55:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-noviembre-de-1980-munich-2\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:10","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:10","slug":"19-de-noviembre-de-1980-munich-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-noviembre-de-1980-munich-2\/","title":{"rendered":"19 de noviembre de 1980, Munich"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1980\/trav_germania.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA PARA LOS J&Oacute;VENES<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/i><br \/> <\/b><i>&laquo;Theresienwiese&raquo; de Munich<br \/> Mi&eacute;rcoles 19 de noviembre de 1980<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas,<br \/> queridos j&oacute;venes:<\/i><\/p>\n<p>1. Cristo, al hablar del Reino de Dios utiliza frecuentemente im&aacute;genes y par&aacute;bolas. Su imagen de la &quot;cosecha&quot; de la &quot;gran cosecha&quot;, deb&iacute;a de evocar en sus oyentes esa &eacute;poca tan bien conocida del ciclo anual en que el hombre pod&iacute;a disponerse a cosechar los frutos de la tierra, sazonados gracias al duro y constante trabajo humano.<\/p>\n<p>La palabra &quot;cosecha&quot; dirige tambi&eacute;n hoy nuestros pensamientos en la misma direcci&oacute;n, aunque nosotros, hombres de pa&iacute;ses con un alto nivel de industrializaci&oacute;n, apenas somos capaces de captar en su justa medida la importancia y el significado que tienen para el agricultor, y sobre todo para los hombres, la maduraci&oacute;n y la cosecha de los frutos de la tierra.<\/p>\n<p>Con la imagen del grano, que va madurando hasta el momento de la cosecha, se refiere Jes&uacute;s a<i> la madurez y el crecimiento internos del hombre.<\/i><\/p>\n<p>El hombre est&aacute; ligado a su naturaleza y depende de ella. Pero al mismo tiempo la supera con toda la organizaci&oacute;n interna de su esencia personal. Por eso,<i> la madurez humana es algo diferente<\/i> del proceso de maduraci&oacute;n en la naturaleza. En el hombre no se trata s&oacute;lo de esfuerzos corporales e inmateriales. Del proceso de maduraci&oacute;n humano forma parte esencial la dimensi&oacute;n espiritual y religiosa de su ser. Cuando Cristo habla de la &quot;cosecha&quot;, quiere decir que el hombre tiene que ir madurando con vistas a Dios, para despu&eacute;s conseguid<i> en Dios<\/i> mismo, en su Reino, los frutos de su esfuerzo y su madurez.<\/p>\n<p>Con gran seriedad, pero a la vez con alegre esperanza, quisiera haceros hoy hincapi&eacute;, a vosotros j&oacute;venes de hoy, en esta verdad del Evangelio. Os encontr&aacute;is en un per&iacute;odo de vuestra vida especialmente importante y cr&iacute;tico, en el que se deciden muchas cosas, o casi todo, de cara a vuestro ulterior desarrollo y a vuestro futuro.<\/p>\n<p>El conocimiento de la verdad es de una importancia b&aacute;sica para la formaci&oacute;n de la propia personalidad, para la construcci&oacute;n del ser interno del hombre. Realmente, el hombre puede ir madurando<i> s&oacute;lo apoyado y situado en la verdad.<\/i> En esto consiste el profundo sentido de tan importante proceso educativo, al que tambi&eacute;n debe ofrecer sus servicios el sistema global escolar, incluidas las universidades. Ese proceso debe ayudar al joven a conocerse a s&iacute; mismo y a comprender el mundo; debe ayudarle a percibir y a tener en perspectiva todo aquello a trav&eacute;s de lo cual adquieren pleno sentido la existencia y la acci&oacute;n del hombre en el mundo. Para ello debe ayudarle tambi&eacute;n a conocer a Dios. El hombre no puede vivir sin <i>conocer el sentido de su existencia.<\/i><\/p>\n<p>2. Sin embargo, esta b&uacute;squeda, esta autorrealizaci&oacute;n y maduraci&oacute;n sobre la fundamental y plena verdad de la realidad, no es f&aacute;cil. Siempre ha habido que superar muchas dificultades. Es precisamente a este problema al que parece aludir San Pablo cuando escribe en su segunda Carta a los Tesalonicenses: &quot;No os turb&eacute;is de ligero, perdiendo el buen sentido, y no os alarm&eacute;is&#8230; Que nadie en modo alguno os enga&ntilde;e&quot; (2, 2-3). Estas palabras, dirigidas a una joven comunidad de primitivos cristianos, deben hoy ser le&iacute;das de nuevo ante el mudado tel&oacute;n de fondo de nuestra civilizaci&oacute;n y cultura modernas. Tambi&eacute;n yo desear&iacute;a lanzaros este llamamiento a vosotros, j&oacute;venes de hoy: &iexcl;No os descorazon&eacute;is! &iexcl;No os dej&eacute;is embaucar!<\/p>\n<p>Dad gracias si ten&eacute;is unos buenos padres que os animan y os muestran el recto camino. Tal vez son mejores de lo que, a primera vista, sois capaces de reconocer. Pero no pocos sufren bajo sus padres y se sienten poco comprendidos o casi solos. Otros deben encontrar el camino de la fe sin, o en contra de, sus padres. Otros sufren en la escuela por el &quot;peso del trabajo&quot;, como vosotros dec&iacute;s, sufren por las relaciones humanas y las tensiones en los lugares de trabajo, por la inseguridad que crean las perspectivas profesionales de cara al futuro. &iquest;No va uno a angustiarse cuando advierte que el desarrollo t&eacute;cnico y econ&oacute;mico destruye las condiciones de vida naturales del hombre? Y sobre todo: &iquest;C&oacute;mo le ir&aacute; a este mundo nuestro, dividido en bloques militares de poder, en pa&iacute;ses ricos y pobres, en Estados libres y totalitarios? Continuamente surgen guerras, en esta u otras latitudes de la tierra, que causan muerte y miseria entre los hombres. Y por otro lado, en muchas partes del mundo, cerca o lejos, se registran actos de la m&aacute;s cruda violencia y de sangriento terrorismo. Incluso en este lugar de nuestra celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica hemos de tener presentes ante Dios a las v&iacute;ctimas que recientemente fueron heridas o muertas por un artefacto junto a esta plaza. Apenas podemos darnos cuenta de lo que es capaz el hombre en el extrav&iacute;o de su esp&iacute;ritu y su coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Con este trasfondo es como mejor podemos percibir la llamada de atenci&oacute;n de la Buena Nueva: &quot;&iexcl;No os dej&eacute;is desconcertar tan pronto!&quot;. Todas estas necesidades y dificultades forman parte de los obst&aacute;culos en los que debemos acrisolar nuestro crecimiento en la verdad fundamental. De ah&iacute; nos vendr&aacute;n entonces las fuerzas para colaborar en la construcci&oacute;n de un mundo m&aacute;s justo y m&aacute;s humano; de ah&iacute; surgir&aacute;n el empe&ntilde;o y el coraje para aceptar poco a poco la responsabilidad en la vida de la sociedad, del Estado y de la Iglesia. Nos proporciona un consuelo en verdad no peque&ntilde;o el pensar que, a pesar de tantas sombras y tinieblas, existe mucho, pero que mucho bien. El hecho de que se hable poco de &eacute;l no quiere decir que falte. A menudo hemos de permitir que se descubra todo el bien que opera en el anonimato y que s&oacute;lo m&aacute;s tarde, de improviso, surge radiante. &iquest;Qu&eacute; ha tenido que hacer, por ejemplo, una madre Teresa de Calcuta, sino trabajar oculta y desapercibida antes de que un mundo asombrado se apercibiese de ella y de su obra? &iexcl;No os dej&eacute;is desanimar tan pronto!<\/p>\n<p>3. &iquest;Pero no es verdad que en vuestra sociedad, tal como la experiment&aacute;is en vuestro medio ambiente, hay no pocos que, confes&aacute;ndose cristianos, andan vacilantes o han perdido el rumbo? &iquest;Y no se opera eso, de modo pernicioso, particularmente en los j&oacute;venes? &iquest;No se hace patente de alg&uacute;n modo la multiforme<i> tentaci&oacute;n del abandono de la fe <\/i>de la que habla el Ap&oacute;stol en su Carta?<\/p>\n<p>La Palabra de Dios de la liturgia de hoy nos permite vislumbrar el<i> amplio horizonte<\/i> de una tal apostas&iacute;a de la fe, como parece perfilarse precisamente en nuestro siglo, y nos aclara sus<i> dimensiones.<\/i><\/p>\n<p>San Pablo escribe: &quot;El misterio de iniquidad est&aacute; ya en acci&oacute;n&#8230;&quot; (<i>2 Tes <\/i>2, 7). &iquest;No podemos afirmar esto mismo respecto a nuestro tiempo? El<i> poder oculto de la iniquidad,<\/i> de la apostas&iacute;a, tiene, seg&uacute;n las palabras de la Carta de San Pablo, una estructura interna y una determinada progresi&oacute;n din&aacute;mica: &quot;&#8230;ha de manifestarse el hombre de la iniquidad&#8230;, el hijo de la perdici&oacute;n, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse dios a s&iacute; mismo&quot; (<i>2 Tes<\/i> 2, 3-4). Tambi&eacute;n aqu&iacute; tenemos una<i> estructura interna del rechazo,<\/i> de la<i> erradicaci&oacute;n de Dios<\/i> del coraz&oacute;n del hombre y de la erradicaci&oacute;n de Dios de la sociedad humana, y todo esto con el prop&oacute;sito, como se dice, de una total &quot;<i>humanizaci&oacute;n&quot;<\/i>&nbsp;del hombre, es decir, de hacer del hombre el Hombre en sentido absoluto y colocarlo, en cierto modo, en el lugar de Dios, de<i> &quot;divinizarlo&quot;<\/i> como quien dice. Por otra parte, esta estructura es ya muy antigua; ya aparec&iacute;a en el principio, como advertimos en los primeros cap&iacute;tulos del G&eacute;nesis: la tentaci&oacute;n de sustituir el &quot;car&aacute;cter divino&quot; (de la imagen y semejanza de Dios), otorgado al hombre por su Creador, por la &quot;divinizaci&oacute;n&quot; del hombre frente a Dios (o sin Dios), como aparece claramente en las concepciones ateas de algunos sistemas actuales.<\/p>\n<p>Quien se niega a aceptar la fundamental verdad de la realidad, quien se erige en medida de todo, situ&aacute;ndose as&iacute; en el lugar que ocupa Dios, quien m&aacute;s o menos conscientemente afirma poder prescindir de Dios, creador del mundo, de Cristo, liberador de los hombres, quien, en lugar de buscar a Dios, corre tras los &iacute;dolos, siempre estar&aacute; huyendo de la &uacute;nica verdad capaz de fundamentar nuestra existencia y de ponerla a salvo.<\/p>\n<p>Existe una huida hacia el interior. Puede conducir a la resignaci&oacute;n. &quot;Nada tiene sentido&quot;. Si los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s hubiesen actuado de este modo, nunca habr&iacute;a podido experimentar el mundo el mensaje liberador de Cristo. La huida hacia el interior puede adoptar la forma de una pretendida amplitud de conciencia. Por eso, no pocos j&oacute;venes de entre vosotros destruyen su ser interno de hombres refugi&aacute;ndose en el alcohol y las drogas. A menudo, tras esa actitud se encuentra la angustia y la desesperaci&oacute;n; pero otras veces ese comportamiento oculta la b&uacute;squeda del placer, la falta de autocontrol o una irresponsable curiosidad de &quot;probarlo&quot; todo. A veces, la huida hacia el interior empuja a algunos a formar parte de sectas seudorreligiosas, que hacen mal uso de vuestro idealismo y de vuestra capacidad de entusiasmo y os roban la libertad de pensamiento y de conciencia. A esta actitud pertenece tambi&eacute;n la huida a cualquier doctrina de salvaci&oacute;n, de esas que ofrecen la conquista de la verdadera felicidad mediante la pr&aacute;ctica de determinados requisitos externos, pero que en definitiva vuelven a dejar al hombre abandonado a su irredenta soledad.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n hay quienes huyen de esa verdad b&aacute;sica hacia el exterior, militando en utop&iacute;as pol&iacute;ticas y sociales o en cualquier quimera de la vida social. Por muy necesarios que sean los ideales y las metas propuestas, las &quot;f&oacute;rmulas m&aacute;gicas&quot; ut&oacute;picas ya no pueden ayudarnos, sobre todo cuando, como ocurre la mayor&iacute;a de las veces, van acompa&ntilde;ados de un poder totalitario o del uso de una fuerza destructora.<\/p>\n<p>4. Pod&eacute;is ver, pues, las numerosas formas que existen de huir de la verdad; pod&eacute;is percibir c&oacute;mo opera el oculto e inquietante poder de la iniquidad y de la maldad. &iquest;Os da buen resultado la<i> tentaci&oacute;n del aislamiento y el extrav&iacute;o?<\/i> La respuesta la da la lectura de hoy del Profeta Ezequiel. Este habla de un pastor que va tras sus ovejas perdidas en la soledad para ponerlas &quot;en salvo en todos los lugares en que fueron dispersadas el d&iacute;a del nublado y de la tiniebla&quot; (<i>Ez<\/i> 34, 12).<\/p>\n<p><i>Ese Pastor, que va en busca del hombre por las oscuras calles de su soledad y su extrav&iacute;o para conducirlo a la luz, es Cristo. <\/i>El es el Buen Pastor. Siempre se halla presente en el oculto centro del &quot;misterio del mal&quot; y se encarga personalmente de los graves asuntos de la existencia humana en la tierra. El obra todo esto en la verdad,<i> liberando el coraz&oacute;n del hombre de esa contradicci&oacute;n fundamental<\/i> que consiste en pretender divinizar al hombre sin o contra Dios, pretensi&oacute;n que en definitiva acaba creando un clima de aislamiento y extrav&iacute;o. En este camino que conduce del oscuro aislamiento al aut&eacute;ntico ser del hombre, es Cristo, el Buen Pastor, quien, acompa&ntilde;&aacute;ndonos continuamente con el m&aacute;s profundo amor, se preocupa de cada uno de nosotros, especialmente de los j&oacute;venes y su proceso de maduraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Sigue diciendo el Profeta Ezequiel de este pastor: &quot;Las reunir&eacute; en todas las tierras, y las llevar&eacute; a su tierra, y las apacentar&eacute; sobre los montes de Israel, en los valles y en todas las regiones del pa&iacute;s&quot;<i> (Ez<\/i> 34, 13). &quot;Buscar&eacute; la oveja perdida, traer&eacute; la extraviada, vendar&eacute; la perniquebrada y curar&eacute; la enferma, y guardar&eacute; las gordas y robustas, apacentar&eacute; con justicia&quot;<i> (Ez<\/i> 34, 16).<\/p>\n<p>De este modo acompa&ntilde;ar&aacute; Cristo el <i>proceso de madurez del hombre<\/i> en su faceta humana. Nos acompa&ntilde;a, nutre y fortalece en la vida de su Iglesia con su Palabra y sus sacramentos, con el Cuerpo y la Sangre de su celebraci&oacute;n pascual. Nos nutre como eterno<i> Hijo de Dios,<\/i> permite que el hombre participe de su filiaci&oacute;n divina, le &quot;diviniza&quot; interiormente para que pueda ser &quot;hombre&quot; en sentido pleno, para que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, consiga su madurez en Dios.<\/p>\n<p>5. Precisamente fund&aacute;ndose en esto dice Cristo que la mies es &quot;mucha&quot;. Es mucha a causa de la definici&oacute;n del hombre, que hace saltar los intentos de encuadrarlo. Es mucha a causa del valor del hombre.<i> Es mucha por la grandeza de su vocaci&oacute;n.<\/i> Es mucha esta admirable cosecha del Reino de Dios en la humanidad, la cosecha de la salvaci&oacute;n en la historia del hombre, de los pueblos y de las naciones. Es, en verdad, grande, &quot;pero los obreros son pocos&quot;<i> (Mt<\/i> 9, 37).<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; quiere decir esto? Esto puede significar, queridos j&oacute;venes, que vosotros sois llamados, llamados por Dios. Mi vida, mi vida humana tiene entonces sentido, cuando soy llamado por Dios, de forma efectiva, decisiva y perentoria. <i>S&oacute;lo Dios puede llamar as&iacute; al hombre, <\/i>nadie fuera de El. Y esta llamada de Dios va dirigida incesantemente, en Cristo y a trav&eacute;s de Cristo, a cada uno de vosotros: llamada a ser obreros en la mies del ser humano propio, a ser obreros en la vi&ntilde;a del Se&ntilde;or, en la cosecha mesi&aacute;nica de la humanidad.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s necesita j&oacute;venes entre vosotros que sigan su llamada y quieran vivir como El, pobres y c&eacute;libes, para ser as&iacute; un testimonio vivo de la realidad de Dios entre sus hermanos y hermanas.<\/p>\n<p>Dios necesita sacerdotes, que acepten la llamada a ser buenos Pastores al servicio de su Palabra y de sus sacramentos.<\/p>\n<p>Necesita religiosos, hombres y mujeres, que dejen todo para seguirle y servir as&iacute;, a los hombres.<\/p>\n<p>Necesita seglares cristianos que se ayuden mutuamente, y ayuden tambi&eacute;n a sus hijos, en la consecuci&oacute;n de la plena madurez del ser humano en Dios.<\/p>\n<p>Dios necesita hombres que est&eacute;n dispuestos a socorrer y a servir a los pobres, los enfermos, los abandonados, los oprimidos y los olvidados espiritualmente.<\/p>\n<p>La gloriosa historia de m&aacute;s de mil a&ntilde;os de fe cristiana en vuestro pueblo es rica en hombres cuya imagen os puede servir de est&iacute;mulo en la consecuci&oacute;n y realizaci&oacute;n de vuestra vocaci&oacute;n. Quisiera nombrar a cuatro figuras que me traen a la memoria el d&iacute;a de hoy y la ciudad de Munich. En los primeros inicios de la historia de vuestra fe vivi&oacute; San Corbiniano, cuya labor como obispo coloc&oacute; la primera piedra de la archidi&oacute;cesis de Munich-Freising. Celebramos su memoria en la liturgia de hoy. Pienso tambi&eacute;n en el santo obispo Benno de Meissen, cuyos huesos reposan en el convento de religiosas de Munich. Fue un hombre de paz y de reconciliaci&oacute;n, que predic&oacute; en su &eacute;poca el desprendimiento del poder; un amigo de los pobres y de los necesitados. Tambi&eacute;n hoy pienso en Santa Isabel, cuyo emblema rezaba: &quot;Amar conforme al Evangelio&quot;. Como princesa de Wartburg, renunci&oacute; a los&nbsp; privilegios de su estado y vivi&oacute; para siempre dedicada a los pobres y marginados. Finalmente quisiera mencionar a un hombre que alguno de vosotros o de vuestros padres habr&aacute;n conocido personalmente. Me refiero al jesuita Rupert Mayer, cuya tumba, situada en el centr&oacute; de Munich, en la cripta del B&uuml;rgersaal, es visitada diariamente por cientos de personas que se detienen a dirigirle una breve plegaria. Sin preocuparse de las consecuencias de una grave herida recibida durante la primera guerra mundial en el servicio de su ministerio, se comprometi&oacute; abierta e intr&eacute;pidamente, en una &eacute;poca dif&iacute;cil, en la defensa de los derechos de la Iglesia y de la libertad, a consecuencia de lo cual hubo de sufrir el rigor del campo de concentraci&oacute;n y del destierro.<\/p>\n<p>&iexcl;Queridos j&oacute;venes! &iexcl;Permaneced abiertos a la llamada que os dirige Cristo! Vuestra vida humana es una &quot;empresa y aventura &uacute;nica&quot;, que puede conducir a &quot;bendici&oacute;n o a maldici&oacute;n&quot;. Con respecto a vosotros, j&oacute;venes, que constitu&iacute;s la gran esperanza de nuestro futuro, queremos<i> pedir al Se&ntilde;or de la mies<\/i> que os env&iacute;e a cada uno de vosotros y a cada uno de vuestros compa&ntilde;eros como operarios de su &quot;abundante cosecha&quot; de esta tierra, como conviene a la gran abundancia de vocaciones y dones en su Reino sobre este pa&iacute;s.<\/p>\n<p>Quisiera concluir con un deseo de bendici&oacute;n especial para nuestros hermanos y hermanas evang&eacute;licos, que precisamente hoy celebran en este pa&iacute;s su d&iacute;a de penitencia y de rogativas. Al celebrar esta jornada tratan de recordar la necesidad de una conversi&oacute;n siempre renovada y la toma de conciencia de la misi&oacute;n de la Iglesia, as&iacute; como de orar por el pueblo y el Estado. A estas intenciones se adhiere la Iglesia cat&oacute;lica romana. Pidamos que en la oraci&oacute;n de este d&iacute;a incluyan tanto a sus compatriotas cat&oacute;licos como a su hermano Juan Pablo y su misi&oacute;n. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA MISA PARA LOS J&Oacute;VENES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &laquo;Theresienwiese&raquo; de Munich Mi&eacute;rcoles 19 de noviembre de 1980 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas, queridos j&oacute;venes: 1. Cristo, al hablar del Reino de Dios utiliza frecuentemente im&aacute;genes y par&aacute;bolas. 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