{"id":39573,"date":"2016-10-05T22:55:12","date_gmt":"2016-10-06T03:55:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-noviembre-de-1980-altotting\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:12","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:12","slug":"18-de-noviembre-de-1980-altotting","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-noviembre-de-1980-altotting\/","title":{"rendered":"18 de noviembre de 1980, Alt\u00f6tting"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1980\/trav_germania.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA PARA LOS RELIGIOSOS<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/p>\n<p> <\/b><i>Santuario mariano de Alt&ouml;tting<br \/> Martes 18 de noviembre de 1980<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>&iexcl;Queridos hermanos y hermanas en el Se&ntilde;or!<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;En el peregrinaje por vuestro pa&iacute;s llegamos juntos a la casa del Se&ntilde;or, a este santuario,<i> para encontrarnos<\/i> de manera especial<i> con Mar&iacute;a, Nuestra amada Se&ntilde;ora.<\/i> En este encuentro tom&aacute;is parte sobre todo vosotros, estimados hermanos y hermanas, que ten&eacute;is una especial vocaci&oacute;n como miembros de &oacute;rdenes, institutos seculares y otras comunidades religiosas. Pod&eacute;is decir de vosotros que, por vuestra entrega consagrada y total, &quot;vuestra vida est&aacute; escondida con Cristo en Dios&quot; (<i>Col<\/i> 3, 3).<\/p>\n<p>Con vosotros llego yo, como peregrino, a esta capilla de gracia de Alt&ouml;tting. Con vosotros, me alegro por la presencia del se&ntilde;or cardenal Joseph Ratzinger, arzobispo de Munich y Freising, del Pastor de la di&oacute;cesis de Passau, obispo Anton Hofmann, de otros obispos, obispos tambi&eacute;n de fuera, as&iacute; como de numerosos peregrinos \u2014sacerdotes y laicos\u2014 de Baviera y regiones vecinas, que aqu&iacute; se han reunido para esta vespertina celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. &iexcl;Un cordial &quot;Dios os lo pague&quot; por vuestra venida! &iexcl;Os agradezco la oraci&oacute;n y los callados, a veces escondidos, sacrificios con que ven&iacute;s preparando religiosamente, desde hace varias semanas, este encuentro! Os agradezco la fidelidad manifestada en vuestro saludo al Sucesor de Pedro. Una uni&oacute;n tan cari&ntilde;osa me permite encontrarme entre vosotros como en casa, en la festividad de la Dedicaci&oacute;n de la bas&iacute;lica de San Pedro y San Pablo en Roma.<\/p>\n<p>Permitidme comparar esta visita nuestra a Alt&ouml;tting con la<i> visita de Mar&iacute;a<\/i> a Zacar&iacute;as e Isabel. Conf&iacute;o en que esta visita produzca abundantes frutos si intentamos asemejarla a la de Mar&iacute;a. A este respecto vamos a dejarnos conducir en lo posible por la luz de la Palabra de Dios escuchada en esta Liturgia.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Mar&iacute;a entra en casa de sus familiares, saluda a Isabel y escucha de ella las palabras de saludo. Estas palabras nos resultan profundamente familiares. Las decimos incontables veces, sobre todo cuando consideramos los misterios del Rosario: &quot;<i> &iexcl;Bendita t&uacute; entre las mujeres <\/i>y bendito el fruto de tu vientre&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 42). As&iacute; saluda la mujer de Zacar&iacute;as a Mar&iacute;a. Con ello expresa una primera bienaventuranza, cuyo eco resuena en la historia de la Iglesia y de la humanidad, en la historia del coraz&oacute;n y pensamiento humanos. &iquest;Pudo el hombre alcanzar algo m&aacute;s elevado? &iquest;Pudo experimentar de s&iacute; mismo algo m&aacute;s profundo? <i> &iquest;Pudo el hombre,<\/i> mediante el desarrollo de su humanidad, mediante el entendimiento, la grandeza de esp&iacute;ritu u obras heroicas,<i> ser elevado tan alto<\/i> como le toc&oacute; en suerte en este<i> &quot;fruto del vientre&quot; <\/i>de Mar&iacute;a, en quien se ha hecho carne la eterna Palabra, el Hijo esencialmente igual al Padre? &iquest;Puede la amplitud del coraz&oacute;n humano recibir una mayor plenitud de verdad y amor que la de que Dios se ofrezca a S&iacute; mismo, entregue al hombre su Hijo &uacute;nico? &iexcl;El Hijo de Dios se hace hombre, concebido por obra del Esp&iacute;ritu Santo! &iexcl;S&iacute;, realmente T&uacute; eres, Mar&iacute;a, la m&aacute;s bendita entre todas las mujeres!<\/p>\n<p>Isabel a&ntilde;ade a su primera bienaventuranza otra segunda:<i> &quot;Dichosa la que ha cre&iacute;do<\/i> que se cumplir&aacute; lo que se le ha dicho de parte del Se&ntilde;or&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 45). Isabel elogia y ensalza la fe de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>Ella ha tratado de comprender la grandeza singular del momento en que la Virgen de Nazaret escuch&oacute; las palabras de la Anunciaci&oacute;n. Pues este anuncio hab&iacute;a hecho saltar todas las medidas del entendimiento humano, a pesar de la gran tradici&oacute;n del Antiguo Testamento. Y he aqu&iacute; que Mar&iacute;a no s&oacute;lo ha escuchado estas palabras, no s&oacute;lo las ha aceptado, sino que ha dado a ellas la<i> respuesta<\/i> totalmente adecuada: &quot;He aqu&iacute; a la sierva del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 38). Una tal respuesta exig&iacute;a de Mar&iacute;a una<i> fe incondicional,<\/i> una fe seg&uacute;n el modelo de Abraham y Mois&eacute;s, todav&iacute;a mayor. Isabel elogia precisamente esta fe de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>3.&nbsp;&iexcl;Mis queridos hermanos y hermanas! Atendiendo al misterio de la vocaci&oacute;n personal de cada uno de vosotros, podr&iacute;amos repetir en cierto modo \u2014guardando las proporciones, por supuesto\u2014: <i>&quot;Dichosa la que ha cre&iacute;do<\/i>&quot;. La fe de Mar&iacute;a ha brillado tambi&eacute;n en vosotros cuando hab&eacute;is pronunciado vuestro &quot;Fiat&quot;, vuestro s&iacute; a la llamada, al especial seguimiento de Cristo. S&oacute;lo en la fe pod&iacute;ais vosotros \u2014igual que los disc&iacute;pulos en el lago de Genesaret\u2014 dar los primeros pasos tras la llamada del Se&ntilde;or: en la fe hab&eacute;is o&iacute;do la Palabra del que llama; en la fe hab&eacute;is dejado vuestro anterior espacio vital con todas sus posibilidades; en la fe hab&eacute;is emprendido el seguimiento del Se&ntilde;or, dispuestos desde ese momento a esperar el sentido y la fecundidad de vuestra vida s&oacute;lo a partir de la total uni&oacute;n con Cristo.<\/p>\n<p>Por la fe en la fidelidad del que llama y en la fuerza de su Esp&iacute;ritu os hab&eacute;is puesto a disposici&oacute;n de Dios en los votos de pobreza, virginidad consagrada y obediencia; y ello no como &quot;compromiso revocable&quot;, no como &quot;vida <i>ad tempus&quot;,<\/i> no como colaboraci&oacute;n en un grupo que se re&uacute;ne para una tarea y se deshace a discreci&oacute;n. No, vosotros hab&eacute;is pronunciado, en la fe, un S&iacute; <i>para todo<\/i> y<i> para siempre,<\/i> que encuentra su expresi&oacute;n en vuestro modo de vivir, e incluso en vuestro h&aacute;bito religioso. En nuestro tiempo en el que no se tiene la valent&iacute;a de aceptar los compromisos, y tantos prefieren una &quot;vida a prueba&quot;, os corresponde dar testimonio de que cabe arriesgarse en un compromiso definitivo, en una decisi&oacute;n por Dios que comprenda toda la vida; algo que os hace libres y felices, si se renueva cada d&iacute;a.<\/p>\n<p>Vuestro s&iacute;, dado ya desde hace a&ntilde;os o decenios, tiene que ser<i> fortalecido siempre de nuevo<\/i> en el Se&ntilde;or. Para eso se necesita la profunda escucha diaria del misterio de Dios, siempre m&aacute;s grande, el diario adentrarse en su amor crucificado y crucificante. S&oacute;lo El puede mantener vivo en vosotros el don de la vocaci&oacute;n. S&oacute;lo El puede, mediante su Esp&iacute;ritu, superar las debilidades experimentadas una y otra vez.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n el S&iacute; de Mar&iacute;a, pronunciado con una decisi&oacute;n &uacute;nica, tuvo que ser mantenido por Ella permanentemente, renov&aacute;ndolo siempre hasta el momento de la cruz, donde ofreci&oacute; a su propio Hijo y se convirti&oacute; en nuestra Madre. El que ha tomado el S&iacute; de Mar&iacute;a como cooperaci&oacute;n a la redenci&oacute;n, quiere tambi&eacute;n tomar el vuestro en consideraci&oacute;n. &iexcl;Vosotros lo<i> hab&eacute;is<\/i> pronunciado! &iexcl;Repetidlo<i> de nuevo<\/i> cada d&iacute;a! &iexcl;Entonces valdr&aacute; tambi&eacute;n para vosotros el: &quot;Dichosa la que ha cre&iacute;do!&quot;.<\/p>\n<p>4.&nbsp;La fe permite que el estado religioso se convierta en<i> testimonio especial del Reino de Dios que se acerca.<\/i> Cristo habla de este Reino en conexi&oacute;n con el misterio de la resurrecci&oacute;n de la carne: &quot;En la resurrecci&oacute;n ya no se casar&aacute;n&quot; (<i>Mt<\/i> 22, 30). En la liturgia que hoy celebramos junto a Nuestra Se&ntilde;ora de Alt&ouml;tting, est&aacute; expresado este misterio en la Carta de San Pablo a los Corintios: &quot;Y cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplir&aacute; lo que est&aacute; escrito: <i>&#8216;La muerte ha sido absorbida por la victoria.<\/i> &iquest;D&oacute;nde est&aacute;, muerte, tu victoria?&iquest;D&oacute;nde est&aacute;, muerte, tu aguij&oacute;n?&#8217;. El aguij&oacute;n de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado la ley. Pero gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>1 Cor<\/i> 15, 54-57).<\/p>\n<p>Estas incisivas palabras del Ap&oacute;stol de los Gentiles han sido le&iacute;das hoy<i> en honor de Mar&iacute;a.<\/i> Ella, en efecto, ha alcanzado la participaci&oacute;n completa en la resurrecci&oacute;n de Cristo mediante la Asunci&oacute;n a los cielos.<\/p>\n<p>Pero estas mismas palabras el Ap&oacute;stol las dirige<i> tambi&eacute;n a vosotros,<\/i> queridos hermanos y hermanas; puesto que, con el gran S&iacute; de vuestra vida, hab&eacute;is escogido el celibato consagrado a Dios &quot;por amor del reino de los cielos&quot; (<i>Mt<\/i> 19, 12). &iexcl;As&iacute;, sois vosotros un signo visible del Reino de Dios que se acerca!<\/p>\n<p>&iexcl;Que el coraz&oacute;n de cada uno de vosotros que hab&eacute;is renunciado a la paternidad y maternidad terrenas se vea siempre lleno de la inestimable riqueza de la paternidad y maternidad espirituales, de la que muchos de vuestros hermanos tienen una urgente necesidad! &iexcl;Vosotros no am&aacute;is menos; vosotros am&aacute;is m&aacute;s! Que vosotros os prest&aacute;is, de una manera muy profunda, a preocuparos de los dem&aacute;s, a ayudar, a curar, a formar, a guiar y a consolar, lo testifican, no en &uacute;ltima instancia, las m&uacute;ltiples, a menudo conmovedoras, cartas en que se suplica al Papa que no permita que hermanas, padres o hermanos sean retirados de un parvulario, de una escuela, de una residencia de ancianos o de un hospital, de un trabajo social o de una parroquia.<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; se estima tanto vuestro servicio? Ciertamente, no s&oacute;lo por vuestra competencia o habilidad; no s&oacute;lo porque, gracias a vuestra elecci&oacute;n de vida, pod&eacute;is dedicar m&aacute;s tiempo al mismo; sino en primer lugar porque los hombres notan que a trav&eacute;s de vosotros act&uacute;a Otro. Pues en la medida en que vosotros viv&iacute;s con plena dedicaci&oacute;n al Se&ntilde;or, transmit&iacute;s algo<i> de El;<\/i> y as&iacute; lleg&aacute;is finalmente hasta el coraz&oacute;n humano.<\/p>\n<p>Vosotros<i> le am&aacute;is, a El,<\/i> en todos los que han sido confiados a vuestro m&uacute;ltiple cuidado, a vuestra oraci&oacute;n intercesora, a vuestro escondido sacrificio. A El serv&iacute;s vosotros en &quot;los enfermos y ancianos, los impedidos y minusv&aacute;lidos, de quienes nadie se preocupa&#8230;, en los ni&ntilde;os, en los j&oacute;venes, en la escuela, en la catequesis y en el cuidado de almas. A El le serv&iacute;s vosotros en los trabajos m&aacute;s sencillos, as&iacute; como en el cumplimiento de tareas que a veces requieren gran formaci&oacute;n&quot; (cf. . <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1979\/documents\/hf_jp-ii_hom_19790605_polonia-jasna-gora-religiose_sp.html\">Alocuci&oacute;n del 5 de junio de 1979<\/a> en Tschenstochau). Por El muchos de vuestras comunidades dejan su patria para servir al Reino de Dios, con incansable actividad, en las j&oacute;venes Iglesias. A El busc&aacute;is y le encontr&aacute;is por todas partes, como la novia de El Cantar de los Cantares: &quot;&#8230;hall&eacute; al amado de mi alma&quot; (<i>Cant.<\/i> 3, 4). Esta plenitud de vida \u2014por la que vosotros<i> le<\/i> encontr&eacute;is en todo y<i> todo lo <\/i> encontr&eacute;is en El\u2014 es igualmente el mejor est&iacute;mulo para que<i> los j&oacute;venes cristianos se<\/i> lancen en la Iglesia a la aventura de seguir la llamada de Jes&uacute;s \u2014tambi&eacute;n la llamada a los consejos evang&eacute;licos\u2014. En vosotros pueden ver ellos claramente que quien se da, ha encontrado el sentido de su vida (cf.<i> Mc<\/i> 8, 35).<\/p>\n<p>5. Mar&iacute;a, hacia la que hemos peregrinado hoy en Alt&ouml;tting, lleva consigo<i> las facciones de aquella mujer<\/i> que nos describe misteriosamente el Apocalipsis: &quot;Una mujer envuelta en el sol; con la luna debajo de sus pies y sobre la cabeza una corona con doce estrellas&quot; (<i>Ap<\/i> 12, 1). Esta mujer que est&aacute;<i> al final<\/i> de la historia de la creaci&oacute;n y salvaci&oacute;n, corresponde evidentemente a aquella de quien se dice,<i> en las primeras p&aacute;ginas<\/i> de la Biblia, que &quot;aplastar&aacute; la cabeza de la serpiente&quot;.<\/p>\n<p>Entre este prometedor inicio y el final apocal&iacute;ptico precisamente,<i> Mar&iacute;a ha dado a luz a un hijo,<\/i> &quot;que ha de apacentar a todas las naciones con vara de hierro&quot; (<i>Ap<\/i> 12, 5).<\/p>\n<p>Su tal&oacute;n es el que ser&aacute; perseguido por aquella<i> primera<\/i> &quot;serpiente&quot;. Es aquella con quien lucha el drag&oacute;n<i> apocal&iacute;ptico,<\/i> pues como madre de los redimidos es imagen de la Iglesia, a la que tambi&eacute;n llamamos madre (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i> 68).<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas: &iexcl;Est&aacute;is llamados de manera especial<i> a tomar parte en esta lucha espiritual!<\/i> Est&aacute;is llamados a esta duradera confrontaci&oacute;n que mantiene nuestra Madre la Iglesia, y que conforma en ella la imagen de la mujer, la Madre del Mes&iacute;as. Vosotros, los que encontr&aacute;is en la adoraci&oacute;n del Dios Santo el centro de vuestro oficio, est&aacute;is tambi&eacute;n especialmente expuestos a la impugnaci&oacute;n del mal \u2014como qued&oacute; ejemplarmente patente en la tentaci&oacute;n del Se&ntilde;or\u2014. La lucha se desencadena entre la Palabra de Dios y la palabrer&iacute;a del mal. Entre el &quot;&iexcl;Di que estas piedras se conviertan en pan!&quot;, y el &quot;No s&oacute;lo de pan vive el hombre&quot; (<i>Mt<\/i> 4, 3 s.).<i> Dios<\/i> quiere que sometamos la tierra (cf.<i> G&eacute;n<\/i> 1, 28),<i> llevando a plenitud<\/i> la tierra \u2014y a nosotros mismos\u2014. <i>La tentaci&oacute;n del mal<\/i> quiere que desfiguremos la tierra y a nosotros mismos; que el trabajo nos esclavice y el ocio nos mime; que ofrezcamos infinitos sacrificios a lo exterior a nosotros, y nos atrofiemos interiormente; que decoremos la casa y nos quedemos sin hogar; que nos preocupemos del tener y nos olvidemos del ser; que la posesi&oacute;n llegue a ser nuestro &quot;dios&quot; (cf.<i> Flp<\/i> 3, 19). Con la lucha interior por<i> el esp&iacute;ritu de pobreza<\/i> y la significativa visibilidad de esta pobreza vosotros ayud&aacute;is, queridos hermanos y hermanas, a<i> todos<\/i> los miembros de la Iglesia y de la humanidad a administrar cuidadosamente este mundo, a poseer las cosas<i> de manera que<\/i> no nos posean ellas, a no convertir la<i> subsistencia<\/i> de la vida en &eacute;l<i> contenido <\/i>de la vida.<\/p>\n<p>&quot;D&eacute;jate caer&quot;, dice la segunda tentaci&oacute;n de Jes&uacute;s (cf.<i> Mt<\/i> 4, 5). L&aacute;nzate a la aventura, atr&eacute;vete a saltar al reino de los sue&ntilde;os, as&iacute; se dice<i> hoy;<\/i> embri&aacute;gate de la abundancia de la vida, en la borrachera de la velocidad, en la borrachera de la sensualidad, en la borrachera de las alucinaciones, en la borrachera de la violencia. Dios nos ha dado un coraz&oacute;n para vivir y todo lo que nos puede llenar, sobre todo el t&uacute;. Pero sin El todo es demasiado poco. O buscamos<i> en El<\/i> nuestra felicidad, o nos equivocamos \u2014lanzados a la caza de la felicidad, de desenga&ntilde;o en desenga&ntilde;o, hasta el hast&iacute;o y la n&aacute;usea\u2014.&nbsp;Con vuestra<i> renuncia<\/i> a la realizaci&oacute;n en el t&uacute; del matrimonio y con el especial fomento de<i> la apertura amorosa a Dios,<\/i> queridos hermanos y hermanas, ayud&aacute;is a <i>todos<\/i> en la Iglesia a darse sin perderse; a acercarse unos a otros para crecer juntos en Dios; a alegrarse de lo que pasa, tal como reza la Liturgia, de tal manera que al mismo tiempo ya se est&eacute; unido a lo eterno (XVII domingo del tiempo ordinario).<\/p>\n<p>Todav&iacute;a m&aacute;s peligroso y deslumbrante que el mundo y el t&uacute;, en cuanto a posesi&oacute;n y felicidad, es el yo y su ansia de realizaci&oacute;n. Dios quiere al hombre &quot;a su imagen y semejanza&quot; (cf.<i> G&eacute;n<\/i> 1, 26, s.); Lucifer lo quiere como anti-Dios \u2014que reh&uacute;sa la adoraci&oacute;n\u2014 (cf. <i>Jer<\/i> 2, 20), y como precio por ello se postra ante el &iacute;dolo: &quot;Mostr&aacute;ndole todos los reinos del mundo&#8230;: todo esto te dar&eacute; si de hinojos me adorares&quot; (<i>Mt<\/i> 4, 8 s.). Todas las formas creadas, como toda autorrealizaci&oacute;n \u2014en la pol&iacute;tica, en la econom&iacute;a, en la vida espiritual y tambi&eacute;n en la Iglesia\u2014, tiene el peligro de la vanidad, del orgullo y de la falta de consideraci&oacute;n. Queridos religiosos, mediante vuestra fiel lucha<i> en el esp&iacute;ritu de la obediencia<\/i> y su signo visible, la obediencia al superior, ayud&aacute;is a<i> todos <\/i>los creyentes y a la Iglesia misma a reconocer la tentaci&oacute;n del poder y a superarla; ayudad a fortalecer la libertad en la entrega.<\/p>\n<p>Precisamente hoy, quiz&aacute;s m&aacute;s que antes, necesita el Reino d&eacute; Dios, que &quot;sufre violencia&quot; (cf.<i> Mt<\/i> 11, 12),<i> nuevos &quot;luchadores&quot;,<\/i> adecuados a las tentaciones y exigencias de nuestro tiempo. Habr&aacute; que encontrarlos en vuestros conventos y comunidades, conformados por la vida comunitaria. Tened el convencimiento de que tales hombres y mujeres de coraz&oacute;n . grande arrastrar&aacute;n tras de s&iacute; nuevas generaciones que sigan a Cristo, y &quot;as&iacute; renuevas la faz de la tierra&quot; (<i>Sal<\/i> 103 [104], 30), &iexcl;tanto hoy como ma&ntilde;ana!<\/p>\n<p>6. En estos d&iacute;as de mi peregrinaje entre vosotros recuerda la Iglesia a tres <i> Santos de vuestra patria.<\/i> A ellos quisiera yo encomendar, como despedida, vuestro camino y servicio en la Iglesia. Que San Alberto os ayude a escuchar la llamada de Dios a partir de los signos de los tiempos y a dar respuesta seg&uacute;n el esp&iacute;ritu de vuestros fundadores. Que Santa Gertrudis os obtenga el ardor y el fruto del encuentro con Dios en la contemplaci&oacute;n y la liturgia. Que Santa Isabel os comunique el fino sentido y la ilimitada apertura en la donaci&oacute;n a todos los que os necesitan.<\/p>\n<p>Alberto, Gertrudis e Isabel, a ellos se une, aqu&iacute; en Alt&ouml;tting, el humilde-feliz portero del convento de Santa Ana, el Santo<i> Hermano Conrado.<\/i> Le vemos arrodillado en su celda, delante de la ventanita que le hab&iacute;an abierto a trav&eacute;s del muro, expresamente para que pudiera ver continuamente el altar de la iglesia. &iexcl;Atravesemos tambi&eacute;n nosotros, en medio de cada d&iacute;a, los muros de lo visible para poder conservar en los ojos al Se&ntilde;or siempre y por todas partes!<\/p>\n<p>Junto<i> con Mar&iacute;a<\/i> queremos nosotros ahora proseguir nuestra visita a su tan querido santuario. Entremos unidos a Ella y repitamos:<\/p>\n<p>&quot;Mi alma engrandece al Se&ntilde;or, y exulta de j&uacute;bilo mi esp&iacute;ritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humanidad de su sierva; por eso todas las generaciones me llamar&aacute;n bienaventurada, porque ha hecho en m&iacute; maravillas el Poderoso, cuyo nombre es santo. Su misericordia se derrama de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n sobre los que fe temen&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 46-50).<\/p>\n<p>&iexcl;Es verdad, mis queridos hermanos y hermanas! &iexcl;El Todopoderoso ha obrado <i> &quot;cosas grandes<\/i>&quot; en cada uno de vosotros! &iexcl;En cada uno de vosotros! &iexcl;No par&eacute;is de alabarle! &iexcl;No par&eacute;is de darle gracias! &iexcl;No dej&eacute;is de revitalizar cada d&iacute;a vuestra donaci&oacute;n total, vuestra Vocaci&oacute;n, bajo el amparo de la Inmaculada Virgen, nuestra querida Se&ntilde;ora de Alt&ouml;tting!<\/p>\n<p>&iexcl;As&iacute; vivir&aacute; en vosotros el Reino de Dios!<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA SANTA MISA PARA LOS RELIGIOSOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Santuario mariano de Alt&ouml;tting Martes 18 de noviembre de 1980 &nbsp; &iexcl;Queridos hermanos y hermanas en el Se&ntilde;or! 1.&nbsp;En el peregrinaje por vuestro pa&iacute;s llegamos juntos a la casa del Se&ntilde;or, a este santuario, para &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-noviembre-de-1980-altotting\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab18 de noviembre de 1980, Alt\u00f6tting\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39573","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39573","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39573"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39573\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39573"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39573"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39573"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}